lunes, 7 de noviembre de 2011

SER PADRES GAYS

Los roles de mamá y papá en la pareja homosexual.
En este informe, especialistas opinan sobre mitos y verdades de los roles dentro de las parejas del mismo sexo y la posibilidad de adoptar hijos.

De “eso” no se hablaba. Cuando se impulsó el casamiento igualitario, se produjo un revuelo en la sociedad argentina. Su consecuencia más inmediata y saludable: el debate se generalizó y permitió sacar a la luz situaciones que eran conocidas por todos, pero de las que no nos permitíamos hablar y, mucho menos, aceptarlas.

Por ejemplo, las familias con un miembro de la pareja parental homosexual. Existen muchos mitos y falsedades sobre lo que pasa entre las cuatro paredes de una pareja del mismo sexo. El Sol acudió a tres fuentes, que coincidieron en algunos puntos y, como ha venido sucediendo, difirieron en otros.

DESCONOCIMIENTO. Mucho se ha escrito en los últimos meses acerca del matrimonio entre personas del mismo sexo. A favor y en contra, la discusión se radicalizó al punto de que el máximo representante de la Iglesia católica argentina, el cardenal Bergoglio, habló de una “guerra”.

El desconocimiento, en muchos casos, degenera en prejuicios y, consecuentemente, en intolerancia. Uno de los principales argumentos que sostuvieron (y sostienen aún) los detractores de la ley sancionada se basa en los daños, para la sociedad en general, y los niños en particular, que podrán resultar de las uniones homosexuales legalizadas, con opción a la adopción.

ESTUDIOS. Silvia Quaglia es psicóloga, profesora titular del Seminario Diagnóstico Terapéutico de Familias de la Facultad de Psicología de la UBA. La profesional realizó un trabajo cuyo interés era adecuar “a nuestro contexto social el modelo que en el Ackerman Institute for the Family de New York implementan para familias compuestas por una pareja parental homosexual”.

Para Quaglia, la discriminación que padecen las familias no convencionales, por no ajustarse a los modelos preestablecidos, “deviene en la victimización de sus miembros”.

NUEVOS MODELOS. En el informe se señala que una nueva configuración ha comenzado a hacerse visible: se trata de la conformada por una pareja homosexual que decidió evitar la opción entre su orientación sexual y la maternidad/paternidad y que, además, desea ser honesta y confiable para su progenie. Diferenciar la pareja conyugal de la pareja parental puede resultar imprescindible, aunque esté compuesta por las mismas personas que, al cumplir diferentes funciones, se las confunde usualmente. Diferenciando en grandes términos, la pareja conyugal remite al vínculo de dos personas, sexualidad incluida; en cambio, la pareja parental se refiere al vínculo que estas personas establecen con sus hijos.

EJEMPLO. “Una abuela materna y la madre de un niño/a pueden ser los que desempeñen los roles parentales, debido a que son quienes deciden la crianza, y nunca se diría que estamos delante de una pareja homosexual cumpliendo los roles parentales, porque la madre está casada y su marido vive con ella, ¿no es cierto? Sin embargo, así es”, relata Quaglia.

Cristian (10) y Gabriela (8) viven con sus padres en casa de la abuela materna. El papá trabaja alrededor de doce horas diarias y, al llegar al hogar, come mirando TV y se va a dormir. Nunca se cuestionó que su presencia fuera necesaria en la crianza de los hijos, su esposa y suegra se ocuparon siempre de eso.

A él no se lo consulta “porque llega muy cansado”, situación confirmada por él mismo. Cuando la maestra citó a los padres por algunos problemas de conducta de Cristian en la escuela, tampoco él concurrió, que fueran su esposa y su suegra era suficiente, ya que eran quienes sabían sobre los chicos.

La pareja conyugal y la pareja parental no siempre coinciden, como en el caso relatado. Cristian y Gabriela recurren a su mamá y a su abuela, ya que de un modo no explicitado se estableció: “papá se ocupa de traer plata a casa, sólo de eso, todo lo demás se consulta con nosotras”.

“MI PAPÁ ES GAY”. Fabián tiene tres años y la maestra jardinera convocó a sus padres juntos, aunque sabía que estaban divorciados, acostumbraba a tener una entrevista con cada pareja para conocerlos más íntimamente.

Los padres contaron a la maestra que ambos estaban con nuevas parejas pero no se atrevieron a decirle que el motivo de la separación era que Oscar había decidido aceptar su homosexualidad, visibilizarla ante su ex esposa, quien luego del divorcio formó una nueva familia y tiene otro hijo.

Fabián no estaba informado de quién era exactamente Sebastián (la pareja del padre) aunque vivían juntos. “El amigo de papá”, así le fue presentado.

Oscar temía las preguntas de su hijo, no deseaba mentirle ni tampoco disimular su amor de pareja: ¿cómo actuar?

Los que llegan a la consulta psicológica son ambos padres. Desean que el pequeño posea el mejor asesoramiento posible cuando desee saber sobre el vínculo de su papá con Sebastián. Temen que el niño sea discriminado de conocerse su pertenencia a una familia no convencional, aún cuando ellos recibieron ayuda psicológica en su momento para poder elaborar la situación en el momento de la separación. La preocupación de la pareja parental no se se ha disuelto, sino que, afortunadamente, funcionaba de modo adecuado, eso facilitó la consulta en modo conjunto.

Quaglia explica: “Según mi experiencia, todos o la mayoría de los adultos a cargo de niños en algún momento de la crianza de los hijos se plantean: ¿es necesario decir la verdad?, ¿qué decir?, ¿cómo?, ¿hasta dónde decir?, ¿para qué? Esto sucede no sólo en este tipo de situaciones, sino en adopciones, divorcios, enfermedades u otros temas de difícil abordaje para los adultos”.

Agrega la psicóloga que, por su experiencia en el consultorio: “Cuando aparece la pregunta, está el espacio para escuchar la respuesta. Que el adulto no pueda, no se atreva o tema enfrentarla es un problema del adulto, no del niño. Un individuo maduro y respetuoso sabe esto y, si carece de recursos para satisfacer al pequeño en su cuestionamiento, puede buscar ayuda para encarar el tema adecuadamente. Del mismo modo, sabemos que ayudar a crecer a un niño con la verdad y en un marco de confianza, genera esperanza y fortaleza psíquica”.

“El marco social homofóbico provoca un temor extra en cuanto a responder sobre estas cuestiones. No obstante, cada vez vemos que se va incrementando –afortunadamente– la cantidad de personas que desean ser honestos y sinceros con sus hijos”, analiza Quaglia.

Porque mantener en secreto la homosexualidad incluye la discriminación. “Podemos entenderlo como un modo más de atentar a los derechos humanos y no sólo está referido al exogrupo, sino, en muchos casos, a la familia extensa y a los mismos hijos, por la discriminación de la que son víctima”, señala la especialista.

ATREVERSE. Aceptar la homosexualidad puede generar conflictos intensos en el individuo si se repudia a sí mismo (homofobia internalizada) y, eventualmente, desarrollar patología por este motivo, lo cual lleva a muchas personas a la consulta psicológica, ya que intentan “curar” una desviación que deviene en angustia intensa.

Aceptar la homosexualidad es una ardua tarea, ya que va en contra de los deseos manifiestos: los de familia y la sociedad. Por ello, “en muchos casos he observado que se logra sólo en ocasiones. Compartir la visibilidad con los familiares directos y personas significativas de la vida del sujeto deviene de un minucioso trabajo, que, en ocasiones, requiere asistencia psicológica individual o de diferentes sub-sistemas”, precisa Quaglia.

Se ha detectado que la familia extensa y/o nuclear atraviesa por distintas etapas cuando uno de sus miembros se hace visible con su homosexualidad, desde la negación y el repudio hasta la aceptación.

Las razones más frecuentes ofrecidas por las parejas homosexuales cuando se investiga la causa de ocultar su orientación sexual giran alrededor de la presión social y los diferentes modos en que el orden establecido los presiona.

Si bien este argumento podría ser entendido como una racionalización, no siempre lo es, dado que, en este país, las normas estatuidas por el poder político-social son de extrema rigidez y generan en la población homosexual temores no siempre excesivos.

PREJUICIOS. La mayoría de las personas supone que las parejas homosexuales no deberían ejercer los roles parentales porque posee una imagen distorsionada de la homosexualidad.

“Las parejas que he observado son personas preocupadas por sus hijos, que desean evitarles sufrimientos y desean ayudarlos a crecer libres y fuertes. Pero también es cierto que en el cuidado excesivo que la homofobia social les impone, presentan algunas características de las familias que denomino retentivas, es decir, en ocasiones, el afuera está excesivamente cargado de modo negativo”, analiza la terapeuta.

CUESTIÓN DE ACTITUD. La homosexualidad en Argentina tiene sus características propias: tómense por ejemplo las dificultades que existen para la tenencia de los hijos en caso de divorcio, para la adopción cuando el solicitante es “sospechado” de homosexualidad o la fertilización asistida.

“Mantener en secreto la homosexualidad por las razones presentadas puede servir para sostener artificialmente la autoestima, pero va actuando insidiosamente en la distorsión de la realidad y perturbando la comunicación”, reconoce la especialista.

“Cuando un padre-madre acepta su homosexualidad y se torna visible ante sus hijos, fluye el diálogo y así los niños pueden crecer en un espacio de coherencia entre lo que presienten y lo que se les dice”.

Cuando un padre-madre decide develar su homosexualidad a los hijos, en muchos casos, esa información se acompaña con otro mensaje, explícito o no, de mantener la confesión en secreto.

Esto puede conllevar un alto costo emocional según la edad del niño, pero se ha podido observar que este ocultamiento no favorece el desarrollo psicológico, porque, como sabemos, el mundo de los pares es una etapa evolutiva necesaria en el desarrollo.

El aislamiento social que deviene de mantener la familia en la oscuridad puede también, según la edad, deteriorar su inserción en la comunidad.

NO TE JUNTES CON CARLITOS. Otros padres no ven con buenos ojos que sus hijos vayan a jugar a la casa de un compañerito/a cuyo papá o mamá vive con una persona de su mismo sexo, y muchos/as maestras/ os adjudican a esta situación cualquier dificultad que presente el alumno, transformándola en un problema. Así ocurría en otras épocas con hijos adoptivos o cuyos padres estaban divorciados.

La autora del informe es concluyente: “La maternidad-paternidad en la población homosexual a partir de la demostración de su capacidad e idoneidad para la crianza de los hijos es un derecho inalienable que debería contemplarse constitucionalmente en forma explícita”.

“A partir del desarrollo de este proyecto y de la asistencia de estas nuevas configuraciones familiares se han logrado resultados beneficiosos para los grupos consultantes”, afirma.

Y, finalmente, expone su conclusión: “En mi seguimiento de familias compuestas por pareja parental homosexual no encontré disfunciones significativas, salvo el núcleo social reducido de los niños y niñas, no así con los adolescentes, ya que, según creo, pueden mantener el ocultamiento de sus padres y madres con mayor facilidad”.


“La mayoría de las familias son disfuncionales”

“Los roles en la pareja homosexual no son fijos sino variables, no es una situación estática, no hay una mamá y un papá. Hay que entender que esta no es una familia convencional, en el sentido en que la iglesia y la sociedad conservadora la catalogan”. Gustavo Granela, de la Asociación Redes, militante de las causas de género, asegura que, aunque un hombre o una mujer no estén presentes en la relación, el hijo puede reflejarse en otros. “Por ejemplo, en un pariente masculino”, grafica. “Pero pensemos también en otras situaciones, como madres que están solas con muchos hijos y cumplen el doble rol. Esta ley por fin las amparará, y sus hijos dejarán de ser discriminados por ser hermanos de distintos padres”. Los roles dentro de una pareja gay o de lesbianas no tienen que ver con el aspecto de ninguno de los dos miembros de esa familia, explica Granela. “Vos podés ser madre en un contexto hétero y, sin embargo, tener la autoridad sobre tus hijos”. Granela aclara algo que, si bien ya ha sido repetido, él considera esencial: “La mayoría de los homosexuales somos hijos de heterosexuales, y esa es una verdad que no puede discutirla nadie”. Se muestra muy conforme con la sanción de la ley, porque “esto va a generar que mucha gente salga del closet y no se den matrimonios ficticios, que lo único que hacen es esconder la homosexualidad de alguno de los dos”. “Incluso, le va a servir a la Iglesia”, arriesga, “porque muchos ex curas y ex seminaristas son asiduos concurrentes a boliches gay, los conocemos. Entonces, van a ser sacerdotes aquellos que tengan una verdadera vocación”.


POR: VANESSA LERNER. DIARIOELSOLONLINE

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