miércoles, 16 de noviembre de 2011

BISEXUALIDAD. "LA VERDADERA CARA"

La bisexualidad ha tenido lugar en todas las épocas históricas y no siempre fue percibida como dicotómica. Ha sido la sexualidad más invisible, estigmatizada y discriminada de las mal llamadas sexualidades periféricas en las sociedades.

Las nociones normativas de la sociedad sopesan con especial cuidado cuando existe una experiencia en relación con la bisexualidad. Resulta más fácil cuestionar cuando no nos toca de cerca. Su marginación y discriminación están basadas en la concepción social de la inmoralidad.

Para que a un hombre se le reconozca su masculinidad debe cumplir los patrones asignados a su género y uno de ellos es tener una sexualidad exclusiva de la masculinidad hegemónica. Al igual sucede con las mujeres y su patrón tradicional de feminidad.

Por lo general, la sexualidad femenina es pasiva, dominada, débil, responsable, se socializa en la intimidad y su espacio es el doméstico/privado. Mientras, la sexualidad masculina tiene libertad de expresión, su espacio de socialización es el público, es irresponsable y orientada genitalmente (falocéntrica). A su vez, es superior, fuerte y sirve como medio para pronunciar la violencia permitida a la masculinidad.

La bisexualidad se encuentra eclipsada por prácticas e identidades sexuales bien definidas como la heterosexualidad y la homosexualidad. Se asocia, comúnmente, con la última, ya que se piensa que toda persona que mantenga –aún esporádicamente- relaciones sexuales con su mismo sexo es catalogada como homosexual. Hay quienes justifican el uso de la discriminación hacia este grupo al considerarlos «hipócritas», «homosexuales reprimidos que no quieren salir del closet y afrontar sus miedos».

El tener preferencia por los dos sexos es identificado socialmente como mantener relaciones sexuales con ambos a la vez. Entonces, se cataloga desde el imaginario popular al hombre bisexual como promiscuo, mentiroso, depravado y descarado.

Son pocas las personas que se asumen como bisexual; la mayoría se refugia en una imagen más aceptada socialmente. Es por esto que el debate actual no defiende la idea de una identidad sexual y la sociología mostró un aporte al definirlo como una práctica. Como grupo, la bisexualidad no tiene las mismas características que el resto de las sexualidades. Sus miembros, usualmente, no socializan entre sí, es más un grupo nominal. Las condiciones que propician los mismos patrones de moralidad implementados por la organización social no son los ideales para la bisexualidad. Su consideración como grupo está dada por la propia sociedad. Por lo general, no son identificables ni observables.

En nuestro país es muy habitual escuchar historias sobre hombres que «habían llevado su vida normal y de repente son homosexuales». Muchas veces los protagonistas de estas historias son resultado de una familia o sociedad homofóbica y de las terribles consecuencias a las que se enfrentan diariamente.

Hace algunos años televisaron una novela cubana titulada La cara oculta de la Luna, que abordaba, en una de sus historias, la bisexualidad. Fue una propuesta osada de una realidad encubierta. Si bien el caso del personaje en particular no diferenciaba con exactitud si era una homosexualidad reprimida o una bisexualidad, mostraba las vicisitudes que un hombre sufre en el proceso de identificación y aceptación, que puede ser delicado e intenso. Asimismo, las incomprensiones y rechazos sociales que generan la soledad en el individuo, debido al hecho de reconocerse con una sexualidad diferente a la norma heterosexual.

El impacto fue grande. La televisión cubana creó pequeños espacios televisivos de debate con expertos sobre el tema de la sexualidad, para que el público espectador pudiera aclarar sus dudas con respecto a esta historia.

Al no estar bien definido el caso, se enfatizó en la homosexualidad –también llevado por las preguntas de los espectadores–, a partir de dos principales argumentos: la feminización de las relaciones entre los hombres y la asociación entre esta y la bisexualidad; síntomas, a nivel popular, de la discriminación hacia los hombres bisexuales.

Vulnerabilidad, riesgos y VIH/sida

Existen varias teorías que dejan el debate sobre la bisexualidad en un estado primario, ya que se establece en relación directa con la homosexualidad y en etapas tempranas de la vida humana, con una base mayormente biologicista.

La psicología y la sociología se han apropiado de una nueva categoría de la epidemiología, conocida como Hombres que tienen Sexo con otros Hombres (HSH), para agrupar en ella a homosexuales, bisexuales,

travestis/transexuales. Referencia un comportamiento sexual. Más que identidades, son prácticas sexuales que se encuentran entre lo esporádico y lo habitual; no importa si las prácticas son voluntarias, por una satisfacción sexual o económica, o por una violación.

Tuvo una mayor acogida en Cuba porque no era una categoría que coerciera la sociedad –no declaraba abiertamente la homosexualidad–, en una etapa mucho más homofóbica que la actual.

Esta sexualidad en general, al ser marginada y discriminada, se convierte en vulnerable ante el VIH/sida. El espacio en que mayormente socializan los hombres bisexuales es en la clandestinidad y de madrugada en zonas oscuras.

Las relaciones en estos lugares se establecen con una marcada violencia y es un espacio idóneo para el sexo.


Además de la vulnerabilidad social, este grupo presenta una vulnerabilidad biológica referida a la penetración anal. Otra es la epidemiológica, ya que el grupo más afectado por la epidemia es este, por tener relaciones sexuales con los dos sexos. También lo hace vulnerable la sexualidad masculina, que aumenta el riesgo a con traer el VIH/sida, debido a sus características socioculturales.

Al ser el grupo de homosexuales el más perceptible, se constituyen relaciones de poder que los ubican en una posición ventajosa sobre el resto de las sexualidades discriminadas. Este grupo tiende a acentuar las opiniones que socialmente se tienen de los hombres bisexuales o de prácticas de este tipo. La negativa a mantener relaciones de pareja es una de las formas de discriminación hacia los bisexuales.

Por otra parte, los hombres heterosexuales en relación con los homosexuales obtienen una posición satisfactoria y dominante. Sin embargo, los bisexuales respecto a los homosexuales no gozan de igual ventaja. La relación establecida entre homosexuales «valientes» y bisexuales «cobardes» resalta, en los primeros, valores masculinos que son negados al segundo grupo.

En las sociedades occidentales podemos encontrar distintas formas de representar popularmente a la bisexualidad. En los Estados Unidos de América se denomina switchbitter (bateador ambidiestro).

Los pocos estudios realizados en el terreno de la bisexualidad masculina indican que algunos hombres que se identifican como bisexuales alegan tener distintas necesidades emocionales, algunas de las cuales satisfacen exclusivamente con hombres, y otras con mujeres; aunque una tercera argumentación expuesta intenta justificar sus preferencias sexuales al aducir imperativos de variedad y creatividad.

Algunos bisexuales de ambos sexos manifiestan que su apertura sexual es señal de que no albergan prejuicios en contra de la homosexualidad y de que no son sexistas.

Para algunas personas no es más que otra forma de nombrar a los homosexuales que quieren actuar libremente. Otros, no obstante, llaman a los bisexuales los que «apuntan y banquean».

La bisexualidad se puede presentar como una identidad sexual. También como un deseo, fantasía o fetiche erótico en prácticas sexuales, casuales o espontáneas. Resulta, además, un escape a la presión social para hombres homosexuales que mantienen relaciones con otros varones. Igualmente ofrece una opción, dentro del fenómeno de la prostitución, como una práctica sexual. La bisexualidad también se define en la socialización sexual que se instaura paralelamente en grupos de hombres homosexuales, travestis y grupos de mujeres.

En Cuba existen otras denominaciones alrededor de la bisexualidad en grupos de hombres. Hay que diferenciar entre la bisexualidad masculina y la bisexualidad en grupos de hombres. La primera pudiera referirse a las características de la sexualidad masculina en la bisexualidad que agrupa a hombres y mujeres. La segunda solo es de hombres que pudieran tener sexualidades femeninas.

Entonces podemos decir que existe una diferencia entre hombres bisexuales y hombres que tienen prácticas bisexuales. Los primeros se identifican con la bisexualidad y se asumen como tal, aunque no socialmente. Los segundos tienen experiencias esporádicas que no implican la asunción de una identidad, sin importar cuáles sean los motivos para realizarla. Si nos percatamos, no podemos desligar la relación género-sexualidad, y en algunos de estos casos específicos, la masculinidad.


POR: Mairim Valdés Ramos. MUJERES
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

No hay comentarios:

LinkWithin