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sábado, 10 de enero de 2015

Irlanda: El sacerdote Martin Dolan se declara homosexual en plena misa. "Coming Out" Priest out of the closet.

Sacerdote irlandés reconoce ser homosexual en plena misa y es ovacionado. El padre Martin Dolan instó a su congregación a respaldar el matrimonio entre personas del mismo sexo en el próximo referéndum irlandés que se llevará a cabo a finales de mayo.


Un sacerdote católico irlandés recibió una ovación de pie de su congregación cuando reveló que era gay y luego declaró su apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo desde el púlpito.

El Padre Martin Dolan ha sido sacerdote en la Iglesia de San Nicolás de Myra en Francis Street, Dublín durante 15 años e hizo los comentarios inesperados durante la misa.

En declaraciones publicadas por el diario británico The Guardian, un trabajador de la juventud de la comunidad Liz O'Connor, donde Dolan predica, dijo: “estamos todos muy orgullosos del padre Martín. Admitió que es gay, pero eso no cambia la persona que siempre fue”.

Grupos de igualdad gay en Irlanda, incluyendo Marriage Equality Irlanda y el Gay and Lesbian Equality Network, han elogiado la decisión del sacerdote.


El sacerdote instó a su congregación a respaldar el matrimonio entre personas del mismo sexo en el próximo referéndum irlandés se llevará a cabo a finales de mayo. Incluso una encuesta de opinión en el Irish Times el mes pasado reveló que 71% del electorado votaría sí a permitir los matrimonios homosexuales en el país, pese a que la jerarquía de la Iglesia Católica ha luchado en contra del matrimonio gay.


Por: Elmercurio / El-nacional.com
Imagenes: Web
Arreglos: AC

domingo, 30 de noviembre de 2014

Colombia: Ismael el sacerdote gay. Vejez homosexual, indiferencia, arrogancia y omisión de todos.

Diez años de Colombia Diversa. La historia del sacerdote Ismael. 'He sido atacado por ser homosexual'. El religioso asegura que ha sido víctima de discriminación en su comunidad. Su caso es parte de una investigación sobre la vejez gay en Colombia, en la que se concluye que es urgente la atención psicosocial para esta población.


Con más de sesenta años, Ismael**, proveniente de una familia conservadora compuesta por tres hermanos gays, continúa dedicando su vida al sacerdocio. Desde muy joven tuvo claro que era homosexual. Siendo monje benedictino optó por ser eremita, que, en sus propios términos, se trata de llevar una vida en soledad con la opción de estar acompañado. En su mente está presente aquel día de junio de 1978, fecha en la que presenció la celebración del Día del Orgullo Gay en Nueva York y conoció el entonces popular bar Stonewall Inn.

Desde su ingreso al seminario fue blanco de distintas formas de violencia por ser homosexual. Al narrar los insultos, los golpes y la incansable persecución que aún enfrenta, su voz se quiebra: “Inclusive en el monasterio en Bogotá llegué a ser atacado físicamente por otros monjes”. Oficialmente está vetado por la arquidiócesis para ejercer labores sacerdotales. Sin embargo, tras el apoyo y respaldo de sus feligreses, sigue celebrando la eucaristía. Ismael asegura que, a pesar de la norma de celibato o castidad, en suma a la homofobia institucional, muchos de los otros monjes y sacerdotes también son homosexuales.


Se atrevió a desafiar a la iglesia católica y lo hizo de distintas maneras. Escribió una tesis que desarrollaba argumentos inclusivos de la homosexualidad en la vida sacerdotal. Sin embargo, su trabajo fue criticado, censurado y, al día de hoy, desaparecido de las fuentes de información físicas y digitales en las que se encontraba. El intento de apoyar a otros sacerdotes con una condición como la suya fue infructuoso. Recibió amenazas, golpes y calumnias por querer ayudar. No obstante, y en sus propias palabras, su mayor logro lo obtuvo al conformar un grupo de encuentro que le permitió a un buen número de adultos mayores gays compartir experiencias y encontrar otros caminos para conciliar sus creencias religiosas ante la discriminación constante que sufren por su orientación sexual.

La discriminación no sólo se enmarca en su vida religiosa. De varios bares y discotecas ha tenido que retirarse por las actitudes despectivas y las burlas de otros clientes, o sencillamente porque los porteros o dueños de estos establecimientos se lo impiden.


Ismael sigue luchando para superar los obstáculos que ha llamado retos. Permanece su batalla contra un cáncer de próstata, por el que fue intervenido quirúrgicamente recientemente, así como por lograr condiciones dignas de trabajo y ser reconocido como igual por sus semejantes.

Investigaciones recientes en el campo de la vejez homosexual se han desarrollado en países como Estados Unidos, España, Argentina y Brasil. Dichos estudios concluyen la importancia de volver la mirada hacia aspectos relacionados con la salud física y psicológica, así como la garantía de políticas públicas y programas sociales encaminados a satisfacer las necesidades particulares de esta población. En nuestro país, y en el caso particular de Bogotá, no se conocen investigaciones o iniciativas al respecto, aunque existen pocas organizaciones que trabajan a favor del reconocimiento de los derechos de la población adulta mayor.


Por medio de mi investigación Discriminación social y estrategias de afrontamiento en los procesos de envejecimiento y la vejez de hombres homosexuales, presentada a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, pude identificar varios aspectos a través de relatos de adultos mayores homosexuales mayores de 60 años que asisten al Centro de Atención Integral a la Diversidad Sexual de Bogotá. Entre los participantes estuvo Ismael.

Los resultados muestran que las características de la discriminación más comunes son la homofobia, la pérdida de vínculos y la violencia emocional por parte de las familias, condiciones de salud desatendidas por los altos costos de los servicios, el ocultamiento forzado de la orientación sexual en los ambientes laborales y el trato desigual en espacios de homosocialización. Además se evidencia un sentimiento de soledad generalizada.

Pero lo más importante de este estudio es invitar a ahondar en investigaciones que busquen mejorar las condiciones de la vejez homosexual en Colombia. Es urgente adelantar acciones para la atención psicosocial con enfoque diferencial para contribuir con un mejoramiento en la calidad de vida de estas personas.


Por: Marlon Ricardo Acuña Rivera - Psicólogo investigador del Centro Nacional de Memoria Histórica - Elespectador.com
Imegenes: Web
Arreglos: AC

jueves, 20 de febrero de 2014

Casamiento de Andres Gioeni, actor y ex sacerdote gay de Mendoza."Por que el amor es más fuerte que los prejuicios"

Andres Gioeni, argentino, dejó el sacerdocio cuando descubrió que el celibato no era para él y que era homosexual. Escribió al papa Francisco para pedir que la Iglesia acepte la homosexualidad. Dice que hay curas gays que tienen relaciones "con más culpa o más licencia".
Casamiento de Andres Gioeni, actor y ex sacerdote gay de Mendoza."Por que el amor es más fuerte que los prejuicios"


Fue la imagen del papa Francisco en un avión enviando a través de los periodistas el mensaje de "quién soy yo para juzgar a los gays" lo que impulsó a Andrés Gioeni, exsacerdote católico de Mendoza (Argentina), a escribirle dos cartas pidiéndole que la moral católica no solo no juzgue, sino que abrace a los homosexuales como él. 

"Le pido simplemente, con humildad, que incentive, estimule, promueva y acompañe a aquellos teólogos que se atreven a profundizar en la Teología moral sexual acerca del lugar y la experiencia de la persona homosexual" decía en una de las cartas, que han dado la vuelta al mundo. Gioeni, de 42 años, está de enhorabuena. No, todavía el papa Francisco no le ha contestado. El motivo de su felicidad es que el 7 de marzo se casará con Luis, el hombre con el que ha compartido los diez últimos años de su vida. Entonces se convertirá en el primer exsacerdote católico que se une en matrimonio con su novio. 
Casamiento de Andres Gioeni, actor y ex sacerdote gay de Mendoza."Por que el amor es más fuerte que los prejuicios"
El mediano de tres hermanos, Gioeni, nació en Mendoza y se crió "en una familia bastante machista y ortodoxa en sus pensamientos", explica al teléfono desde su actual apartamento bonaerense. La educación primaria la recibió de un colegio donde le inculcaron la fe católica. En secundaria se acercó a la parroquia del barrio y se enroló en un grupo juvenil misionero en las barriadas. "Íbamos los sábados al suburbio de La Favorita con la que entonces era mi novia y con la que planeábamos ser misioneros en África. Yo como médico, ella como profesora". Un día, en la barriada los vecinos reivindicaron un sacerdote propio. Gioeni acudió con sus amigos a ver al Obispo auxiliar, quien lamentó no disponer de "un ropero de donde sacar tantos curas" y les animó a revisar su interior en busca de vocación. 

Así fue como le picó el "bichito" a Gioeni. Dejó la relación con su novia y, con 18 años, tras dos de acompañamiento vocacional, ingresó en el seminario. Ordenado sacerdote, vivió su tarea "con intensidad, contento, alegre" de poder encontrarse de cerca con la gente. Pero había algo que le generaba un vacío por dentro. "Me di cuenta de que se trataba de mi contención corpórea, de que buscaba un amor no tan abstracto, no tan idealizado". Fue a la vez que entendió que el celibato no era para él y que aceptó su condición de homosexual. 

En realidad nada es tan de repente. "A los 12 años le dije a mi mamá que me tenía que marchar de casa porque a me gustaban los varones". Su madre le llevó a hablar con un sacerdote, que le dio por explicación que atravesaba una fase, una etapa. Gioeni enterró ese pensamiento.  "Lo tapé en mi subconsciente más oculto", pero volvió a salir a flote en el año 2000. Ya ejerciendo de sacerdote entraba a conversar en 'chats' gays en Internet. "Lo que empezó como un juego se estaba tornando en algo más serio y me sentía la persona más traidora, pecadora y sucia del mundo. No me dejaba vivir". Entonces hizo un pacto con Dios, le pidió una tregua para averiguar si lo que estaba sintiendo era "transitorio, mera curiosidad". Le prometió que de ser así se entregaría a él enseguida.

Casamiento de Andres Gioeni, actor y ex sacerdote gay de Mendoza."Por que el amor es más fuerte que los prejuicios"

Doble vida

Pero su pasión era duradera. "Preferí no llevar una doble vida". En 2001, sin dar explicaciones, dejó el sacerdocio. En la parroquia le pidieron que se lo pensara, que se tomara un tiempo para recapacitar. Él era el encargado provincial de las catequesis, una labor de la que habla con entusiasmo. 

Puso tierra de por medio, se mudó a Buenos Aires, la capital, y conoció a Luis. Empezó a probar suerte como escritor, docente, e incluso actor de telenovelas. Se hizo famoso en su país con las misivas al papa y está a punto de publicar un libro que versa precisamente "de tanto amor desperdiciado, de cómo ser homosexual y cristiano y no morir en el intento", explica. Con el revuelo mediático de su boda ha decidido subir el libro a Internet y permitir las descargas gratuitas. "Explico mi vida por si puedo ayudar a alguna persona, a algún familiar, como a la prima de esa chica lesbiana que no puede entender por qué le gustan las mujeres". 

Gioeni, el exsacerdote gay de Mendoza está agradecido a la vida. Ha encontrado su lugar, pero sueña con una Iglesia Católica que destierre pronto el celibato, como ya han hecho anglicanos, metodistas o protestantes, y apoye las relaciones homosexuales.

 Está convencido de que Francisco puede ser clave en el cambio, aunque es consciente de las innumerables presiones vaticanas. Mientras, habrá otros que a diferencia suya no den el paso de dejar el sacerdocio y sigan "escondiendo esa realidad de tener relaciones sexuales esporádicas y viviendo su entrega a la comunidad, unos con más culpa, otros con más licencia". 

La boda con Luis será en Buenos Aires. "Vamos a ir al registro civil, y al día siguiente hacemos un asado (barbacoa) con los familiares y amigos. Será una ceremonia más espiritual y religiosa, en la que nos daremos el consentimiento del matrimonio con nuestros amigos, familiares, la naturaleza y Dios como testigos".



Por: A. Larrañeta - 20 Minutos
Fotografías: Web - Facebook
Arreglos: Alberto Carrera

viernes, 18 de octubre de 2013

Calendario Ortodoxo 2014. Love is love, orthodox or not "El amor es el amor, ortodoxo o no".

Sacerdotes ortodoxos se desnudan para un calendario gay. La religión ortodoxa es una de las comunidades que más parece respetar, en algunos sectores, a la población homosexual.


Se trata de una iniciativa para apoyar el matrimonio homosexual. Son 12 imágenes en las que vemos a varios hombres en actitudes muy sensuales. Es la segunda ocasión en la que se organiza este calendario tan sexy.

La religión ortodoxa es una de las comunidades que más parece respetar, en algunos sectores, a la población homosexual. Hace apenas unos meses, el presidente de Rumanía, abiertamente cristiano ortodoxo, confirmaba que estaba a favor del matrimonio gay. El año pasado, varios curas y monjes ortodoxos decidieron también posar en un calendario, desnudos, para apoyar estas uniones entre personas del mismo sexo.


Tal es la euforia colectiva, que han repetido el trabajo. 2014 también podrá decorarse con 12 sacerdotes ortodoxos en el calendario que lleva por lema “Love is love, orthodox or not!” (El amor es el amor, ortodoxo o no).

Son una docena de curas de religión ortodoxa, pero también hay algunos modelos que han decidido posar para la ocasión. Las primeras fotos ya han visto la luz, y también el primer vídeo promocional del calendario, que seguramente subirá la temperatura más que una columna entera de cirios.


Religión y erotismo mezclados en 12 imágenes muy sensuales y con toques claramente gays. Los creadores de este calendario aseguran que no todos los hombres son sacerdotes, pero no aclaran ni cuántos ni quiénes son. Lo que está claro es que, sea uno o los doce, estos hombres aparecerán en miles de paredes por todo el globo, para desearnos los buenos días y pensar que nos da igual que sea lunes. Porque al que madruga, Dios le ayuda.





Mi Magazine - E-consulta.com
Fotografìas: Web
Arreglos: Alberto Carrera


martes, 30 de julio de 2013

El ex sacerdote gay y mendocino Andrés Gioeni, envió una carta la Papa Francisco

Un ex sacerdote gay mendocino le envió una carta al papa Francisco. Se trata de Andrés Gioeni y tiene esperanzas de que el Santo Padre, a quien considera humilde, "profundice la apertura y renueve la moral sexual de la Iglesia"; pidió que no se condene la homosexualidad y que se permita el uso de anticonceptivos.

El ex sacerdote gay y mendocino Andrés Gioeni, envió una carta la Papa Francisco

Los hábitos tras confesar su orientación sexual, escribió una carta al papa Francisco en la que le instó a adecuarse "a los nuevos paradigmas del mundo contemporáneo" después de que el Pontífice asegurase que no juzga a los homosexuales.

Andrés Gioeni, quien cambió el sacerdocio por el trabajo de actor y escritor, celebró "el aire fresco" que ha supuesto la llegada de Francisco al Vaticano, pero advirtió "que queda mucho camino por recorrer".

El ex sacerdote gay y mendocino Andrés Gioeni, envió una carta la Papa Francisco

En diálogo, dijo: "Le escribí porque creo que es un atisbo de esperanza en la respuesta que dio sobre no juzgar a los gays. Veo humildad y apertura en él". Cuando habla de apertura se refiere, más que nada, a cuestiones vinculadas a la "moral sexual". Consideró que en este encuentro con los jóvenes el Papa podría haber dicho algo acerca del preservativo, por ejemplo. "Los jóvenes no van a dejar de tener relaciones sexuales y por este mal mensaje de la Iglesia se pueden generar enfermedades graves", cuestionó.

Además, se refirió al control de la natalidad. "Debería revisarse la prohibición de los métodos anticonceptivos, ya hay teólogos de la Iglesia que piensan muy distinto a las leyes que rigen", dijo. Habla con conocimiento de causa: se ordenó de diácono, luego de sacerdote y ejerció el sacerdocio durante dos años y medio.

El ex sacerdote gay y mendocino Andrés Gioeni, envió una carta la Papa Francisco

"Alguna vez fui sacerdote católico, pastor, compartí ese ímpetu misionero y esa necesidad de reclamo de apertura eclesial. Hasta que decidí abrirme a un costado cuando descubrí mi propia tendencia homosexual y admitir mi imposibilidad de ejercer el ministerio pastoral en celibato", admitió Gioeni en la misiva, publicada en su cuenta de la red social Facebook.

"Me atrevo a hacerme portavoz de una gran porción de personas que pertenecemos a la comunidad homosexual. Y simplemente, con humildad, pedirle encarecidamente que incentive, estimule, promueva y acompañe una mayor profundización en la Teología moral sexual acerca del lugar y la experiencia de la persona homosexual", solicitó el ex sacerdote, quien explicó que se siente "feliz y realizado" tras llevar diez años viviendo con una pareja del mismo sexo.

El ex sacerdote gay y mendocino Andrés Gioeni, envió una carta la Papa Francisco

Nuevos paradigmas del mundo

Gioeni dejó claro que no pretende que el nuevo pontífice renuncie a la doctrina eclesiástica sino que "la ayude a seguir creciendo y adecuándose a los nuevos paradigmas del mundo contemporáneo que nos desafían a encontrar nuevas respuestas".

"¿De verdad el amor de dos personas, siendo del mismo sexo, no demuestra ni reflejan nada del amor de Dios?", cuestionó el actor, quien preguntó también si "la Iglesia con sus silencios va a permitir que se sigan estigmatizando a tantos jóvenes en tantos países donde se siguen asesinando solamente por su tendencia".
Gioeni se despidió pidiendo a Francisco que ayude a la comunidad homosexual a descubrir por dónde puede "transitar la fe" sin renunciar a su "experiencia de amor".

Durante una rueda de prensa a bordo del avión de regreso a Roma desde Río de Janeiro, el Papa aseguró este lunes que no juzga a los homosexuales.

"Si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quien soy yo para juzgarla? El catecismo de la Iglesia católica explica y dice que no se deben marginar a esas personas y que deben ser integradas en la sociedad", dijo Francisco.


Por: La Nación
Imagenes: Web


sábado, 5 de junio de 2010

ANDRES GIOENI, EL EX SACERDOTE GAY

EN ESTOS DIAS EN LA QUE SE HABLA TANTO DE LOS SACERDOTES Y SU HIPOCRECIA CON RESPECTO AL CASAMINTO GAY, SE ME VINO A LA MEMORIA ESTE CASO DE UN SACERDOTE GAY DE MENDOZA. LO VALENTIA TENDRÌA QUE SER TAMBIÈN UN EJEMPLO DE HONESTIDAD.

El primer caso de un cura argentino que se declara homosexual Orgullo Gay Andrés Gioeni era un cura de carrera brillante. Había dejado atrás novia y vidA deportiva. Egresó del seminario con 9.75 de promedio. El arzobispo de Mendoza le confió la formación de catequistas. Pero cuando se descubrió homosexual decidió asumirlo. Y aceptó la sanción, que le prohíbe ejercer el sacerdocio. Su caso salió a la luz pública porque posó para una revista gay. En una entrevista exclusiva, cuenta su vida, sus dilemas y sus razones.



Cuatro horas habló con Dios en el parque San Martín de Mendoza. Rodeado de árboles, fuentes y ciclistas, se hicieron bromas, rieron, lloraron. Con Dios, sí. Al final de la charla lo tenía claro: sería sacerdote. Andrés Gioeni tenía 18 años, una novia, jugaba al rugby en Maristas, estudiaba medicina y militaba en la Acción Católica. A su padre la vocación sacerdotal lo angustió: “¿En qué me equivoqué?”, preguntaba y lloraba. Andrés y su novia virgen Maricarmen misionaban y daban catequesis en el barrio La Favorita, detrás del Cerro de la Gloria. Visitaban las casas de los chicos pobres que iban al comedor y escuchaban las necesidades espirituales de la barriada. Andrés quiso estar ahí para ayudar. Fueron ocho años en el seminario Nuestra Señora del Rosario de Bermejo, en Mendoza, para llegar a ser sacerdote. Se consagró (en marzo de 2000) con 9,75 de promedio. Llegó a ser el más joven director del Instituto de Catequesis de su provincia. Menos de dos años después, aparecía como modelo, desnudo e insinuante, en la tapa de la revista gay Imperio. En un dossier interno, todo lo que Dios le dio y el gimnasio le ayudó a trabajar fue generosamente mostrado. Hoy es camarero en Sitges, un pub gay porteño y se decidió por un futuro artístico.

“En el seminario la homosexualidad no era tema de conversación, sólo se contaban chistes homofóbicos. Había temor. No se habla de sexo en el seminario. Había un cura que decía que tenía una amiga que se llamaba Manuela y era compañera en momentos de crisis”. Pero ni eso. Una de las peores cruces era ser post-adolescente y no poder siquiera masturbarse: “Es un calvario toda la semana ir a confesar que te habías hecho una paja. Algunos curas del Opus llegan a decirte que estás matando niños en potencia. Imaginate el cargo de conciencia”.

Andrés estaba convencido de que el celibato y la pobreza no le iban a costar, pero sí le iba a ser difícil el tema de la obediencia. Durante los años del seminario tres compañeros le fueron confesando que se sentían atraídos sexualmente por él. Uno de ellos le llegó a tocar los genitales. Andrés reaccionó mal: “Era casi homofóbico, por inseguridad”. Al pibe lo echaron. Los otros dos se consagraron y hoy son sacerdotes homosexuales célibes. Pero en el quinto año del seminario se descubrió masturbándose pensando en un compañero. “Si la masturbación era un cargo de conciencia, imaginate pensando en un hombre”. Tuvo largas charlas con su confesor, habló con su amigo y no le dieron trascendencia. “Gracias a Dios, al otro no le pasaba nada conmigo”, reconoce ahora Andrés.

Casi simultáneamente con su ordenación como sacerdote fue nombrado director de la Junta de Catequesis provincial. Tenía 28 años y dirigía y acompañaba a quienes en la provincia enseñaban catequesis en todos los ámbitos, bautismal, matrimonial, de confirmación, familiar. Diez meses después de su consagración algo empezó a hacer ruido. El sexo. Compulsivo. Era enero del 2001. En su austera habitación de la parroquia de la Virgen Niña, en Mendoza, encendió la computadora y tecléo: “Uolsex”. Abrió la puerta que lo expulsaría de su iglesia. Fue directo al chat gay, sin saber chatear. “Como lo podés hacer anónimamente, es muy sencillo, y yo estaba rompiendo las barreras. Me dolía menos una condena social que la de Dios. Había “hablado” este tema con Él aunque no muy claramente. Cuando me empecé a dar cuenta, lo viví como una cruz muy grande y me fui diciendo que Dios me hizo así y si quiere que sea sacerdote con esto, él me dará la fueraza. Empecé a tomar ese tiempo como un permiso que me daba Dios para experimentar. Algo así como pido gancho para ser puto un ratito. Una excusa queme sirvió para vivir”, dice.




Encontró mendocinos trasnochados buscándose. Prometían sexo. Armó un encuentro furtivo, en una esquina céntrica. Había mentido su nombre y su descripción física. Pasó sin ser visto. No se animó, no le interesó. La noche siguiente, otra vez. La tercera fue la vencida. En la esquina estaba Fernando, de 21, morocho, alto, ateo, linda sonrisa y barbita candado. Charlaron en el coche de Andrés en el parque San Martín (el de las charlas con Dios), en un bar hasta que les cerraron las puertas (ahí contó que era cura}. Finalmente, en el piso de la oficina céntrica de la Junta de Catequesis mendocina, se acostaron.

Se encontraban una vez por semana, con la excusa de que Fernando, que sabía de computación, iba a hacer la página de la Junta. “¡Qué fuerte suena contarlo –reconoce- ¡Van a hacer un exorcismo en la Junta, en Mendoza, cuando lo lean!¡Qué impulsivo, irresponsable, inconsciente fui! Pero lo seguí haciendo!”. Su confesor, con quien Andrés habló el tema claramente, intentó hacerle ver que no había “pido gancho” posible. Que la “conversación” con Dios habría sido un teléfono descompuesto. Que se hiciera cargo. Que iba a terminar esquizofrénico. Fueron seis meses de romance adolescente, hasta que Andrés dijo basta porque quería dedicarse al sacerdocio.



Mientras, Andrés confesaba feligreses que sufrían por su condición homosexual “Parecía que en ese momento Dios se encargó de mandarme muchos homosexuales. Confesé a varios. Uno venía muy de madrugada porque la noche anterior había estado con alguien y sentía la carga muy fuerte y quería comulgar. Su infelicidad me cuestionaba mucho, nadie lo sabía, era una persona grande y veía la angustia que él vivía en lo religioso. Yo no quería llegar a su edad con esa angustia. Y me acuerdo de una mujer que me decía que su hijo se iba a condenar porque era homosexual. Conversamos mucho, se fue aliviada y me quedé cuestionado en el confesionario. Lo que le había dicho a la mujer, utilizando la doctrina católica, ahora me lo tenía que decir a mí. Noté que dios no me condenaba por eso, más allá del discurso oficial de la Iglesia. Los documentos magisteriales dicen una cosa pero la teología abre otro campo. No es un tema fácil”. Cortó con Fernando y se metió con todo en la actividad pastoral. Acompaño al proceso de renovación de la diócesis de Mendoza, en una comisión con el obispo, con quien tenía relación cotidiana y con quien se sigue viendo. Había terminado el pido gancho, se prometió no entrar nunca más al chat y volvía a ser el padrecito Andrés.




Hasta que tuvo que viajar a Córdoba a un encuentro nacional de catequesis. Un día libre, un locutorio y un diario con avisos clasificados “hot”. Así llamó a “Lucas”, un taxi boy con el que tuvo sexo instantáneo y culpa demoledora: “Lloré como la Magdalena en la primera iglesia que encontré, había vuelto a caer. Salí de ahí, lo volví a llamar para tomar un café”. Se engancharon “Lucas” resultó llamarse Hugo y ser creyente profundo. El romance continuó entre córdoba y Mendoza. Hubo algunos viajes entre ambas ciudades pero Andrés ya había tomado la decisión. Cortaría la relación con Hugo, se iría a vivir a Buenos Aires y colgaría los hábitos. “Quizás si me hubiera encontrado con la iglesia que ingenuamente esperaba, tipo familia y contención, ayuda, quizás hubiera sido más fácil vivir el celibato”, dice ahora.

Una puja interna de poder que lo puso en el ojo de la tormenta le sirvió como excusa para salir de Mendoza sin decir los motivos verdaderos motivos. Le preguntaban si el deseo de dejar el sacerdocio tenía que ver con “alguna falda”. No mentía cuando decía que no, que nada que ver.



En Buenos Aires fue a parar a la catedral. Se anotó en un gimnasio “sospechado” de gay. Conoció a José Luis, abandonó la catedral y comenzó su primera convivencia homosexual. Al poco tiempo consiguió entrar a trabajar a la editorial Claretiana, pero tenía ganas de explotar su vocación artística. Se hizo un book fotográfico, empezó a estudiar teatro con Javier Daulte. Desfiló para una casa de ropa interior de hombres en la vidriera de Santa Fe entre Rodríguez Peña y Callao. Lo excitaba que lo miraran luciendo ropas sexy. Lo llamaron de la revista gay Imperio para que hiciera la tapa y un dossier de fotos desnudo. Dijo que no. A la semana dijo que sí. La revista llegó rápidamente al boliche gay de Mendoza: “¡Está el padre Andrés en pelotas en la revista Imperio!”, dijeron y la noticia tardó nada en llegar a los oídos del arzobispo.




“Fui ingenuo, creí que no se iban a enterar, el grueso de mi familia también se enteró así”, reconoce Andrés. Una andanada de llamadas telefónicas de parientes, amigos, ex colegas y hasta su madre le puso los pies en la tierra. Sin embargo nunca se arrepintió de las fotos. Perdió el trabajo en la editorial. No lo echaron, le hicieron renunciar para ahorrarse la indemnización. Recibió una carta del arzobispo preguntado si iba a seguir con ese “estado de vida”, porque si era así, debía ser amonestado, según el derecho canónico. “Le dije que sí, y que hiciera lo que tenía que hacer”. Le llegó la suspensión del ministerio, ya no ejerce más como sacerdote. No puede celebrar misa ni tomar confesiones.

Consiguió finalmente trabajo como actor en una publicidad que ya empezó a verse por televisión. Recomienda un servicio de Internet. Sí, el mismo que le sirvió para abrirse la puerta de la parroquia y salir a jugar. Sin dudas, otro chiste de Dios.



















POR: OSVALDO BAZÀN - MEDIOS
FOTOGTAFÌAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

por osvaldo bazan.
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