Mostrando entradas con la etiqueta NAZI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NAZI. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de agosto de 2013

El lider nazi Adolf Hitler se inyectaba semen de toro para mejorar su virilidad y era adicto a las drogas

Nueva investigación asegura que Hitler era adicto a las drogas. Revelación sobre el líder nazi será mostrada por el canal NatGeo en el documental "El submundo nazi: el uso de drogas por parte de Hitler revelado".


Pese a que ya han pasado varias décadas desde su muerte, siguen conociéndose detalles de la vida íntima del líder nazi Adolf Hitler.

En esta ocasión se trata de nueva información sobre un supuesto uso de sustancias ilícitas fue revelado por la cadena de televisión NatGeo en el documental titulado "El submundo nazi: el uso de drogas por parte de Hitler revelado".

Según el informe, Hitler consumió cocaína para aliviar dolores corporales y cada día tomaba más de ochenta pastillas, entre los que se cuenta, anfetaminas y veneno para ratas.

Estas revelaciones fueron expuestas a la luz pública luego que se conocieran las cartas y documentos de su médico personal, Theodore Morell.
En el informe, de 47 páginas, también se revela que el otrora Führer era depresivo, tenía Parkinson y se inyectaba semen de toro para mejorar su virilidad.
 
 
POR:  Mariángel Calderón - 24HORA.CL
FOTOGRAFÌA: WEB
ARREGL: ALBERTO CARRERA

jueves, 8 de agosto de 2013

Rusia: Horror, grupo neonazi asesinan y torturan a joven homosexual. "La ley Vladimir Putin en acciòn" Fotos sin censura.

Grupo neonazi tortura y asesina a un joven gay en Rusia. El colectivo Spectrum Human Rights Alliance ha denunciado la muerte de un joven a manos de un grupo de neonazis en la región rusa de Sverdlovsk después de ser torturado. 
Muestro estas fotografìas para que tomemos conciencia en el mundo en el que vivimos y para que juntos luchemos contra la tiranìa, homofobia y la muerte, la libertad que hoy tenemos en algún momento no existió, demos gracias a quienes lucharon y dieron sus vida por nosotros, hoy en algún lugar de este planeta alguien nos necesita, y jamás olviemos que gente como esta también están entre nosotros esperando a actuar en las calles, en la política y aún en las religiones fundamentalistas para quitarnos todo lo ganado.   "MEMORIA Y MILITANCIA"


La organización publica la denuncia del médico y activista por los derechos humanos, Valentin Degtyarev, que la semana pasada denunció las torturas a las que fue sometido el joven fallecido por el colectivo neonazi Occupy Pedofilyaj que, bajo el argumento de "combatir la pederastia", tienden trampas a homosexuales a través de internet y los someten a acoso, malos tratos y a torturas.

En las imágenes publicadas por el grupo neonazi se puede ver al joven, de origen uzbeko, en calzoncillos con las manos y los pezones pintados de rojo y con un consolador en la mano, mientras dos de los miembros del colectivo le sujetan la cabeza y sonríen.

En otra de las fotografías aparece pintado completamente de azul mientras le rocían orina por encima y en otra contra la pared haciendo el saludo nazi.

Según Degtyarev, el joven falleció por las heridas que recibió con un cuchillos después de ser violado con un consolador con el que le produjeron desgarros en el ano y tras ser torturado y orinado. Las autoridades rusas no han confirmado su muerte.

La organización Spectrum Human Rights Alliance ha exigido a la autoridades rusas que esclarezcan el caso y detengan a los autores de estos ataques, muy frecuentes en Rusia, ya que "por el momento sólo se interrogó a los miembros del grupo neonazi pero fueron puestos en libertad a las pocas horas".

"La aplicación de la ley de Putin parece condonar totalmente estas acciones", escribe Degtyarez, que asegura que cuando se quejó a las autoridades sobre estos ataques, él y su madre, de 72 años, recibieron amenazas y fueron perseguidos.





POR: INFONEWS.COM
FOTOGRAFÌAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA


domingo, 24 de febrero de 2013

NAZIS: CURAR LA HOMOSEXUALIDAD EXTIRPANDO EL PENE. INFORME DE DOLOR Y CRUELDAD. MEMORIA

Extirpar el pene para curar la homosexualidad y otros crueles experimentos nazis. Adolf Hitler permitió a sus médicos llevar a cabo todo tipo de pruebas macabras con miles de prisioneros judíos.


1: Introducción: Los doctores de la muerte

Desde llevar a cabo esterilizaciones en masa de judíos hasta extirpar el pene para curar la homosexualidad. Sin duda, los científicos de Hitler sembraron el pánico con sus crueles experimentos, los cuales costaron la vida a miles y miles de indefensas víctimas.

Liderados por el «Ángel de la Muerte» Josef Mengele, decenas de médicos alemanes no tuvieron reparos en traicionar su juramento hipocrático en favor del «führer», ávido de conseguir nuevas técnicas masivas para asesinar y conocer las limitaciones del ser humano.

De hecho, a la llamada de Hitler acudieron todo tipo de científicos pertenecientes tanto a las Waffen SS (un cuerpo de soldados de élite creado, entre otras cosas, para la protección personal del líder) como a la Ahnenerbe (una secta ocultista obsesionada con lo paranormal).

Así lo afirma el periodista Óscar Herradón, autor del libro «La Orden Negra. El ejercito pagano del III Reich», editado por «Edaf». «Los experimentos concretos, más allá de los exterminios masivos en las cámaras de gas (…) fueron llevados a cabo no por uno, ni dos, ni tres “doctores de la muerte”, sino por varios centenares de profesionales de la medicina alemana que, de forma inexplicable, se dejaron llevar por la espiral asesina del régimen», determina el experto.
Los inicios: Eutanasia o «muerte por compasión»

Aunque donde se llevaron a cabo un mayor número de experimentos fue en los campos de concentración, también se crearon varios programas para mantener la pureza de la raza fuera de estos centros de exterminio. Uno de ellos fue el de la «muerte por compasión», una forma de eutanasia que se realizó de forma masiva en toda Alemania.

El uso de la «muerte por compasión» se inició en 1938. Ese año, el gobierno nazi recibió una curiosa petición por parte de una familia alemana: solicitaban el permiso para acabar con la vida de uno de sus hijos, el cual estaba impedido. Tras producirse este suceso, Hitler autorizó un programa para acabar con miles de niños con deficiencias.

«Pronto también la eutanasia se convirtió en un medio eficiente para acabar con aquellos que los nazis consideraban lacras sociales. Era habitual que a los miembros de las Juventudes Hitlerianas se les llevara de “excursión” a las instituciones mentales para que vieran la situación en la que se encontraban los enfermos (…). Además, les explicaban el enorme coste que suponía para el Estado mantenerlos con vida», explica el periodista Óscar Herradón en su libro.

De esta forma, comenzaron los asesinatos en masa, como bien explica el experto: «El Ministerio del Interior solicitó a los médicos y a las parteras que informaran de todos los casos de recién nacidos que mostrasen enfermedades graves (…) como: idiotez, síndrome de Down, microcefalia, hidrocefalia, malformaciones de todo tipo (especialmente de extremidades, cabeza y columna vertebral); y parálisis, incluyendo condiciones de parálisis cerebral».

A pesar de que para poder acabar con la vida de menores se necesitaba el consentimiento paterno, era bastante usual que se ejerciera presión sobre las familias para que acabaran cediendo y enviaran a sus hijos a los centros de muerte diseminados por Alemania. Allí, ya fuera mediante una inyección letal o mediante cámaras de gas, se acabó con cientos de vidas de enfermos no sólo extranjeros, sino también alemanes.

«Lo más escalofriante de todo ello fue el consiguiente “negocio” que los profesionales de la medicina y científicos alemanes vieron en los asesinatos de los discapacitados, cuyos cuerpos servían para sus retorcidos estudios raciales», destaca Herradón. Con el inicio de la guerra, estos escuadrones de la eutanasia recibirían de Hitler la orden de acabar con cientos de prisioneros recluidos en campos de concentración.


2: Experimentos de alta presión en humanos

Uno de los experimentos más crueles fue el protagonizado por el doctor Sigmund Rascher, un antiguo capitán médico de la Luftwaffe, la fuerza aérea nazi. Este médico obtuvo el permiso de Himmler, líder de las SS, para investigar sobre el comportamiento de los individuos en condiciones de alta o baja presión. Concretamente, pretendía averiguar cuál era la altura máxima a la que paracaidistas y pilotos de avión podían lanzarse al vacío sin sufrir daños. «Su laboratorio particular fue el campo de concentración de Dachau, al norte de Múnich», afirma Herradón.

Este doctor nazi llevó a cabo sus pruebas en 1942 ayudado por todo tipo de artilugios. «Utilizaba una cámara portátil capaz de simular la presión alcanzada en altitudes de hasta 20.000 m. y los efectos de las caídas a grandes alturas sin paracaídas ni oxígeno», añade el experto.

El nazismo puso a su disposición 200 reos con los que poder experimentar, de los cuales fallecieron 70. «En sus investigaciones, introducía a los prisioneros en la cámara, donde se sometía a los desdichados a bruscos cambios de presión que provocaban que algunos, por falta de oxígeno, entraran en convulsiones hasta morir», apunta el escritor.

De hecho, cuando fue juzgado por los aliados tras la guerra se dio a conocer uno de los experimentos más macabros que había llevado a cabo. «Se citó un informe en el que el propio Rascher señalaba tres pruebas sucesivas en un “judío de 37 años” al que obligó a “caer” desde una altura de 12 km. Tras la tercera caída, “entró en estado agónico”, muriendo poco después», finaliza Herradón, quien añade además que estas prácticas no sirvieron de nada a la Luftwaffe.


3: Experimentos de congelación y reanimación
 
Además de las pruebas de altitud, Rascher también llevó a cabo multitud de experimentos para determinar la resistencia del cuerpo humano a la congelación y su capacidad para recuperarse de ella. De esta forma, pretendía averiguar las posibilidades de supervivencia que tenían los pilotos alemanes derribados en las gélidas aguas del Canal de la Mancha.

«Sumergía a los prisioneros de Dachau –la mayoría rusos-, en tanques que contenían agua helada durante tres horas o incluso más; en ocasiones obligaba a sus víctimas a permanecer tumbadas a la intemperie en pleno invierno, completamente desnudas, durante períodos de entre nueve y catorce horas, con temperaturas muchas veces bajo cero», destaca el periodista Óscar Herradón.

En estas pruebas la temperatura corporal de los prisioneros solía bajar hasta los 25 o 26 grados. Tales eran los dolores que padecían que, casi moribundos, solían pedir a los miembros de las SS que les custodiaban que se apiadaran de ellos matándoles de un disparo.

No obstante, este experimento no finalizaba aquí, ya que a los supervivientes se les aplicaban todo tipo de macabros remedios contra el frío. Así, a algunos se les introducía en el estómago agua en ebullición o se les pretendía reanimar con un tratamiento conocido como «calor animal». En este sistema, se situaba al prisionero entre dos mujeres desnudas para comprobar si, mediante la excitación sexual, podía recuperar su temperatura.

«Parece que tras tanto sufrimiento infligido a sus prisioneros, Rascher llegó a la conclusión de que el método más eficiente para la reanimación era la inmersión rápida en un baño de agua a 40º centígrados, algo que ya había sido demostrado a finales del siglo XIX. Sigmund sólo aportó cadáveres a la ciencia», finaliza el experto en su libro «La Orden Negra».


4: Centenares de muertos por un remedio contra el paludismo

La siguiente prueba se realizó también en Dachau. «Klaus Schilling, de 73 años, profesor emérito de parasitología de la Facultad de Medicina de Berlín (…) realizó experimentos sobre el paludismo en prisioneros», determina el escritor y periodista Óscar Herradón.

Esta enfermedad, que causa vómitos y altas fiebres entre otros síntomas, fue en los años 30 y 40 un auténtico quebradero de cabeza para los soldados alemanes del Norte de África. De esta forma, y para evitar ver mermadas sus filas de forma drástica, se encargó la tarea de encontrar una cura a Schilling, al que le fueron concedidos centenares de prisioneros para experimentar.

«Entre 1942 y 1945 contagiaría de paludismo hasta a mil doscientos internos. El doctor colocaba unas cajas asidas a las manos de los prisioneros que contenían mosquitos infectados con la enfermedad –en ocasiones les inyectaba directamente glándulas de los insectos- hasta que, debido a las picaduras, la contraían», sentencia el periodista. Con su macabra práctica acabó con la vida de entre 400 y 500 prisioneros sin conseguir ninguna cura.


5: Esterilización masiva, la primera práctica para mantener la pureza racial
 
En contra de lo que pueda parecer, los nazis comenzaron con sus políticas destinadas a la limpieza racial varios años antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Concretamente, Hitler dio el pistoletazo de salida a las prácticas que pretendían mantener pura la raza al subir al poder.

Así, el «führer» decidió cortar el problema de la pureza racial de raíz. Para empezar, y con la intención de detener el aumento de toda aquella vida que pudiera considerarse impura para los nazis, ordenó la esterilización de cientos de miles de personas.

«Desde junio de 1933, todos aquellos individuos que padecían enfermedades congénitas mentales o físicas, así como aquellos con patologías hereditarias –ceguera, sordera y, para el régimen, incluso el alcoholismo-, “vidas indignas de ser vividas” eran candidatos para la esterilización, que se consideraba tanto una acción de compasión para los propios enfermos como para la comunidad en general», determina Herradón en su texto.

Concretamente, y según explica el periodista, se llegó a tratar con este peculiar método a un total de entre 300.000 y 400.000 personas. A su vez, y aunque en un principio no aparecían en la lista de las SS, finalmente también se terminó esterilizando a prostitutas, presidiarios o incluso a multitud de niños que vivían en orfanatos.


6: Experimentos para conseguir hacer el agua salada potable

El siguiente de los experimentos fue llevado a cabo por el doctor de la Luftwaffe Wilhelm Beiglböck y su finalidad era conseguir convertir el agua salada en potable, algo que hubiera sido de gran ayuda para aviadores y paracaidistas alemanes en tierras enemigas. Sin embargo, la investigación se cobró el sufrimiento de 40 presos judíos sin dar ningún fruto.

«Se distribuyó a los prisioneros en cuatro grupos: a los integrantes del primero no se les permitió beber agua; los del segundo debieron ingerir agua de mar común; el tercero bebió agua de mar procesada por un método conocido como Berka –que disimulaba su sabor salado-; y los integrantes del cuarto ingirieron agua desalinizada a través de un procedimiento llamado Wofatit», explica el Óscar Herradón en su libro.

Las consecuencias del agua salada fueron nefastas en el organismo de los prisioneros que, según un testigo superviviente, lamían literalmente el agua de fregar del suelo con tal de poder hidratarse. Nuevamente, los doctores del nazismo fallaron, pues no hallaron forma de conseguir que el agua de mar pudiera ingerirse sin peligro.



7: Castración, uno de los remedios nazis contra la homosexualidad

Parece dificultoso imaginar pruebas más crueles que las ya explicadas, pero, sin embargo, existieron. Concretamente, y entre las más retorcidas, se situaron los múltiples experimentos llevados a cabo en prisioneros homosexuales con la intención de «extirparles» esta «enfermedad», como consideraban los seguidores de Hitler a esta orientación sexual.

En principio, las soluciones para acabar con la homosexualidad en los campos de concentración no fueron muy agresivas, pues consistieron básicamente en ofrecer recompensas a aquellas reclusas que consiguieran convertir en heterosexuales a los prisioneros seleccionados. Sin embargo, los nazis recurrieron pronto a crueles prácticas para conseguir su objetivo.

«Sería el profesor Carl Vaernet –líder de una unidad de asalto de las SS-, el encargado de realizar pruebas con reclusos en el campo de Buchenwald», explica el periodista y escritor Óscar Herradón. De esta forma, comenzaron las castraciones con la intención de eliminar el «impulso homosexual», como así era conocido.

No obstante, las mayores aberraciones se produjeron cuando Vaernet llegó al campo de concentración de Buchenwald. «Vaernet convenció a Himmler (…) de que podía curar la homosexualidad con una glándula creada por él mismo», sentencia Herradón. De esta manera, implantó su invento, el cual liberaba hormonas masculinas en el cuerpo humano, en la ingle de 15 presos. A pesar de todo, no consiguió sus objetivos y acabó con la vida de dos de los reos.


8: Experimentos sobre los efectos de gases venenosos en humanos

Uno de los experimentos que más realizaron los nazis durante la II Guerra Mundial fue el de inyectar todo tipo de gases tóxicos a presos para conocer su efecto en el cuerpo humano. De entre los médicos que llevaron a cabo estas pruebas, el más sanguinario fue August Hirt.

«Hirt inoculaba con una aguja hipodérmica gas mostaza líquido en el antebrazo de los prisioneros escogidos. Unas 24 horas después sus brazos se cubrían de terribles llagas y perdían la visión. Completamente desnudos, se arrastraban por el suelo en medio de horribles dolores; finalmente, todos murieron», explica el periodista Óscar Herradón en «La Orden Negra».


9: El sufrimiento de «Las conejillas de Ravensbrück»
 
Sin embargo, no hay duda de que los experimentos más crueles fueron realizados en el campo de concentración de mujeres de Ravensbrück. «Para la comprobación del efecto de determinados fármacos (…) y de métodos de tratamiento para las lesiones y enfermedades a las que estaban expuestos los soldados alemanes en el frente, se utilizaron mujeres (…) a las que se causaban terribles heridas intencionadamente que después eran tratadas según el caso», señala en su libro Óscar Herradón.

«Aquellas desdichadas eran jóvenes de no más de 20 años que acabarían siendo conocidas como “las conejillas de Ravensbrück”», destaca el experto, que añade que «se les realizaron trasplantes de órganos, nervios, e incluso huesos».

A su vez, los médicos nazis inyectaron todo tipo de enfermedades a las prisioneras simplemente para ver su reacción o los cambios que sufría su cuerpo hasta morir. «Algunos testigos afirmaron más tarde que (…) los gritos de las internas eran espantosos (…) y el olor debido a las infecciones insoportable», finaliza el periodista.
 


10: Cinco preguntas a Óscar Herradón

 
1-¿Cuántas personas cree que pudieron perder la vida bajo los doctores y científicos nazis?

Teniendo en cuenta que fueron millones las víctimas del holocausto nazi, y que más de 350 médicos titulados al servicio del régimen tenían a su disposición miles de seres humanos, es casi seguro que fueron varios los miles de prisioneros que murieron víctimas de sus macabros experimentos. No se puede establecer una cifra exacta, pero el historiador médico Paul Weidling afirma que casi 25.000 víctimas de los experimentos médicos nazis han sido hasta el momento identificadas. Casi con seguridad, la cifra fue mucho mayor.

Los judíos fueron las principales víctimas de esta barbarie, pero también los sinti, los gitanos, las prostitutas y los prisioneros de guerra rusos y de otras nacionalidades. En cuanto a los ciudadanos alemanes que no eran judíos, es casi seguro que también se experimentó con aquellos que tenían deficiencias físicas o psíquicas en el marco de la denominada Aktion T4, el programa de eutanasia nazi que precedió al exterminio en los campos de concentración.

2-¿Hay algún experimento de los realizados que le sobrecoja especialmente?

Todos son aterradores: la experimentación con gemelos –por lo general de corta edad–, experimentos de alta tensión y congelación en prisioneros, inoculación del tifus y otras enfermedades… pero lo que más me sobrecogió al recopilar información sobre estos casos, la mayoría proveniente de las actas del denominado «Juicio de los Doctores» de Núremberg, fue lo que sucedió con las prisioneras del campo de Ravensbrück, un grupo de mujeres de no más de veinte años a las que se les realizaban transplantes de órganos, nervios e inclusos huesos.

Los «médicos de la muerte» solían provocarles deliberadamente heridas en las que inoculaban bacterias causantes de la gangrena y otras enfermedades graves. Después, dejaban a las prisioneras días enteros hasta que la enfermedad se desarrollaba y así los doctores veían cómo evolucionaba la misma y cómo podían tratarla. Una auténtica barbarie.

3-¿Qué cree que motivaba a los médicos alemanes: la ciencia o el sadismo?

Está claro que muchos de estos médicos pretendían obtener de sus atroces experimentos nuevas vacunas y remedios contra enfermedades que atenazaban a los alemanes que estaban en primera línea de combate; en este sentido podríamos decir que les motivaba el aspecto puramente médico, científico, pero a pesar de ello se entregaron a una espiral de barbarie y sadismo nunca vista.

Lo suyo fue pseudociencia. Para ellos los prisioneros no tenían la condición de seres humanos, por lo tanto, no pensaban que estuvieran cometiendo un crimen. Eso, esa forma de pensar, es de por sí una de las aberraciones máximas de la ideología nazi.

4-¿Quién fue, además de Hitler, el artífice principal de la experimentación nazi?

Uno de los principales impulsores de la experimentación nazi en los campos de concentración fue Heinrich Himmler, líder de las SS y de la Gestapo. Obsesionado como estaba por hallar la pureza de la raza aria, por que sus guardias negros fuesen poco menos que superhombres, dio licencias a multitud de médicos, que trabajaron a sus órdenes, para que dispusieran de los prisioneros que necesitaran para sus brutales pruebas. Tras él, había varios médicos de alto rango en el entramado nacionalsocialista que fueron los responsables de los principales experimentos, como el tristemente célebre Joseph Mengele, conocido como «el Ángel de la Muerte», el doctor Karl Gebhardt, August Hirt, Karl Brandt o Sigmund Rascher, entre otros.

5-¿Qué se buscaba principalmente con los experimentos que narra en su libro?

En el marco de una ideología alucinada y fanática, los médicos nazis, principalmente los que engrosaban las SS, pretendían impulsar el perfeccionamiento de la que ellos llamaban la raza aria. El objetivo principal de Heinrich Himmler era que sus progresos, de haberlos, se aplicasen a los soldados alemanes que habían sido heridos en el frente, curarlos de enfermedades o heridas que hasta el momento eran mortales, o saber hasta qué punto eran capaces de soportar situaciones extremas –a las que los médicos sometían a los prisioneros, por lo general hasta la muerte–.

La intención, por ejemplo, de experimentar con gemelos, como contaría más tarde el médico judío Miklós Nyiszli, que estuvo al servicio de Mengele en Auschwitz II para poder proteger a su familia, era conseguir duplicar la natalidad alemana logrando que las mujeres arias diesen a luz gemelos sanos y fuertes. Una auténtica aberración científica que provocó la muerte de muchos niños inocentes a manos de estos sádicos.



POR: MANUEL P. VILLATORO / ABC.ES
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

Con toda la congoja hasta las làgrimas por pertenecer a esta humananidad  e intentando pedir perdòn por tanto dolor y barbarie que solo nosotros podemos provocar.  PERDÒN Y PIEDAD, DIOS

viernes, 24 de agosto de 2012

LA RUSIA NAZI. 100 AÑOS PROHÌBIDO EL ORGULLO GAY

Moscú prohíbe el orgullo gay por 100 años. El activista Nikolai Alexeyev anuncia que recurrirá la decisión a la justicia europea.


El Tribunal Supremo de Moscú ha rechazado hoy la apelación que había interpuesto el defensor de los derechos de gais y lesbianas Nikolai Alexeyev contra la sentencia del tribunal municipal de la capital rusa por la que se prohibía la celebración del orgullo gay en la ciudad durante los próximos 100 años. De esta manera la justicia rusa ratifica de nuevo la decisión del ayuntamiento moscovita de no autorizar marchas homosexuales hasta 2112. 

Alexeyev ha anunciado que recurrirá la sentencia al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. "La decisión no es un sorpresa, los tribunales rusos raramente fallan a favor de los derechos de los gais y lesbianas", ha dicho Alexeyev por teléfono a este periódico. Pese a que la sentencia entraba dentro de lo esperado, el activista cree que es "ilegal e injusta".

Los activistas Nikolai Alekseyev y Alexey Kiselev sostienen una bandera gay en una protesta. / GAYRUSSIA

Esta no es la primera vez que el periodista y abogado ruso recurre a la justicia europea por este motivo. Entre 2006 y 2008 sus peticiones para celebrar el orgullo gay en Moscú también fueron rechazadas por el ayuntamiento de la capital alegando que había riesgo de desórdenes públicos. El caso acabó en Estrasburgo, donde Alexeyev defendió que se había violado su derecho a la libertad de reunión reconocido en el artículo 11 de la Convención Europea de Derechos Humanos. El tribunal consideró en 2010 que las autoridades rusas habían discriminado al activista por su orientación sexual y ordenó a ese país a indemnizar a Alexeyev con 12.000 euros, además de pagar los 17.510 euros de costas.

Pero esta vez Alexeyev dice buscar algo distinto del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. No quiere que solo se reprenda a Rusia cuando prohíbe una marcha. "Queremos que se garantice que podamos celebrar el orgullo gay en el futuro", subraya. El activista había solicitado esta vez poder celebrar 102 manifestaciones pro derechos homosexuales hasta 2112, de ahí que el ayuntamiento moscovita primero, y los tribunales después, hayan denegado su celebración por 100 años. Las razones esgrimidas por el consistorio son las mismas que las anteriores ocasiones: que suelen producirse desórdenes públicos y que la mayoría de moscovitas no simpatizan con este tipo de eventos, informa la BBC. Pero Alexeyev opina que "no tienen argumentos" que fundamenten la decisión.


POR: Alejandra Agudo. ELPAIS.COM
ARREGLO FOOGRÀFICO: ALBERTO CARRERA

sábado, 28 de julio de 2012

ERNST RÖHM UN NAZI MÀS EN EL ROPERO


Confesiones de un nazi en Bolivia. Una investigación reconstruye el paso del militar alemán Ernst Röhm por el país andino a través de sus cartas. Nací el 28 de noviembre de 1887, a la una de la madrugada en Munich. Me imaginaba ser homosexual, aunque sólo lo ‘descubrí’ de verdad en 1924. Hasta entonces tuve algunas experiencias, en sentimientos y actos, que incluso se remontan a mi infancia”. La carta, fechada en La Paz, el 25 de febrero de 1929 está firmada por Ernst Röhm, el fundador de las SA –las secciones de asalto del partido nacional-socialista alemán– y el destinatario es Karl-Günther Heimsoth, un médico y político nazi –también homosexual– a quien le solicitaba la elaboración de una carta astral.


Aunque se sabe que Röhm estuvo en Bolivia entre 1929 y 1930, se trata generalmente de un paréntesis poco estudiado cuya historia fue investigada por el periodista boliviano Robert Brockmann en el libro El general y sus presidentes: Vida y tiempos de Hans Kundt, Ernst Röhm y siete presidentes de Bolivia, 1911-1939 (Plural Editores).

Kundt fue un alemán que dirigió durante varios años el ejército boliviano y quedó registrado en las páginas del diario La Nación de Buenos Aires cuando un corresponsal se lo encontró en las trincheras de Galitzia en la Primera Guerra Mundial y el alemán sólo quiso hablarle sobre Bolivia, en plena batalla. La estadía boliviana de Röhm no fue tan larga como la de Kundt pero dejaría profundas huellas en su vida. De hecho, siguió usando las insignias bolivianas sobre su uniforme nazi.

Entre fines del siglo XIX y 1940, muchos militares alemanes eran contratados por países latinoamericanos y asiáticos para profesionalizar sus ejércitos. Röhm ya tenía una intensa historia en el nazismo al llegar a Bolivia. Había sido uno de los organizadores de los Freikorps, una milicia protofascista durante la República de Weimar, participó del putsch de Munich de 1923 y lideró las temidas SA conocidas como Camisas pardas.

Llegó a La Paz desilusionado por los desencuentros con Hitler, y se incorporó como teniente coronel del Ejército boliviano y jefe de Sección III (Operaciones) del Estado Mayor. Aunque se adaptó a la vida local, su mayor padecimiento estuvo relacionado con sus dificultades para entablar relaciones homosexuales en una ciudad pequeña y conservadora, y parte de su catarsis la dejó escrita en al menos cuatro cartas despachadas hacia Alemania desde los Andes.


Esas misivas bolivianas serían una incómoda evidencia durante su posterior persecución en Alemania por su homosexualidad, en ese momento penada por ley. Luego del párrafo citado, el militar teutón agregaba: “El clima de altura de La Paz (3.600 metros) no me resulta especialmente duro. Vivo bien y puedo comer al estilo alemán. Si no me faltara el objeto de mis amores. Incluso me he traído un acompañante, un pintor muniqués de 19 años. Cuando se va de viaje de estudios, la paso terriblemente mal”. Explica que es “un muchacho realmente hermoso”, pero se queja de que el pintor prefiere a las mujeres. Röhm confiesa que aunque los paceños son “en gran parte muy guapos” no encuentra la forma de acercarse a ellos. De hecho, comenta haber “sondeado cuidadosamente” el tema con su profesor de español, quien le habría respondido que “en La Paz no se da esto”, y que “para eso” había que viajar a Buenos Aires. Pero –continúa con desazón– el viaje “requiere por lo menos diez días y cuesta más de mil marcos”. “Por las noches, hago mi recorrido, hasta ahora sin éxito, por todos los barrios de La Paz. Es algo para llorar”.

La segunda carta, que tradujo Brockmann, está fechada en Uyuni (zona del famoso salar), el 11 de agosto de 1929. En la misiva –“desde esta fría y ventosa pocilga fronteriza”– cuenta que recorre los cuarteles y su nazismo no le impide sentirse atraído por los jóvenes indígenas y negros. Finalmente le anuncia con mejor ánimo haber encontrado en La Paz “la manera de proveerme”. Al parecer, el amante de Röhm era un muchacho llamado Alberto Llanque, quien habría obtenido varias ventajas en el cuartel.


Como recuerda Brockmann, estas cartas serían fatales para la trayectoria de Röhm. Al parecer, a su regreso a Alemania a pedido de Hitler, actuó sin demasiadas inhibiciones. Sus enemigos internos no eran escasos y entre ellos Joseph Goebbels, Herrmann Goering y Heinrich Himmler, todos ellos celosos del poder que había acumulado Röhm y sus SA. El tema era un secreto a voces y la fiscalía de Berlín ordenó una investigación por “delitos sexuales contra natura”. Pero como suele ocurrir, la historia no ahorra en paradojas. Hitler justificó a Röhm, respondiendo que las SA no era “una institución dedicada a la educación de señoritas refinadas, sino una formación de luchadores duros cuyas vidas privadas no pueden ser objeto de escrutinio”. Entretanto, el diario socialdemócrata Vorwärts publicaba las cartas filtradas y el Münchener Post las reimprimió como panfleto para escandalizar con la homosexualidad de Röhm. Las SA destruyó Vorwärts y sus imprentas.

Pero la suerte del líder nazi se selló la noche de los cuchillos largos de 1934. Fue detenido y más tarde asesinado en esa puja dentro del nazismo que acabó con varias facciones disidentes. Ahí Hitler, para justificar la muerte de su ex amigo, se acordó de las “perversiones” de Ernst Röhm y de muchos de los integrantes de las otrora poderosas SA.


POR: Pablo Stefanoni. REVISTAENIE.CLARIN.COM
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...