viernes, 8 de marzo de 2013

DÌA INTERNACIONAL DE LA MUJER. POR TODAS, NI UNA MENOS

El primer Día Internacional de la Mujer fue organizado en los Estados Unidos el último día de febrero de 1908. Ese día las organizaciones de mujeres socialistas llamaron a desarrollar enormes manifestaciones públicas para luchar por el derecho de la mujer al voto y por sus derechos políticos y económicos. En 1909, en fecha similar, 2,000 personas asistieron a una demostración para celebrar el Día de la Mujer en Manhattan, Nueva York. En 1910, las feministas y las socialistas de todo el país se unieron a la celebración de este día de movilización popular.


La Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas que tuvo lugar en copenhague, Dinamarca, el 27 de agosto de 1910 estableció el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. A esta conferencia asistieron más de 100 delegadas de 17 países representando sindicatos, partidos socialistas y organizaciones de trabajadoras. Las representantes de los Estados Unidos llevaban como objetivo proponer el establecimiento de un día internacional de la mujer. Al final, la propuesta fue presentada por Clara Zetkin y Kathy Duncker (miembros del Partido Socialista Alemán). La propuesta señalaba: "En unión organizaciones de clase, partidos políticos y sindicatos proletarios en cada país, las mujeres socialistas del mundo celebrarán cada año un Día de la Mujer. Su objetivo principal será obtener el derecho a voto de la mujer. Esta demanda debe ser levantada dentro del contexto global de los asuntos concernientes a las mujeres de acuerdo a los principios socialistas. El Día de la Mujer debe tener un carácter internacional y deber ser preparado cuidadosamente."

Interesantemente, mientras las organizaciones socialistas impulsaban la noción de la confraternidad internacional de los trabajadores, la noción de que las mujeres se organizaran políticamente fue motivo de gran controversia dentro de un movimiento controlado por hombres.

¿Porqué se escogió el día 8 de marzo para este objetivo? Los antecedentes históricos para tal opción no se consiguen fácilmente. Sin embargo, se atribuyen dos hechos importantes como motivo de inspiración para escoger esa fecha. Ambos eventos ocurrieron en la ciudad de Nueva York. El primero fue una gran marcha de trabajadoras textiles en el año 1857. Miles de mujeres marcharon sobre los barrios adinerados de Nueva York en protesta por las miserables condiciones de las trabajadoras. El segundo, ocurrió en 1908. Ese año 40,000 costureras industriales de grandes factorías se declararon en huelga demandando el derecho de unirse a los sindicatos, mejores salarios, una jornada de trabajo menos larga, entrenamiento vocacional y el rechazo al trabajo infantil. Durante la huelga, 129 trabajadoras murieron quemadas en un incendio en la fábrica Cotton Textile Factory, en Washington Square, Nueva York. Los dueños de la fábrica habían encerrado a las trabajadoras para forzarlas a permanecer en el trabajo y no unirse a la huelga. Supuestamente estos dos hechos ocurrieron alrededor de la fecha 8 de marzo.

"En Europa, el primer Día Internacional de la Mujer se celebró el 19 de marzo de 1911, en Alemania, Austria y Dinamarca. Las alemanas escogieron esta fecha porque en esa fecha en 1848 el Rey de Prusia, amenazado con un alzamiento armado, prometió una serie de reformas, incluyendo una incumplida promesa de entregar el derecho a voto para las mujeres. Para organizar dicha celebración en 1911 se repartieron un millón de volantes en Alemania. Alejandra Kolontai, la revolucionaria y feminista rusa, ayudó a la organización del evento, y escribió: "La manifestación excedió todas nuestras expectativas. Alemania y Austria eran un furioso mar de mujeres. Las mujeres se reunían en todas partes, hasta en los pequeños pueblos y villas, los centros de reunión estaban tan repletos que hasta tuvieron que pedirle a los trabajadores varones que asistieron que le cedan su lugar a las mujeres."

Como podemos apreciar, han habido dos ramas de las luchas de mujeres: una que se concentraba en la explotación industrial femenina, y otra concentrada en la obtención de derechos civiles para las mujeres, en particular el derecho al voto. Las socialistas trataron de unir ambas luchas. Sin embargo, hubo un sector de mujeres de la clase media y alta que sólo se concentraron en la lucha por el voto, desasociándose con la lucha de clases en el contexto de las mujeres.

La historia de cómo y cuándo se unieron las mujeres africanas, asiáticas y latinoamericanas a la celebración del Día Internacional de la Mujer está aun por escribirse. Lo que si sabemos es que las mujeres latinoamericanas en particular han transformado este día en un día de lucha contra las dictaduras capitalistas. Las mujeres chilenas, por ejemplo, salieron a la calle cada 8 de marzo a confrontar la dictadura militar capitalista de Augusto Pinochet (1973-1989). Cuando los partidos políticos en Chile, mayormente dirigidos por hombres, negociaron un retorno a la democracia capitalista, estas mujeres levantaron una bandera que decía "Democracia en el país y en la casa."


"Este día no es para que te regalen flores, sino para reforzar la lucha" Feministas con distintas miradas coinciden en que el 8 de marzo debe convertirse en una jornada de reivindicación de derechos, y se alejan del concepto mercantilista. Señalan al aborto legal como la prioridad a conseguir en breve.

Algunas militan en el feminismo por una historia personal. Otras lo hacen por haberse conmovido con vivencias de sus colegas de género. Hay quienes se pronuncian en contra de que esa lucha esté institucionalizada, y también existen aquellas que celebran los logros obtenidos con el apoyo del Estado. En lo que coinciden todas las feministas, sin una mínima vacilación, es en la importancia de que exista el Día de la Mujer, pero no para recibir regalos, sino para salir a la calle a visibilizar los reclamos, ya que lo que se conmemora es la lucha de 129 trabajadoras que, por pelear por sus derechos, murieron quemadas, al ser encerradas en una fábrica textil de Nueva York, en 1908.

"Si me dan una rosa, se las tiro por la cara", sienta posición Mabel Bellucci, activista feminista queer ("raro", en inglés), y explica dicho adjetivo del siguiente modo: "Yo no veo malos a los hombres y buenas a las mujeres. Lo que más cuestiono es la heterosexualidad obligatoria como régimen político."
Bellucci empezó a militar a comienzos de los años '80, en el retorno de la democracia, cuando se trataba de un "feminismo salvaje, primitivo", según su propia descripción. "Estaba todo por hacerse –describe–. Ahí me vinculé con militantes, y Graciela Maglie, guionista de cine, me preguntó si era feminista. '¡No!', le dije, y me preguntó qué cosas defendía. 'Los derechos de las mujeres', respondí. 'Entonces sos feminista', me aseguró."

Bellucci considera que para ser feminista es necesario vivir en carne propia algún tipo de discriminación, y por ello advierte: "Las mujeres estamos mucho más propensas a vivir la desigualdad, la opresión."

Para Perla Prigoshin, a cargo de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género (Consavig), que depende del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, "todavía es importante que haya un Día de la Mujer y que exista el cupo femenino en distintos espacios", y argumenta: "Todas las medidas de discriminación positiva me parecen bien porque estamos muy lejos de la igualdad. Lo que me parece mal es el contenido que se le intenta dar, como un día de festejo, de desfile de modelos. Eso es una mezcla de ignorancia y mala fe, porque desvirtúa el verdadero sentido del día y lo transforma en una pelotudez frívola."

El feminismo de Prigoshin comenzó en los '70. "Fui víctima de una violación en mi matrimonio. Me escapé con mis hijos y, a los 40 días, me di cuenta de que estaba embarazada. Aborté en el departamento de una partera, con dinero prestado por una tía y acompañada por mi mamá. Al despertar, además de angustia por la clandestinidad, lo primero que pensé fue en pelear para que no le pase a ninguna otra. Entonces, sin saber que así se llamaba, me convertí en feminista."
Desde los medios de comunicación, la guionista y comediante Malena Pichot milita la causa. Lo hizo, por ejemplo, en el programa televisivo Duro de domar, y ahora lo hace en FM Nacional Rock. Se considera feminista y, en sintonía con sus compañeras de lucha, dice: "Me parece bien que exista este día para la concientización, pero el discurso machista tuerce el mensaje y se usa para vender flores y bombones."

Pichot recuerda que su primera reflexión feminista se le presentó mientras miraba un programa: El show del Clío. "Pasaron una publicidad inglesa de toallitas, en la que una mujer se encontraba  junto a un gran manchón de sangre, como si hubiera matado a alguien. Se escuchaban sirenas de la policía, ella ponía una toallita sobre la escena del crimen, que absorbía la sangre y, con ello, las pruebas. Quedé fascinada ante la posibilidad de mostrar a la mujer de cualquier otra manera, en vez de a esa etérea retardada que danza en jeans blancos cada vez que se indispone", detalla.
Sobre las feministas de hoy y de otros tiempos, Pichot habla de una diferencia puntual: "En los '60, la liberación femenina estaba signada por lo sexual. El machismo logró torcer esa consigna. Ahora, más que liberada sexualmente, representa al sexo. O sea: la mujer no tiene sexo, sino que es el sexo, y desde ese lugar se cosifica a nuestros cuerpos." Considera que "las conquistas han sido pocas" y advierte: "Las mujeres tenemos enemigos en nuestro propio equipo: somos machistas, que es lo mismo que un judío nazi."

A Manuela Castañeira, de la agrupación de mujeres Las Rojas y el Nuevo Mas, la hizo militar el caso de Romina Tejerina, la joven que fue presa por haber matado a la beba que tuvo como producto de una violación. Tomó la bandera por la libertad de Tejerina y por el aborto legal, una lucha de todas las feministas consultadas por Tiempo Argentino y que será el principal reclamo en las movilizaciones de hoy en el país. Perla Prigoshin adhiere, y suma "la fertilización asistida paga por el Estado y la búsqueda por igual remuneración por tareas del mismo valor. Ahí se juega algo que parece estructural del hombre, que es ser el más poderoso."

Al igual que Pichot, Manuela suma a esa lista "la lucha contra las redes de trata y la violencia", y cree que "en muchos sectores de la sociedad hay más conciencia de que la diferencia entre mujeres y varones no debe traducirse en desigualdad", pero, como sus compañeras, considera que "no se ha eliminado para nada el sistema patriarcal". Castañeira menciona como un logro que se llegara a "la conclusión de que las mujeres no llevan en la biología ser sumisas, sensibles, y con instinto maternal. Eso es una construcción social."

Sobre la participación de los gobiernos, Bellucci sostiene que "lo institucional te encorseta, te impone la agenda. Siempre va a haber temas que le van a resultar ríspidos al régimen." Perla propone: "Tenemos que trabajar con los hombres para que construyan masculinidades alternativas a la hegemónica. Que puedan sentirse hombrecitos aunque no manejen el control remoto, ni tengan el pene todo el tiempo erecto, ni se sienten con amigos a hablar de 'las brujas'". «

 Cuestión de lenguaje:

"Me subleva que las mismas mujeres hablen en masculinos. Que digan 'uno', en vez de decir 'una'. Yo uso 'todos y todas', para democratizar el lenguaje. ¿Por qué tiene que ser una hegemonía masculina?", cuestiona la activista Mabel Bellucci.
Para Perla Prigoshin, de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género, "la solución merece un debate", y analiza: "Es cierto que esto, o usar 'x' en lugar de la vocal puede resultar tedioso. Pero hay tantas cosas tediosas a las que nos sometemos, que me llama la atención esta preocupación. Es una violencia simbólica. Si ni siquiera nos nombran, ¿cómo nos van a respetar?".

Manuela Castañeira, de Las Rojas, ofrece otro punto de vista: "Creo que la opresión no la vamos a terminar porque hablemos diferente. Sí está bueno reconocer que las mujeres estamos presentes, por eso siempre tratamos de incluir a 'las compañeras y los compañeros'. Me preocupan más los dichos peyorativos machistas. Odio que digan 'no seas maricón' o 'maricona'". Malena Pichot aclara que comprende que el lenguaje refleja en su morfología el discurso hegemónico masculino, aunque reconoce: "La utilización de esa reforma morfológica aleja a la gente que no entiende ni sabe nada de nuestra causa. Creo que para explicarles nuestro mensaje a los que no nos entienden, esa estrategia (la de utilizar '@' o 'x' para señalar un genérico) es contraproducente."





POR: RINCONDELVAGO.COM /   Florencia Halfon-Laksman. / INFONEWS.COM
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

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