lunes, 5 de diciembre de 2011

VAMPIROS EMOCIONALES EN LAS OFICINAS

Tenemos un vampiro emocional en la oficina. Conozca los 6 tipos tóxicos.
Irascibles, agoreros, cínicos o quejicas. En el ecosistema laboral hay muchas y distintas especies profesionales, pero los vampiros emocionales están entre las más tóxicas. Un buen líder debe saber identificarlos y gestionarlos para que no afecten al resto del equipo.

“La fuerza del vampiro reside en que nadie cree en él”. Esta frase, conocida por la película Drácula (1931), se puede aplicar sin reparos en el contexto profesional. Y es que no es tarea fácil descubrir a los llamados vampiros emocionales: personas que absorben la energía de los demás. Reconocerlos y reorientarlos para evitar que obstaculicen el buen ritmo de un equipo de trabajo es también una obligación de los buenos jefes.

Juan Carlos Cubeiro, presidente de Eurotalent, afirma que “los auténticos líderes han de ser como Van Helsing, cazadores de vampiros emocionales”.

Según Javier Tovar, consultor talent management de BPI Group, “aunque todas las personas influimos en las emociones de quienes nos rodean por mero contacto y cercanía, lo que diferencia a los vampiros emocionales del resto es su carácter manipulador y su facilidad para influir en los demás sin apenas notarse”. Esa naturaleza sibilina y los diferentes tipos de chupasangre energéticos que se pueden encontrar en el trabajo son los principales motivos por los que se complica su identificación por parte de los responsables de un equipo.

Identificación

Álvaro Arias, socio director de Neumann International, advierte que “estos seres manipuladores producen en el resto de compañeros un estado de alerta, de inseguridad que puede destruir el trabajo colectivo”. La observación, por tanto, es esencial en esta tarea. Un buen jefe debe analizar los diferentes perfiles que engloban la plantilla para distinguir entre ellos a estos chupasangre.

Carlos Viladrich, director de recursos humanos de Adecco, asegura que “gestionar a estas personas es muy difícil porque su toxicidad no siempre es evidente y en las organizaciones se contagia, especialmente si la fuente tóxica es algún líder de opinión o una persona con capacidad de influencia. Por ello, es muy importante que antes de lanzar iniciativas se analicen las posiciones que ocupan estos vampiros”.

Una vez descubiertos, un buen líder debe “ayudarles y reconducir sus emociones”, explica Tovar quien añade que “después es importante ejercer un liderazgo emocional sólido y seguro para que el equipo tome conciencia de la situación. Para lograr este cometido, es importante poner sobre la mesa ejemplos concretos de situaciones que sirvan para poder analizarse. De este modo, donde unos empleados verán siempre problemas y obstáculos, otros verán oportunidades”.

Mostrar empatía, irradiar optimismo inteligente, generar visiones compartidas, reforzar valores positivos y constructivos o generar oportunidades para experimentar el humor y placer en el trabajo, son algunos de los recursos que dispone el jefe para mantener el equilibrio del equipo.

Arias, sin embargo, no opina lo mismo. El socio director de Neumann International cree que “lo mejor es sacar a este tipo de empleado del equipo para mantener en orden al grupo. Si lo metes en otro lado, lo único que haces es trasladar el problema, demostrando un mal ejercicio de liderazgo. Si no le puedes echar, no lo promociones o dirígelo hacia un objetivo que no requiera un trabajo en equipo”.

Los compañeros son los principales afectados por estos chupasangre. Sobre todo, “las personas con poca seguridad en sí mismas que pueden dejarse llevar por comentarios”, asegura Cubeiro. Por eso mismo, aquellos que trabajen codo con codo con un vampiro emocional “deben poner límites”, advierte Pilar Jericó, socia directora de Be Up, quien añade que “no deben intentar cambiar su estado de ánimo ni mucho menos seguirles la corriente”.

Viladrich aconseja “no darles crédito a cualquier precio ni intentar buscar razones que avalen su posición”. Y Marta Lucía, responsable regional del este de recursos humanos de Randstad, apunta que es importante “no entrar en guerra con ellos”.

Consecuencias en el trabajo

El malestar que producen estos vampiros al resto de compañeros se traduce, irremediablemente, en la productividad de un equipo. Tovar reconoce que “este tipo de trabajador crea mal ambiente, a través de su uso habitual de los rumores, observaciones y quejas sobre terceros; dañan la innovación y la gestión del cambio, generando pasividad, falta de creatividad y aversión al riesgo; pueden influir negativamente sobre la organización al provocar sentimientos de culpa en los compañeros e, incluso, pueden conseguir que los demás asuman responsabilidades que les pertenecen, quedándose ellos al margen” y, en definitiva, tal y como apunta Jericó, “producen desánimo, falta de iniciativa y de optimismo”, lo que repercute en los resultados de la empresa.

Nosotros decidimos, al fin y al cabo, qué actitud queremos tener en nuestro puesto de trabajo y con quien nos queremos codear. Por ello, tal y como recuerda Tovar, “antes que concentrarnos sólo en los defectos y debilidades de los demás, tratemos de concentrarnos en identificar que buenas cualidades tienen”. No debemos convertirnos en el elemento nocivo de un equipo ni podemos dejar que nos manipulen.


Identifica a un ladrón de energía

1. Los visibles son más vehementes e identificables porque mantienen una actitud pesimista con cualquier reto y son tercos en sus quejas.

2. Los ocultos parecen personas agradables y satisfechas, pero en el fondo pueden ser incluso más tóxicos, ya que trabajan en la sombra, generando un ambiente emocional nocivo.

3. Los esclavistas son los que se alimentan de energía física a través de reuniones interminables o jornadas maratonianas.

4. Los distractores son los que descentran a los demás de sus prioridades.

5. Los agoreros se alimentan de la energía emocional a través de quejas, lamentos y negatividades.

6. Los cínicos se mantienen con la energía espiritual ajena porque no practican lo que predican.


POR: BPI Group y Eurotalent. Arancha Bustillo.
PENSAMIENTOIMAGINATIVO
PENSANDO EN OSCAR

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