martes, 3 de abril de 2012

BACHILLERATO POPULAR TREVESTI " MOROCHA CELIS"

 EDUCACIÒN PARA TODOS.

Comienza el primer año del bachillerato popular para travestis. El Bachillerato Popular Travesti "Mocha Celis”, la primera experiencia de educación popular destinada a travestis, transexuales y transgénero, comenzó el 19 de marzo con su primera camada de estudiantes.
“La idea surgió después de que un compañero hizo un seminario sobre educación popular en Córdoba y cuando regresó pensamos que era necesario realizar una experiencia cuya convocatoria esté destinada a travestis”, explicó a Télam Francisco Quiñones.


En mayo de 2011 un grupo pequeño de militantes del colectivo LGTB comenzó a averiguar los requisitos para llevar adelante el proyecto y lanzó la convocatoria a educadores populares; seis meses después ya tenían armado el bachillerato con profesores de distintos orígenes.

“En noviembre hicimos un lanzamiento. La convocatoria está orientada a la comunidad travesti, pero puede venir cualquiera. El tema es que nosotros queríamos asegurarnos que ellas se sintieran tranquilas de que acá pueden ser lo que quieran ser”, señaló Francisco.

El Mocha Celis es uno de los dos bachilleratos populares que quedan sin reconocimiento oficial en la Ciudad de Buenos Aires, “aunque creemos que en estos días se va a estar resolviendo”, dijo.


Además de los componentes propios de la educación popular, este bachillerato estará orientado en cooperativismo, como sucede en muchas de las empresas recuperadas.

“Lo que pretendemos es que las y los estudiantes se vayan con herramientas que les permitan generar alternativas a la prostitución, que en muchos casos es la situación en la que las y los travestis se encuentran”, explicó.

El nombre Mocha Celis es el de una travesti que fue asesinada en situación aún no esclarecida y que era analfabeta.

“Sus compañeras se dieron cuenta de que Mocha no sabía leer ni escribir porque siempre pedía que le leyeran los edictos policiales o que completaran sus datos cuando caía presa”, detalló Francisco.


Y añadió que “con el tiempo ellas se organizaron y cada vez que iban presas aprovechaban para enseñarle un poco”.

“Mocha murió sin poder terminar el secundario, pensamos que este espacio que lleva su nombre tiene que servir para que ninguna otra compañera quede sin acceder a la educación”, sostuvo.

El Bachillerato Popular Travesti "Mocha Celis funciona en el barrio porteño de Chacarita, en Avenida Lacroze 4181, quinto piso, el mail es bp.mochacelis@gmail.com y el teléfono de contacto es (011) 15-63532927.


POR: TÈLAM.COM.AR
ARREGLOS: ALBERTO CRARERA

lunes, 2 de abril de 2012

HOMOEROTICO COMERCIAL DE ABERCROMBIE Y FITCH DE BRUCE WEBER

El provocativo anuncio de Abercrombie & Fitch.
La firma estadounidense lanzó un vídeo promocional que tiene como temática un ardiente encuentro entre hombres. Las imágenes desataron la polémica.


Abercrombie & Fitch armó un video de alto voltaje a cargo del fotógrafo Bruce Weber, responsable de la campaña. En otros deportes hace falta una pelota. La lucha requiere de dos. El titular da comienzo al anuncio cargado de erotismo y en el que sus protagonistas son hombres semidesnudos.

En el video, se acercan los unos a los otros con movimientos de lo más sensuales, luchando cuerpo a cuerpo, caricias por todas partes y hasta besos incluidos.

Distintos medios internacionales publicaron las imágenes de la firma estadounidense y cuestionaron el contenido erótico de la campaña.




VIDEO:




POR: INFOBAE.COM
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

ISLAS MALVINAS ARGENTINA. 30 AÑOS

MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA. 30 AÑOS DE LA GUERRA DE MALVINAS, HERIDAS AÚN ABIERTAS. RELATOS DE EX COMBATIENTES ARGENTINOS.

  
EDGARDO ESTEBAN, PERIODISTA Y EX COMBATIENTE, AUTOR DE ILUMINADOS POR EL FUEGO
“Cuesta entender que también fuimos víctimas”

Esteban explica que escribió su libro para “exorcizar los fantasmas”. Argumenta que lo que sucedió en las islas siguió la misma lógica de la dictadura. Y que espera que los organismos de derechos humanos se sumen a su lucha.


Si se compara, por ejemplo, con la producción literaria y, sobre todo, cinematográfica de Estados Unidos de la guerra en Vietnam, se concluirá que las realizaciones argentinas que cuenten lo sucedido en Malvinas son escasas. En ese panorama yermo como el suelo de las islas, Iluminados por el fuego, el libro del ex soldado y periodista Edgardo Esteban que luego fue una película dirigida por Tristán Bauer y protagonizada por Gastón Pauls, fue algo así como un hito. Además fue el trabajo que difundió en forma masiva el maltrato que habían sufrido los soldados durante el conflicto, un tema que sólo se comentaba sotto voce.

Desde entonces, Esteban ha venido insistiendo en que no se debe tomar la dictadura militar por un lado y la guerra de Malvinas por otro sino que el conflicto armado fue parte de una dictadura que secuestró, torturó y mató, por lo que los vejámenes que ocurrieron durante aquellos aciagos 74 días de 1982 no fueron más que una continuidad, incluso con algunos protagonistas repetidos. En un café enfrente de las oficinas de la cadena Telesur, donde trabaja, Esteban asegura a Página/12 que la situación de los ex combatientes cambió con Cristina Kirchner, que hoy se vive una nueva etapa y que es posible que aquellos vejámenes sean investigados en la Justicia.

–Cuando la Presidenta plantea lo del Informe Rattenbach y la humanización de la guerra, también se descubre que la Argentina mantiene dos patas. Por un lado, si algo le ha dado credibilidad a esta gestión en el mundo ha sido su política de derechos humanos. Que en estos días Videla haya hablado de esa manera de los Kirchner en cierta forma es algo que dignifica lo que han hecho. Y en Malvinas es como que siempre hubo una nebulosa. Estaba la “gesta” de Malvinas, los “héroes” de Malvinas. Hasta para los propios organismos de derechos humanos siempre fue una cosa que no se tocaba, como si la dictadura hubiera terminado el 2 de abril. Este año hubo dos ex combatientes hablando en el acto del 24 de Marzo, lo que para nosotros marca un cambio, un punto de inflexión. No podíamos hablar de Malvinas, cuesta entender que también fuimos víctimas.

–Es raro que hayan tenido que pasar 30 años para que recién ahora comiencen a difundirse algunas denuncias de abusos y torturas que no se conocían.

–Había mucho miedo. Hay que pensar que no éramos muchos los ex combatientes que contábamos lo que había sucedido; yo empecé a hablar en el ’85.

–¿Cuándo salió Iluminados por el fuego?

–En el ’93, aunque había empezado a escribir cosas en el ’85. Lo hice porque necesitaba sacar mi dolor interior, exorcizar mis fantasmas, reconstruir mi vida. Había empezado a hacer terapia, control mental, estudié teatro, busqué mil alternativas, pero no encontraba la manera de desahogar lo que me angustiaba, que era el silencio al que me habían obligado los militares. Cuando nos fuimos de la colimba, nos hicieron firmar en una declaración jurada que no podíamos hablar de Malvinas porque era una cuestión de Estado. Era condición para que te dieran la baja.

–¿Lo de ser periodista surgió como consecuencia de la guerra?

–Sí, yo antes de la guerra quería ser agrimensor, por eso allá en Malvinas manejaba los mapas. Cuando caemos prisioneros de los ingleses, nos llevan al puerto y había un barco. Venían las lanchas y nos decían que se llamaba Canberra. Yo les preguntaba a los suboficiales si volvíamos en el Canberra y me respondían: “Déjese de hablar boludeces”, porque según los diarios nosotros lo habíamos hundido. Cuando cruzamos la bahía y llegamos al barco y vemos la magnitud que tenía, fue una gran decepción. Me di cuenta de que la gran derrotada en una guerra es la verdad. Ahí me generó la inquietud con el periodismo. Lo mismo cuando escuchábamos la radio: cuando nos bombardeaban, decían que la zona había estado tranquila.

–¿Por la radio escuchaban las noticias que no sucedían?

–Sí, a veces bombardeos que no eran o ataques que no existían. Ahí empecé con el periodismo y después con el libro como manera de exorcizar los fantasmas. Yo pensé que ahí cerraba una etapa, pero no. Ahí empezaron los insultos y las amenazas, para algunos pasé a ser un traidor a la Patria. ¿Cómo iba a hablar de que los soldados teníamos miedo, que teníamos hambre, que nos hacíamos pis, que nos estaqueaban y nos torturaban, de los abusos de todo tipo? Pasé de ser un buen soldado, porque yo era dragoneante y tenía orden de mérito, a ser el peor. Lo que más me dolió es que en la Unidad donde hice el servicio militar soy un NN: pusieron un monumento y en vez de llamarme Edgardo Esteban me pusieron Eduardo Estebani. Fueron tan perversos que después me mandaban la foto a casa marcándome que yo no estaba, que era Eduardo Estebani. Pero ya estaba en la lucha, había que seguir. Lo entrevisté a Tristán Bauer por un documental que hizo sobre Eva Perón, le regalé mi libro y le dije que iba a ser su próxima película. Aunque la primera persona que me dijo que de Iluminados... tenía que hacerse una película fue León Gieco. Por eso la única condición que le puse a Tristán fue que si hacía la película, la música tenía que ser de León Gieco, cosa que pasó. Y creo que fue la película lo que multiplicó el debate.

–¿Este debate te parece que ayuda a aliviar a los ex combatientes o también les remueve cosas escondidas?

–A mí me parece que exorcizar los fantasmas siempre es bueno. Hubo dos cosas que a mí me ayudaron mucho: escribir el libro y volver a las islas en 1999. Fui el primer ex combatiente que volvió. Al volver me di cuenta de que la guerra había quedado en el ’82. Me fascina que la semana pasada hayan viajado 60 ex combatientes, que hayan ido a correr, a pescar, a acampar.

–¿Qué es lo que tranquiliza, recorrer esos lugares y ver que no hay guerra?

–Claro. Como sería bueno que los kelpers vinieran a la Argentina continental y vean que acá no están ni Videla, ni Galtieri, que éste es otro país. El paradigma que marca la Presidenta es el de la paz. Yo no creo en las guerras, éste es un momento maravilloso para América latina y Malvinas también es Latinoamérica.

–En todos estos años, ¿volvió a encontrarse con alguno de sus jefes en la guerra?

–Sí, cuando escribí el libro, fui a comer en la Escuela Superior de Guerra con todos los oficiales y suboficiales con los que había estado. Fueron cuestionadores porque decían que no podía contar lo que salía en el libro.

–Lo que cuesta entender es cuál era la lógica con la que actuaron en las islas. Por ejemplo, ¿por qué negarles comida, por qué no alimentarlos como correspondía?

–Cuando quedo detenido en un depósito de YPF en Puerto Argentino, era un mar de comida. No había una logística. Mismo en el Informe Rattenbach, escrito por la dictadura en definitiva, se habló de los errores, de la incapacidad y la improvisación que hubo. Creo que el objetivo era tocar, conseguir el sistema de las tres banderas y volver, no era quedarse tanto tiempo. Pensar que nos rendimos el 14 de junio, una semana antes del invierno. Era inimaginable pensar en dormir en esos pozos con temperaturas mucho más severas y con nieve. Era la crónica de un final de guerra anunciado. Si los militares hubieran pensado en una guerra, no nos hubieran dado el armamento nuevo que nos dieron en Campo de Mayo cuando volvimos, mientras que nos llevamos a las islas armamento oxidado. No había ninguna lógica de combate.

–En ese encuentro que tuvieron, ¿los oficiales y suboficiales no reconocieron sus culpas?

–No, estaban sorprendidos porque yo siempre fui un soldado prolijo, con diploma de honor. Después dijeron cosas injustas que nunca les respondí porque estoy muy orgulloso de lo que hice, la vida me ha premiado y me ha dignificado. Lo que me duele de estos treinta años es que ningún oficial hizo una autocrítica de lo que sucedió en Malvinas, que no hayan pedido perdón. Algún día van a pagar el daño que han hecho porque se atendieron solamente 300 soldados en el Hospital Militar, pero hubo más de 400 suicidios que no tuvieron ningún tipo de contención. Se apresuraron en dar las bajas porque no sabían cómo contener toda esa carga emocional que traíamos. Eramos pibes de 18 años que nos creíamos inmortales, porque a esa edad pensás en vivir, tener tu pareja, estudiar. Ellos nos dejaron la cruz de la muerte para toda la vida.

–¿Usted vio estaqueamientos?

–Sí, el 90 por ciento eran por hambre. Algunos por quedarse dormidos en una guardia o llegar tarde a una formación. Eran perversos. Cuando nos bailaban nos hacían arrastrar; no podía ser que nos hicieran arrastrar en la turba mojada, con la poca ropa que teníamos. Chicos de 18 años que los dejaban toda la noche atados de pies y manos, los hacían correr cinco minutos para que no se congelaran y después los volvían a atar sobre el suelo mojado. La mayoría eran de la clase nueva, que tenían unos pocos días de instrucción. Cuando uno empieza a escuchar ahora las historias, ve que Iluminados por el fuego fue una puntita para que todo esto saliera a la luz. Es una etapa nueva. Ojalá que los organismos de derechos humanos puedan entendernos, acompañarnos y hacernos parte de este proceso de cambio que ha tenido la Argentina.

–¿Imagina que las denuncias pueden terminar en un juicio a los jefes militares, como ocurre con las desapariciones o los robos de bebés?

–Creo que va a costar mucho más, pero a la larga todo llega. Yo puedo mirar todos los días a mis hijos a los ojos. Escribí el libro con mi mujer embarazada. Tocaba esa panza y me metía de nuevo en las profundidades de la muerte. Y cuando se hizo la película, mi mujer esperaba a mi tercer hijo. Hay que apostar a eso, a esa construcción de vida. La guerra tiene que servirnos como una experiencia positiva en medio de toda la tragedia. Algunos quieren venir a contarnos una historia de Rambo, ellos hablan de la guerra como si la hubiésemos ganado. Tenemos héroes de guerra, sí; pero algunos de esos fueron represores en la ESMA y en la Base Naval de Mar del Plata. Y no asumen ese horror.


EL EX SOLDADO SILVIO KATZ CUENTA LOS VEJAMENES QUE SUFRIO POR PARTE DEL OFICIAL EDUARDO FLORES ARDOINO
“Me hizo comer entre el propio excremento”

Después de pasar años callado, Katz acusó a Ardoino por torturas y discriminación: en su caso los abusos eran mayores por su condición de judío. “Fui víctima de una injusticia y quiero justicia, nada más”, dice.


Silvio Katz tenía 19 años y le faltaban quince días para que le dieran la baja del servicio militar que cumplía en el Regimiento de La Tablada cuando le comunicaron que se iba para el sur. Se suponía que iba a quedar en el continente, pero terminó en las Malvinas. Al Silvio Katz de 19 años lo mató Eduardo Flores Ardoino. No era un soldado inglés, era el oficial de su compañía. Y lo mató porque era judío.

“Volví de la guerra y nunca más fui a bailar, para ir al cine tardé meses, en reír tardé más. Para reírme con ganas, pasaron tres o cuatro años. Uno a veces crece de golpe, dicen que se queman etapas. A mí, me incendiaron etapas”, asegura el Silvio Katz, de 49.

Estuvo años callado, sin compartir con nadie lo que había vivido en la guerra. No se animaba. Y no creía que pedir explicaciones era algo que pudiera hacer, que buscar justicia no era una excentricidad sino su derecho. Hace tres años sumó su denuncia a la de otros ex colimbas que estuvieron en las islas. Acusó a Ardoino por torturas y discriminación, porque todos los maltratos que sufrieron sus compañeros fueron más y peores para él, porque era judío.

–Limpien el armamento y vos, judío de mierda, apurate –mandó Ardoino apenas llegados a Malvinas.

Katz abrió los ojos sorprendido. El oficial acababa de dar la orden, así que era imposible que estuviera rezagado. Poco después supo que ese tipo de maltrato verbal era una muestra muy mínima del odio del militar. “En ese momento no me di cuenta, pero si reviso para atrás, lo veo y hasta el peinado nazi tenía, se peinaba con la gomina para atrás, tenía ese porte de sacar pecho... Rápidamente –cuenta– pasé de ser un judío de mierda a ser un judío traidor, un judío cagón y un judío homosexual.”

El “lago de los lamentos” era un charco grande de agua casi congelada, con una capa de hielo arriba. Cuando Ardoino decidía que alguno de sus subordinados había cometido una falta, los obligaba a sumergir las manos entre diez y veinte minutos, hasta que se les atrofiaran los dedos. Katz, por judío, tenía que poner también la cabeza, que se le acalambraba.

Lo destinaron a la bahía de los Elefantes. Con sus compañeros, cavaban pozos donde intentaban dormir cuando no estaban inundados, buscaban quebrar la barrera del frío con varias camisas y los primeros días comían un pasable guiso. Pero pronto el alimento viró hacia una especie de sopa insípida con un par de arvejas.

“Un muchacho que ahora vive en Uruguay y yo fuimos una vez a buscar comida al pueblo –cuenta Katz–. Ardoino nos sacó lo que habíamos comprado para todos y nos estaqueó. Era como Túpac Amaru sin caballos. Ponen cuatro estacas en el suelo y te ponen con los brazos y las piernas estiradas a diez centímetros del suelo. Veinte grados bajo cero y vos con calzoncillos y una remera de manga corta. Y te dejan horas. A mi compañero, porque era ‘rebelde’, le puso una granada en la boca que si llegaba a escupirla volábamos los dos. Y a mí, por ser judío, me hizo orinar por mis compañeros.”

–¿Y los otros soldados se prendían?

–Algunos sí, una minoría. La gran mayoría me apoyaba. No al punto de salir a defenderme, porque era muy complicado, porque si me defendían los ponían a ellos en ese castigo. Siempre hablábamos de que, si se armaba el lío, el primer tiro era para él. Cuando yo volvía de un castigo llorando o mal, me decían “Quedate tranquilo que esta bala se llama Eduardo Flores Ardoino”. Pero en el momento no se podía hacer nada, era imposible reaccionar. Los militares de mayor rango estaban en el pueblo, no les importaba y en todo caso si te quejabas decían: “De qué se queja, cagón, sea hombre”. Ser torturado era supuestamente para ser hombre. Era imposible, no teníamos quién escuche.

Como no les daban de comer, un día cazaron un cordero. Ardoino se los sacó. Muchos protestaron. Los sometieron al castigo de la mano en el agua helada. Pero a Katz no, porque era judío: “Me llevó donde defecábamos, me tiró la comida, me apuntó con una pistola y me hizo comer entre el propio excremento. Ahora lo cuento como si nada, pero estuve 22 años viéndolo. Era una imagen que no se me iba de la cabeza”.
La risa, el pánico

Mientras duró la guerra, todos los días Katz tenía miedo de morir. Miedo de que Ardoino terminara de asesinarlo. “Al Silvio Katz de 19 años lo mató”, dice.

El 14 de junio de 1982 los militares argentinos se rindieron ante las fuerzas del Reino Unido. Ese día, Katz dejó de tener miedo. A su oficial, de todas formas, había dejado de verlo un par de días antes, cuando les tocó entrar en combate. “Cuando se supo que la isla estaba tomada por los ingleses y que había combates en todos lados, nos dimos vuelta y ya no estaba. Quedamos a la buena de algún suboficial que estaba ahí. Ibamos a los lugares donde los radiooperadores nos decían que había que cubrir, pero sin el oficial a cargo. Lo volví a ver en el pueblo, cuando entregamos las armas. El vino hacia nosotros, no sé cómo apareció, diciendo ‘mis soldados, los perdí, qué preocupado estaba’. Fue de Fellini. En ese momento me sentí aliviado porque había terminado todo y la vida de él me importaba muy poco ya que en el pueblo, delante de los demás, no me iba a poder castigar. Había terminado algo más que la guerra.”

Los ingleses los hicieron prisioneros, pero para Katz el gran enemigo de la guerra fue un oficial argentino.

–Nos meten en unos galpones de comida. Había cajas enormes llenas de comida, carne en lata, cigarrillos, whisky chiquito. La pasábamos comiendo, tomando, fumando. Nos mirábamos y nos reíamos. Ahí sí nos reíamos. Estuvimos desde el 14 hasta el 17. No sabíamos de qué nos reíamos.

–De lo absurdo, tal vez.

–Claro. Y se corría la bola de que nos iban a fusilar a todos. Vino uno y dijo: “Dicen que nos van a fusilar a todos”. Y sí, también decían que estábamos ganando. Incluso, morir con la panza llena después de dos meses de no comer no nos importaba. Creo que fue la primera vez en mucho tiempo que sentí alivio y lo disfruté. Dejamos de lado la tensión, el dolor, no nos importaba nada.

–¿Quién decía que estaban ganando? ¿Ustedes qué sabían sobre el desarrollo de la guerra?

–No nos llegaban las cartas de los familiares, pero nos llegaba la revista Gente. Y la revista Gente decía que estábamos ganando. Eran revistas de las que se regalan. Pero en la mayoría de los grupos había una radio chiquita. Las radios argentinas eran muy difíciles de sintonizar, pero podíamos escuchar radio Carhué y radio Colonia, que son uruguayas y que decían que nos estaban rompiendo el tuges. Algunos militares decían “dejen de escuchar esa estupidez, esta gente qué sabe, es la envidia porque el pueblo argentino entró en combate”. Y los soldados estaban cagados mal. Hay gente que dice que no sintió miedo. Yo sentí pánico.
En el barrio

Silvio creció en un hogar no practicante. Celebraban las fiestas y hacían una que otra visita al templo. Su padre murió cuando él tenía nueve años y desde ese momento la religión fue volviéndose cada vez más ajena. Su madre quedó a cargo de tres varones y su principal preocupación era llevar el pan a la mesa. Trabajaba hasta catorce horas por día como cajera de un negocio de lencería, en Once. El estudio no era el fuerte de Silvio, que fue cadete, encargado de un depósito, empleado de un maxikiosco y que hoy trabaja en la cocina de un colegio.

Silvio Katz vive en Boedo, en un piso modesto, con su mujer y sus dos hijos, de siete y diez años. En la mesa redonda del comedor hay unas tacitas de porcelana con la silueta de las islas pintadas en negro, que su señora hace en un taller de arte del barrio. “Yo siempre viví en este barrio –cuenta– y no sé si hay algún otro judío porque no le pregunté la religión de nadie y no me la preguntaban a mí. O por ahí la sabían y cuando jugábamos a la pelota me decían ‘dale, rusito, pasala’, pero no era xenófobo o racista, era como yo le podía decir ‘tano’ a otro. Pero cuando atacaban a los judíos o hablaban mal de los judíos, yo me sentía muy judío. Y en Malvinas me pasó. Mientras más me atacaban, más judío me sentía.”

Colectivo 26. La guerra había terminado hacía tres o cuatro meses. Silvio volvía a su casa y vio por la ventanilla a Ardoino: campera verde, la misma postura, las manos en los bolsillos, el pelo engominado. Se paralizó y del miedo se hizo pis. “Sentí todo el miedo de vuelta, como si hubiera vuelto a la guerra”, confiesa. Solo dejó de sentirse martirizado cuando empezó a hablar: “Contarlo fue liberador. A muchos nos pasó que la familia decía ‘no lo hagan hablar, que le hace mal’. Y fue peor.”

Silvio volvió a las islas en 2001, a partir de un acontecimiento fortuito. Una marca de cigarrillos organizó un concurso cuyos premios eran viajes a distintos lugares, entre ellos, a las Malvinas. “Yo trabajaba en un maxikiosco y vendíamos cigarrillos sueltos, así que abríamos paquetes todos los días. El dueño raspó uno, salió Malvinas y me lo regaló. Fui con mi señora. Para mí, fue dejar una bolsa llena de piedras, fue poder levantar los hombros de nuevo, fue ver el lugar en paz, el campo, y no ver a alguien torturado, estaqueado. Fue el inicio de la búsqueda de estar bien, como estoy hoy. Mi señora volvió embarazada, mi primer hijo se gestó ahí. El viaje me liberó.”

Hoy, Katz está a la espera de que avance el expediente en el que denunció a su superior y a que se declaren delitos de lesa humanidad las torturas con las que los militares argentinos sometieron a los colimbas. Espera también algún gesto de las instituciones de la comunidad judía (“nos ignoraron todo este tiempo, pero ahora fuimos a pedir que nos reconozcan y el 11 de abril la DAIA nos va a hacer un homenaje”) y del Estado: “Nosotros estamos buscando el gran abrazo con la gente. Pero no quiero estar reivindicado en la misma fiesta con los militares. Me quejé toda la vida de que por culpa de que los primeros gobiernos nos mezclaron, hubo gente que pensaba que no-sotros teníamos que ver con la dictadura, con los desaparecidos”.

La vida nueva de Katz implicó terapia, tomar conciencia de que le habían hecho un gran daño y de que correspondía exigir justicia. “Hay veteranos que no quieren que la causa judicial siga, gente que cree que nos estamos victimizando. Estoy orgulloso de haber defendido a mi país, pero soy víctima de lo mismo de lo que estoy orgulloso. No quiero que el día de mañana venga mi hijo y me diga ‘por qué del que te torturó a vos nadie sabe, nadie se ocupa, qué hiciste vos por mantener tu dignidad’. No quiero ponerme en el lugar de andar llorando por los rincones, pero fui víctima de una injusticia y quiero justicia, nada más.” A treinta años de la guerra, Silvio Katz tiene 49 años y está vivo.


PEDRO BENITEZ, UNO DE LOS SOLDADOS TORTURADOS POR SUS JEFES EN LAS ISLAS
“El enemigo estaba entre nosotros”

A los 48 años, Benítez es uno de los denunciantes en la causa por apremios ilegales en la guerra de Malvinas. Estaba en el servicio militar y lo trasladaron a las islas. Pasó hambre, fue humillado por los suboficiales que lo mandaban. Espera justicia.

Pedro Benítez empezó a trabajar a los 9 años, dejó la escuela en quinto grado, cuando la escritura todavía le era esquiva. En el verano del ’82 era soldado conscripto en el Regimiento 3 de La Tablada. Estaba en Ezeiza haciendo la instrucción y se empezó a comentar que “iba a haber una guerra como la que casi se hace con Chile. Se decía que nos iban a llevar a nosotros. No lo creíamos. ‘¿Quién nos va a llevar a nosotros?’. Eramos la clase ’63, teníamos apenas un mes de instrucción. Nosotros decíamos que llevarían a los grandes, los de la ’62”. Se equivocaron.

“Nos pusieron en fila, nos cargaron en camiones Unimog y nos llevaron al cuartel de La Tablada. La gente se acercaba y nos decía: ‘Pobres, van a las Malvinas, a la guerra’. Nos daban de todo, comida, lo que tenían.” El fin de semana de Pascua lo pasó sentado espalda con espalda con otro compañero en el Palomar esperando el avión que los llevaría al sur. “Nos cargan en un Boeing sin butacas sentados en el piso. Estábamos todos apretados, éramos muchísimos. Faltaba el aire. Nunca había viajado en avión, éramos muy pobres, no teníamos un mango, nada.”

Escala en Río Gallegos y otro avión “cortito” hasta las islas. De ahí a cavar para hacer los pozos de zorro, armar las carpas. “En Puerto Argentino, la Infantería nos da raciones de comida fría, en latitas. Nos dan la orden de ir a la primera fila, a buscar posiciones en la isla Soledad. Yo estuve casi siete días sin salir, en la trinchera. No sabía. Mi jefe no me conocía. Empezaba a faltar la comida, teníamos hambre, hasta que un día con González, otro soldado, empezamos a buscar. Una mina explosiva había matado una vaca y los de la clase ’62 la habían carneado por orden de sus jefes, lo único que había quedado era el hígado, que tenía piedras, ya estaba medio verde, el hígado iba de aquí para allá. Con González sacamos lo de adentro y lo cocinamos apenas. Con un hueso medio podrido hicimos como una pasta, salía olor a queso. Comíamos eso. Teníamos hambre.”

Hambre es la palabra que hilvana su relato. Las bombas que caían incesantes a partir de la una de la madrugada y el frío paralizante pasan a segundo plano. Uno de esos días eternos, Benítez le pregunta a otro compañero si podía sacar un poco de grasa para hacer chicharrón de un pedazo de carne que tenía el sargento fuera de la trinchera. Le dice que no y él, acostumbrado a obedecer, no hace nada. “La carne desapareció y mi compañero le dijo al sargento que yo había andado rondando. Le juré por mi madre que no había sido yo.” La mirada se le empieza a enturbiar.
Castigo

El sargento le ordena al cabo que lo estaqueara a Benítez y lo dejara tres días sin comer. Al lado de su trinchera, clavan las estacas y lo atan. De las 10 de la mañana a las 7 de la tarde lo dejaron crucificado. “El cabo me pisó con el taco del borcego la mano con la que decía que afané y con el pie, la cabeza. ‘Así que usted es un ladroncito’, me decía. Y a los otros les gritaba: ‘Al que se le acerque, lo voy a estaquear también’. Un soldado, cuando no lo vieron, vino corriendo y me mandó un chicharrón caliente en la boca, lo enfrié con la saliva y me lo tragué. No me acuerdo quién me desató.”

A partir de ese momento, el cabo, a quien Benítez identificó ante la Justicia, no paró de acosarlo. Le ordenaba hacer guardia todo el tiempo, tirarse a la trinchera llena de agua helada, quedarse con los pies sumergidos. “Un día vino un voluntario repartiendo queso y dulce, yo y otros dos que estábamos castigados comimos. Entonces nos hizo arrodillar y nos empezó a dar como martillazos en las manos y en la nuca con el sable de la bayoneta. En ese momento le llevaron a él un guiso de arroz y nos decía: ‘¿Saben cómo está? Riquísimo y ustedes se lo están perdiendo’.” Las lágrimas le brotan incontenibles.

“Para combatir con un inglés tenés que estar comido. Yo no podía levantar un cajón de municiones, temblaba. Fui con ochenta kilos y volví con cuarenta. Un día el cabo me pone el arma en la cabeza y me dice: ‘¿Si lo mato?’. Yo le dije: ‘Por ahí una bala me salva la vida’. Decían que el enemigo iba a atacar, pero el enemigo estaba ahí adentro, estaba entre nosotros. Te juro por mis hijos. Dios y la Virgen saben que yo no toqué nada.” El llanto renace.

En Puerto Argentino entró a una cocina donde un sargento estaba preparando un guiso para su grupo. Cuando terminó de repartirles a sus soldados le llenó una lata Nido que Benítez había encontrado. “Tenía tanta hambre que sentía que el paladar se me descocía.”
La rendición

“‘Boina que baje van a tener que matar’, nos dijeron. Los ingleses estaban bajando de Mont Longdon. Tenía mucho miedo de morir, de encontrar a un inglés cuerpo a cuerpo. Me había subido a un tractor, rompí el vidrio para poder tirar, pero me estaba congelando. Me bajé y encontré en una casa de los kelpers una lata de peras. No mordía, tragaba. Capaz venía un inglés, pero por lo menos iba a estar con el estómago lleno.”

Pedro estuvo los dos meses en Malvinas sin sacarse los borceguíes. Sentía los pies hirviendo, helados, pinchazos, casi no podía caminar. “Cuando terminó la guerra nevaba, estaba todo blanco, una tristeza, un soldado por acá, otro por allá. Me daba lo mismo morir. Estaba amarillo, con diarrea, iba de cuerpo sangre.”

“Cuando los ingleses nos toman prisioneros nos meten en los galpones que habíamos ocupado no-sotros: estaban llenos de comida. Barras de queso, dulces, naranjas. Tenía tanta desesperación que agarré una barra de queso y casi me peleo con otro soldado por agarrar otra. Dormimos tres días arriba de comida que no nos habían repartido.”

Después de tres días ahí, los trasladaban en dos barcos: el Canberra y el Norland. “En el Canberra se fue el cabo mío. No te imaginás la liberación”, dice y remarca con un gesto como si un monstruo hubiese salido de su cuerpo.

En el Norland les toman los datos, les sacan todo lo que llevan y lo ponen sobre una mesa, excepto a él. Arrastrándose casi, Benítez se acerca para completar esa especie de requisa y un inglés sólo atina a regalarle un chocolate. Lo llevan a la enfermería y le sacan los cordones de los borceguíes. Vuelve con los heridos y se encuentra con Silvero, el soldado que le ayudaba a escribir las cartas para su mamá. Un inglés “como de dos metros me sube a cococho y así me baja del barco a la camilla. Recién en el Hospital Naval de Puerto Madryn me sacan los borceguíes. Una doctora me dice: ‘Mordé un lápiz, te los tengo que sacar’. Era todo un coágulo de sangre, olor a podrido, la carne se descocía. Después me baño, tenía todo como una costra. Me tocaba, era todo hueso, todo flaco”.

Campo de Mayo sería el próximo destino. Sus padres lo buscaban y nadie daba con él. A los otros soldados los iban a ver y a él no. Una enfermera le pregunta dónde vivía y dio la casualidad de que era vecina de su barrio en José C. Paz. Es esa mujer la que le avisa a su mamá.
Reencuentro

“Mi vieja ahí nomás se fue a verme. ‘¡¿Qué te hicieron, hijo?! Yo te voy a sacar adelante’, me decía. Yo no hablaba, balbuceaba, la lengua se me trababa de la debilidad que tenía.” El llanto otra vez les gana a las palabras.

Benítez tenía pie de trinchera, principio de gangrena. Le dicen a su mamá que le tienen que amputar el pie. “Ella le pidió a la doctora que la dejara hacerme masajes. Me frotaba con un líquido con el que frotaban a los caballos. Mi vieja era del campo, nos curaba siempre con yuyos. Me masajeó hasta que empecé a mover los dedos. Me salvó mi vieja de que me cortaran el pie.”

Estuvo ocho meses internado en Campo de Mayo. Cuando salió fue al cuartel a buscar el documento de identidad y se encontró con el cabo que lo había torturado en la guerra. Le ordenó hacer salto de rana, Benítez se resistió, lo encerró en un cuartito y lo molió a palos: “Me pegó tanto que me quedó incrustado el Rosario que tenía colgado en el pecho. Me voy a mi casa, digo que me duele el pecho y mi mamá me empieza a hacer masajes. Me dice; ‘¿A vos te están pegando?’. Le pido que no le cuente a mi papá porque ella sabía que los militares son mandados a hacer para desaparecer gente”.

A la semana le devuelven la libreta y Benítez se recluye otros siete meses en su habitación. No quería salir. Tenía terror. Un teniente coronel va con su secretaria a visitarlo, le preguntan al padre si había contado algo de la guerra. “No, si no habla nada”, repite el hombre y el teniente coronel advierte entonces que la casa estaba sin terminar: “Escríbanle una carta a la señora Amalia de Fortabat que ella les va a dar los materiales”, les dice el oficial. Ajeno al perverso vínculo de negocios y terrorismo de Estado, Benítez se muestra agradecido porque los materiales llegaron.

Durante años, el miedo le impidió hablar. Encontró trabajo en el ferrocarril y se terminó jubilando de portero. Treinta años después espera que juzguen a esos militares que lo convirtieron en víctima. No hay reparación para tamaño dolor. Cabe pedirle perdón.


LA HISTORIA DEL EX SOLDADO PABLO DE BENEDETTI
Frío y hambre en las islas

Cuando lo llevaron a Malvinas tenía 19 años y casi no había recibido instrucción militar. Sufrió “castigos” en pozos de agua helada y estuvo cerca de un año sin caminar. Nunca pudo recuperarse.


La línea de trincheras no estaba lejos del pueblo. Al llegar a las islas, habían dividido a la compañía en secciones y grupos. A Pablo De Benedetti lo llevaron junto a otros treinta conscriptos por el camino que pasa detrás del hospital de Malvinas, y ahí los hicieron cavar. El argot militar llama “pozos de zorro” a esas zanjas de 1,60 de profundidad por dos metros de ancho, sobre las que se pone un techo disimulado por tierra y pasto para que cuando pasen los aviones no los descubran. En esos pozos iba a dormir durante casi toda la guerra. Estaban a menos de un kilómetro de los containers llenos de comida, pero esto no hacía gran diferencia con estar en cualquier otro lugar de las islas, porque lo que les mandaban no alcanzaba nunca. No les daban de comer bien, no comían todos los días. Y el resultado era el único posible: tenían hambre.

Pablo había cumplido 19 años, y hasta el día que entró a Campo de Mayo para hacer el servicio militar, dos meses y medio antes de la guerra, había vivido en Olivos. Nunca le había faltado nada: los De Benedetti eran dueños de una farmacia, abierta por el abuelo y heredada por el padre, y gracias a ella la familia tenía una situación acomodada. Pasó la infancia en una casa de dos plantas, con cinco hermanos. Era el más chico de los varones, y el único al que le tocó hacer la conscripción.

Un día, ya en las islas, junto con un compañero, robó un pedazo de carne de un cordero que había visto matar y faenar a los oficiales. Se la comieron cruda. Esa fue la primera vez que el sargento, un tipo bajito y de bigotes de apellido Romero, le ordenó como castigo meterse en uno de los pozos de zorro que con la lluvia se había llenado de agua helada. Dos meses más tarde, por efecto de los sucesivos congelamientos, a Pablo lo sacarían de Malvinas sin poder caminar. Por el resto de su vida tendría que tomar, diariamente, medicación para las piernas.

Alambrado

La Escuela de Ingenieros de Campo de Mayo es el destacamento donde hizo su carrera militar Leopoldo Fortunato Galtieri. En febrero de 1982, en el lugar ya se preparaban para la guerra. Los militares les hablaban a los colimbas todo el tiempo de la posibilidad de ir a defender a la patria. Incluso antes de Malvinas les hacían la cabeza con Chile. Una vez concretado el desembarco en las islas, la intensidad de ese lavado de cerebro pasó al máximo. “Ustedes tienen que pensar que van a defender a sus padres, a sus hermanos, a sus amigos”, les decían. También que si ellos no iban, la guerra podía llegar a Buenos Aires y matar a sus familiares.

Después todo pasó muy rápido: el miércoles anterior al Jueves Santo los mandaron a sus casas a las siete de la tarde y les dijeron que al otro día a las seis de la mañana tenían que presentarse de nuevo en el cuartel, que fueran a avisar a sus familias que se iban a la guerra. El se tomó un colectivo a su casa. Cuando sus padres lo vieron llegar, creyeron que le habían dado el fin de semana largo libre para pasar en familia las Pascuas. No podían entender cuando les dijo que iba a Malvinas.

El padre repetía que no podía ser, que él recién había entrado a hacer la conscripción. “No tenés instrucción militar, no sabés nada, ¿cómo vas a ir a la guerra?”, preguntaba. Llamó a un pariente lejano que se había retirado 30 años atrás. Finalmente, junto con la madre, llamaron a los hermanos para darles la noticia. Esa noche se quedaron todos despiertos, y a la mañana siguiente lo acompañaron a Campo de Mayo. Pablo los volvió a ver el sábado. El domingo ya no le permitieron visitas, pero a través de los alambrados del cuartel vio que estaban todos los padres tratando de saludarlos porque ya se iban.

En el pozo

A Malvinas los mandaron a hacer campos minados. Ninguno de los soldados de su grupo sabía nada de minas: sólo les habían dado, tres días antes de subirlos al avión, una clase informativa de 20 minutos. Tuvieron que aprender a hacer campos minados en el terreno.

Mucho después, se daría cuenta de que había tenido un primer pantallazo de lo que vendría cuando llegó a las islas. Desde el aeropuerto habían ido caminando al pueblo, para pasar la primera noche en unos galpones. En el camino, cuando atravesaron Puerto Stanley, ahora rebautizado Argentino, los hijos de los kelpers, nenes chiquitos, se asomaban por las ventanas o salían a los jardines de sus casas. Un militar les ordenó que les apuntaran con sus armas, para que se metieran dentro. Eran chicos de cuatro o cinco años, pero si alguno de ellos no apuntaba, el militar les apuntaba a ellos.

Después fue que los mandaron atrás del hospital de Malvinas. Había una calle de tierra, y más allá una bajada donde hicieron los pozos de zorro. Ahí dormían y durante el día los llevaban a hacer campos minados a la costa. Los pozos, con la lluvia, se iban llenado de agua.

En las islas, las noches son cerradas. Hay mucha tormenta, mucha lluvia. Una de esas noches oscuras, con una lluvia que no dejaba ver a medio metro, le tocó hacer guardia. Sabía que cerca había otro compañero, aunque no veía dónde estaba. Le gritó varias veces, pero no escuchó otra cosa que el ruido de unas ráfagas de viento tremendas. A la mañana siguiente apareció el sargento. “Los estuve buscando anoche y no los encontré”, recriminó. Como no los había encontrado, los acusó de haber hecho abandono de guardia. De nuevo al pozo.

No solamente tenían problemas de comida sino también de agua potable. A veces, cuando no tenían, tomaban agua de los charcos. Por los campamentos circulaba de boca en boca, entre los soldados, otro tipo de información. Se sabía que había oficiales y suboficiales que dormían en casas, porque habían ocupado las de los kelpers. Un capitán se instaló en una con un cocinero. A la casa entraban a dormir también un teniente primero y un suboficial mayor.

De sus superiores, el más violento era el sargento Romero. Una vez le puso un Fal en la cabeza y se lo gatilló en falso. Otros castigos eran los típicos del repertorio sádico militar, salto de rana carrera march al lado del campo minado, subir al monte y volverlo a bajar. Pero lo peor para él era el agua congelada de los pozos. El sargento lo dejaba 15 minutos, a veces media hora, con los pies metidos en el agua y después no le permitía secarse.

El verdugueo se contagiaba hacia abajo. Otro día, en un momento de descanso, Pablo vio a 100 metros un camioncito que estaba dando agua a los soldados. Fue a buscar para llenar la cantimplora. Cuando volvió, lo acusaron de abandonar la guardia. Esa vez el que lo metió en el pozo con agua no fue el sargento sino un cabo primero, Monjes.

En mayo ya lo metían en el pozo por cualquier cosa. No había razones puntuales: era por todo esto y además por mirar mal, o por contestar. Y hubo un momento en que a él ya le importó todo tres carajos. “Tiene un arma pero yo también tengo un arma, si agarra el arma yo agarro también la mía y lo mato”, pensaba de noche, mientras intentaba inútilmente dormir un rato.

Salvado

Empezó a tener congelamientos en los pies y las manos. Lo primero que sucede con la exposición a temperaturas bajo cero de manera prolongada es que se hinchan las piernas y los pies. La piel se pone tirante y el hueso de los tobillos desaparece como recubierto por una capa de gomaespuma. La piel hinchada se le lastimaba. Le dolían los pies, le costaba caminar y al mismo tiempo era como si no tuviera sensibilidad. Dejaba de sentir los dedos.

Una tarde consiguió que lo llevaran con el capitán médico de su compañía, que le dio medicamentos y la indicación de que no podía volver a estar con la ropa mojada. Tenía que mantenerse al lado de una fogata, con calor. Cuando volvió a las posiciones, el sargento le sacó el blister con los medicamentos. “Yo sé cómo se cura esto”, le dijo. Y lo mandó de nuevo al pozo.

El 30 de mayo terminaron de minar los campos y los sacaron de donde estaban para llevarlos de nuevo a los galpones. Fue su primer golpe de suerte, porque cuando el médico de su nuevo destino lo vio, directamente lo mandó al hospital de Malvinas. En el hospital, para sacarle los borceguíes, los enfermeros tuvieron que cortar el cuero, porque la hinchazón de los pies y las piernas era tal que no había otra forma de sacárselos. Tenía las dos manos recubiertas por una cáscara sucia, como marrón, hecha de cascaritas minúsculas de piel necrosada. En esas condiciones lo embarcaron para tratarlo en el continente. Para impedir la gangrena, le tenían que lavar las piernas con Pervinox y cepillo tres veces por día. El dolor era tal que lo agarraban entre cuatro enfermeras mientras el pateaba y puteaba. No le podían poner una sábana encima para dormir porque no aguantaba el dolor.

Pero mejoró cuando llegó a Puerto Belgrano. En el hospital seguía habiendo un clima de guerra y, alegando cuestiones de secreto militar, no lo autorizaban a llamar a su familia. Pablo pidió una silla de ruedas, dijo que iba al baño, fue directamente al office de las enfermeras y agarró un teléfono. En su casa, lo atendió la madre. Esa misma noche sus padres viajaban a Puerto Belgrano. Todavía no era seguro que pudiera conservar las piernas y, sin embargo, cuando los vio entrar a la sala, Pablo sintió que ya se había salvado.

Décadas después

Volver a caminar normalmente le llevó cerca de un año, aunque nunca llegó a recuperarse del todo. Los cuatro años siguientes a su regreso de Malvinas los pasó con problemas de presión alta. Sufría de dolores de cabeza muy fuertes; todo era emocional. El tratamiento psicológico no se lo dieron ni las Fuerzas Armadas ni el Estado, lo pagó él por su cuenta. Con eso fue mejorando y, de a poco, dejó de tener los episodios de presión.

En el ’83 se metió con todo en el tema de los veteranos de guerra. Iba a dar charlas en los colegios, donde contaba algunas de estas cosas, hasta que en el ’86 lo amenazaron con que iban a matar a su hijo, el primero. Los habían seguido, y el tipo que hacía las amenazas le dijo por teléfono hasta el nombre de la plaza a donde lo llevaban a jugar. “Es muy feo llegar a tu casa y encontrar que tu hijo no está más”, era el tipo de mensajes que encontraba en el contestador cuando salía.

Gobernaba Raúl Alfonsín y, aunque buscó protección en varias reuniones con funcionarios, era evidente que el gobierno no podía hacer demasiado. El aparato de los servicios de Inteligencia de la dictadura estaba intacto. Por un tiempo, decidió cuidarse. Lo mismo le había pasado al volver, en el hospital de Puerto Belgrano, donde un militar visitaba a los convalecientes para preguntarles por su experiencia en las islas. Pablo hizo verbalmente la denuncia contra el sargento y el cabo, pero pronto se dio cuenta de que quedaría en la nada. Incluso quisieron volver a mandarlo a Campo de Mayo “a terminar” el servicio militar.

Volvería a denunciar lo que vivió en la guerra después del 2007, cuando un grupo de ex soldados presentó formalmente una demanda por torturas ante la Justicia Federal. Todo es ahora parte del expediente que está a consideración de la Corte Suprema, que debe decidir, pasados treinta años, si –como argumentan las defensas de los militares– son delitos prescriptos. O si, por el contrario, se trata de crímenes de una gravedad tal que la Justicia no puede ponerles fecha alguna de vencimiento.


Héroes estaqueados

“Una mañana, el capitán Gustavo Hantín,
que se soñó joven, seductor y dueño de una
fortuna inagotable, despertó en calma, tolerante
y bondadoso con el mundo y sus inexplicables
azares. Dispuso, afeitado y limpio, que
cesara el estaqueamiento de Ramón Vera.
Dispuso que Ramón Vera descansara. Dispuso
que, desde esa mañana, Ramón Vera le
lustrara las botas.
Los soldados que envejecían, indiferentes a
los azares inexplicables del mundo, escucharon
al capitán Gustavo Hantín ordenar, sereno,
sobrio, afeitado, limpio, que Ramón Vera le
lustrase las botas un día y otro también,
tarde y noche...”
Andrés Rivera, “Estaqueados”.

Las torturas cometidas por militares argentinos durante la dictadura, en suelo argentino, son consideradas crímenes de lesa humanidad, por lo tanto imprescriptibles.

Las torturas cometidas por militares argentinos durante la guerra de Malvinas en las islas no son consideradas crímenes de lesa humanidad por los tribunales. Así lo decidió un fallo de la Cámara de Casación, la más alta instancia que se ha expedido hasta ahora. La Corte Suprema podría analizar esa sentencia y eventualmente revocarla, si hiciera lugar a un recurso interpuesto por las víctimas.

Suena paradójico, posiblemente porque lo es. Muchas paradojas genera y atesora Malvinas. Por añadir otra: las denuncias y relatos de torturas provienen de conscriptos argentinos, tal parece que a los británicos (como prescriben las leyes de la guerra y principios humanitarios) los trataron mejor.


Todos lo que combatieron fueron héroes, propone una lectura sin matices, sin memoria, falaz. El primer héroe de la historia oficial, cronológicamente, fue el capitán de Fragata Pedro Edgardo Giachino. Giachino participó en el operativo comando del desembarco y fue herido de muerte. No hubo bajas inglesas.

En ese momento, se creía que no habría represalias bélicas. El militar caído en una gesta patriótica fue ensalzado por la narrativa militar, su imagen se dejó ver en la tele. Se lo condecoró post mortem. Sus restos fueron traídos a la Argentina. Fue un despliegue costoso, posible porque se pensaba que sería inusual: los que murieron después quedaron enterrados en las islas, muchos en tumbas sin nombre.

En tiempos posteriores, a medida que se descorrieron los velos de la impunidad y del silencio, se denunció, con pruebas y testimonios contundentes, que Giachino había sido un represor, de los grupos de tareas de la ESMA. A esa altura muchas escuelas llevaban su nombre. Legalmente no pueden avanzar causas penales contra personas fallecidas. Giachino es, pues, técnicamente inocente. Cada quien dirá, según su imaginario, si merece el rango de héroe.

El caso no es excepcional, como lo demuestran los reportajes que se publican en esta misma edición. Muchos protagonistas de Malvinas lo fueron también del terrorismo de Estado. Algunos, como Alfredo Astiz, se condujeron con cobardía en la guerra internacional. Otros, añadiendo complejidad a la complejidad, fueron valientes. En ese conjunto, algunos torturaron en Malvinas como lo habían hecho en el continente.

No parece que sea justo llamarlos “héroes” o englobarlos con quienes padecieron mucho o dejaron todo.


Muy contados dirigentes políticos se diferenciaron de la dictadura tras el desembarco. El ex presidente Raúl Alfonsín fue el más descollante por su trayectoria ulterior y por la claridad de sus argumentos. Sería impropio decir que esa postura le valió su merecida victoria electoral en 1983. En ese entonces, Malvinas estaba fuera de la agenda: de eso no se hablaba. Pero sí pesó mucho su posición frontal contra la dictadura, la propuesta de un relato y una Argentina diferentes.

Pero, como de paradojas hablamos, Alfonsín mentó (en una jornada infausta por demás) a los “héroes de Malvinas”. Lo hizo para mitigar el impacto de la negociación con los carapintadas, que estaba anunciando. Era un elogio a los golpistas, incluidos varios represores.

El mandatario suponía que la multitud que le pedía firmeza, al mismo tiempo valoraba “la gesta” y a sus protagonistas. Y posiblemente, en eso, el menos malvinero de los líderes argentinos intuía bien. No le bastó para conformar a la sociedad. Mirado en perspectiva, a ese tramo le faltó complejidad aunque, por ahí, no distaba mucho del sentido común dominante.


No faltará, ni falta, quien diga que estaqueados hubo siempre. El insuperable cuento de Andrés Rivera que se cita en el epígrafe da cuenta de eso y enlaza el siglo XIX con el XX. No se resigna a la continuidad, más vale. De eso se trata, de eso se debe hablar.

En el siglo XXI la perversa tradición no puede servir como argumento exculpatorio, para unificar a víctimas y verdugos.

Todo lo que pasó en Malvinas fuerza, con tres décadas de perspectiva, a desmenuzar, a desentrañar, a asumir la complejidad de lo real. Es indebido, ahistórico y hasta perverso simplificar, englobar, nombrar con las mismas palabras a quienes obraron muy distinto en Malvinas y durante la dictadura.



POR: Fernando Cibeira. Victoria Ginzberg. Nora Veiras. Laura Vales
           Mario Wainfeld. PAGINA12.COM.AR
           ARREGLOS FOTOGRÀFICOS: ALBERTO CARRERA

FIESTA DE LA NIEVE GAY. BARILOCHE. PATAGONIA ARGENTINA

Bariloche tendrá su Fiesta de la Nieve Gay 2.012.
El evento se llevará a cabo del 3 al 8 de septiembre de 2012. Fue recientemente declarado de Interés Municipal Turístico y Cultural. El acontecimiento pretende crear una conciencia global de la comunidad Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales, promoviendo la aceptación de la diversidad y el respeto a ser diferente. Además busca presentar a Bariloche como una de las ciudades Gay Friendly.
 


Por primera vez, la ciudad de Bariloche tendrá su Fiesta de la Nieve Gay. El importante evento -declarado recientemente de Interés Municipal, Turístico y Cultural- se realizará del 3 al 8 de septiembre de 2012.

Su objetivo principal, es crear una conciencia global de la comunidad Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (LGBT), promoviendo la aceptación de la diversidad y el respeto a ser diferente.

La fiesta convocará a representantes de la comunidad LGBT de Argentina y América Latina, favoreciendo la comunicación y el encuentro de personas interesadas en descubrir nuevos destinos amigables.

Por otra parte, tiene la intención de presentar Bariloche como una de las ciudades Gay Friendly, con más atractivos y diversidad de oferta de América latina. A su vez, busca ilustrar al empresariado, a la población local y regional la importancia de posicionar el destino, la evolución del turismo LGBT y los pronósticos para los próximos años, de manera que puedan integrarse en los nuevos circuitos del segmento.


El siguiente es el programa de la Primera Fiesta de la Nieve Gay:

Lunes 3 de septiembre de 2012:

Apertura Fiesta de la Nieve Gay.

Conferencia Turismo LGBT. La importancia de posicionar el destino. Una disertación dirigida al empresariado local y regional sobre el rol LGBT en relación al turismo.

Evolución del turismo LGBT y los pronósticos para los próximos años.

Charla Debate. El objetivo es ofrecer un panorama sobre la inserción LGBT en la sociedad, actividades y principalmente difundir información sobre diversidad sexual. Abordar los derechos LGBT en una charla debate abierta al público en general.

Fiesta de Apertura con presentación de los postulantes a reina y rey de la Fiesta de la Nieve Gay.

Martes 4 de septiembre de 2012:

Cerro Otto – Actividades.

Espectáculo nocturno.

Miércoles 5 de septiembre de 2012:

Actividades en la nieve. Desfile de los postulantes a reina y rey.

Apertura de la muestra de Arte LGBT.

Conferencia sobre el arte LGBT.

Jueves 6 de septiembre de 2012:

Actividades en la nieve.

Muestra de Arte LGBT.

Espectáculo nocturno.

Viernes 7 de septiembre de 2012:

Actividades lacustres y de aventura.

Cierre de la muestra de arte LGBT.

Fiesta de Cierre – Elección de la reina y rey de la Fiesta de la Nieve Gay.

Sábado 8 de septiembre de 2012:

Finalización del evento con desfile y fuegos artificiales.


POR: ANBARILOCHE.COM.AR
ARREGLOS FOTOGRÀFICOS: ALBERTO CARRERA

MASS EFFECT 3. SEXUALIDAD EN VIDEO JUEGOS

Salvar la galaxia, quedarse con el/la chico/a
Es difícil pensar en un tema más polarizante que el de la homosexualidad. El tema ha sido explorado por el cine, no sólo con fines de parodia o comedia, sino con una mirada seria. Los videojuegos no se han quedado atrás.


El debate sobre la homosexualidad está subiendo en intensidad en todo el mundo. Muchos ven las relaciones entre personas del mismo sexo como algo natural, un simple aspecto más de la naturaleza humana, y a los homosexuales como personas con los mismos derechos que todo el mundo al matrimonio e incluso a la adopción de hijos; otros ven esa preferencia sexual como una aberración antinatural, o incluso una enfermedad que debe ser curada.

El cine ha tenido personajes homosexuales o temas gay desde sus mismos inicios; algunos aseguran que incluso desde uno de los filmes del legendario cineasta francés Georges Meliés, uno de los principales pioneros del cine de comienzos del Siglo XX. A lo largo de los más de 110 años de historia del cine los personajes homosexuales han sido interpretados por figuras de Hollywood como Audrey Hepburn, Tom Hanks, Charlize Theron, Heath Ledger o Julianne Moore.

El tratamiento de la homosexualidad en el séptimo arte solía ser -y en algunos casos sigue siendo- para efecto cómico, con caricaturescos personajes con exagerados manerismos, pero luego el séptimo arte comenzó a mirar ese aspecto de la sexualidad desde un ángulo más serio, analizando los problemas sociales de la discriminación y los efectos sicológicos de ser homosexual en sociedades a veces abiertamente hostiles a esta preferencia sexual. Aun así, suele ser difícil hallar películas del Hollywood más comercial -y en la mayoría de los casos el tipo de filmes que más se difunden alrededor del mundo- que traten el tema, al menos de forma seria.


No es el caso con los videojuegos

Este mes de marzo vio el lanzamiento de “Mass Effect 3”, el cierre de una de las sagas más aclamadas y comercialmente exitosas de la presente generación de videojuegos; se trata de una superproducción de decenas de millones de dólares, producto de la alianza de dos de las fuerzas más influyentes de la actualidad de la industria del videojuego, disponible para las tres de las principales plataformas de juegos, con una historia de ciencia ficción épica constantemente alabada por los críticos.

Si “Mass Effect” fuera una película, probablemente tendría un costo de producción parecido al de “Avatar” y se estrenaría en la temporada de verano de Estados Unidos, codo a codo con las más grandes novedades cinematográficas de su año. Y, sin embargo, a diferencia de lo que uno vería en los megaeventos fílmicos de Disney, Warner o Paramount, en “Mass Effect” la homosexualidad aparece no sólo como una opción, sino como una normal, algo que no es visto como una aberración de la naturaleza en el universo del juego de Bioware y Electronic Arts (EA). Cuando un soldado en el fondo de la escena habla de su esposo, nadie en pantalla reacciona como si hubiera dicho algo increíble.

Desde el primer juego de la franquicia, “Mass Effect” permitió a sus jugadores un nivel de personalización único. Viendo los materiales promocionales, la premisa puede llegar a resultar más de lo mismo: el héroe es presentado como el arquetípico hombre caucásico de apariencia musculosa y con barba de tres días que pueden hallarse en decenas y decenas de juegos parecidos. Sin embargo, en el juego en sí el usuario puede elegir la apariencia del protagonista: su color de piel, de cabello, sus rasgos faciales, complexión física y hasta su sexo serán los que el jugador prefiera. Y ese es otro factor clave del juego, las decisiones: lo que uno haga o deje de hacer cambia por completo el argumento del juego.

Una de esas decisiones es la sexualidad del personaje. En el recién lanzado “Mass Effect 3” uno puede meter a su personaje en una relación del mismo sexo, sin importar el género que elija al principio; la escena de amor entre un hombre y una mujer que se vislumbra por un par de segundos en el trailer de lanzamiento del juego es solo una de las opciones.

Esto ya sería notable si los “Mass Effect” fueran los únicos juegos “triple A” -los desarrollados por los más importantes estudios con los más grandes presupuestos y destinados a vender millones de copias en todo el mundo- que incluyeran este tipo de tratamiento a la homosexualidad. Sin embargo, esa misma libertad de preferencia sexual puede hallarse en otros juegos de alcance masivo.

“Star Wars: Knights of the Old Republic” (2003), el juego multijugador masivo en línea de la misma Bioware basado en el universo de ciencia ficción creado por George Lucas, permite controlar a la jedi Juhani, el primer personaje conocido de preferencias homosexuales en el universo de “La Guerra de las Galaxias”. El siguiente juego de “Star Wars” hecho por Bioware, “The Old Republic”, uno de los juegos más costosos de realizar en la historia de la industria y uno de los juegos de PC más esperados de 2011, incluye también opciones de romance entre personajes del mismo sexo.

Igual es el caso del que muchos consideran el mejor juego de 2011, el gigantesco juego de rol de Bethesda “The Elder Scrolls V: Skyrim”, que permite que el jugador -que puede ser no solo hombre o mujer, sino de distintas razas fantásticas como elfos u orcos- contraiga matrimonio con personajes de ambos sexos.

Juegos de rol con temática parecida como la saga “Fable” -lanzados entre 2001 y 2010-, algunos juegos de la saga post-apocalíptica “Fallout” o ejemplos más antiguos como ciertas entregas de la recordada saga “Ultima” (1981-1999) y la saga “Dragon Age” -de nuevo, de Bioware- también tratan temas homosexuales y permiten interacciones románticas con personas del mismo sexo del protagonista, siempre de una manera no explícita.

En estos juegos la homosexualidad rara vez es motivo de conflicto o ni siquiera de sorpresa dentro de sus respectivos universos. Sin embargo, estos títulos se desarrollan en ambientes fantásticos o futuristas decididamente distintos a la realidad actual, y un tratamiento serio de la homosexualidad en juegos con temáticas actuales es ciertamente algo más difícil de encontrar; sin embargo, existen títulos que se atrevieron a explorar la homosexualidad desde un punto de vista contemporáneo, analizando la psicología de personajes en conflicto por sus preferencias y su contraste en sus sociedades.




Quizá el ejemplo más exitoso a nivel internacional sea la saga japonesa de juegos de rol “Persona”. En uno de sus juegos publicados en la PlayStation original - “Persona 2: Innocent Sin”, de 1999- ya incluía la opción de una relación entre el joven protagonista y uno de sus compañeros de batalla. Sin embargo, el tratamiento más profundo del tema se hizo en el último lanzamiento de la serie, “Persona 4”, publicado en 2008 para la PlayStation 2 y considerado el último gran juego de la consola negra de Sony.

Algo que caracterizó siempre a la saga es el uso de simbología visual para estudiar la psique de sus personajes, basándose enormemente en los trabajos del psicólogo Carl Jung -quien fuera discípulo del “padre del psicoanálisis”, Sigmund Freud-; en “Persona 4” esto es especialmente literal. El juego transcurre en un periodo de un año, comenzando en abril de 2011, y relata cómo la llegada de un joven de la gran ciudad -el protagonista controlado por el jugador- a un pueblo rural japonés coincide con el inicio de una serie de misteriosos asesinatos en serie. Estos ocurren en los días de niebla que siguen a un periodo de lluvias constanes, y parecen guardar también algún tipo de relación con una leyenda urbana sobre un canal de televisión que solo es posible ver durante una medianoche lluviosa.

Una advertencia antes de seguir: para entrar en detalles sobre cómo el juego toca los temas que conciernen a este artículo, es necesario revelar algunos detalles avanzados de la trama, por lo que aquellos que deseen no enterarse de ellos -ya que el juego ha sido adaptado a una serie de manga y luego a anime, y aquellos que puedan estar siguiendo la historia en esos formatos o deseen probar el juego sin conocer detalles por adelantado podrían verse frustrados por la siguiente información- deberían saltarse los siguientes tres párrafos.

Pronto se hace evidente que los que murieron primero desaparecieron en una especie de mundo paralelo con forma de estudio de televisión en el cual sus temores y sentimientos reprimidos se materializan y se vuelven hostiles; estas “sombras” de ellos mismos son las que acaban matándolos cuando ellos se niegan a aceptar que esos sentimientos también son parte de ellos mismos. El protagonista y sus aliados ganan la habilidad de entrar a este mundo e intentar salvar a aquellos que vayan cayendo allí.

Una de las víctimas de este mundo es Kanji Tatsumi, un estudiante con reputación de ser violento y rebelde. Cada uno de los que desaparecen en el mundo paralelo se pierden en laberintos con formas alusivas a sus sentimientos; el de Kanji toma la forma de un sauna, en el que la sombra del joven -que habla de una forma estereotípicamente gay- confiesa que el mismo se siente atraído por otros hombres; a medida que el jugador avanza, la sombra constantemente pide que se le acepte, acusa a su contraparte humana de “engañarse a sí mismo” y confiesa su desdén contra las mujeres que lo acusan de ser poco masculino por tener hobbys como tejer, añadiendo que en ese aspecto “los hombres son mucho mejores”, por lo que los prefiere.

“Persona” incluso va más allá y toca otro tema relacionado con otro de sus personajes principales: la confusión de género, en la forma de una joven que se viste y actúa como chico debido a lo que percibe como prejuicios contra las mujeres en su línea de trabajo. La sombra de este personaje inclusive llega a insinuar la posibilidad de una operación de cambio de sexo.

No hay que malinterpretar los hechos: al igual que el cine y la televisión, los videojuegos no están repletos de ejemplos en los que la homosexualidad es tocada de forma caricaturesca y estereotipada.

Pero mientras que en el cine los tratamientos “serios” del tema suelen estar relegados a filmes independientes que, a pesar de estar generalmente presentes en las temporadas de premiaciones - “Milk”, de 2008, gracias a la cual Sean Penn conquistó un premio de la Academia; “Secreto en la Montaña” ganó el Oscar a la Mejor dirección, por parte de Ang Lee- no suelen gozar la difusión y el alcance en el público de las superproducciones hollywoodenses, que rara vez tocan el tema. En los videojuegos, sin embargo, se trata seriamente en varios AAA que arrasan en ventas y llegan a millones de jugadores en todo el mundo.

Esté o no uno de acuerdo con la homosexualidad o los derechos que las personas con preferencias sexuales diferentes exigen, el debate seguirá por un tiempo imposible de predecir, y este debate se está fomentando de manera seria incluso desde un medio que constantemente es acusado -y muchas veces acusado con razón- de ser inmaduro, pero que en ocasiones intenta analizar el porqué de las cosas desde un punto de vista psicológico y en otras ocasiones da a los jugadores una opción que en la vida real muchos no se atreven a tomar por miedo, y muchos de quienes sí se atreven acaban sufriendo consecuencias fatales.

Estos juegos no están tomando posturas de "pro" o "contra", no hay nada en "Persona" o en "Mass Effect" que indique un favoritismo hacia un lado u otro. De hecho, su postura parece ser que no hay tal cosa como lados. Los juegos no debaten -si lo hicieran se convertirían en propaganda, independientemente de lo que apoyen-, no lo obligan a uno a elegir lados. El debate y los "lados" son cosa nuestra, pero quizá este medio permita mirar más de cerca al "otro lado", quizá hasta entenderlo mejor. De manera que el debate, de nuevo independientemente de la postura de unos u otros, sea un poco más civilizado.





POR: Kike Sosa. ABC.COM.PY
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

domingo, 1 de abril de 2012

EL DESNUDO SIN CENSURAS DE GUSTAVO CORDERA

Cordera se desnudó en un recital para solidarizarse con el pueblo Mapuche

El ex Bersuit estaba interpretando su último tema cuando expresó: "Este es mi regalo para el 2012 que viene, la desnudez, la fragilidad".


 Durante la presentación que llevó adelante Gustavo Cordera en el festival Lollapalooza Chile 2012, el cantante se desnudó sobre el escenario, ante más de 4 mil personas.

El curioso hecho ocurrió cuando el ex Bersuit interpretaba su último tema. Entonces, anunció que se solidarizaba con el pueblo Mapuche, por sus conflictos con las leyes del gobierno chileno.

Posteriormente, ante los asistentes, se quitó la ropa: "Este es mi regalo para el 2012 que viene, la desnudez, la fragilidad", dijo Cordera.

En el festival que se desarrolla en el Parque O'Higgins, participarán más de 50 bandas, y se espera que asistan más de 100 mil personas entre las dos fechas.





ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

EDDIE GRIFFIN P/ RICK DAY. DOMINGO A LA MAÑANA





LO NUEVO DE JENNIFER LÒPEZ " DANCE AGAIN"

Tras el éxito de "On The Floor", Jennifer López vuelve a  formar equipo con Pitbull y el productor Redone en su nuevo single, "Dance Again". La canción será lanzada en iTunes el 02 de abril y López lo lleva a American Idol el 5 de abril. Veremos que pasa.







FERTILIZACIÒN ASISTIDA EN EL NUEVO CÒDIGO CIVIL

EXPERTOS EN MEDICINA REPRODUCTIVA ANALIZAN LA REFORMA DEL CODIGO CIVIL
Un cambio que suma avales

La anunciada modificación del Código Civil incluye un capítulo referido a la fertilización asistida. Los especialistas elogian las propuestas. Cuáles son los cambios proyectados. Y los criterios que deberá resolver una futura ley específica.


Se permite la gestación por sustitución, por vientre subrogado, pero no el “alquiler de vientres”, es decir, no debe haber dinero de por medio; los embriones sólo se consideran “persona humana” luego de su implantación en el útero, es decir, no lo son todavía esos que se preservan congelados; se obliga al hombre que haya aceptado tener un niño con semen donado a que lo reconozca como hijo propio. Estas son algunas de las normas que el Anteproyecto de Código Civil, presentado el martes pasado, propone en el capítulo sobre fertilización asistida. También se admite que el procedimiento se efectúe post mortem, si el cónyuge fallecido dio su autorización expresa. Un representante de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva manifestó que los criterios planteados en el Anteproyecto “están en consonancia con lo que siempre hemos pregonado”.

El artículo 19 del Anteproyecto –presentado el martes por Ricardo Lorenzetti, titular de la Corte Suprema de Justicia, y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, para su tratamiento en el Congreso de la Nación– establece que “la existencia de la persona humana comienza con la concepción en la mujer, o con la implantación del embrión en ella en los casos de técnicas de reproducción humana asistida”. Claudio Chillik –ex presidente de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva– señaló que el texto “está de acuerdo con la diferencia que siempre hemos marcado: antes de la implantación, el que llamamos preembrión no puede de ningún modo homologarse a una persona”. Esto concierne al destino de los centenares de embriones, o preembriones, remanentes de tratamientos de fecundación in vitro, que permanecen congelados en los centros de atención: “No son personas, pero de todos modos queda por establecer qué status ético se les otorga”, señaló Chillik.

El Anteproyecto tiene un capítulo dedicado a “Reglas generales relativas a la filiación por técnicas de reproducción humana asistida”, que abarca los artículos 560 a 564. Establece que los tratamientos deberán efectuarse bajo “consentimiento previo, informado y libre” de quienes los soliciten, formalizado ante escribano público. Prestado este consentimiento por ambos miembros de una pareja, los hijos de la mujer son también hijos del otro miembro de la pareja “con independencia de quién haya aportado los gametos” (óvulos o espermatozoides). Chillik observó que “esta norma impediría que, como sucede actualmente, en niños concebidos a partir de bancos de semen, un hombre pueda eventualmente desligarse de sus obligaciones como padre argumentando que su hijo fue concebido con gametas de otro hombre”.

En cuanto a la “gestación por sustitución”, el Anteproyecto la admite pero bajo condiciones como: “la gestante no ha recibido retribución”; “la gestante no se ha sometido a este proceso más de dos veces”; y, previamente, “la gestante ha dado a luz al menos un hijo propio”; la aceptación del procedimiento requiere también que “al menos uno de los dos comitentes haya aportado sus gametos” y que “el o los comitentes tengan imposibilidad de concebir o de llevar un embarazo a término”. Además, este procedimiento es el único que requiere autorización de un juez. Existiendo la ley de matrimonio igualitario, pueden recurrir también a este procedimiento parejas de homosexuales varones, o de mujeres si ninguna de ellas tuviera capacidad para llevar un embarazo a término. En cuanto a la fertilización asistida con gametos provenientes del cónyuge muerto, el Anteproyecto la admite sólo si el fallecido la autorizó y sólo podrá “dentro del año siguiente al deceso”.

La información sobre el origen de los gametos de terceros “debe constar para la inscripción del nacimiento”. Y “a petición de las personas nacidas a través de estas técnicas podrá revelarse la identidad del donante” u “obtenerse información relativa a datos médicos del donante, cuando hay riesgo para la salud”.

“En líneas generales, el Anteproyecto está en consonancia con lo que siempre hemos pregonado desde la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, tanto en los distintos proyectos de ley que presentamos como en nuestro código de ética”, comentó Chillik.


ARREGLO FOTOGRÀFICO: ALBERTO CARRERA

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