jueves, 12 de abril de 2012

Planeta Adverso y Violento. Homòfobia - Homophobia

El sur también embiste.

El asesinato de Daniel Zamudio, el chico que fue masacrado por cuatro jóvenes neonazis en una calle de Santiago, dejó al descubierto el conservadurismo de la sociedad y la desidia política en materia de derechos sexualesen Chile. En Brasil, la avanzada religiosa desbarata políticas tan básicas como la educación contra la homofobia, mientras convoca a una cruzada contra “la amenaza del ghetto gay”. En Ecuador, los números de centros de terapias para curar la homosexualidad no sólo son aberrantes sino que reciben a niños y niñas menores de doce años. Jamaica exporta al mundo un rapero que invita a prenderles fuego a “a lesbianas y aquellos que lo hacen por atrás”. ¿En qué mundo estamos viviendo?


Chile lo hizo


El contexto reciente del asesinato del joven gay Daniel Zamudio (27 años) por cuatro jóvenes neonazis en Santiago da cuenta de violencias sistemáticas y permanentes en la sociedad chilena, violencia no sólo de los agresores y provocadores de su muerte sino de la responsabilidad política de muchos actores. El impacto público de su muerte lo ha convertido en un símbolo de las luchas por la discriminación sexual, pero también da cuenta de la desidia de las instituciones públicas y la clase política por temas de derechos humanos y sexuales en Chile. Hace más de 8 años se tramita una ley de antidiscriminación en el Congreso chileno, pero no ha tenido avances ni en los gobiernos de la Concertación ni en el actual gobierno de derecha. Quizás ahora, por el revuelo público del caso y pensando en los votos de las próximas elecciones municipales, se tenga una voluntad política circunstancial, que incluso, aunque la ley llegue a promulgarse, ya muchos la critican, cuestionando su real eficacia para lograr detener la discriminación sexual y los crímenes de odio (en Chile no existe particularmente esa figura para los asesinatos a homosexuales). Dentro de este contexto, el Estado chileno fue condenado hace dos semanas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el caso de la jueza Karen Atala, a quien le quitaron la tuición de sus hijas por el solo hecho de ser lesbiana y “el posible peligro que significaba para la vida de sus propias hijas que su madre tuviera una orientación sexual diferente a la norma”. Condena que, luego de 11 años del caso, vuelve a señalar al Estado chileno con serias dificultades respecto de temas de discriminación sexual por parte de sus instituciones (tribunales, ministerios, etcétera). En este caso, el Estado chileno está obligado a realizar un acto reparatorio por la violación de derechos humanos a la jueza Karen Atala.

La muerte de Daniel Zamudio es expresión de una violencia institucionalizada que no sólo afecta a las minorías sexuales sino a quienes resultan diferentes para el poder (mapuches, mujeres, anarquistas, homosexuales, trans, lesbianas... y una larga lista). Chile, en temas valóricos, se ha destacado por su retraso y conservadurismo. Fue uno de los últimos países en tener ley de divorcio en el mundo y recién hoy se debate por la posibilidad despenalizar el aborto terapéutico, “que en Chile es ilegal”. La penalización fue realizada por la dictadura de Pinochet al final de su mandato: medidas agonizantes para dejar amarrados diferentes temas clave. La muerte de Daniel Zamudio ha impactado por su brutalidad pero, de acuerdo con el contexto reciente, da cuenta de la indiferencia y apatía de la clase política por avanzar en temas espinosos. Su revuelo responde a una maduración política de la sociedad civil, que cada vez con más fuerza enfrenta los poderes institucionalizados; el movimiento estudiantil es un ejemplo de ello y también las revueltas en Aysen, en el sur del país.

En Chile, todos los años conocemos muertes por femicidio. Pero, al parecer, las políticas públicas siempre resultan tardías, los recursos fallan, y en muchos casos mujeres que se acogen a la legislación de violencia intrafamiliar mueren por la ineficacia de la ley que burocráticamente resulta inoperante en decenas de ocasiones. La muerte de Daniel Zamudio, joven de 27 años, expresa sin duda una violencia que se fue institucionalizando. En Santiago se puede caminar dos o tres cuadras en José Miguel de la Barra, espacio “protegido” por el buen gusto y un mercado gay emergente. Burbuja social del mercado que no coincide en las libertades y derechos que se suponen bases del sistema democrático (en ese caso, el modelo neoliberal impuesto en Chile no es correlato de ejercicio de derechos). Cruzando Alameda, a unas cuadras del barrio gay, Daniel Zamudio fue brutalmente golpeado. Al parecer, como dice Néstor García Canclini, somos consumidores del siglo XXI, pero seguimos siendo ciudadanos del siglo XIX.



A Chile que me mató tanto.

De niño me soñé reina, pero jamás un dios mártir. Y ahora, medio asfixiado en mi cajón por las mil flores del bien común, oigo a los decentes ciudadanos de Chile llorarme como se llora la suerte de los cristos. Muerto por fin me aman; célebre por fin me respetan: todos son hoy mis amigos, mis padres y mis hermanos. Pero a pesar de lo que han jurado los griegos, hasta en el más allá uno sigue conservando la memoria, y entonces cuesta agradecer las palabras de tanto bienpensante súbito, de tanto converso y tanto arrepentido. No quisiera marchitarles las flores, camaradas de la última hora –pariente que antes me negó, psicólogo egresado de la Católica, clérigo magistral, diputado que abominó de leyes contra el odio, maestra que se calló, progre hasta ahí y siempre que no le fiche el bulto– pero me acuerdo que hasta ayer nomás los bárbaros que se ensañaron con mi cuerpo coliza eran también hermanos suyos, criados en el mismo plato urbano, con la misma leche de las tradiciones. Hasta ayer nomás eran sus colegas de la infancia y me corrían en grupo a la salida del colegio, y ya de pantalones largos envenenaron juntos las hostias del lenguaje que me tragué durante más de veinte años. Los criminales que me dieron caza en una plaza de Santiago eran los bárbaros de este siglo, sí, pero su barbarie (digan si no, chilenos) tenía una cosa de neonazi chic que los hacía indetectables para los radares de la familia bien constituida y la democracia policial. Eran tan monos, tan blanquitos los chicos asesinos, que me hicieron pensar al principio en unos tomasitos de Finlandia crecidos y diplomados en los gimnasios neoliberales del barrio Las Condes pero no: si el deseo somete a la presa, nunca la engaña. Cuando asomaron las navajas, yo ya supe que en mi cuerpo con ganas de sexo se trazaría un mapa de sangre y no de semen con la forma del Tercer Reich.

¿Es que no se enteraron todavía, amigos del funeral (dicen, y podría haber sido cierto) que hubo un barco que zarpó hace un siglo desde el puerto de Valparaíso, por orden del general Ibáñez, lleno de maricas a ser echadas al mar? Hoy que todos dicen ser yo, yo soy otro de aquellos homosexuales ahogados por odio de un dictador, pero el mar donde aprendí a calmar mis calores de pendejo fue una plaza de Santiago, y ahí mismo en esa plaza empezaría mi calvario...discoteca mía, pensé, no me abandones ni de noche ni de día (una vez más, como antes del gay liberado, como cuando escribía Jean Genet, sexo y muerte fueron la ecuación poética de nuestros goces clandestinos).

Yo, que era el puto fifí, el coliza traga sables, ahora tendré por fin un nombre que a Chile le parece tan honorable como el de un prócer: Daniel Zamudio. Un proyecto de ley seguramente llevará mi nombre a la victoria, “ley antidiscriminatoria Zamudio”, pero jamás quise esta victoria. Porque no todos los gays nacimos para convertirnos en salvadores de todo un colectivo, como muchos no nacen para reina, y nunca pensé ser la letra de un acto de justicia que crece ahora de apuro en el Parlamento como un champiñón entre la carroña, después de tantos siglos de oprobio. Será por eso que me asfixian estas flores, y juro que no soy desagradecido. Por algo se empieza, siempre se empieza por poco y a menudo un poco tarde, y de eso saben bien los de la Concertación y los de la Alianza. Deje señora nomás su obsequio de pena civil, su rosa de madre como el gerente general Pinochet mandaba. Déjela con gesto contrito y prolijo sobre este cajón cerrado que esconde este cadáver mío tan maltratado, no vaya a ser cosa que la flor se deslice hasta el suelo y, por azar, la pise justo un carabinero con fantasías de neonazi.


ESPAÑA: Las letras más malas del mundo

Sizzla Kalonji, el rapero que invita a matar a putos y lesbianas, lucha por hacer valer su arte en los teatros de España.

Son tan bestiales y, además, tan espantosamente pésimas, que las canciones de Sizzla Kalonji parecen una broma de Peter Capusotto, un ataque de furia y mal alcohol de Violencia Rivas, una tapa de Barcelona: “Dispara al maricón / mi gran pistola... ¡boom!”, “Mata a un maricón y siéntete orgulloso”, “Quema a los hombres que lo hacen por detrás con otros hombres”. Pero no son en broma. Aun en este mundo no se puede hacer bromas a los esposos sobre qué tal si queman a esposas ariscas o rebeldes, a los sacerdotes sobre violar niños, a los fundamentalistas sobre matar putos. Así que el rapero rastafari lo dice en serio y no le va nada mal. A su vez, hay que ser justos, en su tierra no es pionero: es posible rastrear en su género y en su zona toda una tradición de arengas limpiadoras avaladas por las leyes vigentes en Jamaica (y en gran parte del Caribe), cuyo código penal prohíbe y lo castiga con una década de cárcel y trabajos forzados. A Kalonji lo preceden las letras de raperos hermanos como Beenie Man que declara: “Soy un sueño de la nueva Jamaica / ven y ejecuta a todos los gays”. O Elephant Man, que dice: “¡Maricón, muérete! / Por favor, recuerda lo que te digo / dispárales como a un pájaro”.

En abril de 2002, en Chicago, Kalonji comenzó su jactancia sobre su arte de linchar maricas y a provocar al público para que hiciera algo gordo con los propagadores del sida y otras venéreas. Lo consiguió en 2009 ante un obediente público alemán que al ritmo de sus canciones asesinó a un chico con pinta de gay en pleno concierto. Le han pedido que se retracte... Bueno, en estos tiempos todavía esas cosas no se piden sino que se exigen con abogados. Lo hizo en alguna conferencia de prensa, pero el episodio le sirvió de inspiración para una canción nueva que se llama “Nah Apologize” y que reza “jamás pediré perdón a un gay”. En este momento se encuentra de gira por España. Mientras varios teatros de Madrid le han cerrado las puertas luego de la presión de activistas, Barcelona y Zaragoza están en la mira.


Ecuador incurable.

Son más de doscientas las clínicas ecuatorianas que prometen “sanar” la homosexualidad. Funcionan como centros de rehabilitación de la drogadicción: los pacientes se internan a veces por propia voluntad, pero también existe el hábito de que a hijo o hija gay estas clínicas enderezan a infantes que ya en la escuela muestran rasgos equívocos.

Recientemente, la Fundación Causana –que lucha por los derechos de las mujeres en ese país– lanzó una proclama en su sitio change.org en la que denuncia a estas clínicas de tortura de gays y lesbianas y, también, contra quienes vienen haciendo oídos sordos desde hace una década, es decir, desde que estos centros funcionan. Todos saben que funcionan y cuáles son los métodos, nadie las cierra. La proclama ya tiene más de 10 mil firmas de personas de ochenta países distintos.

La blogger del diario online Huffington Post, Emilia Gutiérrez, entrevistó a una de las tantas denunciantes (Paola Ziritti, de 24 años) que fue llevada a uno de estos centros por sus padres. Ziritti relató haber sufrido encierros, cortaduras y que fue atada a su cama por las noches, a lo largo de los dos años que duró su internación. El hecho de que Paola se haya animado a contar su historia abrió el camino para muchas otras denuncias que relatan incluso violaciones para convencer de lo bueno a los desviados.

El gobierno ecuatoriano, a partir de denuncias, ya le había pedido la renuncia a su ministro de Salud, en enero de este año, y en su lugar asumió Carina Vance Mafla, una activista que viene denunciando el asunto desde 2008. Mafla ya empezó a intervenir en el asunto para erradicar estas clínicas, liberar a las víctimas atrapadas en estos centros en el marco de una campaña más amplia que apunta a erradicar la homofobia. Hasta ahora son treinta las clínicas intervenidas por el Ministerio de Salud.


Brasil: Apocalipsis agora

La avanzada del fundamentalismo religioso sobre las políticas públicas brasileñas.
Aquel sacro comercio que se creyó muerto cuando estados e iglesias se separaron vía constitucional en la mayoría de Occidente, regresa ahora a América, por una puerta de la democracia liberal. No se trata esta vez de pastores o curas predicando la felicidad en la resignación mediante el telemarketing de la ley bíblica (además ser convencido es el derecho fundante de todo consumidor, sobre todo del más miedoso o el más inocente), sino del regreso literal del orden bíblico sobre el orden político. Hoy, los líderes religiosos brasileños, estructurados en una prolífica bancada parlamentaria llamada “evangélica”, se arman desde el corazón mismo del Estado contra las organizaciones defensoras de la afirmación del cuerpo. En la mira están, pues, la defensa del derecho al aborto y la diversidad sexual. Quién dice si la nueva tendencia a golpear gays de noche en la Avenida Paulista no sea la contracara obscena de estos ventrílocuos del cielo para quienes somos abominaciones contra la naturaleza. Pero si la injuria de los pastores se hace hardcore en el templo, en el Congreso se estiliza en las paradojas del discurso del amor, que hiere para salvar.

Los evangélicos acusan ahora al activismo Glttbi de impulsar una tiranía de la opinión. Hay que oír al senador Crivella en el debate sobre la ley contra la homofobia –obstruida desde diciembre pasado– advertir que “garantías especiales a favor de los homosexuales tendrán el daño colateral de una mayor discriminación”, y al diputado Magno Malta pedirnos amorosamente tolerancia: tu estigma es la cáscara del pecado y no el efecto de mis sermones. “Si no reaccionamos seremos atropellados por el activismo gay”, escriben en los sites evangélicos y alguno hasta interviene una foto de Hitler para dejarlo como una Barbie de bigotes con su cruz gamada pero arcoiris. Los gay-bashers de San Pablo, supongo, no acordarán con el chiste.

A pesar de su notable anacronismo, no confundamos los manifiestos evangélicos con mogigaterías victorianas. Ahora se busca someter a Oscar Wilde en nombre mismo de la libertad de expresión y negarle la igualdad justo en nombre de la democracia. Este conflicto moderno entre principio de igualdad y religión es una pelea donde –se sabe– el uso de lo anacrónico es redituable estrategia de dominio en los que mandan, y refugio de las emociones en los que siempre obedecen. Vean si no en la CNN el intercambio de ideas entre presidenciables republicanos para las próximas elecciones yanquis. Créase o no, junto con la apelación antiinmigratoria y contra el Estado de bienestar social resurge el remanido asunto de la anticoncepción, la abstinencia sexual en los jóvenes y el fin del auxilio a las ONG promotoras de la salud reproductiva. Lo que se dice, gestión política de la vida para una economía fanática de mercado. Desde los reaganomics, el fundamentalismo cristiano se viene expandiendo en América y también en Africa (las leyes antihomosexuales en Uganda no son resultado de viejas concepciones tribales, sino el impacto de la neoevangelización). Y Brasil, por su peso continental, puede ser el gran experimento latinoamericano. Justo en el país de la colosal Parada Gay de San Pablo y del Carnaval más sexy y millonario.

La última embestida, precisamente, ofende al Carnaval 2012, por su peligrosa ñoñería: por presión de los líderes religiosos el gobierno federal vetó para la Campaña contra el VIH-Sida la difusión mediática de un video donde se ve a dos varones darse arrumacos higiénicos en una disco y a un hada aconsejarles el uso de la “camisinha”. El Ministerio de Salud cree que el video de los chicos gay debe ser también el video del gueto gay. Que se exhiba sólo en las discotecas, en los saunas propicios, en fin, en esos sitios donde se supone que hacemos nuestras cosas minoritarias. Como si no existiesen adolescentes con actividad sexual sólo bajo los tinglados del secreto, o chicos de pueblo sin boliches cerca donde educarse en salud.

Mientras el diputado federal Jean Wyllys, defensor de los derechos Glttbi exige explicaciones al gobierno de Dilma Rousseff, la Red Nacional de Adolescentes viviendo con VIH-Sida llama “a salir a las calles antes de que sea demasiado tarde...a preguntar al gobierno brasileño –que históricamente y con éxito enfrentó a la epidemia del sida a través de la promoción de derechos– por qué está practicando y reforzando justamente aquello que siempre combatió: la homofobia”. Ni siquiera la intimidad bajo foco de la nueva secretaria de Política para las Mujeres, Eleonora Menicucci, pro aborto y bisexual sin eufemismos, atenúa las críticas de las organizaciones. Es que, a diferencia de los parlamentarios evangelistas que hacen de su subjetividad un triunfo sobre el Estado, las circunstancias personales de la funcionaria se limitan al testimonio. Su Yo asciende a estrella en los medios pero no a política del gabinete: “Mi gobierno no favorecerá ninguna opción sexual”, se disculpó Dilma cuando, por amenaza de congresistas evangélicos, censuró el llamado “kit escolar contra la homofobia”, material didáctico para que los niños brasileños no lleguen a la adolescencia imitando a los gay basher de San Pablo. Además, el senador Crivella es ahora el nuevo ministro de Pesca.

La prescindencia de Rousseff es una toma de posición que ya sufre el colectivo Glttbi, que no consiguió todavía ni una sola ley relevante a su favor, depende por eso de las decisiones judiciales y mira con envidia los progresos de Argentina. Jorge Beloqui y Veriano Terto J. son activistas en ONG de lucha contra el VIH-Sida, uno miembro de la Red Nacional de Personas VIH+ (RNP+) y el otro coordinador de la Asociación Brasileña Interdisciplinaria de Sida; y aseguran que es lamentable ver la decadencia del programa federal contra la epidemia: “En el nuevo video para TV se decidió evitar incluso la imagen del preservativo. Se cree que un lenguaje de números, porcentajes y proporciones es más comprendido que el de abrazos, besos y revolcones playeros. Para colmo terminan con el anuncio de que el sida no tiene cura. Imperdonable en un programa que fue vanguardia en el mundo”.

El combate entre hierofania evangélica y activismo Glttbi prosperaba ya en 1992 en otro gigante americano, Estados Unidos, cuando el Family Research Council denunció la existencia de una agenda gay oculta para demoler los valores. La conspiración equivaldría a aquella que se adjudicó a los judíos mediante el libelo Los protocolos de los sabios del Sión. En 2003 el presidente de la Alliance Defense Foundation, supongo que inspirado en un diagnóstico de Teodor Adorno pero sin entenderlo, recordó al SA Ernst Röhm: su homosexualidad habría sido decisiva en la militarización extrema de la Alemania nazi. La militancia evangélica exhuma, para acreditar la conspiración, un manifiesto satírico del activista gay Michael Swift donde la revolución se vuelve rosa-sade y se convoca a sodomizar a los jóvenes y suprimir la heterosexualidad del planeta. Una ironía de 1979 con su moraleja, avisada desde el principio. “Este ensayo es una cruel fantasía de cómo un oprimido sueña desesperadamente en ser opresor”, abunda el autor, por las dudas. Pero la paranoia pasa por alto las exegesis, porque precisa situarse al pie de la letra.

En la ciudad de Fortaleza, el misionero católico Anderson Luis dos Reis sube hace unos meses en YouTube un video con ambición de estilo contra el proyecto parlamentario antihomofobia. La bandera de la ONU se trasmuta en la de nuestro Orgullo, la boca de los ciudadanos aparece tapada con un adhesivo arcoiris, y se transcribe parte de aquel texto de Swift. Acá va una de las frases delirantes del manifiesto gay que sirven a la loca indignación del líder religioso: “El grupo familiar, que sólo enfanga la imaginación y limita el libre albedrío, debe ser eliminado. Muchachos perfectos serán concebidos y cultivados en el laboratorio genético. Ellos serán vinculados juntos en la educación comunal, en el control y la instrucción homosexual”. Incapaz de descubrir en esa república platónica delirante los destellos de su propia locura (y su comicidad involuntaria), Dos Reis se desespera como si no fuese él quien, por ahora, estuviera ganando en la guerra.


Desde Santiago de Chile: Juan Pablo Sutherland
                                                    Alejandro Modarelli
                                                    Dolores Curia
                                                    PAGINA12.COM.AR

ARREGLOS FOTOGRÀFICOS: ALBERTO CARRERA

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