domingo, 11 de marzo de 2012

NOCHE DE VENDIMIA GAY 2.012. AL MEJOR NIVEL

Romanticismo y emoción, las claves de la Vendimia para Todos 2012


Con una fuerte apuesta a lo coreográfico la Vendimia gay deslumbró una vez más con su colorido y dinamismo. La puesta giró en torno a cuatro historias de amor y el relator de todas ellas fue el vino mendocino. En la nota, la crónica cuadro por cuadro, los aciertos y traspiés, y las mejores fotos del show.



Pasadas las doce de la noche, el periodista Daniel Ambrosino –reconocido por su presencia en Intrusos- fue quien dio la bienvenida a un auditorio Bustelo repleto. Luego de los saludos, presentó a Ana Laura Nicoletti; quien se transformaría nuevamente en el alma de la fiesta a la hora de la conducción:

“¡Es ella! ¡La Turca!”, exclamó Ambrosino, y llegó Ana Laura caminando por el centro del Bustelo hasta el escenario, ataviada de novia, y con bailarines que la escoltaban. “Eso es una verdadera entrada triunfal”, opinó el comunicador porteño.

Acto seguido, fue la misma Ana Laura quien presentó a su “musa inspiradora. Es esplendorosa, es empresaria, vedette, actriz, capocómica, conductora… ¡es Moria Casán!”, gritó enardecida y apareció en escena la ya mítica morocha argentina: “¡Hola mis amores! Son mi adoración, mi público! Vengo enfundada en un vestido de Leticia Carosella maravilloso, y me voy a cambiar dos veces más, como la chiqui”, dijo eufórica.

“¡Turquita, parecemos mellizas!”, jugó la vedette con la Nicoletti.


La fiesta

Luego de algunos pasos de stand up, dio comienzo el acto artístico.

De la mano de Laura Fuertes y su equipo (compuesto por Fabián Sama y Juan Pablo oreno, entre otros), el acto artístico tuvo como eje al amor en la diversidad: una pareja de dos mujeres, otra de dos hombres, una heterosexual y otra de una travesti con un hombre se conocieron, se enamoraron y se casaron en escena.

En el primer cuadro apareció quien es el productor general (junto con su hermano, Fernando), motor y creativo de esta fiesta desde hace cinco años: Gabriel Canci. Cual escritor de antaño, con máquina de escribir antigua y todo, Gabriel confesó que “otra maravillosa noche ha llegado y siento la misma inquietud que al principio, cuando comencé a dejar el alma en esta fiesta para que fuera orgullo de los mendocinos”.

De inmediato, y luego de que una gran campana sonara para avisar que comenzaba el show, impresionantes personajes mágicos representando a Mendoza bajaran desde los cielos en trapecios y aros; la presencia de la Virgen de la Carrodilla tiñó de solemnidad el escenario y mostró a un Gabriel Canci respetuoso y serio con la religiosidad: “Y ahí estas un año más, acompañándome. Tanto tenés que ver en esto. Tanto creo en vos. Has bendecido siempre nuestro trabajo y nuestro esfuerzo, no solo el mío sino el de todos los hombres y mujeres que habitamos la bella Mendoza”, le dijo a al Virgen.

“Quiero que bendigas este gran espacio donde nos convocamos, sin diferencias, unidos en la tolerancia, la comprensión y el respeto”, le imploró. Y llegó la fiesta.

El personaje del vino, en una opulenta obertura, es el que abre la celebración: “¡Bienvenidos, bienvenidas, que se abran las puertas de esta gran casa para todos! Somos la tierra del sol, del buen vino y la buena gente. Somos un abrazo gigante al país y al mundo que nos visita. Somos la alegría lograda en el amor y la igualdad”, dice.

El escenario se fue llenando de bailarines y, entre todos, bailan un popurrí bizarro que mezcla con acierto y beneplácito del público canciones folclóricas clásicas (como “Cochero e plaza”, y “Pógale por las hileras”) con hits disco (Mamma mia, o la apertura del musical “Chicago”).






 Tania León, la reina de la Vendimia Gay saliente, sube a escena y llega el siguiente cuadro: la presentación de quien sería El Vino, personaje relator de la historia –interpretado por Iván Martínez.

“Soy color, soy sabor, soy textura, soy volumen en cristal, soy mezcla irreverente de alcoholes y de azúcares. Soy ecléctica mezcla de esencias y de aromas… ¡Soy el vino de Mendoza!”, dice para presentarse.

“Acá estoy… con mi copa enamorada, testigo del romance infinito de los tiempos. Testigo del amor del que ustedes, protagonizan y que vengo a homenajear. Soy elixir de su amor y su pasión, el que siembra poesías en sus historias. Estoy presente sin distinciones,  soy abrazo para todos, brego por la igualdad”.

Luego de una cueca instrumental en donde los bailes tradicionales de Vendimia se muestran con una vuelta de tuerca, se homenajea a la vida y al amor con un malambo de precisión asombrosa en el que la mixtura entre el baile de los hombres y las mujeres arranca la primera ovación.

Al terminar la coreografía quedaron en escena el Vino y las 4 parejas que serán protagónicas.

Primero llegan las dos chicas, una rubia y otra pelirroja que se transforman en las más aplaudidas. Se roban, literalmente, el show. Con una sensualidad, un apasionamiento y un virtuosismo admirables, cuentan su historia de amor e hipnotizan al público al ritmo de "Quizás, quizás, quizás", probando que la calidad coreográfica de Vendimia para todos es en cada edición más excelsa.

Es en este momento en el que, si antes no se había advertido, se confirma a la inmensa megapantalla led como una parte fundamental de la puesta. Se trata del telón de fondo, que a lo largo de la fiesta, integraría imágenes y enmarcaría los diferentes cuadros.

Luego llega la pareja de varones, que al ritmo de Assasin´s Tango danza, se besa y arma las figuras más complejas y vistosas. La pareja heterosexual marca uno de los momentos más populares al ritmo de Sandro y su "¡Dame fuego!". Imperdonable no destacar la labor de Hugo Moreno -quien también interpretó al galán masculino de la pareja hetero- como coreógrafo: sublime.

"Él se reconoce Ella en el espejo. A su sentir le van mejor los estiletos y las sedas en coloridos vestidos que le dan más libertad. Se suelta el pelo. Delinea sus ojos como escribiendo una historia. Se pinta los labios soñando que alguien le robe un beso. Con valentía y orgullo sale a transitar la vida y él ya no es él para ser ella, reinventa su nombre con uno  que le suene propio, Cris, Zulma, Flor, Donatella", dice el texto para presentar a la última pareja, formada por un travesti (la ya archiconocida Sandra Luart) y un varón.

La música disco invade la sala al ritmo de Donna Summer y los drag queen dominan, por un par de minutos, la escena haciendo explotar el Bustelo con su fuerza y colorido.

"Celebro a la vida, celebro al amor, celebro la libertad de elegir para compartir los sueños y desafíos. Brindo feliz por tanto coraje y orgullo asumido en cada pareja que se eligen para tomarse de la mano, apretar bien fuerte y subirse al andar del mundo", dice el personaje del Vino.

Al finalizar el emotivo adagio que siguió, en el que las cuatro parejas emocionaron hasta las lágrimas a varios espectadores, tocados por el combo del tema de Lantana -"Frágil"- y la potencia de la danza, se vislumbra el final: el casamiento de todos.

"Yo te elijo y sello en compromiso  mi amor eterno. Yo te amo y pido  emocionado tu mano en matrimonio.Yo decido que seas mi compañero por el resto de la vida y que la vida nos bendiga", se escucha; y se viene la coreografía de casamiento, mientras en la pantalla de fondo se ve a referentes que apoyaron el matrimonio igualitario, como Pepito Cibrián y Cristina Kirchner -momento polémico: se escucharon aplausos y chiflidos por igual-.

"¡Viva la unión del amor  más  el amor! Vivan él más él.  Viva Ella más ella.  Viva ella más él. Viva  todos. ¡Vivan los novios!", dice el guión, y con un eufórico brindis final, todo concluye.

Se trató de una verdadera fiesta. La gente bailó, cantó se emocionó.

¿Las críticas que se escucharon? "Para mí fue un lindo musical, que no tuvo nada que ver con la vendimia. ¿Dónde está la uva, los parrales, el laburo de la cosecha? Metieron el personaje del Vino forzado, para nombrar algo característico", comentó una colega. "A mi me pareció un horror como frizaron a los drag queen. Salieron un minuto y medio, contado por reloj. Y eso es lo que la gente quiere ver en la Fiesta de la Vendimia Gay", dijo otra.

Pero hay que comprender que esta celebración tiene otra impronta: su esencia es ser festiva, dramática, exagerada, vibrante. Justamente por eso se le permiten licencias. Es una comunidad, son minorías unidas que celebran su ser mendocino, teñido por historias personales. De eso se trató. De historias de amor de mendocinos.

"Brindamos por el amor infinito sin fronteras ni condicionamientos. Brindamos por la convivencia en paz y con tolerancia. Brindamos por la dignidad, el respeto y la pluralidad de elecciones. Si, brindemos por un País, nuestra Argentina que comienza hacer de las diferencias las igualdades. Por esta noche que ha sido mágica y especial, por los que somos de aquí bien mendocinos y por los que vinieron de otros lugares", cierra, entre otros brindis, el texto.

Y si de brindar no se trata la Vendimia... ¿De qué, pues?








POR: Federico Croce. MDZOL.COM
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

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