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domingo, 1 de septiembre de 2013

Militancia polìtica, como se forman..??

Cómo se forman los militantes políticos. Acción y reflexión. Agrupaciones y partidos de color variopinto coinciden en fomentar el conocimiento de la historia, los líderes y el devenir nacional, a través de talleres, jornadas y campamentos. La relación intrínseca entre saber y poder.


Bajando un cuadro, formaste miles”, versa uno de las frases que acuñó el kirchnerismo, luego de que el ex presidente descolgara las fotos de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone en el Colegio Militar, convirtiendo esa acción en un símbolo de esta última década. Sin embargo, y más allá del episodio, la metáfora de la frase conlleva otra conquista de la década. O mejor dicho, la formación de cuadros políticos y militantes volvió a ocupar un lugar fundamental en la vida de agrupaciones y partidos políticos de color variopinto. Pero claro, no se trata de una metodología nueva: en la historia de la conformación de los espacios, el estudio y el debate ocuparon un rol preponderante desde que el arco político se abrió como abanico en el país. Quizás el caso más emblemático sea la década del ’70, pero aquella, además, estaba impregnada de otro tipo de entrenamiento conforme al contexto de esa época. En todo caso, en este último tiempo, desde ciertos sectores mediáticos se promueve la estigmatización de estas prácticas de formación política, subsumiéndolas en una suerte de “adoctrinamiento” o “adiestramiento” con una fuerte carga peyorativa, como si embeberse en la historia, la cultura y la propia práctica política fuera un mal a erradicar.

Gildo Onorato, secretario de la Organización Nacional del Movimiento Evita, explicó a Veintitrés que “la formación de cuadros es muy importante porque le da a la organización un compromiso con los intereses que pretende representar. Más allá de las herramientas teóricas que brindamos, creemos que esa información adquirida tiene que estar por sobre todas las cosas refrendada con la práctica social y la idea colectiva de construcción de poder popular”. Por su parte, Alejandro Caracciolo, miembro de la mesa de Cantera Popular, una agrupación dentro de la Unión Cívica Radical, señaló que “le damos mucha importancia a la formación política porque creemos en profundizar el debate y la discusión. Es esencial para que todos los militantes tengan herramientas para ser dirigentes y a su vez para que todos los dirigentes tengan herramientas para no olvidarse de que también son militantes políticos”. Para Gabriel Solano, referente del Partido Obrero (PO) y candidato a diputado en la ciudad de Buenos Aires, “nuestra formación está basada en un programa político y en un método de lucha política”. Itaí Hagman, referente de Marea Popular y también candidato a diputado por la misma localidad, sostiene que “la formación es una tarea más de la militancia. Según el pedagogo brasilero Paulo Freire hay dos pilares fundamentales, la acción y la reflexión, que deben ir mancomunadamente, ya que acción sin reflexión es puro activismo mientras que reflexión sin acción es quedarse en el intelectualismo. Nosotros apuntamos a esa mancomunión”. Según Claudia Bernazza, secretaria nacional de formación de Kolina, “es una actividad fundamental tanto en la propia corriente como en el marco de la mesa de formación de Unidos y Organizados”.

En general, todas las agrupaciones y partidos políticos realizan actividades tendientes a la formación de sus militantes, desde talleres y jornadas de debates hasta campamentos o retiros, entre otras cosas.

En el caso del Partido Obrero, el centro de la formación está focalizado en la publicación de Prensa Obrera, un diario del organismo hecho por los propios militantes. “Eso nos obliga a tener una elaboración política permanente, de cuestiones de tipo nacional e internacional”, explicó Solano. Además, publican ese medio “en defensa del marxismo”, en donde se desarrollan temas en mayor profundidad. Por otro lado, realizan un congreso anual que dura cuatro días y de allí surgen varios documentos políticos. También participan de campamentos que se llevan a cabo en la localidad de Ramallo, provincia de Buenos Aires: al último asistieron novecientas personas y el tema fue la “situación latinoamericana”. Allí se debaten textos clásicos del marxismo, entre otros. “La formación es acción cotidiana, toda la actividad del partido es politizante, y sobre todo estos encuentros”, concluye el referente del PO.

Kolina, el espacio que lidera la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, cuenta con tres grandes ejes en cuanto a su formación. Por un lado, el programa “Formarnos para militar”, en donde se estudia historia e ideas políticas, que según Bernazza “es un debate sobre políticas en tensión”. Aquí se leen autores argentinos y latinoamericanos. Arturo Jauretche es una de las lecturas obligatorias. El segundo eje es “Formarnos para elegir”: allí se prepara a la militancia durante los períodos electorales para las campañas y la fiscalización. Y el tercer eje, “Formarnos para gobernar”, es para aquellos que llegaron a los espacios de gestión o legislativos y requieren de un conocimiento profundo del Estado. “Hay una metodología que no negociamos –aclara la referente–, y es la participación a la hora del aprendizaje. No existe un saber depositado, sino que se trata de un saber que circula, por lo cual abrimos espacios y foros de debate permanentemente”. Además, existen las “Usinas Kolina”, espacios de participación y producción de conocimiento para enriquecer el trabajo territorial. Se dividen en: Recursos Naturales, Economía, Cultura, Discapacidad, Coyuntura Política, Políticas Sociales, Educación, Deporte, Jurídica y Salud.

Desde el sector radical tienen varios espacios de formación. Por un lado, el Instituto Moisés Lebensohn que funciona como eje coordinador de todo el programa, en donde se dicta el “ABC del militante”: una suerte de conocimientos básicos que deben adquirir todos los que sean parte de Cantera Popular. Allí se lee desde la historia del partido hasta la de los radicales más emblemáticos, como Crisólogo Larralde o Raúl Alfonsín. Además, se realiza el “Campus Illia”, un encuentro nacional de toda la militancia en algún lugar del país –el último fue en una estancia en Santiago del Estero–, en donde la dinámica de las jornadas se basa en debates temáticos, muchos de ellos encabezados por especialistas no necesariamente radicales.

En cuanto a Marea Popular, se realizan talleres de formación durante todo el año con la presencia de intelectuales y referentes de la organización. Una de las actividades centrales de esta agrupación son los Foros de Educación, el último se llevó adelante hace pocas semanas en la ciudad de La Plata, además de los campamentos. Las lecturas están focalizadas en pensadores latinoamericanos, como los cubanos José Martí y Julio Antonio Mella, y el peruano José Carlos Mariátegui, entre otros. “Es fundamental generar instancias para discutir, porque si no la militancia se vuelve mecánica y reproductiva”, concluyó Hagman.

En el caso del Movimiento Evita, anclado en la organización de los sectores más vulnerables, se debate sobre “la importancia de la organización popular, de las conciencias colectivas y de lo que demandan los valores de los militantes comprometidos con una sociedad que debe poner la plenitud del ser humano en el centro de la escena”, advirtió Onorato. Por caso, la Federación del Movimiento Evita cuenta con un camping en una isla de Tigre, en donde se realizan muchos campamentos de formación. El último y más criticado por los medios monopólicos se concretó durante el verano pasado: durante veinte días se dictó el “curso de formación Sabino Navarro”, por el que pasaron 1.154 militantes. “Los retiros generan un clima propicio para que la reflexión y la abstracción sean más profundas y eso permite volver con más energías a los lugares de militancia, a las zonas de los sectores más humildes”, consideró Onorato.

Como analiza el teórico francés Michel Foucault: existe una relación intrínseca entre el saber y el poder. Y que las diversas agrupaciones y partidos políticos apunten a eso en la formación de sus militantes es algo que algunos no pueden tolerar.



POR: Tali Goldman - VEINTITRES.INFONEWS.COM
FOTOGRAFÌA: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

domingo, 9 de junio de 2013

LA PATRIA ES EL OTRO. "EL EGOÌSMO COMO SOCIEDAD"

El otro egoísta en la comunidad organizada.

En tiempos de “guerrillas semióticas” cada palabra cobra una relevancia inusitada, máxime cuando esta es vertida públicamente a través de los medios de comunicación o, ahora también, en esa zona gris entre lo público y lo privado que se conoce como redes sociales. Asimismo, como si con esto no alcanzase, todo aquel que dispone de micrófonos para poder expresarse sabe también que debe construir frases que sea imposible descontextualizar, de lo cual se sigue que, probablemente, el único arte que ha dado el siglo XXI hasta ahora sea el arte de saber declarar. Si a esta dificultad le agregamos lo que sucede con la palabra de una presidenta que además de poseer una habilidad retórica que se encuentra muy por encima de la media de los políticos, es capaz de marcar agenda y abrir debates conceptuales, se tomará la real medida de lo que puede generar una definición tan fuerte y a su vez no libre de ambigüedades como “la patria es el otro”.


Para los que no lo recuerdan, fue en el discurso por los festejos de la Revolución de Mayo que CFK hizo un fuerte hincapié en aquella frase que ya se había transformado en una bandera de la militancia especialmente en el marco de la ayuda por las inundaciones en La Plata. Claro que el debate podría acabarse inmediatamente si consideramos que esta frase como tantas otras es puro eslogan vacío, pero como el estilo de esta columna es la indagación y el intento de agregar algo de complejidad a los asuntos de todos los días, me permitiré desconfiar de aquellos que consideran que todo debate actual puede reducirse a una disputa entre publicistas.

¿Qué significa, entonces, “la patria es el otro”? ¿Es simplemente el llamado a ser solidarios, a cambiar la naturaleza egoísta del argentino medio? Podría ser pero puede que signifique algo más que eso. En esta línea, sin plantear de manera delirante algo así como una “filosofía kirchnerista”, alguna pista del sentido que puede dársele a esa frase se puede encontrar rastreando los discursos tanto de CFK como de Kirchner pues allí se pueden encontrar elementos propios de una determinada cosmovisión. Y dado que esta manera de ver el mundo no puede manifestarse como completamente ajena al peronismo no es descabellado repasar los principios filosóficos de los que se nutre la doctrina peronista y que fueron expuestos por Perón en el año ’49 en aquel recordado Primer Congreso de Filosofía realizado en Mendoza y que contó con la adhesión de personalidades de la disciplina como Martin Heidegger, Karl Jaspers, Benedetto Croce y Julián Marías, entre otros.


Aquel discurso de Perón buscó fundamentar la tercera posición, esto es, una alternativa al mundo bipolar del capitalismo y el comunismo. ¿Por qué no adscribirse a alguno de estos modelos? Porque cada uno tenía un déficit. Así, según Perón, el capitalismo era un sistema basado en el individualismo egoísta y en una concepción de la libertad completamente ajena al vínculo comunitario. Desde este punto de vista, la sociedad es el resultado de un pacto realizado por sujetos racionales y su consecuencia natural no es una comunidad más importante que la suma de las partes sino una mera adición de los intereses de cada uno de los átomos pactantes.

El extremo individualismo era, según Perón, heredero de la distorsión materialista que produjo la modernidad al cristianismo. Dicho de otro modo, el cristianismo había irrumpido con un fuerte énfasis en los valores individuales pero desde un punto de vista espiritual que, con el surgimiento del capitalismo, trocó en individualismo materialista. En la misma línea, el comunismo sería, para Perón, hijo de las derivaciones distorsionadas que Marx hiciera de Hegel. Para comprender esto se debe tener en cuenta que Hegel retomó cierta tradición clásica de una comunidad que está por encima de las partes para afirmar que su realización plena y superadora se daría en el Estado prusiano de las primeras décadas del siglo XIX. Pero, según el fundador del justicialismo, el marxismo llevó a este Estado transformado en una suerte de encarnación de Dios, al extremo de una suerte de gran comunidad mecanizada en la que la individualidad quedaba completamente disuelta.


La propuesta de Perón, entonces, a diferencia de los que rápidamente la incluyen en la línea de los Estados totalitarios, era una Comunidad Organizada en la que el “yo” se transforme en un “nosotros” que no borre la individualidad y que pueda equilibrar el deseo material con los valores espirituales. Con todo, expuesto así, resuenan todo el tiempo algunas afirmaciones hegelianas pues finalmente el Estado hegeliano es el resultado de un proceso dialéctico en el cual quedan incluidos los momentos del colectivismo sin individualidad de la antigüedad y el individualismo sin comunidad de la modernidad. Estas resonancias pueden funcionar de vasos comunicantes para el discurso que CFK brindara, justamente, en ocasión de la realización del Segundo Congreso Extraordinario de Filosofía realizado en San Juan en 2007. Allí, en una frase que generó comentarios varios, la, en ese momento, candidata a presidente, afirmó: “Soy absolutamente hegeliana”. Para poder comprender a qué quiso referir basta completar la frase: “Soy absolutamente hegeliana: la filosofía es hija de su época, la filosofía es la época articulada en pensamiento”. El hegelianismo que resalta CFK no es, entonces, el del Estado prusiano, sino el que surge de una lectura hegeliana desde la izquierda y resalta como principal virtud del autor de La Fenomenología del Espíritu el haber incluido en la reflexión filosófica la dimensión temporal aborrecida al menos desde Platón. La importancia del contexto histórico y la mirada situacionista es la que le permite a CFK en ese mismo discurso plantear que a diferencia de lo que sucedía en el ’49 ya no nos enfrentamos a un mundo bipolar pues los dos grandes bloques han sufrido su golpe de gracia: la caída del Muro de Berlín y el atentado a las Torres Gemelas. Desaparecida la Unión Soviética, asistimos hoy, entonces, a los estertores del optimismo de Fukuyama quien, haciendo hegelianismo conservador, auguraba el triunfo del capitalismo y las democracias liberales, de lo cual se seguía, claro está, el “fin de la historia”. Frente a este punto de vista, CFK interpretaba que el mundo que viene es un mundo multipolar estructurado a partir de bloques regionales que no necesariamente van a generar un choque de civilizaciones. Quizá desde esta cosmovisión y desde este hegelianismo de izquierda es que pueda interpretarse mejor la afirmación “la patria es el otro” pues, justamente, una de las elaboraciones centrales de Hegel es aquella conocida como la “Dialéctica del Amo y el Esclavo”. Tal dialéctica explica el modo en que se constituye una identidad y viene a polemizar con la mirada del paradigma liberal pues, para Hegel, la identidad se constituye a partir de la relación con el otro, o, más psicoanalíticamente hablando, a partir de la mirada del otro: el esclavo necesita la protección del amo y el amo necesita el reconocimiento del esclavo. Esta perspectiva se enfrenta, como decíamos anteriormente, con la mirada liberal que supone que lo que nos caracteriza como humanos es previo a cualquier interacción con la comunidad.


Lejos de considerar al kirchnerismo como “hegeliano” lo que se buscó en estas líneas es una lectura en clave hegeliana de algunos principios fundacionales del peronismo y del kirchnerismo. Las diferencias entre peronismo y hegelianismo fueron expuestas por el mismo Perón y, en el caso de CFK, está claro que su hegelianismo se circunscribe al rescate de la mirada contextualista que en Hegel tiene bastante de herencia romántica. Pues, sin ir más lejos, en aquel discurso de 2007, CFK acordaba con cierta visión posmoderna que viene a sentenciar el fin de los grandes relatos, esto es, el fin de aquellas cosmovisiones con pretensiones totalizantes y con validez universal como la de Hegel e incluso como la de Perón que, en palabras de la propia Presidenta, “era, pese a que fue titulada como modelo argentino, una categoría de interpretación y de decodificación de carácter absoluto y universal”.

Para concluir, entonces, afirmar “la patria es el otro” no sólo sería un pedido de solidaridad para con el prójimo sino un llamado a advertir que sólo en el vínculo comunitario y gracias a la mirada del otro es posible constituir una identidad y un proyecto colectivo pero también individual. Esto que puede interpretarse como una mera declamación o una exigencia altruista circunscripta a la militancia creo que puede verse como algo más que eso pues es un principio válido también para aquellos sectores de la sociedad que no comulgan con este ideario pero que aun desde una visión profundamente egoísta deben aceptar que su plan de vida individual no podrá ser independiente del destino de la comunidad a la que pertenecen.


POR: DANTE AUGUSTO PALMA - PAGINA12.COM.AR
FOTOGRAFÌA: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA 




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