viernes, 2 de diciembre de 2011

"FÒBICOS LA AMOR"

Buscan pareja, fracasan en el intento y son cada vez más
Tienen más de 30 años y están solteros o separados. Por miedo al compromiso, huyen de las historias que encaran. Los llaman ”claustrofóbicos amorosos” y, según los especialistas, las consultas crecen.

El muchacho la invita a cenar. Como sabe que es arquitecto/a, se esmera y elige un restaurante en el piso 20 de un edificio histórico. Pero la señor/ta tiene fobia a los ascensores. El muchacho traga saliva y empieza a subir por las escaleras. Pero a mitad de camino, al borde del paro respiratorio, abandona y sigue por el ascensor. Disimulando la transpiración, se sienta a esperarla. No sospecha que nunca llegará. El/ella, que acaba de captar demasiadas señales de interés, baja los 20 pisos de un tirón. Huye. La escena pertenece a la película Medianeras . Y pone la lupa sobre aquellos que desean enamorarse pero que batallan contra el más corpóreo de los fantasmas: el miedo.

“Viven en una falsa encrucijada. No se jactan de ‘ser solos’, al contrario, desean construir un proyecto amoroso. Pero cuando conocen a alguien potable, por experiencias anteriores dolorosas o recuerdos que los devuelven al lugar de fracaso, aparecen el autoboicot y los síntomas físicos del miedo”, describe Walter Ghedin, psiquiatra y autor del libro Tipos que huyen.


“El temor a entregarse y a correr el riesgo de volver a sufrir los pone en un estado de hipervigilancia. Entonces interpretan cada muestra de interés como una amenaza. Así es que muchos evitan las citas y eligen su soledad: en ese encierro no hay riesgos”, agrega Gustavo Bustamante, doctor en psicología y director de Fobia Club.

Asegura que, a partir de los 30 años, el tema no para de surgir en las consultas. Y hace una radiografía: “En el cuerpo, ese miedo se traduce en temblores, acaloramientos y sudoración hasta en palpitaciones, falta de aire y angustia. La sensación que suelen describir es de ahorcamiento. Pero no es el otro el que los ahorca: son ellos mismos porque idealizan lo que debería ser una pareja”.

Idealizar no es ser una Susanita que quiere seguir el magisterio y tener hijitos. Es imaginarse una pareja sin discusiones y orgasmos simultáneos. Habla Gustavo Taretto, director de Medianeras , la versión larga de un corto multipremiado en festivales internacionales y que alivió a los que se sentían raritos. “Pensá que ahora, antes de salir con alguien lo googleamos, lo investigamos, construimos un personaje. El problema es que ese personaje es muy poco real. O ¿conocés a alguien que ponga su peor foto en Facebook? ¿O que diga en sus intereses que le gusta el Bailando? La gente se sobrevende tanto que el contraste con la persona real es demoledor”.

Cuando el miedo a enamorarse y a quedar en carne viva es gigante, aparece –disfrazado– el autoboicot: “El más obvio es la huida con excusas. Pero el autoboicot tiene otras caras, como afearse, mostrar la peor versión de uno, buscarle defectos, no mostrar habilidades en la cama o tener un discurso violento con el otro. Esto último para que sea el otro quien termine hartándose y la persona confirme que tenía razón: que no era confiable y que seguro iba a sufrir”, dice Ghedin. La profecía autocumplida.

Valeria Schapira lo desdramatiza: “A los 20, el mundo parece poblado de apetecibles principitos. A los 30 empieza la serie ‘Nosotros y los miedos’: miedo al compromiso o a la soledad, a la estabilidad o a la inestabilidad, al calzoncillo en el baño o a la tanga en el picaporte”, dice la autora de Diario de una mujer posmo.

“Los que están en pareja envidian a los que están solitos su alma, disfrutando del elixir del sexo libre y el rock . Y los ‘más vale solos...’ suelen estar esperando al que les parta la cabeza. Les presento a Miss Pero: quien suscribe: Hobby: ahuyentar hombres respetables por razones tan nimias como una camisa hawaiana”.

Lo cierto es que eso de minarse el camino puede ser una forma de vida: “Los fóbicos suelen funcionar bien con personas casadas o que tienen otros problemas, como adicciones o disfunciones sexuales. Es que este tipo de relaciones les da una garantía: no les van a exigir un compromiso”, suma Bustamante.

En su película, Taretto quiso que todas las relaciones sexuales fallaran –el psicólogo que no logra una erección, el que se distrae con unos perros–. “Y fue para liberar esa presión de que al principio todo tiene que funcionar de manera poética. Las relaciones no fluyen naturalmente: hay que aprender a esperarlas, a entenderlas. Y a encontrarles el punto divertido aún después de una noche frustrada”.

Detrás de tanta cabeza y de tan poca alma, lo que hay es dolor. Y no es una metáfora. Entonces, arriesgarse, en vez de ponerle un almohadón más a la parálisis, ¿no se parece más a estar vivos? Lo simplifica Bustamante: –Una paciente me decía que quería tener pareja pero más adelante: primero quería estar bien con ella, resolver sus miedos, su angustia. ¿Sabés qué le contesté? – No.

– ¿Y si te animás a que te elijan como sos?


POR: Gisele Sousa Dias. CLARIN.COM
ARREGLOS FOTOGRÀFICOS: ALBERTO CARRERA
PENSANDO EN VALERIA

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