sábado, 15 de octubre de 2011

Adolescentes, entre las Exigencias y el Vacío

La adolescencia podemos definirla como una contundente conmoción estructural en la vida de un sujeto. Una encrucijada fundamental que supone un complicado trabajo de desidentificaciones e identificaciones, y la búsqueda de nuevos discursos para intentar vérselas con aquellos enigmas que dan trabajo al hombre durante toda su vida:el amor, la sexualidad ,el trabajo…

Dejar de ser niño… Y aun no ser adulto. Con el agregado, de esta época, en la que la adultez no se presenta como promesa de seguridad, estabilidad o certeza. Sino que por lo contrario, aquellos que fueran modelo de identificación en la niñez, se presentan debilitados en su posición como figuras representativas.

El trabajo central de la adolescencia se concentra en procesar los duelos: elaborar la pérdida del ser niño, la pérdida de los padres de la infancia, de los emblemas identificatorios infantiles. Esta tarea no es sencilla. Por lo tanto la frase:"no tienen de qué preocuparse" no se corresponde con lo que, en realidad es.

Los adolescentes buscan nuevos significantes que hablen de sí, en procura de construir un lugar propio, simbólico y diferencial. Mientras se intenta construir esto, suelen no abrir la boca. El mutismo típico del adolescente es un intento de cerrarse y procurar un espacio propio, donde el adulto no entre.

Con la dificultad de hallar emblemas identificatorios que lo orienten, y desconcertado, el adolescente, acude a los objetos que ofrece el mercado con la ilusión de que estos puedan brindarle algún anclaje.

Allí donde unos arman la novela familiar, pueden escribir una historia, armar fantasías…Otros quedan a merced de urgencias no tramitables, no simbolizables, que no pueden procesar psíquicamente, y entonces un objeto de consumo viene como anillo al dedo.

Algunos jóvenes encuentran en el consumo de sustancias toxicas una buena manera de sustraerse de las exigencias que la vida cotidiana les impone.

El abandono de los padres y en el extremo las altas exigencias familiares. La demanda social: sexualidad y trabajo. Entre tantos otros aspectos lo interpelan y esto puede vivirse como sucesos devastadores. No pueden enfrentarlo. Al punto de tener que ausentarse (anestesiarse). No se enteran por un rato qué los agobia, qué no pueden. Y alivian “mágicamente” la angustia con el consumo de un objeto transformado en droga.

¿No lo hacen por satisfacción? ¿Cómo búsqueda de placer?... Si, también. Más allá de ello, con la sustancia tóxica se sustraen del cuestionamiento social y parental que no pueden responder. Pero en la mayoría de los casos algo ocurre con el sentir y con el sentimiento de estar vivo.

El recurso a la droga o al objeto de consumo, mientras funciona bien, es una solución, y recién cuando deja de serlo, se pueden abrir otras instancias en esa relación de necesidad imperiosa. Ahí pueden escucharse las preguntas: ¿Por qué lo hago? ¿Por qué no puedo dejar de hacerlo? ¿Por qué quiero estar todo el tiempo colgado?

No es la droga la que define la problemática. “Es el sujeto quien construye un objeto como droga”. Serán tareas importantes, desplazar la sustancia del lugar de causa, para hacer circular palabras donde no las hay. Poder crear una pregunta, donde encontramos certezas. Pregunta que pueda acercarlos a la propia dificultad para hablar-se, la dificultad para hablar con otros, y la dificultad para utilizar significantes que los contengan en ellos mismos y en sus relaciones.









EnlacePOR: Lic. Laura Alcaraz. MDZ
Psicóloga (UBA)
www.aabramendoza.com.ar
lic.lauraalcaraz@aabramendoza.com.ar
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

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