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domingo, 20 de diciembre de 2015

Cómo lucirían los personajes de Walt Disney y otros si envejecieran? Por Andrew Tarusov

La nostalgia me invade al verlos, pero tambien algo de impresion, al parecer el tiempo les ha dado una mala jugada a nuestros dibujos de la infancia!! aunque yo siempre fui algo siniestro ya que toda la vida quise que el coyote algun dia se comiera al correcaminos!! nunca paso...jajajja locuras de cada uno!! Mira como el paso del tiempo hace efecto en estos queridos personajes.


Varias son la caricaturas que han pasado de generación en generación, logrando que los pequeños se fascinen con sus aventuras y ocurrencias. Por eso, los estudios se han encargado de mantenerlas vigentes, haciéndoles una que otra actualización para ponerlas al día.

Pero, ¿qué pasaría si los dibujos animados no pudieran someterse al “bisturí gráfico” y envejecieran como unos simples mortales?

El artista Andrew Tarusov tuvo la idea de recrear cómo lucirían de esta forma (amamos cuando hacen estas cosas).

En el trabajo presentado, podemos ver famosos como Tom & Jerry, el puerquito Porky, y hasta los mismísimos Bugs Bunny y Mickey Mouse, entre otros.

Basándose en sus fechas de creación, Andrew hizo la similitud con personas de esas edades. Los resultados pueden resultar duros, y hasta graciosos, como ver al rey de Disney bastante parecido a Larry King.











Imagenes: Web

lunes, 19 de agosto de 2013

LA MUJER NO NACE, SE DIBUJA. Maitena y Laerte al lìmites de los gèneros. "Reportaje"

MAITENA Y LAERTE SE ENCUENTRAN, SE MIRAN ESPEJO DE POR MEDIO Y DESDIBUJAN LOS LÍMITES DE LOS GÉNEROS

Género estampado

El humor, en su versión de broma pesada o de burla, ha sido históricamente uno de los más poderosos métodos correctivos de la diversidad en cualquiera de sus expresiones. Pero el humor en buenas manos puede ser bandera hilarante de las diferencias: Maitena y Laerte confirman con sus trabajos la potencia transformadora de la ironía y del trazo fino. Laerte ya era muy conocido en Brasil cuando hace muy poco, y cerca de cumplir sesenta años, decidió presentarse en sociedad como mujer trans. En esta conversación ambas estrellas de la historieta analizan los alcances de sus propios personajes.


Maitena es Maitena, no necesita presentación. Su nombre evoca una legión de mujeres con pequeños problemas y grandes soluciones, todo en el mismo cuadrito. Mujeres que perdieron la vista a causa de la presbicia pero igual leen la letra chica porque están superadas, chicas de treinta que se están sacando la bombacha en la portada de un libro, pero están alteradas, que se ajustan el pantalón, pero lo llevan puesto. Maitena está en la agenda año tras año pero, sobre todo, instalada como el gato de Cheshire en la conciencia de las inconscientes, en el superyó de todas y todas. Su nombre es contraseña para abrir la tranquera a la autocrítica maliciosa y a la denuncia con gracia aquí y en todos los países donde se consumen sus mujeres (en esta Feria del Libro de Guadalajara se llevará el premio La Catrina, destinado a autores destacados internacionalmente en los campos de la caricatura y la historieta). Con un trazo aparentemente simple, Maitena descubrió un territorio y una serie de situaciones donde personas hiperlúcidas son “pescadas” por ellas mismas o sus amigas justo en el momento de la caída en el clisé de la feminidad. ¿El mundo femenino es lo mismo que decir el mundo de las mujeres? Esta pregunta y otras que apuntan a las botas (y tacones) de la dictadura de género, incluido el profundo malhumor que ésta provoca, es el tema de conversación entre Maitena y Laerte, dos potencias que se encontraron en San Pablo en el marco del Encuentro entre caricaturistas en el Centro Cultural Belenzinho. Laerte no necesita presentación en Brasil, prócer del humor desde lo más under hasta las páginas de diarios y revistas mainstream desde hace ya un largo tiempo, ha sido considerada uno de los mejores historietistas (hoy es una de las mejores). En 2004 se presentó en sociedad como cross dresser y en 2010, a los 59, hizo pública su decisión de ser mujer transgénero. Como en la Argentina es necesario hacer algunas presentaciones, Soy le ha pedido que antes de reproducir la conversación se presente con sus propias palabras. Y lo hizo así:

No he pensado mucho sobre las etapas de mi vida. Pero bueno, veamos... Hice la escuela superior, en Música, después en Periodismo, pero jamás me recibí ni en una ni en otra. En aquellos tiempos, a los 17, tuve mis primeras relaciones sexuales, siempre con hombres, y durante algunos años todo estuvo bien. Pero de pronto entré en pánico y me metí en el armario por décadas. Me casé con mujeres, tuve hijos, etc. Por fin, cuando se estaba terminando el siglo XX reconocí y acepté mi deseo exclusivo por los hombres, aunque no fue tan fácil como suena, tuve mis dificultades. Lo de la transgeneridad es todavía más reciente. Hugo siempre ha sido mi alter-ego, desde que lo creé, en los años ’80. Hay muchas historietas que se inspiran en hechos de mi vida, principalmente mis dificultades con los aparatos de informática... Les envío un ejemplo. A veces Hugo se travestía, pero siempre con una justificación más o menos consistente, como por ejemplo escaparse de la mafia. Pero en 2004 aparece en una historieta travistiéndose sin razón obligada, digamos que se traviste por nada, por el puro placer de la cosa. Allí fue que una amiga –hoy amiga– me contactó por email y me preguntó si eso que estaba haciendo Hugo no podría tratarse de un deseo mío, me preguntó si no me interesaría conocer a otras personas con el mismo deseo. Allí comprendí que no se trataba de una ficción sino de un deseo real y –lo mejor– ¡posible! Todo eso representó un salto muy grande en mi vida y una abertura enorme para mi modo de ver las cosas y también de crear, de trabajar. En 2010, al declararme públicamente transgénero, en una entrevista, no encontré más razones para mi travestimiento esporádico y semiclandestino.

Empecé a vestirme en conformidad con mis sentimientos, cambié todas las ropas que tenía.

Al vivir la posibilidad de ser mujer, conocía a muchas otras personas, muchas vidas con historias dolorosas parecidas –o no tan parecidas, pero sintonizadas–. Retomé mi vida de compromiso político –formé parte del Partido Comunista en los años ’70 y ’80–, ahora por una causa relacionada con la intimidad de los sentimientos, algo que está muy vivo dentro de mí, más que por una motivación ideológica, por justa y sincera que fuera. Por lo que he comprendido a través de mis lecturas por cierto nada profesionales de Beatriz Preciado, Judith Butler y conversaciones con activistas, tiene mucho sentido la idea de que hombre y mujer son conceptos culturales, creaciones de la cultura que cambian con el tiempo y el contexto. Así que, para mí, la autoconstrucción de una identidad de mujer es algo que se va moldeando y, al mismo tiempo, abriendo posibilidades de expresión en las que no había pensado antes. Para algunos hombres, construirse mujer significa nada más que el intento de copiar un modelo preexistente. Para otras personas la cosa es más compleja, y más dinámica también. Me gusta usar el nombre Laerte. No le vi sentido a cambiarlo. Tengo identidad masculina y femenina a la vez. Al hospital voy travestida o, mejor dicho, vestida. Realizo exámenes médicos masculinos por eso allí me definí como hombre. Las mujeres no tienen próstata. Pero en los hoteles, me registro como “Laerte Countinho, sexo femenino”.



Al borde de un ataque

Laerte: Creo que las mujeres viven, desde el siglo XIX, un proceso de “revolución permanente”, que las ha llevado a nuevas vivencias sociales, laborales, políticas, existenciales. Creo que a los hombres les toca hacer su parte en esa revolución del género humano... Vos fuiste durante mucho tiempo considerada una humorista de temas femeninos o, mejor dicho, representante de las mujeres. ¿Cómo se llega a eso?

Maitena: Sí, fui vista así, pero tuvo que ver sobre todo con que no había muchas mujeres haciendo historietas. Por ejemplo, una pregunta que me hacían siempre es cómo me llevaba con mis compañeros en las revistas, cómo era recibida teniendo en cuenta que es un ambiente muy de hombres, muy hétero. Y la respuesta siempre era que me recibían genial, justamente porque son machistas. Como cuando entrás por equivocación a un baño de hombres: te reciben bien, con un “hoooola, rubia”. Es cierto que yo hablaba de otras cosas, tocaba temas de los que comúnmente no se hablaba. No sé si eran temas que tenían que ver tanto con la mujer, pero sí con lo doméstico, la vida de todos los días. Pero a ese humor también lo podría haber hecho un hombre.

Laerte: Yo, que pienso en un momento en que no existan las diferencias de género, que no existan separaciones, me pregunto hasta cuándo se van a mantener estos muros, imaginarios pero tan sólidos. Pero bueno, entiendo que todo pasado fue peor.

Maitena: Cuando empecé a trabajar hacía humor erótico. Todos mis compañeros eran varones. La visión mía sobre sexo era muy diferente de la de los demás. Yo no tenía el patrón del humor masculino y eso a ellos les resultaba muy fuerte, les molestaba. Tenía un personaje que se llamaba “La fiera” que salía a la calle a buscar hombres para tener sexo, salía con el impermeable cerrado. Lo abría y cada semana estaba con un hombre de una profesión diferente. Les parecía muy agresivo porque “La fiera” se los cogía y los escupía como quien escupe el carozo de una aceituna. Se espantaban y, sin embargo, ¿cuántos hombres hacen eso con las mujeres? Fundamentalmente les resultaba chocante que el deseo fuera femenino porque en los comics siempre el deseo es masculino y la mujer es el objeto de deseo. Llegaban cartas de lectores dirigidas a mí pensando que yo era un hombre, que Maitena era mi apellido, les resultaba imposible imaginar que quien escribía las historias en las que alguien está caliente fuera una mujer.

Laerte: Es que hay cosas que se consideran femeninas y otras masculinas. Y en la historieta también es así. Vos abriste una puerta para retratar a la mujer no como musa o como apéndice del hombre, sino una mujer que se parece más a la real.

Maitena: Estaba el prejuicio de que esa temática era femenina. Hablar de las cosas de todos los días, del cuerpo, las relaciones familiares, de que te mirás al espejo y te sentís fea, gorda, no eran temáticas muy exploradas por los historietistas hombres. En ese sentido me enorgullezco de haber abierto un camino porque ahora hay muchísimos varones jóvenes que hacen un humor hablando de sus cosas personales, de qué los hace sentir mal, del cuerpo. Pero bueno, también fue parte de un fenómeno de la época, de los noventa. Después vinieron todas esas series como Sex And The City, etc. Era la época en que estábamos de moda las mujeres. Ahora está de moda lo gay.

Laerte: ¿No ves en todo esto una intervención crucial del feminismo?

Maitena: El feminismo habló muy bien de las mujeres durante mucho tiempo. Pero creo que lo que yo hice fue hablar mal de las mujeres. Las partes débiles y las partes malas. Todo va cambiando. Creo que en algunos años ya no va a ser novedad que un hombre decida, como vos, ponerse ropa femenina o priorizar la parte femenina de su personalidad. Creo que con los años los hombres se van feminizando y las mujeres se van masculinizando.

Laerte: ¿Me lo prometes? (Risas.)


Vida y obra

Maitena: Pienso que tu trabajo cambió mucho en relación con tu propia transformación.

Laerte: En 2004 empecé un cambio, a hacer tiras más poéticas. Me acuerdo de que leí una entrevista en la que Chico Buarque decía que veía a la canción históricamente limitada al siglo XX, que tal vez el rap y otros géneros expresaban mejor el presente. Y me pregunté lo mismo sobre la historieta, sentí que mi trabajo había cumplido un ciclo. Así es que dejé a muchos de mis personajes. Me quedé con Muriel y también en Hugo. Fue este cambio en las tiras lo que me puso en contacto con la comunidad cross. Me llevó mucho tiempo decidirme a hacer una sesión de cross dressing en un lugar que encontré en Internet. Recuerdo que el primer momento fue el de la depilación con cera. Fue un hito de redención, de autodescubrimiento, como sentirme sin coraza. Lo segundo fue ponerme la ropa que me ofrecían, incluido el corpiño. Me tomaron una foto. Sentí la libertad.

Maitena: Después viene el trabajo de qué tipo de mujer ser. La tiranía de los modelos.

Laerte: Sí, a veces se ve en la población trans una recurrencia a pocos modelos que podrían resumirse en una diva, en una Marilyn Monroe. Creo que llevará su tiempo ir ampliando, y aquí juegan los modelos que ofrece la cultura, incluida la historieta. Tengo 62 años, no voy a tomar hormonas, ya no me hacen efecto, y todo lo relacionado con cambios quirúrgicos me asusta mucho. Creo que la práctica me ha hecho elegir mejor lo que me voy a poner, y entiendo que la ropa es una forma de expresión. Tuve una prótesis de cola que usaba con calzas, y ya no me la pongo. Tengo corpiños armados en casa, pero que no se pueden usar con cualquier vestido. Pero bueno, de a poco empecé a gustar de mi cuerpo sin pechos, tal vez me pondría siliconas. Uso láser para la barba y también crema antiarrugas, pero la verdad es que invierto más dinero en mi gata Celina que está parapléjica. Pienso que lo que le pasa a Hugo representa lo que le pasa a mucha gente. Y creo que con tus mujeres te ocurrirá lo mismo.

Maitena: Una vez me escribió una chica de 14 años diciendo que ella se depilaba los bigotes y que pensaba que era algo vergonzoso y que era la única a la que le pasaba. Y me contó el alivio que le dio ver en mis chistes que todas lo hacemos.

Laerte: Yo me pregunto si hay que crear otro lenguaje para incluir los temas de género. Para decir que lo masculino y lo femenino no están condicionados por la biología. Históricamente se van marcando las pautas para representar el modo de ser femenino y el modo de ser masculino. Hay que ver cómo hacer para que desde la forma en la que encontramos de contar las historias vayamos alejándonos de esa basura.

Maitena: El humor necesita romper con algo, reírse de algo, desarmar algo. Tiene que agarrar algo natural y tomarlo como raro o diferente. O agarrar algo muy diferente y tomarlo como algo natural. Pero ese proceso mental un poco tiene que suceder solo. Si me preguntan cómo se hace, yo no sé cómo se hace el humor. Cuando uno encuentra la fórmula, el humor deja de ser gracioso. Cuando se escribe humor hay que llevar adelante una pelea con los prejuicios hasta el límite, riéndote y burlándote de todo. Hay gente que dice “no te podés reír de esto”. Bueno, sí, yo creo que como ejercicio se puede hacer.

Laerte: Esa idea de corrección política aparece en un momento en el que los movimientos sociales han podido superar viejas consignas para desarrollar nuevos modelos de negros, homosexuales, judíos, lo que sea.

Maitena: Cada vez que uno se propone hacer humor sobre un tema específico, no le sale bien. Cuando se hace humor con el preconcepto de que tiene que ser de género, tiene que transmitir cierto mensaje determinado, no funciona.


El futuro aquí y ahora

Laerte: Es cierto que en estos últimos años han cambiado muchas cosas, están apareciendo muchas leyes que reconocen la diversidad. Pero bueno, me molesta un poco la palabra pareja. Pero más me molesta la palabra casamiento, porque en su raíz está la palabra casa. Es la pareja pensada en cuanto a mobiliario, a la familia, los hijos. Me gusta más como se dice en Uruguay, compañero.

Maitena: Y sí, en toda esta transformación tiene que haber también una transformación del lenguaje. Creo que estamos atravesando una revolución que va a llevar a que las parejas ya no vivan juntas. La única razón por la que un hombre y una mujer pueden vivir juntos muchos años es porque tienen hijos. Lo digo porque yo ya tuve varias parejas. La idea de una pareja sin hijos viviendo junta es un embole, es siniestro, porque la convivencia mata toda la gracia de la pasión. Váyanse juntos de vacaciones, pero vivir juntos... Dios mío.

Laerte: ...

Maitena: Hay mujeres que dicen “cada vez hay más gays”. No es así. Siempre hubo la misma cantidad, pero lo diferente de ahora es que lo pueden vivir. Lo pueden elegir desde mucho más temprano. La sensación para las mujeres heterosexuales es que cada vez hay menos hombres... bueno, empiecen a mirar a las chicas. Hay cada vez más maneras de armar familias. No tiene que ser visto como que cada vez hay menos hombres sino que cada vez hay más posibilidades. Todo eso se cae a pedazos. Claro que hay muchas mujeres que tienen todavía en la cabeza al príncipe azul que les metió la cultura, bueno, váyanse enterando: no existe. ¡Ningún hombre quiere hacer todo eso!

Laerte: ...

Maitena: ¿Por qué te quedás tan callada?

Laerte: No... Me quedé pensando... Vos creés que se está cayendo solo a pedazos ... ¿o que tendríamos que darle un empujón?



POR: PAGINA12.COM.AR
FOTOGRAFÌAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

jueves, 1 de agosto de 2013

¿Quièn es quièn? P/ Enrique P. Sen y Daniel Mainè. " Al puto con humor"

¿Quién es quién?', un libro que analiza las tribus del ambiente gay en clave de humor. Es obra de Enrique P. Sen y el ilustrador Daniel Mainé. "Si quieres ligar nunca te rías de la preselección de Suecia para Eurovisión"


¿Quién es quién?, guía ilustrada del ambiente para gays desubicados (Diábolo ediciones) es una divertida guía en la que, con gran sentido del humor, Enrique P. Sen nos habla de los distintos tipos de gays, ayudado por las divertidas ilustraciones de Daniel Mainé (Beartoncity).

"Esta guía es un pequeño libro que analiza las distintas tribus que pueblan el ambiente gay en clave de humor y con una pequeña dosis de mala leche -asegura Enrique-. No pretende ser un experimento sociológico ni un vademécum, sino simplemente un divertimento irreverente, aunque una observación detallada de las ilustraciones o una lectura entrelíneas de los textos pueda mostrar una interpretación algo más profunda".

A pesar de que en el libro categoriza casi 50 tipos de gays (la marica pija, el Leathertón, el clembuterol, el oso, la marimilitanta, el chulosport, el maricatólico, el psycho gay...), Enrique asegura que: "Fundamentalmente son dos tipos: los que exteriorizan su condición sexual en su indumentaria o comportamiento y los que no. Y dentro de los primeros… infinidad. Y por supuesto que hay gente que no encaja en ninguna de las tipologías del libro o que podría estar enmarcada en varias. Cada persona es un mundo".


Basado en personajes reales

Lo más curioso es que todos estos tipos de gays están inspirados en personas reales que conoce Enrique: "Evidentemente, con su dosis de fantasía, es un libro basado en la observación a los que me rodean. Estoy yo, están mis amigos, conocidos, sus parejas, sus rollos, sus ex… Cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia, y espero que después de leer según qué párrafos alguno me siga dirigiendo la palabra".

En cuanto a los tipos más comunes de gays: "Los que exteriorizan su condición son los más llamativos, como una loca, una leatherona, una marimilitanta o un oso. Sin embargo yo diría que son más numerosos los que se podrían llamar "categorías gay por comportamiento": el armariado, la parejita ideal, el maricatólico, el sexadicto… Son el verdadero ejército gay en la sombra".



También hay algunos tipos de gays más llamativos: "Me parece interesante hacer hincapié en los gays que superan lo que llamamos "mediana edad" y que en un mundo dominado por el culto a la belleza y la juventud son ignorados sistemáticamente no sólo por el resto de los gays, sino por toda mención que de los gays se hace en cualquier medio de comunicación. Parece que sencillamente no existen. Entre ellos, me hacen mucha gracia y tengo mucho cariño a unos muy característicos: la pareja de "tío con sobrino", aparentemente tan discretos pero tan identificables".


"Un gay bakala es clavadito a cualquier macarrilla poligonero"

Preguntamos a Enrique si los heteros también podemos dividirnos en tantos grupos distintos: "Ah, ¿eres hetero? Lástima. (#festivaldelhumor). Por supuesto que sí, todo el mundo tiene un sentimiento gregario de sentirse parte de una comunidad intentando asimilar indumentarias o actitudes comunes. Y ay de aquél que se salga de lo convencional".

"Lo único es que los heteros no se reúnen en determinados puntos concentrados de las ciudades ni se manifiestan para reivindicar el orgullo por su condición sexual (porque colapsarían el tráfico, que dijo nosequién). Un gay bakala es clavadito a cualquier macarrilla poligonero. Un hetero pijo no se diferencia mucho de una marica pija, salvo que probablemente no se sepa los precios de los bolsos de las boutiques de la calle Serrano de Madrid. Y si se los sabe, yo desconfiaría".


"No soy un consultorio sentimental"

En el libro no encontraréis trucos para ligar: "No. No soy un consultorio sentimental ni un programa de confidencias. E incluso creo que si proporciono algún truco no es sobre lo que hay que hacer, sino sobre lo que no hay que hacer o lo que hay que callarse para no perder un buen polvo. Nunca te rías de la preselección de Suecia para Eurovisión o digas que El Señor De Los Anillos es un coñazo. Si has conocido a un talifán o a un frikigay ya lo puedes dar por perdido".

Desde hace tiempo, Enrique P. Sen tiene un blog en internet de gran éxito: Pasa el Mocho. "La guía no está inspirada en mi blog,aunque tengan puntos en común ya que Pasa el Mocho nació en 2006 y siete años dan para mucho. Es un blog personal en el que doy rienda suelta a todo lo que se me pasa por la cabeza: las anécdotas que me ocurren a mí y a mis amigos (convenientemente noveladas, claro), comentarios sobre la última película que he visto, el bar o restaurante al que hemos ido, el videoclip novedad de turno o el chulángano impresionante que está invadiendo internet".


"El blog es una especie de diario personal escrito en un tono mucho más banal y ligero. De hecho, quien se acerque al blog desde el libro verá que son muy distintos, y en el sentido opuesto ya hay quien se ha sentido decepcionado por el libro porque esperaba encontrarse con un estilo mucho más de blog" -asegura Enrique-.






Ilustrado por Daniel Mainé

Para distinguir a los distintos tipos de gays  tenemos las estupendas ilustraciones de Daniel Mainé (Beartoncity): "Los dibujos de Daniel son esenciales, porque no sólo ilustran sino que también complementan las descripciones. Aunque parezcan sencillas, están repletas de pequeños detalles que hay que buscar y que dicen mucho".

"Lorenzo Pascual, de Diábolo Ediciones, quería una guía de fichas individuales, con una tipología en cada página con su descripción y características, a modo de las guías de superhéroes de cómic, o de personajes de Star Wars. Yo me divertía imaginando un libro del tipo los cuentos ilustrados por María Pascual de la editorial Toray que leíamos a escondidas de pequeños porque eran cosa de chicas, sólo que con chulazos en vez de niñas lánguidas de tirabuzón y miriñaque. Y Daniel iba más por el terreno de la tira cómica, de la historieta en cada tipo. Al final es todo una mezcla de las tres cosas y gracias al impresionante trabajo de maquetación de Nacho Casanova ha quedado un libro muy atractivo".


Enrique nos confies que actualmente trabaja en: "Una pyme del tan castigado sector de la construcción, así que te puedes imaginar la liberación mental que supone poder haber escrito este libro. De momento sigo dedicándome a mis blogs y esperando abierto a toda proposición deshonesta que cualquier editorial quiera hacerme".



POR: JESÚS JIMÉNEZ - RTVE.ES
IMAGENES: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

viernes, 26 de julio de 2013

SUPER MARIO Y LUIGI BROS SALIERON DEL ARMARIO. SEGÙN SUS CREADORES NO SON HERMANOS, SINO PAREJA.

"Súper Mario Bros es un juego gay", reveló su creador. El diseñador Shigeru Miyamoto confesó que el juego era una alegoría a la comunidad homosexual donde Luigi y Mario no eran hermanos, sino amantes.


Para generaciones de fanáticos de los videojuegos, sin dudas será una sorpresa la ideología oculta detrás del popular juego "Súper Mario Bros". Según reveló días atrás su creador, Shigeru Miyamoto, el juego de los supuestos hermanos con bigotes era inicialmente una alegoría a la comunidad gay donde Luigi y Mario no eran hermanos, sino amantes gay.

"Esa fue la intención original del juego, era un juego cargado de signos de la cultura gay, Luigi y Mario eran pareja gay tratando de enfrentar los retos de una sociedad que los rechaza", reveló Miyamoto, ante la insistencia de la prensa al pedirle opinión por un estudio que sugería que los chicos en la actualidad percibían a los personajes como una pareja.


"Más adelante, al introducirlo al mercado internacional se adecuaron algunos contenidos e intenciones para llegar a un público occidental, pero si observan con cuidado, muchos de los conceptos originales están presentes", añadió el diseñador y productor de videojuegos japonés que trabaja para Nintendo desde 1977, en el marco de la presentación del juego de estrategia Pikmin 3.

Antes de la revelación oficial, algunos investigadores como James Gardner de la Universidad de Wisconsin sostenían que diversos elementos de "Súper Mario Bros" eran claras referencias a la sub-cultura gay.

"La princesa, no es real sino que es una alegoría a la feminidad tradicional representada como un símil de la homosexualidad", afirma el sitio Cienciaseminal.com.


Además, en el juego los "amantes" luchan constantemente, castillo tras castillo, para "al final aprender que la identidad gay va más allá de una simulación de lo femenino".
Por otro lado, también existen distintos elementos fálicos en el juego: para poder terminar cada nivel, Mario y Luigi se tienen que deslizar por un asta; para pasar de un lugar a otro deben saltar o ingresar en tubos; y para ganar vidas o beneficios deben saltar sobre hongos que poseen similitudes con el glande masculino.

Otros investigadores como James Paul Gee, consideran que el hecho de que ambos personajes sean plomeros es una clara alegoría a la homosexualidad ya que su ocupación principal es revisar tuberías.

Por último, otros análisis revelaron que el enemigo por antonomasia de la pareja, Koopa, es una versión de la masculinidad exagerada, "el monstruo del machismo", que es combatido cuando Mario o Luigi, literalmente, se lo montan.




POR: DIARIOUNO.COM.AR
IMAGENES: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

sábado, 10 de noviembre de 2012

SUPERHÈROES. SUPERGAYS. LA LIBERACIÒN

Superhéroes de la liberación gay

De nutrirse de estereotipos homófobos a convertir a un gran superhéroe americano en un personaje gay hay un gran trecho. Las editoriales de cómics norteamericanas lo han recorrido lentamente, reflejando los cambios sociales y abriendo camino, poco a poco, en un mundo a veces dominado por la testosterona, la violencia y los valores conservadores. Ha habido instancias, sin embargo, en las que los cómics han arriesgado de forma valiente, empleando metáforas o símbolos para asumir una diversidad que a veces se prohibía desde los códigos morales oficiales. El resultado es una normalización que ahora lleva bodas gais a las mismas portadas de los cómics.


Linterna Verde nació en 1940. Es solo dos años menor que Superman y uno mayor que el Capitán América. Como ellos, encarna un ideal, en términos algo más wagnerianos. Si Superman y el Capitán América tienen una fuerza sobrehumana por motivos diversos, Linterna Verde tiene un anillo, como el de la célebre ópera de Richard Wagner, pero hecho de un material verduzco y extraterrestre, capaz de hacerle volar, atravesar paredes y destrozar lo que se le ponga por delante. Su misión es defender la justicia y el bien, en beneficio de la patria norteamericana.


¿Qué ha pasado para que, en siete décadas, ese personaje sea un icono de liberación del movimiento gay? En los cuarenta, Linterna Verde era un señor casado y con dos hijos. En un número de este verano de Tierra 2, una nueva serie de la editorial DC Comics, el Linterna Verde original, Alan Scott, saluda a su novio con un beso en la boca, mientras le dice: "Dios mío, cómo te he echado de menos". En una de sus varias encarnaciones sucesivas, el superhéroe luce novio de la mano, sin importarle en absoluto el qué dirán. Para atreverse con un gesto como ese, en un mundo como el de los cómics, es cierto, a veces hace falta ser todo un superhéroe.


Implicaciones gais, en el mundo de los superhéroes, siempre las ha habido. Ahí está Wonder Woman, llegada de una isla, Themyscira, repleta de amazonas y carente de hombres. A Aquaman le cambiaron brevemente el traje en el año 1986, por uno inspirado por el artista Leon Bakst y el bailarín ruso Vaslav Nijinski. Y la cercanía entre Batman y Robin no es solo un asunto de chistes y chascarrillos. El psiquiatra Fredric Wertham escribió en el año 1954 un sonado —y hoy ridiculizado— libro titulado Seducción de los inocentes. En él aseguraba que los cómics eran una mala influencia para los más jóvenes, y que podían incitar a comportamientos delictivos.


"Solo alguien ignorante de los fundamentos de la psiquiatría y de la psicopatología del sexo podría no darse cuenta de la sutil atmósfera de homoeroticismo que permea las aventuras del maduro Batman y su joven amigo Robin", escribió el doctor Wertham. "Para los niños, Wonder Woman es una imagen que da miedo. Para las niñas es un ideal mórbido. Donde Batman es antifemenino, la atractiva Wonder Woman y sus aliadas son, definitivamente, antimasculinas". Indicaba, además, que en Wonder Woman había subtextos lésbicos y de bondage, o roles sexuales de esclavitud.


Aquello era en 1954. Tal y como explica Ramzi Fa-wad, doctor en Estudios Norteamericanos y lector en las universidades de Georgetown y George Washington, antes de los años sesenta, "los superhéroes encarnaban una gran masculinidad y abrazaban el ideal del vigilantismo justiciero para defender la seguridad nacional". "Entonces el superhéroe, emergido después de la Gran Depresión, era una personificación de la síntesis entre los seres biológicamente naturales y las tecnologías de la sociedad industrial", añade. Un ejemplo claro es el de Capitán América, de Marvel, que era en realidad un experimento, un ser humano mejorado.


Luego llegó una hornada de cómics revolucionaria, justo en el umbral de la década de los sesenta. La quintaesencia: la Patrulla X, un cómic creado por Stan Lee y el dibujante Jack Kirby, que comenzó a publicarse en la editorial Marvel en 1963. "Los personajes, a partir de entonces, aparecieron como un grupo con características monstruosas, con lo que se vino a llamar mutaciones, que procedían a veces de particularidades genéticas o de experimentos atómicos. Ya no eran ciudadanos ejemplares en sus naciones, sino unos parias, apartados de la sociedad, que debían demostrar su buen civismo ante las dudas de sus conciudadanos", añade Fawad.


La primera Patrulla X la conformaba un grupo de jóvenes urbanos, todos de raza blanca, reclutados por el profesor Xavier para formar un equipo de superhéroes. En el año 1975, Marvel los reinventó, de la mano del guionista Len Wein y el dibujante Dave Cockrum. Ya no eran todos adolescentes. Tampoco eran todos norteamericanos o de raza blanca. Representaban una gran diversidad.



POR: ELPAIS.COM / IT10DIGITAL.COM
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

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