viernes, 1 de noviembre de 2013

Especial 30 años de democracia Argentina, imágenes que hablan por si solas. La memoria como base de identidad de los pueblos.

Dirigentes políticos, sociales y de organismos de derechos humanos celebraron el período democrático más extenso de la historia argentina. La UCR recordó que el pueblo "emergió de las tinieblas y el horror de la última dictadura militar con la convicción firme de que sólo en democracia es posible concebir el desarrollo de un país libre, respetuoso de los derechos humanos, unido y próspero".


El gobernador bonaerense, Daniel Scioli, a través de un comunicado, expresó que en las tres décadas que pasaron desde las elecciones presidenciales que ganó Raúl Alfonsín, "los argentinos reconquistaron una enorme cantidad de derechos políticos", y forjaron "coincidencias fundamentales e irrenunciables: la supremacía de la Constitución, la libertad, la igualdad ante la ley, los derechos sociales y el equilibrio de poderes".

El ministro de Defensa, Agustín Rossi, por su parte, destacó el "proceso de transformación que comenzó en el 2003", que significó que "la democracia dejó de estar condicionada por los intereses corporativos", y recordó que "en 1983 se inició una etapa distinta en la Argentina", que implicó "el período democrático más extenso" en la historia del país.

A su vez, el bloque de diputados de la Unión Cívica Radical consideró "un triunfo del pueblo argentino" que la democracia haya cumplido 30 años ininterrumpidos. La UCR sostuvo que el pueblo "emergió de las tinieblas y el horror de la última dictadura militar con la convicción firme de que sólo en democracia es posible concebir el desarrollo de un país libre, respetuoso de los derechos humanos, unido y próspero".


El diputado electo y exgobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner, en una carta dirigida al presidente del radicalismo, Mario Barletta, sostuvo que "las luchas del pueblo argentino junto a muchos dirigentes iluminaron el camino hacia una sociedad democrática, para que el diálogo sea la base de la reconstrucción de la República". "Hoy ratificamos nuestro compromiso para seguir trabajando juntos por más democracia, por más igualdad, por más participación, y más transparencia", indicó el texto.

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, a su vez, indicó que hoy es "un día de festejo y de alivio, de liberación", y recordó que el 30 de octubre de 1983 significó "el comienzo del fin de un estado de miedo e incertidumbre".

Celina "Queca" Koffmann, de Madres de Plaza de Mayo de Santa Fe recordó haber celebrado en aquel entonces "que se enterraba la dictadura sangrienta que costó tanto dolor y lágrimas". "Vivo esta fecha con alegría y emoción", aseguró Koffman en declaraciones a Télam, al culminar en la Legislatura santafesina el acto de conmemoración por el nuevo cumpleaños de la democracia.

La dirigente de Tupac Amaru y diputada electa provincial en Jujuy, Milagro Sala, remarcó que son "cada vez más los que salen a la calle para que nunca más se vuelva a repetir lo que se vivió desde el 76". "Esperamos que se avance en el proceso (judicial) por la participación de los empresarios Carlos Blaquier y Alberto Lemos en la desaparición de los compañeros de Ledesma, y que todos los responsables, tanto civiles como militares, cumplan su condena en cárcel común", añadió.

En tanto, el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba declaró su "profundo compromiso con la vida institucional democrática" y celebró "los avances logrados en defensa de los derechos humanos y las garantías constitucionales para todo el pueblo de la Nación Argentina". En un documento titulado "Camino a los 30 años de democracia" el Consejo Superior recordó la importancia de "la primera elección democrática de autoridades ejecutivas y legislativas en todos los niveles del Estado" tras la dictadura más sangrienta que sufriera el país.


Democracia para todos

"Con la democracia se cura, se come y se educa”, dijo Raúl Alfonsín luego del triunfo en las urnas el 30 de octubre de 1983, sepultando la más sangrienta dictadura cívico-militar que sufrimos en la Argentina.

Lamentablemente los años que siguieron demostraron que no alcanza solo con la democracia para curar, alimentar y educar a un pueblo. Pero las recordadas palabras del primer Presidente de esta duradera democracia dejan en claro algo indudable: sólo se puede curar, dar de comer y educar en una democracia sólida y para todos. Las dictaduras solo aseguran muerte.

En la misma semana en que se cumplieron tres décadas de vida democrática ininterrumpida, los argentinos volvimos a votar en la más absoluta libertad –con el agregado de miles de jóvenes que llegaron a las urnas volviendo a creer en la política-, y la Corte Suprema declaró constitucional la Ley de Medios votada por el Congreso, después de cuatro años de batallar en la Justicia contra todo el poderío del Grupo Clarín y sus jueces y políticos aliados.

Así como Raúl Alfonsín abrió el camino hacia una verdadera democracia con el histórico juicio a las juntas militares y Néstor Kirchner y Cristina Fernández lo consolidaron llevando a las cárceles comunes a los asesinos y torturadores de la dictadura –luego de terminar con indultos y leyes del perdón-, este martes se acabó con una ley de medios nacida de las manos de Videla y Martínez de Hoz.

Vestigios de la dictadura que se van apagando.

Se apagan con cada asesino que llega a juicio.

Se apagan con cada joven que recupera su identidad robada por la dictadura (Aquí un punto para homenajear a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, sin ellas esta democracia sería otra cosa).

Se apagan con cada votación en libertad. Con cada pibe que nace a la militancia.

Se apagan cuando la Asignación Universal por Hijo, justo esta semana, cumple cuatro años.

Y se apagan cuando por fin la democracia, luego de tres décadas, logra una ley de medios que defiende la libertad de expresión y la pluralidad de voces.

Guiños de la historia, caprichos del almanaque, entre el último domingo y el miércoles vivimos tres hechos que nos hacen presentar esta edición histórica de Veintitrés: volvimos a votar en libertad, los argentinos dejamos atrás la ley de medios de la dictadura, y se homenajeó a Raúl Alfonsín, el primer Presidente de esta extensa etapa democrática que cumple tres décadas.

Más y mejor democracia.

Más y mejores oportunidades para curar, comer y educar.


Para celebrar los 30 años de democracia y quedar en la historia.

No hay mejor modo para festejar los 30 años de democracia ininterrumpida que la confirmación por parte de la Corte de la vigencia total de la Ley de Servicios de Comunicación. Es algo que no sólo celebra el kirchnerismo, impulsor de esta ley, sino todas las fuerzas políticas, aunque algunas lo hagan secretamente por conveniencias coyunturales.

Los monopolios intentan condicionar la vida democrática y sus brazos mediáticos lo hacen con mayor poder aun. Actúan como una fuerza política, sin someterse a las reglas de la política. No sólo en la Argentina. En Sudamérica los han sufrido también Salvador Allende, Lula, Chávez y hoy los siguen padeciendo Dilma Rousseff, Nicolás Maduro y Rafael Correa. El propio Barack Obama escribió en 2007: "La prensa me ha alzado a unas cimas a las que puede que me cueste llegar, soy consciente de lo rápido que puede funcionar el proceso inverso (…). Al menos para el gran público, yo soy quien los medios dicen que soy. Digo lo que dicen que digo. Me convierto en quien dicen que me he convertido. La influencia de los medios en la política de hoy cobra muchas formas."

Esa mirada descarnada del presidente de EE UU bien la podrían suscribir muchos políticos argentinos que fueron ungidos a esas cimas como candidatos por el poder mediático y si no funcionaron de acuerdo a sus expectativas rápidamente los bajaron del pedestal, hayan llegado a la Presidencia o se hayan quedado en el camino. Raúl Alfonsín sufrió –y lo hizo público– al grupo Clarín, que luego consagró como candidato a Eduardo Angeloz. Como perdió, rápidamente acordó con su vencedor, Carlos Menem, al que luego, sin posibilidad de re-reelección le soltó la mano para elevar a Fernando de la Rúa. No avaló la efímera presidencia de Adolfo Rodríguez Saá y apoyó a Eduardo Duhalde y –por extensión– a su candidato Néstor Kirchner. Hasta que se cansó de los límites que le ponía Kirchner y buscó al sucesor. No le funcionó Julio Cobos y como advirtió que como por fuera del kirchnerismo no tenía un presidenciable, buscó adentro, para elevarlo a cambio de que se convierta en opositor. Como Daniel Scioli lo rechazó fue por Sergio Massa. Esa fue la historia en la que el héroe de hoy, el santificado, mañana será el corrupto o el inepto, o ambas cosas.

Es ilusorio pensar a partir de hoy el Grupo va a dejar de intentar incidir en la política y dedicarse sólo a ganar dinero, pero al estar obligado a desprenderse de muchos de sus medios, su poder va a menguar. Y los futuros presidentes van a tener un factor menos de presión. Quizás algunos hoy no lo vean tan claro porque se arraigó la idea de que para llegar a la Casa Rosada se necesita de Clarín. O por temor a desaparecer de los medios, que es como desaparecer de la vida pública. Pero con la ley en pleno funcionamiento, siempre va a haber medios donde hacerse ver y escuchar.

Lo que se viene ahora será nuevas batallas leguleyas para prolongar el no cumplimiento de la ley con la esperanza de llegar a 2015 y que un nuevo gobierno lo beneficie. El gobierno y el resto de la sociedad deberán estar preparados para enfrentar actitudes agobiantes, como ya ocurrió los últimos cuatro años.


Pero la Corte ya dio su palabra definitiva. Es la Corte conformada por Kirchner y Cristina, al proponer sucesivamente a Raúl Zaffaroni, Carmen Argibay, Elena Highton y Ricardo Lorenzetti. Ellos se sumaron a Enrique Petracchi y Carlos Fayt (designados por Alfonsín) y Juan Carlos Maqueda (designado por Duhalde). Esta Corte que mostró varias veces independencia del Poder Ejecutivo –como había prometido Kirchner al remover a los integrantes de la mayoría automática menemista-–, con el fallo de ayer mostró también independencia del poder mediático. Son hombres y mujeres políticos. Algunos de ellos, como muchos de los jueces, provienen del mundo político y saben bien cómo los pulpos mediáticos abrazan no sólo al Ejecutivo, sino también al Legislativo y Judicial. Se descuenta que serán consecuentes y actuarán con rapidez si les llegan nuevas demandas para trabar la aplicación del fallo.

Ayer una señora dejó un mensaje en radio La red preguntando en qué la beneficiaba el fallo, a la vez que ironizaba sobre si la aplicación de la de ley haría bajar los precios o evitaría que la asalten. La pregunta lleva a la incidencia de los medios en la realidad, de inasible cuantificación. Me permito una respuesta. Para quien la inflación es más alta que sus aumentos salariales o para quien fue víctima de un delito, no hay verdad más poderosa que sus propias vivencias. El asunto se complejiza cuando recibe información falsa como si fuera veraz de hechos que no forman parte de su vida cotidiana y que influirán en cómo forma su opinión.

Si hay una sola voz que por lo más variados medios repite lo mismo, será difícil no creerle. En cambio, si varias voces dan información diversa y hasta contradictoria, pondrán en marcha una serie de mecanismos que nos conduzcan más cerca del análisis que de la repetición de ideas ajenas. Ese es uno de los aspectos más importantes de una ley por la que batallaron muchos desde 1983, aunque ningún presidente se animó a dar la pelea en serio hasta que Cristina presentó el proyecto en 2009.

Ese día, además de la Presidenta fueron oradores el entonces titular del Comfer y actual vicegobernador, Gabriel Mariotto, y el jefe de Gabinete Sergio Massa, quien señaló que la nueva ley de medios "más que una ley es una política de Estado". Tras la derrota de las legislativas de junio de ese año, muchos creyeron que el proyecto quedaría archivado, pero Cristina lo envió al Congreso. 
Desde entonces Cristina afirmó más de una vez: "Esta ley pone a prueba la democracia." Pasaron cuatro años y 19 días hasta ayer, cuando la democracia pasó airosa la prueba. La noticia de la constitucionalidad de la ley dejó de lado los análisis post electorales. Es justo. Las elecciones quedarán en la estadística; el fallo de la Corte en la historia. 


El 30 de octubre de 1983 la sociedad argentina volvía a las urnas. El triunfo de Alfonsín, los traspasos de mando y los hechos salientes de treinta años que quedarán en la historia

Con todas sus falencias a cuestas, la democracia argentina cumple treinta años ininterrumpidos desde aquella elección del 30 de octubre de 1983 que clausuró el período más oscuro de la vida política argentina. Lejos están de haberse cumplido muchas de las expectativas sociales que se depositaron en el sistema en aquel momento. Aquella aseveración alfonsinista de que “con la democracia se come, se cura y se educa” quedó –con el devenir de la historia– en un deseo voluntarista. Sin embargo, las tensiones y los conflictos que se desarrollaron a lo largo de todo este período tuvieron la particularidad de que se dieron dentro del marco institucional que establece la democracia y sin que se suprimieran las libertades básicas. En un país que hasta 1983 estaba acostumbrado a que las crisis se resolvieran golpeando la puerta de los cuarteles, este aniversario es motivo de celebración.

“Si bien se trata de un proceso con marchas y contramarchas, soy bastante optimista con respecto a estos treinta años de democracia”, sostiene Germán Pérez, politólogo del Instituto Gino Germani. “Creo que ha habido un proceso de fortalecimiento, no necesariamente en función del desarrollo, pero sí en la consolidación de formas más pluralistas y democráticas de oposición a proyectos políticos o económicos más autoritarios o concentrados”, completa.

Posiblemente uno de los elementos que esta vez garantizó la perdurabilidad del sistema democrático hayan sido las condiciones en que se dio su recuperación. Como lo señala Mauricio Dalessandro, politólogo del Conicet, “la vuelta a la democracia en 1983 se dio sin ningún condicionamiento del régimen militar saliente, un factor que no se replicó en otros países de la región, como Brasil o Chile. Pasó lo que en la ciencia política se denomina transición por ruptura, y por lo tanto los partidos políticos salieron a competir entre ellos sin ningún acuerdo previo con las cúpulas militares”. Esta cuestión fue la que le permitió a Raúl Alfonsín llevar adelante el Juicio a las Juntas militares, lo que también se constituyó en un hecho inédito en toda la región. Claro que esta decisión no estuvo exenta de tensiones y derivó en tres levantamientos militares que padeció el gobierno radical. Sin embargo, para el historiador Gabriel Di Meglio, haber podido sortear esas crisis sumó otro elemento de fortalecimiento de la democracia. “Si bien los militares no tenían el consenso social tácito para un golpe de Estado, todavía tenían mucho poder. Pero la movilización popular fue fundamental para frenar cualquier intentona y a la vez marcó un cambio cultural de la sociedad porque anteriormente los golpes militares contaban con cierta legitimidad social”, afirma.

Claro que estos fortalecimientos no fueron gratuitos. Así como los intentos golpistas no prosperaron, el costo que se pagó fue la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que pusieron límite a los juicios por violaciones a los derechos humanos. Se trató de la primera gran desilusión. Para Di Meglio, esa sensación se cristalizó en el ’89, cuando la democracia expuso su faceta más cruda. “Es el año de la hiperinflación y donde definitivamente se hizo añicos aquella esperanza que Alfonsín depositó en la democracia. Pero también se da un hito fundamental porque es la primera vez que el neoliberalismo obtiene apoyo popular y donde el peronismo avala un proceso de desmantelamiento del Estado y endeudamiento masivo que deja una marca fuerte en el país”, señala.

Así como para Di Meglio el ’89 fue un momento de quiebre, Pérez cree que el ’97 también lo fue pero en un sentido contrario. “Ese año condensa una serie de hechos importantes: el asesinato de José Luis Cabezas, la creación de la Alianza que lleva a que por primera vez el menemismo pierda una elección, y el surgimiento del movimiento piquetero”, enumera. Entiende que esos acontecimientos son los emergentes de la combinación de dos factores que se dieron en los noventa. “Se da un doble proceso de encapsulamiento tecnocrático de la clase política y de democratización bastante profunda de la sociedad movilizada que se expresa a través de los movimientos sociales”, afirma. Entiende que el punto más alto de ese encapsulamiento lo expresó el Pacto de Olivos, el acuerdo entre Alfonsín y Menem que habilitó la reforma constitucional y la reelección del riojano. “Fue un acuerdo tan de cúpulas y cerrado que la opinión pública se enteró de ese hecho tan trascendente al otro día a través de los diarios. La crisis de 2001 representa la fractura expuesta de ese proceso que se inició con aquel pacto”, asegura.


Paradójicamente, así como la crisis de 2001 representó el peor momento social y económico de la historia argentina, en términos institucionales se pudo capear la tormenta. “En medio de todo ese caos, lo que respondió de manera más aceitada fueron las instituciones democráticas”, asevera Di Meglio. “Muchas veces se hacen bromas acerca de los cinco presidentes nombrados en una semana pero ocurrió ni más ni menos que lo que la Constitución contempla en un caso así, una sucesión ordenada”, completa. Para Dalessandro, la superación de ese conflicto no se explica sin la resolución de las crisis militares en tiempo de los gobiernos de Alfonsín y Menem. “Las Fuerzas Armadas no fueron una amenaza en ese momento gracias a un trabajo político anterior que llevaron adelante los distintos gobiernos y que derivó en que los militares se pasaran a ocupar únicamente de las funciones que les asigna la Constitución”, sostiene. Para Pérez, a partir del 2001 se consolida la democracia. “Se termina con el pacto hobbesiano que establecieron primero Alfonsín con ‘O yo o el autoritarismo’ y después Menem con ‘O yo o el desastre económico’. La cuestión es que el desastre sucedió en todos los sentidos y sin embargo no desencadenó en una disolución sino en una reconstrucción bastante democrática del vínculo”. Completando el pensamiento de Pérez, Di Meglio entiende que esa crisis marcó “el derrumbe definitivo del modelo económico que se implantó en la dictadura y subsistió en todos esos años de democracia”. 

El debe y el haber. La vigencia ininterrumpida del sistema democrático no significa que no sigan pendientes muchas de las demandas que se planteaban en aquellos días de octubre de 1983. Por ejemplo, muchos indicadores sociales presentan los mismos números que hace treinta años (ver recuadro). Los consultados coinciden en que la inexistencia de políticas de Estado que trasciendan a los gobiernos de turno explica en parte que no se haya avanzado lo suficiente en esa materia. “Si uno analiza las cuatro o cinco líneas fundamentales de gobierno, observa que en la economía, la política de derechos humanos, el tema de la defensa y la integridad física de las personas o la educación ha habido constantes vaivenes y soluciones dispares. No ha habido acuerdos mínimos que fueran aceptados por todos los partidos políticos”, señala Dalessandro. Pérez coincide con su colega pero también trata de contextualizar el problema. “Hay que tener en cuenta que en un régimen democrático treinta años no es nada, si no es confundir la historia con la biografía. A un proceso tan corto no se le puede exigir que ya tenga políticas constituidas de Estado sólidas”, sostiene. De todos modos, entiende que hay acuerdos mínimos que se han alcanzado. Me parece que es muy difícil que podamos volver a un extremo neoliberal como se dio en el menemismo. Podrá haber mayor o menor flexibilización, más o menos política monetaria, pero no creo que se renuncie absolutamente al Estado como sucedió en aquel período”, augura.

Donde quedan claro los avances es en materia de derechos civiles. “Quién hubiera dicho en 1983, cuando la Argentina ni siquiera tenía divorcio, que treinta años después iba a contar con una ley de matrimonio igualitario”, sintetiza Di Meglio. A su vez, Pérez cree que la sociedad ha crecido notoriamente en estos años. “Es más democrática en capacidad de organización y en producción de demandas”, asegura. “Desde los estudiantes secundarios hasta los grupos ambientalistas de Famatina se puede ver la elaboración de un lenguaje político, de una capacidad organizativa que es el resultado de todo el proceso democrático. A su vez, la clase política ha tenido dificultades para articularse con esas transformaciones”, afirma. En ese sentido, cree que “el kirchnerismo ha tratado de recuperar muchas de esas demandas, a veces de manera dislocada, e incorporarlas a una tradición nacional-popular”.

Con sus complejidades a cuestas, la democracia argentina cumple treinta años. Un aniversario que no era tan certero en aquellos días, de esperanza e incertidumbre a la vez, de octubre de 1983.


Los siete magnificos

A esta altura del partido abundar sobre las inconsistencias, el corporativismo y las prácticas y acciones golpistas y antipopulares de la SIP –a quien bauticé en estas mismas páginas como la Santa Inquisición Periodística– resultaría reiterativo y no agregaría mucho sobre el origen y los fines de esta maquinaria patronal de desinformación. Inevitablemente, y casi deportivamente, condenan a todos los gobiernos que han puesto en valor al Estado como articulador y compensador de las asimetrías.

Y también a los que recomenzaron el camino de la unidad regional y del orgullo soberano e identitario truncados por el neoliberalismo y su salvaje sed de apropiarse de todas las cosas y descartar seres humanos. El repiqueteo constante de sus admoniciones “en defensa de la libertad de expresión”, sus quejas por pautas publicitarias que suponen que les corresponden por derecho propio o divino, ocultan sus operaciones extorsivas con los grandes anunciantes para boicotear a los verdaderos medios independientes o a los competidores pequeños.

La esencia y la voz de los monopolios, propios y ajenos, disfrazan sus propios hábitos contrarios al derecho inalienable de la información. Pero ellos son los dueños y los beneficiarios de sus campañas y de sus acciones (en ambos sentidos). Cada cuervo, cada buitre, cuida su nido, su guarida. Y así se consolida y perpetúa la raza. Mientras tanto, en la gótica ciudad de Buenos Aires, Jorge “Batman” Lanata y Ernesto “Robin” Tenembaum, luego de una cabriola fantástica e inesperada, insisten en poner del lado de los débiles al gran monopolio argentino y dar por inocua cualquier campaña, operación, tergiversación, manipulación, ocultamiento o injuria que realizan sus mandantes.


Con estilos diferentes, Lanata insulta, calumnia y agrede y Tenembaum ironiza mientras mira sobrador a todos los kirchneristas, dedicándoles un gesto como de estar oliendo heces. Y lo bien que hacen en expresarse libremente, sin cortapisas y exponiendo su actual pensamiento reaccionario. Y otro grupo de notables prestidigitadores, montados en una feroz campaña para destruir los avances de estos diez últimos años y apoyar descaradamente a algún candidato opositor, se juntaron para viajar juntos a Washington y presentarse como víctimas y en representación de la prensa “libre” a una audiencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA, “para tratar cuestiones referentes a la situación general de la libertad de expresión en la Argentina”.

Son siete periodistas notorios y alineados. Siete periodistas militantes, aunque en rigor son seis militantes y un militonto. En los '60, los norteamericanos hicieron una remake taquillera del gran filme japonés Los siete samurais y la titularon Los siete magníficos. La historia era sencilla: un pueblo mexicano asolado por unos despiadados bandidos contrata para defenderse a siete pistoleros, a siete mercenarios para defender sus pertenencias. Yul Brynner, Charles Bronson y James Coburn eran algunos de los protagonistas.

La avanzada que se presentará el 1 de noviembre ante la CIDH para "defendernos" de tanta censura y mordaza al periodismo, está integrada por Magdalena Ruiz Guiñazú, Joaquín Morales Solá, Nelson Castro, Pepe Eliaschev, Alfredo Leuco, Mariano Obarrio y Luis Majul. Como todos los argentinos sabemos, hace diez años que no tienen micrófono ni espacio en ningún medio por orden del gobierno y perseguidos por Guillermo Moreno y los esbirros de La Cámpora. Que el terror jacobino que reina en nuestro país les impide criticar y menos ofender a cualquier miembro de las hordas gubernamentales y sus grupos de choque. Que cualquier intento de contrariar el discurso oficial redunda en amañadas causas judiciales y cárcel en las mazmorras del Régimen. Que el genocida Videla era mucho más comprensivo con la prensa y les regaló Papel Prensa para defender a la Patria.

Las quejas y denuncias de “los siete” van desde “presiones e intimidaciones por la expresión de nuestras ideas”, “espionaje telefónico y violación de e-mails”. Para estas dos últimas denuncias humildemente les sugiero que, por lo de los teléfonos averigüen en lo del procesado especialista Mauricio Macri y por lo de los correos electrónicos quienes pueden ayudarlos son el Tata Yofre y su colega de La Nación Carlos Pagni. Se pueden ahorrar los pasajes y el papelón. Además de una sarta de falaces y sesgadas acusaciones, el “problema” del militonto es que fue “acosado por la AFIP”.

Seguramente en Estados Unidos donde a Al Capone lo encerraron por evasión de impuestos y persiguen en serio, se van a reír hasta el paroxismo. Ante tanta mezquindad, oportunismo y deseos de figuración no cabe otra conclusión: mienten a conciencia y sin pudor, porque tienen al verdadero poder que los respalda y amplifica. Finalmente, creo oportuno transcribir parte de un texto del reconocido lingüista holandés Teo van Dijk, investigador del Análisis Crítico del Discurso, y que pone en negro sobre blanco el verdadero rol de los medios masivos que en nuestro país representan y amplifican la voz del poder real: “... el poder de los medios de comunicación es generalmente simbólico y persuasivo, en el sentido de tener la posibilidad de controlar, en mayor o en menor medida, la mente de los lectores; sin embargo, el control no se ejerce directamente sobre sus acciones: el control de las acciones, meta última del poder, se hace de manera indirecta cuando se planea el control de intenciones, de proyectos, de conocimientos a alcanzar, de creencias u opiniones”. Los siete magníficos seguirán expresándose libremente como siempre. Aunque se empeñen en negar lo incontrastable.


Escándalos, ocultamientos y libertad de prensa

Los vínculos del periodismo con el espionaje global revelan un sistema perverso silenciado durante décadas.
Los escándalos en los medios británicos derivaron en la creación de una nueva entidad para regular el funcionamiento de la prensa en ese país, sino la cuna de la prensa al menos un espejo en el que se gustarían mirar periodistas de todo el mundo. El caso, como se recordará, involucraba a los medios del Grupo Murdoch, propiedad del multimillonario australiano Rupert Murdoch, y consistió en una perversa sociedad entre periodistas de indudable baja calidad moral con agentes de Scotland Yard para pinchar teléfonos de políticos y celebridades con el fin de espiar sus movimientos y obtener primicias. Nada demasiado diferente a lo que la jueza Sandra Arroyo Salgado investiga en la Argentina y que mantiene bajo proceso al ex secretario de Inteligencia Juan Bautista "Tata" Yofre y a los periodistas Carlos Pagni, de La Nación, y Roberto García, de Perfil, acusados de hackear mails de funcionarios nacionales con el mismo objetivo "divulgador".

Estas prácticas, desde el punto de vista periodístico deleznables, fueron tan habituales en Gran Bretaña que se convirtieron en un verdadero modus operandi para los directivos de diarios como el News of the Word (NOTW), que había sido fundado en 1843 y tuvo que ser cerrado en 2011 tras el estallido del escándalo, o The Sun, el de mayor tirada en el Reino Unido. Justo es decir que la revelación de ese oscuro manejo de la prensa fue de otro medio británico, The Guardian, de activa participación en la publicación del material de Wikileaks y de los archivos de Edward Snowden sobre el espionaje masivo de Estados Unidos que día a día aporta una gota más de repulsión tanto entre amigos como entre enemigos de Washington.

Con cierta similitud también con la postura de los medios del establishment vernáculo en torno de la Ley de Medios, en Gran Bretaña los empresarios intentaron frenar la puesta en marcha de la autoridad de control votada en el Parlamento a través del Consejo Privado de la reina Isabel II, a principios de este mes. Alegaron ante los estamentos judiciales una serie de argumentos en defensa de una libertad de expresión en riesgo por la injerencia de los legisladores o el gobierno. Los magistrados desecharon la presentación por "falta de sustento" y le dieron vía libre al organismo, que remplazará a la obsoleta y demostradamente ineficaz Comisión de Quejas de la Prensa (PCC, por sus iniciales en inglés), que se supone que hacía ese trabajo en un cuerpo integrado por los propios empresarios periodísticos y sus gerentes.

El caso más terrible y que generó la mayor náusea fue el de Milly Dowler, una chica de 13 años secuestrada y asesinada en 2002. El hecho alcanzó enorme repercusión en Gran Bretaña y durante semanas mantuvo en vilo a la opinión pública porque se suponía que la menor seguía viva. Sucede que la casilla de mensajes de su celular se vaciaba cotidianamente. Después se sabría que agentes de Scotland Yard, en connivencia con periodistas de NOTW, se metían diariamente para escuchar los mensajes que enviaba la familia desesperada a la muchacha, que había sido violada y estrangulada por un asesino serial. El cuerpo de la chica apareció seis meses más tarde.


Los editores del NOTW están siendo juzgados por la maniobra, repetida con decenas de políticos, intelectuales como la autora de Harry Potter, o actores como Hugh Grant. El juez Brian Leveson, que investigó el proceder periodístico, recomendó la creación de una nueva entidad para regular la conducta ética del gremio y aclaró específicamente que sus miembros debían ser independientes del gobierno pero también de las empresas. El tema del espionaje está latente desde hace semanas, cuando The Guardian sacudió el avispero nuevamente con las revelaciones de Snowden, el ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) ahora refugiado en Rusia. Glenn Greenwald fue el único periodista en quien el joven estaba dispuesto a confiar para entregarle los archivos que copió mientras trabajaba como contratista en Honolulu. Greenwald reside en Río de Janeiro y ayer publicó su último informe para ese diario, porque fue contratado para un nuevo proyecto periodístico junto a otro militante de las libertades civiles como Jeremy Scahill.

Durante la semana, una delegación del Parlamento Europeo viajó a Estados Unidos para plantear sus quejas por el espionaje de la NSA sobre gobernantes y ciudadanos europeos. No es la primera vez que se ven involucrados en una protesta semejante en lo que va del siglo. Como en las otras ocasiones, debieron mostrarse sorprendidos por la operación de vigilancia global. En Washington se entrevistaron con funcionarios y congresistas, pero se fueron con muy poco de vuelta a Bruselas. El eurodiputado laborista británico Claude Moraes habló algo a la salida de un encuentro con el director de la NSA, el general Keith Alexander. "Se nos dieron algunos datos vagos, pero no especificaciones detalladas sobre los programas de espionaje", explicó el presidente del Comité de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior del Parlamento Europeo.

En su último despacho, Greenwald destaca que Alexander acusó a los periodistas de estar "vendiendo" los documentos de la NSA y pide que se ponga fin "al constante flujo de información pública de los secretos arrebatados por el ex contratista de Edward Snowden". En un reportaje al blog Armed With Science, del Departamento de Defensa de EE UU, anota Greenwald, Alexander se explayó en abundancia sobre la cuestión. "Creo que está mal que los periodistas que tengan todos estos documentos, los 50 mil –o lo que sea que tienen y están vendiendo y publicando–, ya sabes, simplemente no tiene sentido".

La entrevista deja ver mucho más sobre el concepto de libertad de prensa del jefe de los espías electrónicos estadounidenses: "Tenemos que encontrar la forma de detener esto (la publicación). No sé cómo hacerlo. Eso es más (propio) de los tribunales y los responsables políticos, pero desde mi punto de vista, es un error permitir que esto continúe." Acota Greenwald: "Me encantaría saber qué vía en concreto tiene en mente el general Alexander para ayudar al gobierno de EE UU a 'encontrar la manera de detener' al periodismo en esta historia. Cualquiera que sea la forma, será profundamente hostil a la Constitución de EE UU. ¿Qué clase de persona querría que el gobierno fuerce un operativo para clausurar los informes de la prensa? Cualquier clase de persona que sea, no es alguien en quien confiar para instituir y desarrollar un sistema de espionaje masivo que opera en la oscuridad. De hecho, nadie lo es." Greg Mitchell escribió en el diario virtual The Nation, de Estados Unidos, un artículo que golpea en las mentes bien pensantes de aquel país a 45 años de la Masacre de My Lai.

El 16 de marzo de 1968, tropas de la Compañía C del 1º Batallón de la 20ª División de Infantería y de la Compañía B del 4º Batallón de la 3ª División de Infantería atacaron la zona de Soin My, en lo que era Vietnam del Sur, con helicópteros artillados y efectivos de infantería de marina. La escena puede percibirse en la película Apocalipsis Now, el clásico de Francis Ford Cóppola sobre la base de la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas. Allí, un soberbio oficial encarnado por Robert Duvall muestra lo que pudo ser My Lai. Una orgía de horror y violencia absolutamente demencial e innecesaria.

La masacre no se divulgó sino un año más tarde, cuando la publicó Seymour Hersh, de un medio minúsculo llamado Dispatch News Service. Un ex fotógrafo del Ejército, Ronald Haeberle, logró colar algunas tomas dramáticas en el Cleveland Plain Dealer. Por el caso fue condenado el segundo teniente William Laws Calley, en medio de un escándalo mediático. Pero fue indultado tres años más tarde por el presidente Richard Nixon. Mitchell muestra ahora una foto impresionante que la doctoranda Valerie Wieskamp, de la Universidad de Indiana, Bloomington, analiza en detalle, y se sorprende de que nadie haya reparado en ella en casi medio siglo.

La imagen arquetípica de My Lai es la de una chica que huye desnuda envuelta en llamas porque le arrojaron napalm. Wieskamp descubre en "Asalto Sexual en la masacre de My Lai: el borrado de la Violencia Sexual de la memoria pública de la guerra de Vietnam", otra imagen ya publicada de la matanza que muestra a una aterrorizada anciana tomada violentamente por un soldado en primer plano, y a una adolescente con un niño en brazos. Cerrando su blusa. Una prueba, acota, de las violaciones masivas cometidas por soldados estadounidenses y ocultas por décadas detrás de epígrafes genéricos en la prensa. Porque nadie había reparado en que la muchacha se estaba abotonando la blusa luego de haber sido violada.

El fotógrafo ya había dicho algo de esto en su momento, pero nadie lo quiso escuchar. Ahora que el debate por la libertad de expresión aparece en boca de los empresarios sometidos a leyes de la sociedad en Gran Bretaña y la Argentina, y en medio de la divulgación de procedimientos reñidos con la moral y las reglas del buen arte a nivel político, es bueno reflexionar sobre estas cuestiones. Porque más temprano que tarde la verdad saldrá a la luz, pero la responsabilidad del periodista es que lo sea en tiempo real.


"Alfonsín celebraría este momento histórico"

El dirigente radical consideró que el fallo de la Corte Suprema que declaró la constitucionalidad plena de la Ley de Medios "viene a poner las cosas en su lugar después de 25 años de espera", cuando el por entonces presidente Raúl Alfonsín impulsó el primer proyecto para desterrar la Ley de Radiodifusión de la dictadura.

Moreau recordó que la iniciativa presentada en el Congreso en abril de 1988 "era hasta más restrictivo que éste, preveía menos cantidad de licencias en manos de un solo grupo, y tenía limitaciones muy severas para evitar la formación de monopolios", por lo cual consideró que el exmandatario fallecido "celebraría este momento histórico".

Al referirse a los 30 años de la primera elección tras el golpe de Esta en la que triunfó la UCR, dijo que hoy tuvo un "recuerdo conmovedor" de Alfonsín y destacó que aquella elección de 1983 "fue de ruptura porque rompió con un pasado nefasto, el de la dictadura militar, la violencia política, las ínfulas belicistas de ese régimen militar que nos llevó a la invasión de Malvinas y a casi la guerra con Chile".

El dirigente sostuvo que Alfonsín "asumió en un contexto muy difícil, en el que todavía gobernaban las dictaduras en los otros países del continente" y "tuvo que lidiar con una herencia económica enorme", y remarcó la "fuerte ampliación de derechos civiles que logró y que lo llevó a confrontar con la cúpula eclesiástica de aquel momento, con leyes como la de divorcio y la patria potestad compartida".

"Todos esos factores influyeron en el golpe de Estado económico en el `89, donde también confluyeron otros sectores que querían adquirir posiciones dominantes en materia de control de los medios de comunicación, y se cobraron la factura de que Alfonsín no derogó el artículo que prohibía que un medio gráfico fuera licenciatario de radio y TV", concluyó.






























POR: Jorge Cicuttin - Daniel Miguez - PABLO GALAND - Enrique Masllorens - Alberto Lopez Girondo
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FOTOGRAFÌAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA


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