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jueves, 26 de febrero de 2015

Masculinidad: Cinco razones para dejarse crecer la barba. "Men with beards"

Al igual que los bigotes, el pelo tupido debajo del mentón recuperó un protagonismo impensado en estos tiempos. Cada tipo de barba define una personalidad diferente.


La barba es un signo que indica personalidad y creatividad. Está muy en boga, incluso en el ambiente futbolístico, donde no era muy común encontrar varones con una "cabellera extra" debajo del mentón. Los bigotes también recuperaron su protagonismo por estos tiempos.

Las claves para que la barba se haya reposicionado en el universo masculino tienen explicaciones psicológicas. Para la ciencia, los hombres barbudos son considerados más masculinos, atractivos y sanos que los totalmente afeitados.


Pero hay otras razones. Aquí el Top Five.

1) Se tiene más éxito con los/as homres/mujeres. Los científicos Barnaby Dixon y Robert Brooks, de la Universidad de Gales del Sur y publicado en la revista Evolution & Human Behavior, concluyeron que "las barbas de 10 días hacen que los hombres resulten mucho más atractivos para los/as hombres/mujeres. Como contrapartida, "las personas afeitadas tienen menos atributos de masculinidad y son más dóciles", según indica un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Northumbria publicado en la revista Personality and Individual Differences:


2) Aporta posición, respeto y poder. Esta es una de las principales conclusiones del estudio llevado a cabo por los psicólogos Barnaby Dixson y Paul Vasey, que fotografiaron a los participantes, con barba y afeitados, mostrando expresiones faciales de felicidad y enfado. Luego, mostraron las imágenes a un grupo de hombres de diferentes países, que juzgaron como más fuertes a los que lucían barba.


3) Otorga madurez. "La barba hace que los demás perciban a quien la lleva como más mayor de lo que es, sin importar la edad. Concretamente, de media se le otorgan dos años de más a los barbudos", explica Angel Barbero, director de desarrollo de negocio de Tecnilógica.


4) Era señal de buena salud. Los biólogos evolucionistas William Hamilton y Marlene Zuk concluyeron en un estudio publicado en la prestigiosa revista Science que llevar barba era un modo de demostrar el buen estado de salud. Esto es porque, históricamente, el vello facial era un caldo de cultivo para los parásitos y, por ende, motivaba el desarrollo de diferentes infecciones. Desafiar estos peligros llevando barba, según explican, era una forma de demostrar la fortaleza del sistema inmune.


5) Puede ser un buen camuflaje: la barba oculta las imperfecciones de la piel, las marcas de acné o la falta de ángulo en las mandíbulas.


Por: La Capital - Diariouno.com.ar
Imegenes: Web
Arreglos: AC

jueves, 9 de mayo de 2013

HOMBRES: PUNTO G MASCULINO. EL LADO OSCURO DEL PLACER DE UN MACHO

Me interesa hablar del Punto H o Punto P (lo de H es por hombre y lo de P es por próstata). Aunque si vamos a hablar sin rodeos, es imposible dejar de usar la palabra ano. Es ese conducto el que justamente conduce a uno de los placeres más desconocidos y poderosos que puede sentir un hombre en su vida sexual.


“Considerando que la parte más sensible, más erógena, más placentera del hombre no es ni su pene ni sus testículos ni nada de eso, sino que algo que está al otro lado de esa zona del cuerpo, ¿cuántas veces ha escuchado confesar a un macho, uno que gusta únicamente de las mujeres por cierto, que ha sentido placer por detrás? Apuesto que nunca o muy poco, porque si el hecho de decir que otro tipo es guapo nos hace tiritar, enfrentarnos a nuestro rincón más oscuro y misterioso simplemente nos aniquila”.


Me interesa hablar del Punto H o Punto P (lo de H es por hombre y lo de P es por próstata). Aunque si vamos a hablar sin rodeos, es imposible dejar de usar la palabra ano. Es ese conducto el que justamente conduce a uno de los placeres más desconocidos y poderosos que puede sentir un hombre en su vida sexual. Claro, nuestra cultura e idiosincrasia poco ayudan a hablar del tema. Te censuran de inmediato porque es “cosa de gays”, porque “es una rotería hablar de ese lugar”, porque simplemente “de eso no se habla”. Y, entre tanto tabú, nos perdemos la mejor parte de la fiesta.


Ya sé que varios de ustedes deben estar poniendo cara de “¿qué le pasa a este huevón?”, pero antes de que la mueca sea tan grande como el prejuicio, pregunto: ¿sabes de qué estoy hablando? ¿has tenido alguna vez sexo de esta manera? ¿has permitido que tu pareja, tu novio/a, tu hombre/mujer, deslice sus dedos por tu ano? ¿has sido masturbado mientras con la otra mano te recorren? Pongo mis manos al fuego que así como existe el dicho “no hay maricón arrepentido”, tampoco hay heterosexual arrepentido después de abrirse a esta experiencia.


“La principal barrera a la hora de probar nuevas formas de placer es nuestra propia mente. Obtener placer mediante la estimulación anal no tiene nada que ver con la orientación sexual de cada uno, se mire por donde se mire”, se lee en un artículo de la edición digital del diario El País. Lo voy a decir de otra manera: el culo no es monopolio de nadie. Y, por lo tanto, entender que en esa zona estamos llenos de terminaciones nerviosas, muy superiores en sensibilidad a casi todo el resto de nuestra anatomía, es permitirse sentir algo absolutamente diferente y poderoso.


Además, un heterosexual que se enfrenta a esta dimensión desconocida, se siente mucho más macho después del viaje. Si la experiencia es con su pareja estable, esto sólo ayudará a sumar complicidad, amor, deseo y una historia común más sabrosa. Obviamente es fundamental que ambos quieran –en este tipo de materias las cosas nunca funcionan cuando vienen de un solo lado- pero no me cabe duda de que la mayoría de los/las hombres/mujeres se sentirán honrados/as y felices de dar este placer a sus hombres. Además, si a él le gusta tocar el ano de el/ella, ¿porqué el/ella no podría hacer lo mismo?


Pero no se trata de equilibrio de géneros: aquí hablamos de placer. Con mayúscula. De sensaciones. De dejarse llevar y vivir esa pequeña muerte por algunos segundos. Hablamos de perder el control, algo que a los hombres nos cuesta. Hablamos de ser penetrados por los dedos de nuestro/a amante, algo que todavía nos cuesta mucho más. Hablamos de, por una vez, dejar de ser el falo y ser la cavidad. Un choque cultural, ciertamente, pero que vale la pena experimentar. En serio, no hay hétero arrepentido.


 POR: Rodrigo Guendelman / ELDINAMO.CL
FOTOGRÀFIAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA 

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