jueves, 27 de junio de 2013

BENJAMÌN VICUÑA ENCARNA A OTRO PERSONAJE GAY EN FARSANTES. "UN ACTOR ALTRUISTA EN TODAS SUS ACCIONES"

Benjamín Vicuña anticipa detalles de su historia de amor gay en Farsantes. El actor chileno habló sobre su personaje en la nueva tira. Las leyes de la vida y los secretos de la ambicioso proyecto, que transcurre en un estudio de abogados.


"Estamos trabajando para que la historia no sea efectista, lo estamos haciendo con mucho tacto y está quedando muy bien", explica serio Benjamín Vicuña. Y es que esta noche el actor chileno vuelve a la televisión de la mano de Farsantes , en donde interpretará nuevamente un personaje gay - ya lo había hecho, pero en clave de comedia, en películas como Muñeca y Fuera de carta -.

A partir de hoy, Benjamín se pondrá en la piel de Pedro Beggio, un abogado penalista que a raíz de una crisis personal comienza a trabajar en el estudio dirigido por Guillermo Graziani (Julio Chávez). Pero el personaje de Chávez no solo le transmitirá respeto y admiración, sino también deseos que nunca antes había experimentado.

"Lo que a mí me importa es que la gente crea y pueda viajar con nosotros con esta historia", expresa entusiasmado. "Que pueda vibrar, que se emocione con un amor no convencional, que se olvide de los prejuicios, de los lugares comunes y que puedan experimentar una historia con mucho realismo, con mucha verdad que también tiene humor, dolor y calle".

Lejos de los lugares comunes, Benjamín busca llegar al público de otra manera, con una historia que va más allá de lo sexual y se acerca a los sentimientos. "Quiero poder ser un instrumento para contar una historia en donde la gente se emocione".

"Estamos de apoco empezando a grabar escenas más jugadas con Julio", cuenta y vuelve a ponerse serio para explicar lo que sucede detrás de cámara con la historia. "Desde la dirección hay una mirada muy fina, muy cuidada porque entendemos que hay un comentario responsable y porque queremos que esto genere un debate pero con altura, y que sea realmente un aporte", señala y se apura en aclarar el objetivo final. "Queremos que sea un amor real".


En Farsantes , la tira que comienzò noche, a las 22.45, por El Trece, se habla de muchas leyes, pero hay una que no se nombra. Y ésa es la más importante, la que rige la vida de sus cinco protagonistas. Es la ley de atracción, intensa, inevitable y tan complicada como los cinco personajes centrales que interpretan Julio Chávez, Facundo Arana, Griselda Siciliani, Benjamín Vicuña y Alfredo Casero.

Esos cruces intensos al principio serán sólo miradas robadas al ajetreo diario del estudio de abogados que comanda Guillermo Graziani (Chávez), un líder tan carismático como lleno de dobleces, más figura paterna que jefe para Gabriela (Siciliani), una colega que carga con una madre (Leonor Manso) y un novio (Esteban Lamothe) difíciles, y Alberto Marini (Arana), un asistente con un pasado delictivo y muchas cuentas pendientes. Esas que lo desvelarán cuando un nuevo socio se sume al estudio. Se trata de Pedro Beggio (Vicuña), un admirador del trabajo de Guillermo con el que pronto tendrá una cercanía que pondrá al pequeño mundo lleno de grandes temas patas arriba. Pero en el principio estarán las miradas cruzadas.

"Te enamorás de una persona y estás con esa persona, no con la otra. Es A o B. No es A y B." Lo dice Siciliani, como Gabriela y se lo dice, enfática, a Alberto o Beto, el personaje de Arana. Hablan sobre un caso en el que están trabajando, pero, en realidad, se trata de ellos. De lo que pasa entre la abogada responsable, la alumna perfecta y este hombre que no terminó el secundario, que contra todo pronóstico la conmueve. Algo que ocurre desde el capítulo 1, aunque el diálogo anterior aparezca en el capítulo 17, que esta semana se graba entre los estudios de Pol-ka en Don Torcuato y las calles de Villa Ballester.


Allí está Daniel Barone, uno de los directores de la serie diaria -el otro es Jorge Bechara- que comenzó el año siendo semanal pero que por esas cuestiones de la ilógica lógica grilla de programación de los canales devino en esta tira que escriben Mario Segade y Carolina Aguirre. En la franja en la que se suponía que iba a estar ShowMatch aparecerá este relato adulto, en el que la ética profesional es una línea orientativa más borrosa que indeleble. Una brújula con un Norte acomodaticio que impregnará la vida personal de todos los integrantes del estudio.

"Hay una combinación de personajes, son abogados de distintas especialidades, y a partir de eso se arma un relato heterogéneo que resulta en un nivel ético que no está unificado. Trabajamos todo esto en un tono naturalista, evitamos el grotesco y tomamos el costado más humano de cada situación", explica Barone, que evita adelantar detalles de la trama de la que ya leyó hasta el capítulo 25. "Y no afloja. No se cae", agrega el director de muchos de los unitarios de Pol-ka que, en su primera experiencia en ficción diaria desde los tiempos de Son amores y Hombres de honor, parece estar siguiendo el modelo semanal.


Así lo indica el despliegue de producción que se apropió de una manzana entera de Villa Ballester. Sobre la vereda, frente a una casa que representa al estudio donde convive la "familia jurídica" de la que el personaje de Chávez está tan orgulloso, Arana y Siciliani resuelven con soltura una escena que marca la complicidad creciente de sus personajes mientras los muchos técnicos in situ van preparando la próxima toma, de la que también participará Alfredo Casero como Marcos Labrapoulos, un abogado tan inescrupuloso como capaz, un oportunista que siempre está atento a lo que sucede a su alrededor, al punto de entender a sus colegas y a sus entreveros sentimentales aun antes de que ellos mismos los reconozcan. Un papel en el que Casero brilla desde la primera escena, en la que se ocupa de cobrar una deuda y de intentar conseguir a un nuevo cliente. O de inventarlo. "Yo soy amigo de la gente como vos, de los que laburan", le dirá a un muchacho y con esa frase uno podrá entender que dice la verdad, pero también miente con tal de salirse con la suya. Un modo que repetirá con sus colegas y su familia también.

Es que la honestidad será un bien más bien escaso entre estos personajes o por lo menos el tipo de honestidad con la que se suele revestir a los protagonistas de una tira. En este caso, los héroes y los villanos, para usar una calificación simplificadora de la que las ficciones televisivas suelen hacer bastante uso, son las mismas personas. Y todo depende de la circunstancia y la perspectiva desde dónde se los mire. El cuadro que pinta Farsantes está bastante alejado del melodrama de la telenovela, aunque los secretos abunden y los romances formen parte fundamental de la trama.

Cada personaje tiene algo que ocultar, varias cosas en realidad, un compendio de misterios que intentarán mantener bajo la superficie sin ninguna posibilidad de conseguirlo. "Es una cuestión personal", dirá el Guillermo de Chávez sobre su enfrentamiento con el fiscal que interpreta Mario Pasik. Una rivalidad feroz que comenzó con una muerte y afectará la vida de todos los que se relacionan con el abogado, centro de este universo con más oscuros que claros. Aunque, como sucede muchas veces, los costados de humor aparecerán a pesar de todo. En muchos casos, cortesía de Casero, pero no solamente. Es que ya desde las primeras escenas, la relación entre Gabriela y Beto aportará algo de comedia romántica al modo en que las series norteamericanas salpican sus dramas semanales con elementos de ese género que siempre logra atrapar al espectador televisivo. Y al callejero también. Mientras Siciliani y Arana graban para las dos cámaras de Barone uno de esos cargados intercambios entre sus personajes, hay muchos otros objetivos captándolos. Con los teléfonos alzados y apuntándolos, un buen grupo de vecinos de Villa Ballester se paran en la plaza Mitre para tener sus propias imágenes del romance en ciernes. "Se graba. Silencio, por favor. Los que están mirando, hagan silencio también", dice un asistente, más por precaución que otra cosa, porque lo cierto es que los curiosos están bastante callados, fascinados con el despliegue televisivo y la presencia de los populares actores en su cuadra. Si hasta el señor que arregla y pinta el portón en la esquina lo cierra con cuidado para no afectar el desarrollo de la grabación.


"Es un programa exigente. Nada conservador", apunta Barone, un rato antes de juntarse con los actores para transmitirles su concepto para la escena. Y todo indica que tiene razón. Que esta historia llena de antihéroes y principios difusos exigirá bastante de sus espectadores y a su vez les devolverá una historia adulta y compleja regida por la ley de la atracción vuelta imperdible ficción televisiva.



POR: Natalia Trzenko - Antonela Minniti 
LANACION.COM.AR
FOTOGRAFÌAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

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