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martes, 17 de febrero de 2015

Madonna: Ese Puto pero Viejo y Fiel amor del colectivo LGBT hacia la reina madre del pop.

HABEMUS NUEVO DISCO DE MADONNA
¿Quién era esa chica? Un recorrido crítico por la historia de amor entre la Queer Queen y sus fieles lgbtti


MAMITA QUERIDA

La llegada de un nuevo disco de Madonna (acaba de aparecer el decimotercero, Rebel Heart) siempre augura multiplicidad de reacciones mariconas. ¿Por qué será? Reina que resiste su largamente anunciado ocaso, se enfrenta como torero y como cornuda a un set de prejuicios bien resistentes aun entre las pretensiones más progres: es una mujer poderosísima, política y sexualmente extrovertida y, lo que parece más grave, pretende seguir pisando los escenarios semidesnuda a los 56 años. Este compendio esencial de los puntos que sustentan el amor entre Madonna y los raros del mundo es también una posible respuesta a la pregunta sobre qué se entiende y qué se entendió por cultura gay, y qué filiación existe entre el pop, el puto y el pueblo.


Resulta abrumadora como tarea enciclopedista la perspectiva de elaborar un catálogo de argumentos y razones por los que el romance dulce entre Madonna y los putos ha conseguido atravesar (más bien, definir) épocas y moldear conductas. Uno recapitula y aparecen imágenes emblemáticas que constituyen el código genético de muchos de nosotros, como el bustier cónico de la gira Blonde Ambition (aunque en rigor todo ese show era un increíble puterío de hora y media); aparecen las cruces en llamas y el éxtasis místico-erótico de “Like a Prayer”; y por qué no también los destellos de afectación latina que van desde “La isla bonita” hasta el clip de la reciente “Living for Love”. Continúa el agobio: está el beso envenenado a Britney y a Christina Aguilera en 2003; está la arenga que detona “Express Yourself” desde sus acordes primeros; está el clip sadomaso para “Human Nature”. Están las múltiples encarnaciones, las Madonnas versionadas aludiendo a grandes divas, o la que impuso la moda cowboy cuando editó el disco Music. Son demasiados los argumentos e incontables los puntos de contacto entre su carrera, que supera las tres décadas, y la cultura gay.

Resistencia y reinvención

Empezaremos entonces por uno de los últimos episodios, al menos hasta el cierre de esta edición, en esta historia maricona que nos sigue imantando a la reina del pop. En la entrega de los premios Grammy del domingo último, Madonna ofreció la primera interpretación en vivo de su último single, “Living for Love”, poseída de matadora en traje de luces corto bermellón y negro, y rodeada de varias docenas de minotauros danzantes. La situación más reproducida de la noche, sin embargo, no tuvo lugar sobre el escenario sino en la alfombra roja, cuando Madonna llegó a la entrega luciendo una variante del estilo torero y tuvo que acomodarse la falda debido a un aparente problema de vestuario, mostrando de paso la cola a los fotógrafos. Shock: a los 56, aún se anima a provocar exhibiendo su cuerpo, que por otro lado ya es algo así como un bien de uso público desde que hace más de dos décadas editara el libro de imágenes y textos eróticos SEX. Es esta voluntad de causar conmoción al transmitir su mensaje la que la acerca a los putos como si nos conociera desde siempre. Son las ganas de armar un poco de revuelo, de hacer que el resto de lxs presentes se digan entre sí por lo bajo: “Miren, ya llegó la liera”. (Papa Francisco: ¡esto es lío!)

Así como a lo largo de su carrera se ha dedicado a agitar nociones de toda índole –religiosas, sociales, políticas, sexuales, de género, y más–, la Madonna que hoy existe es, desde hace algunos años, una destructora de las fronteras que limitan lo que solemos llamar “juventud”. Ella está dispuesta, y qué bien hace, a seguir mostrándose como la mujer dominante y sexual que es, ya sea por impulso o por utilidad, en su entrada a una entrega de premios o posando en topless para una producción de fotos. La resistencia general sigue firme ante esta etapa de la carrera de Madonna, incluso más que cuando el sangriento video de American Life tuvo que ser retirado del aire televisivo después de una oleada de salvaje nacionalismo yanqui en pleno conflicto con Irak. En ese caso tuvo que vérselas con sus compatriotas; ahora todo el planeta la señala.

Uno de los costados innegables del paso del tiempo es la distancia cada vez mayor entre ella y las generaciones nuevas del público que consume música y paga tickets, un nicho que desde que inició su carrera vio disminuido su promedio etario drásticamente y al que desea satisfacer por todos los medios. Esa distancia le viene causando hace ya tres discos una confusión de darkroom en las influencias musicales que escogió para cada caso. Otrora pionera y visionaria en sus elecciones, en Hard Candy (2008) capturó a Timbaland y Pharrell, productores de hip-pop con hartos éxitos en su haber, pero ya en ese entonces demasiado escuchados; MDNA (2012), a pesar de ser el mejor título de un disco en toda la historia del sonido, terminó por ser un desparejo amasijo electro pop sin una línea sólida; Rebel Heart, desde los primeros leaks en diciembre hasta la versión definitiva que hoy se conoce, carece de hits y suena alarmantemente chato.

Líneas sucesorias

De las popstars que ocupan la escarpada brecha existente entre Madonna y el público sub-25, Lady Gaga es la única que por ambición, talento como compositora e inteligencia en sus declaraciones logró acariciar por un buen rato el cetro real. Sin embargo, el atrevimiento que demostró al copiar parte de “Express yourself” en la melodía de “Born this way” hizo que Madonna reaccionara y la desmenuzara a fuego lento, llegando incluso a versionar parte del tema de Gaga en su gira de 2012. La disputa entre ambas es comidilla de maricas desde hace años, y cada nuevo capítulo suscita toda clase de debates y conjeturas.

Otras divas pop de relevancia mucho más reciente que son banda sonora de putos teen y no tanto, como Lorde o Miley Cyrus, pueden estarle agradecidas por haber sido una popstar pionera en la toma de partido en debates sociales y políticos. Es más: su cuerpo de obra ayudó a abrir discusiones álgidas de diversas clases, y sigue haciéndolo, aunque en menor medida. Así como Gaga ha peleado desde siempre por la igualdad de las minorías, principalmente las sexuales, otras divas flamantes se manifiestan, por ejemplo, sobre tópicos de derechos civiles, entre otros temas antes ajenos al horizonte de opiniones de una estrella del pop. Es más: hoy es esperable que una figura de estas características se exprese políticamente. Téngase por caso a las raperas Azealia Banks e Iggy Azalea, que se trenzaron tweet tras tweet después de que la primera (afroamericana, nacida en Harlem) le reclamase a la segunda (blanca, australiana) no haber emitido parecer alguno luego del asesinato del joven afroamericano Michael Brown en manos de un policía blanco. Estas son las voces a las que hoy prestan atención muchas de aquellas personas que en no demasiado tiempo más habrán adquirido el poder de producir y profundizar cambios a nivel sociocultural.

La voz que nos orienta

No es Madonna quien les habla a esos gays, aunque mucho se encapriche en querer hacerles llegar su mensaje. La “cultura gay” como se la conoció durante años y hasta hace no tanto, a estas alturas ya deschavada en su anacronismo, fue durante al menos dos décadas fuente de información y a su vez destinataria de material por parte de Madonna. Es que una de las claves del buen funcionamiento del pop es el feedback incesante entre lo que la gente necesita consumir y lo que la industria pretende vender, y esto es algo que ella comprendió, aun con altibajos, desde muy temprano en su carrera y hasta mediados de los años 2000. Recuérdese por ejemplo la genial perspicacia con que, en 1990, tomó para sí el surgimiento del voguing en los ballrooms de los barrios neoyorquinos de afroamericanos y latinos pobres, convirtiéndolo tan luego en destello histórico para la comunidad cuando lo volvió furor entre todas las maricas del mundo que no tenían idea de su existencia.

Mucho más tarde, en 2005, tuvo el atrevido gesto de escribir personalmente una misiva a los miembros de ABBA para pedirles autorización y poder así samplear “Gimme, Gimme, Gimme”, con seguridad la canción más gay del cuarteto sueco –lo cual es muchísimo decir–, resultando en el temazo “Hung up”, cuyo estribillo posee una potencia tan mareante que resulta muy arduo escuchar la composición original sampleada sin silbar la letra que Madonna le cantó encima. Es decir, ella actuó una vez más como catalizadora cultural y de la iconografía pop más primaria, de modo tal que el contenido de origen fue transformado en algo nuevo y distinto, volviéndolo suyo, firmado por ella. Y si en estos dos casos hablamos de mariconadas primigenias como el voguing o el éxito de ABBA, los resultados respectivos vinieron a ser mariconadas al cuadrado. Hay muchos más hitos de la cultura popular que Madonna volvió obra propia: la figura de Marilyn y su secuencia en Los caballeros las prefieren rubias, vuelta video de la canción con que la prensa preferiría apodarla a partir de entonces, “Material Girl”; la androginia sugestiva de Marlene Dietrich, citada sobre comienzos de los ’90 en look y en preferencias sexuales; el papel de Evita en el conocido musical, rol por el que se dijo en muchas ocasiones que la monarca pop peleó un buen trecho; la diva disco Raffaella Carrà, referenciada en toda la era Confessions, o las mujeres de ABBA, que inspiraron a Jean Paul Gaultier para calcar el diseño de uno de los outfits de esa gira.

Mamá, no sermonees

Volvamos ahora a procurar una nómina, incompleta pero bienintencionada, de aquellos vínculos que durante veinticinco años sostuvieron en pie este templo de idolatría recíproca dada entre los putos y Madonna. Ella conoció muy temprano las pistas de baile de las discotecas gay y se sintió libre solamente allí, comprendiendo con instinto que era ése el ámbito en que se darían los pasos evolutivos de mayor importancia en la música pop venidera; son esas mismas pistas las que musicalizó con himnos en los que habló de amor y desencanto, de la obsesión por lo material y la obsesión por lo espiritual, de virginidad acalorada, de sexo anónimo, de derecho al aborto. Se dedicó a señalar a la Iglesia Católica en épocas en que hacerlo podía costarle un arresto, como estuvo a punto de ocurrir en más de una ocasión. Se pronunció desde las etapas más tempranas de la epidemia de VIH/sida, promulgando la prevención y condenando la estigmatización de la población homosexual. Mantuvo el pulso firme sobre aquello que ebullía en las subculturas y lo volvió espectáculo masivo, eligiendo bailarines en discotecas o favoreciendo a productores musicales casi desconocidos.

El ocaso de la cultura gay y el arribo al mercado de consumo de las generaciones criadas en la era Internet, no obstante, la vienen descolocando hace rato, a veces de manera vergonzosa. Es incomprensible que ya haya pasado casi una década desde la última vez que convocó a un músico dispuesto a crear para ella un sonido que la empape de relevancia (que no es lo mismo que forzarla a innovar en falso). Su equipo de management actual no sabe contener situaciones como las filtraciones recientes: el disco masterizado completo está en la red hace más de diez días y, sin embargo, la versión oficial aún no puede adquirirse en iTunes. Y mejor no hablar de Madonna y las redes sociales, a las que se sumó muy tarde y con torpeza casi imperdonable, y que fueron plataforma de exabruptos dignos de una millonaria quejosa, como cuando el leak de algunos demos y de fotos sin retocar la llevó a decir en un post de Instagram (que luego eliminó) que se sentía “violada” y que lo acontecido no era otra cosa que “una forma de terrorismo”. Todo esto pocas semanas antes de publicar, en la misma cuenta de la misma red social, la infame frase “Je suis Charlie Hebdo” post-ataques a la redacción de la revista francesa. Con el aparato promocional funcionando a toda potencia entre apariciones y entrevistas, eso sí, recurrió a la popular aplicación de levante Grindr para premiar a cinco trolos afortunados que podrán chatear con ella (!!!) si salen sorteados después de subir una foto suya emulando la tapa del álbum.

Basta de enojo y quejas. Este artículo concluirá con una breve reflexión personal de quien escribe, en un intento final de hacer honor a la estrella pop de mayor influencia en la historia junto con Michael Jackson. Un día después del último show que Madonna ofreció en 2008 en la Ciudad de Buenos Aires con su gira Sticky and Sweet, fui a visitar a mi madre, quien inmediatamente después de saludarme con un abrazo me preguntó: “¿Y qué tal estuvo la Reina?”. Fue en ese instante cuando supe, más claro que un rayo, que Mami no hay una sola.


Por: Ignacio D’Amore
Imagen: Web
Arreglo: AC

sábado, 18 de octubre de 2014

Polémica: Revista Barcelona trata al Papa Francisco de Putazo. Ironía vs Irreverencia ??

La palabra de la comunidad gay sobre la polémica tapa de la Revista Barcelona. La publicación muestra a Francisco con maquillaje y la palabra "¡Putazo!" a su lado.


La última tapa de la revista Barcelona trajo muchos comentarios y despertó la polémica. En la publicación se puede ver la imagen del papa Francisco con maquillaje con la palabra "¡putazo!".

Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, habló en el programa "Hola Chiche" y comentó: "Es muy fiel al estilo Barcelona. Parecía que se venía una 'Revolución Rosa' y vemos que terminan ganando los sectores más conservadores".

Y agregó: "Hacen una denuncia desde la ironía y el sarcasmo que ejemplifica los imaginarios que circularon en relación a la homosexualidad. No vemos que se hayan apartado de su línea editorial histórica, no nos parece ofensivo para nada. Sí les puede resultar así para gente del culto católico al verlo a Francisco así".

Además, explicó que la Iglesia católica juega un rol "importante" en los 77 países donde la homosexualidad es considerada un delito y que en 7 de ellos tiene condena de muerte.

"Francisco intenta empujar un cambio pero es insuficiente porque hay una resistencia enorme y es un tema complejo que tiene influencia en la vida de muchas personas", concluyó.


Por: Diarioveloz.com
Imagen: web
Arreglo: AC

domingo, 17 de noviembre de 2013

Chaikovski con Putin o sìn Putin ..... muy Putin. ¡Loca y Patetica! Chaikovski pathetic gay...

MENOS PUTIN MÁS PUTINES

A 120 años de la muerte de Tchaikovsky las leyes homofóbicas en Rusia imponen un regreso a lo peor del pasado. Se cumplieron 120 años de la muerte de Tchaikovsky y Rusia lo festeja financiando una biopic que censura toda alusión a su vida homosexual. Además, brinda con leyes que reprimen no sólo la homosexualidad, sino también la más remota alusión a ella o a lo que se le parezca. La flamante legislación permite detener gays o pro gays turistas antes de deportarlos. Entre las protestas de adentro y de afuera se solicita a los Estados que apoyen el boicot a los juegos olímpicos que se planean para 2014. SOY se suma haciendo memoria sobre las plumas de los cisnes y revisando las biografías de Tchaikovsky que, escritas lejos de su país, revelan una arqueología de la homosexualidad y las formas de castigarla.


El actual ministro de Cultura de Rusia, Vladimir Medina, sin que nadie se lo pregunte declara que todo es una patraña, Tchaikovsky no era gay. Y para desmentir, miente un poco más: “Haciendo historia, recuerden que hubo rumores de que el famoso asesino de Rasputín, el príncipe Félix Yusupov, se vestía de mujer y que luego se comprobó que era una patraña (palabra que eligen los periódicos españoles para ajustarse a ese estereotipo de ruso malhumorado pero con maldad de comic)”. El ministro, borrando a los homosexuales del mapa histórico (y con suerte, del mapa) les quita dramatismo a las leyes homofóbicas que escandalizan al mundo, mientras de paso justifica el haber revisado cinco veces el guión de una película sobre Tchaikovsky para terminar aprobando la versión que no sólo elude el componente homo sino que lo vuelve, si no un latin, un romantic hetero lover. Medina no niega una realidad, propone otra que se ajusta a una ley de su gobierno que impide “hablar acerca de o hacer propaganda”, una reglamentación que apunta a la libertad de expresión más que a un tema estrictamente sexual. El ministro pasa por alto las Memorias de Yusupov, donde cuenta que a veces se vestía de mujer y confirma su relación con otro conspirador, Dimitri Pavlovich, reconocido bisexual de la época zarista. También deslee las biografías de musicólogos especializados en Tchaikovsky que aparecieron apenas se abrieron los archivos cerrados por sus contemporáneos (y recontra cerrados después por el comunismo, que no habría tolerado un puto héroe puto), quienes conocían bien el escándalo de alcoba, el ajusticiamiento de sus pares y la posterior muerte ridícula a los 51 años luego de ingerir, supuestamente, agua con cólera.


Si de Shakespeare, Miguel Angel, Leonardo y otros fantasmas ejemplares se tejen conjeturas que acentúan lo anacrónico del proyecto de desenclosetamiento póstumo, el caso Tchaikovsky derrocha cartas ardientes, diarios íntimos castos pero no reticentes, listas de amores o sobrinos casi siempre recogidos entre alumnos del conservatorio, asistentes, hijos de la nobleza cuando no dentro de la propia familia. Ya en 1920 aparecieron los primeros testigos que avalaron la hipótesis del suicidio obligado luego de que lo descubrieran in fraganti con el sobrino del zar y luego de pasar por una junta privada que le dio a elegir: arsénico o escarnio.


La puta elite

Pero el problema entonces no residía en que Tchaikovsky fuera homosexual, el problema era que Tchaikovsky era un gran músico, el mejor. Autor de melodías que podríamos tararear por siempre hasta los más negados, El Cascanueces, El lago de los cisnes, La Obertura 1812... Y para colmo, que esos temas que pasarían a la cultura popular y a nuestros niños con Disney y Mickey como embajadores, hubieran estado inspirados, no como la política de las musas lo ordena, sino por efebos. Cómo tolerar que uno de los movimientos de la Cuarta Sinfonía se atribuya a su desesperación por no poder ser normal, que la Obertura de Romeo y Julieta sea una despedida a su pupilo y amante Eduard Zak que se suicidó en 1873 y que la Patética esté directamente dedicada a su gran amor, con quien compartió viajes, cuartos de hotel y muchos años hasta su muerte, Vladimir Davidov (hijo de su hermana Alexandra) y heredero del testamento firmado antes del cólera. Cuando le preguntaron por un mensaje encubierto en esa pieza, el mismo autor respondió que lo dejaba liberado a interpretación...

Lo mismo que Oscar Wilde, que casi por esos años terminaba preso y arruinado por designio de la Corte de su reina bajo los cargos de sodomía. Versión inglesa, versión rusa, buscar allí las diferencias de estilo. En un momento en que la prohibición no estaba tipificada, cuando todavía se apuntaba a una práctica y no a un modo de ser en el mundo, ambas celebridades “fueron” lo que otros “hacían” no tan en secreto como se supone, ni con tanto tormento como mostraron las películas bienintencionadas de los años setenta en adelante. Prueba de esto son las cartas de amantes anónimos, hombres y mujeres, que van saliendo a la luz en trabajos académicos y donde la homosexualidad que aún no decía su nombre aparece relatada en asuntos de convivencia, sociedades, relaciones paralelas consensuadas con los mismos cónyuges, amistades que hoy merecerían el nombre de poliamor, tal vez orgías al paso, u “hombres que tienen sexo con hombres”.


Como ejemplo: el testimonio del hermano de Tchaikovsky, homosexual también y dramaturgo, por estos días recordado por las dos primeras condiciones y nada por la última, que no parece haber vivido en el mismo país, ni en la misma época ni nacido en la misma familia. Modest Tchaikovsky vivió 17 años con su novio Nikolai Hermanovich Konradi (1868-1923), un chico sordomudo que adoptó cuando éste tenía 18. Modest no se casó nunca y no parece haber negado al menos entre sus íntimos su gusto por los muchachos. Claro que no se codeó con la nobleza y vivió en su submundo de actores bohemios. El mismo revela cartas y escribe en la biografía sobre su hermano: “Sus amigos más íntimos eran siempre hombres”.

El estigma no se había democratizado aún, Wilde y Tchaikovsky nacieron con estrella en el buen y el mal sentido. Los ballets, las sinfonías, el paseo con muchachos, la mala suerte de casarse con una mujer que no comprendió las reglas del pacto, su obstinado rechazo al cuerpo femenino y su debilidad por ser el niño mimado de la aristocracia, armaron la figura decadentista que dio lugar al modelo de genio degenerado. Aún con la vergüenza que destilan estas cartas persiste la convicción de que la vergüenza viene impuesta desde afuera. Una altanería imperdonable late en la pose de estos grandes anormales cuando deslizan entre líneas que su “vicio” no está a la altura de los brutos. “Hay personas que no pueden remediar despreciarme a causa de mi vicio. Deseo, por medio del matrimonio o de algún otro lazo público con una mujer, cerrar la boca de esas despreciables criaturas, por el bien mio y también tuyo”, le escribe a su hermano Modesto. “Imparte a mi carácter un obstáculo, miedo de la gente, timidez, inmoderados insultos, desconfianza, en una palabra, miles de cosas debido a las cuales me he hecho más antisocial. Imaginar que usualmente, y por horas a veces, pienso en un monasterio o algo de ese tipo.”


Buenas compañías

Pero a no dramatizar, ya nadie es dueño de su imagen, ni de sus secretos, ni siquiera los rusos. Tchaikovsky es gay. Aunque la palabra no existía en su época, lo es desde 1970. Por obra de la barroca y bizarra mirada de Ken Russell flota como una mariquita entre cúpulas de iglesias rusas, intenta suicidarse pero es tan desdichado que no le alcanza el agua congelada y entonces empina una copita de cristal labrado con agua envenenada. La película se llamó The Music Lovers en su versión original y Pasión de vivir, en un intento de agregar confusión al asunto por parte de los subtituladores de Franco. Desde entonces Tchaikovsky es tan gay como el pájaro que canta hasta morir, como el doctor Kildare, y tendrá para siempre la cara de Richard Chamberlain. Y con él entonces sale del closet en 2003, cuando el actor tiene 68 años, publica sus memorias, Shattered Love, en las que como quien da un dolor a cambio, confiesa una infancia difícil muy parecida –¿adivinen a la de quién?–.

¿Para qué sirve pelearse para tener un antepasado ilustre, romántico, altamente popular, ruso, mártir y gay? Se pregunta en un blog un activista ruso que propone dejar de discutir este asunto, como si siempre hubiera necesidad de referentes y como si no hubiera cuerpos concretos sometidos al dolor. Alguien redobla la apuesta con que tampoco necesitamos el matrimonio igualitario. La discusión termina con una conciliación entre leyes protectoras y reivindicaciones pendientes por fuera de toda ley. Impotencia e incertidumbre aparecen muchas veces. Voy a otra página. El cantante Rufus Wainwright aparece al azar al hacer click también en la búsqueda Tchaicovsky/gay: se declara orgulloso de ser homosexual, tanto que cree que su homosexualidad lo hace mejor artista. No siempre fue así, lo que siempre fue así es un sentimiento de tener “buenas compañías históricas”, Cole Porter, Oscar Wilde y Tchaikovsky.


La única verdad

Polina Vaidman, experta en Tchaikovsky y conservadora del archivo de su casa-museo, baja la cabeza, y en ese movimiento asiente. Quienes siguen estudiándolo desde el exilio han descifrado un sistema de signos tan fascinante como verosímil, donde la vida amorosa del músico puede leerse en clave de sonido. “Cuando decide casarse en 1877, es muy probable que el detonante haya sido el despecho causado por un joven. En esos días está componiendo la carta desesperada de Tatiana en su ópera Eugene Oneguin. “Y Tchaikovsky es Tatiana!”, aseguran biógrafos no necesariamente activistas fanáticos.

Putin, menos putinista que su ministro, declara sin que le pregunten: “Sí, era gay, pero no es por eso que lo queremos. Lo queremos por su música”.

La ley rusa, que gran parte de su población celebra como quien celebra una frazada para el frío autóctono, regula los pensamientos por fuera del régimen y así expertos, investigadores y lectores quedan fuera de juego. Literalmente: el éxodo voluntario es comparable al que se dio cuando cayó preso Wilde en Inglaterra. El método que parece una patraña de comic funciona dentro de una sociedad acostumbrada a disciplinarse pero también en un contexto donde el resto del mundo libre y progresista escenifica los apegos a las ideologías en relación proporcional al precio del petróleo. No es casual que China y Rusia hagan este despliegue de legislaciones antihumanas sin que les cueste más que unos puntos en el intercambio de commodities. Por estos días el actor inglés Stephen Fry lidera (por el momento sin éxito) un pedido a las autoridades de su país y de Estados Unidos para que boicoteen las olimpíadas que están planeadas en Rusia para el año que viene. ¿Cuánto puede costar un gesto tan simbólico y tan alejado de los hábitos interventores de estas potencias mundiales? Un experto en las políticas cambiarias tal vez sepa más que otros expertos sobre el destino de los cuerpos.



Por Liliana Viola - Pagina12.com.ar
Fotografìas: Web
Arreglos: Alberto Carera

jueves, 1 de agosto de 2013

¿Quièn es quièn? P/ Enrique P. Sen y Daniel Mainè. " Al puto con humor"

¿Quién es quién?', un libro que analiza las tribus del ambiente gay en clave de humor. Es obra de Enrique P. Sen y el ilustrador Daniel Mainé. "Si quieres ligar nunca te rías de la preselección de Suecia para Eurovisión"


¿Quién es quién?, guía ilustrada del ambiente para gays desubicados (Diábolo ediciones) es una divertida guía en la que, con gran sentido del humor, Enrique P. Sen nos habla de los distintos tipos de gays, ayudado por las divertidas ilustraciones de Daniel Mainé (Beartoncity).

"Esta guía es un pequeño libro que analiza las distintas tribus que pueblan el ambiente gay en clave de humor y con una pequeña dosis de mala leche -asegura Enrique-. No pretende ser un experimento sociológico ni un vademécum, sino simplemente un divertimento irreverente, aunque una observación detallada de las ilustraciones o una lectura entrelíneas de los textos pueda mostrar una interpretación algo más profunda".

A pesar de que en el libro categoriza casi 50 tipos de gays (la marica pija, el Leathertón, el clembuterol, el oso, la marimilitanta, el chulosport, el maricatólico, el psycho gay...), Enrique asegura que: "Fundamentalmente son dos tipos: los que exteriorizan su condición sexual en su indumentaria o comportamiento y los que no. Y dentro de los primeros… infinidad. Y por supuesto que hay gente que no encaja en ninguna de las tipologías del libro o que podría estar enmarcada en varias. Cada persona es un mundo".


Basado en personajes reales

Lo más curioso es que todos estos tipos de gays están inspirados en personas reales que conoce Enrique: "Evidentemente, con su dosis de fantasía, es un libro basado en la observación a los que me rodean. Estoy yo, están mis amigos, conocidos, sus parejas, sus rollos, sus ex… Cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia, y espero que después de leer según qué párrafos alguno me siga dirigiendo la palabra".

En cuanto a los tipos más comunes de gays: "Los que exteriorizan su condición son los más llamativos, como una loca, una leatherona, una marimilitanta o un oso. Sin embargo yo diría que son más numerosos los que se podrían llamar "categorías gay por comportamiento": el armariado, la parejita ideal, el maricatólico, el sexadicto… Son el verdadero ejército gay en la sombra".



También hay algunos tipos de gays más llamativos: "Me parece interesante hacer hincapié en los gays que superan lo que llamamos "mediana edad" y que en un mundo dominado por el culto a la belleza y la juventud son ignorados sistemáticamente no sólo por el resto de los gays, sino por toda mención que de los gays se hace en cualquier medio de comunicación. Parece que sencillamente no existen. Entre ellos, me hacen mucha gracia y tengo mucho cariño a unos muy característicos: la pareja de "tío con sobrino", aparentemente tan discretos pero tan identificables".


"Un gay bakala es clavadito a cualquier macarrilla poligonero"

Preguntamos a Enrique si los heteros también podemos dividirnos en tantos grupos distintos: "Ah, ¿eres hetero? Lástima. (#festivaldelhumor). Por supuesto que sí, todo el mundo tiene un sentimiento gregario de sentirse parte de una comunidad intentando asimilar indumentarias o actitudes comunes. Y ay de aquél que se salga de lo convencional".

"Lo único es que los heteros no se reúnen en determinados puntos concentrados de las ciudades ni se manifiestan para reivindicar el orgullo por su condición sexual (porque colapsarían el tráfico, que dijo nosequién). Un gay bakala es clavadito a cualquier macarrilla poligonero. Un hetero pijo no se diferencia mucho de una marica pija, salvo que probablemente no se sepa los precios de los bolsos de las boutiques de la calle Serrano de Madrid. Y si se los sabe, yo desconfiaría".


"No soy un consultorio sentimental"

En el libro no encontraréis trucos para ligar: "No. No soy un consultorio sentimental ni un programa de confidencias. E incluso creo que si proporciono algún truco no es sobre lo que hay que hacer, sino sobre lo que no hay que hacer o lo que hay que callarse para no perder un buen polvo. Nunca te rías de la preselección de Suecia para Eurovisión o digas que El Señor De Los Anillos es un coñazo. Si has conocido a un talifán o a un frikigay ya lo puedes dar por perdido".

Desde hace tiempo, Enrique P. Sen tiene un blog en internet de gran éxito: Pasa el Mocho. "La guía no está inspirada en mi blog,aunque tengan puntos en común ya que Pasa el Mocho nació en 2006 y siete años dan para mucho. Es un blog personal en el que doy rienda suelta a todo lo que se me pasa por la cabeza: las anécdotas que me ocurren a mí y a mis amigos (convenientemente noveladas, claro), comentarios sobre la última película que he visto, el bar o restaurante al que hemos ido, el videoclip novedad de turno o el chulángano impresionante que está invadiendo internet".


"El blog es una especie de diario personal escrito en un tono mucho más banal y ligero. De hecho, quien se acerque al blog desde el libro verá que son muy distintos, y en el sentido opuesto ya hay quien se ha sentido decepcionado por el libro porque esperaba encontrarse con un estilo mucho más de blog" -asegura Enrique-.






Ilustrado por Daniel Mainé

Para distinguir a los distintos tipos de gays  tenemos las estupendas ilustraciones de Daniel Mainé (Beartoncity): "Los dibujos de Daniel son esenciales, porque no sólo ilustran sino que también complementan las descripciones. Aunque parezcan sencillas, están repletas de pequeños detalles que hay que buscar y que dicen mucho".

"Lorenzo Pascual, de Diábolo Ediciones, quería una guía de fichas individuales, con una tipología en cada página con su descripción y características, a modo de las guías de superhéroes de cómic, o de personajes de Star Wars. Yo me divertía imaginando un libro del tipo los cuentos ilustrados por María Pascual de la editorial Toray que leíamos a escondidas de pequeños porque eran cosa de chicas, sólo que con chulazos en vez de niñas lánguidas de tirabuzón y miriñaque. Y Daniel iba más por el terreno de la tira cómica, de la historieta en cada tipo. Al final es todo una mezcla de las tres cosas y gracias al impresionante trabajo de maquetación de Nacho Casanova ha quedado un libro muy atractivo".


Enrique nos confies que actualmente trabaja en: "Una pyme del tan castigado sector de la construcción, así que te puedes imaginar la liberación mental que supone poder haber escrito este libro. De momento sigo dedicándome a mis blogs y esperando abierto a toda proposición deshonesta que cualquier editorial quiera hacerme".



POR: JESÚS JIMÉNEZ - RTVE.ES
IMAGENES: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

sábado, 29 de junio de 2013

JONATHAN AGASSI, VIDA DEL REY DEL PORNO GAY ISRAELÌ. "ISRAEL, SEMILLERO DE PUTOS FASCINANTES"

El nombre es seguramente lo único que une a las dos almas que habitan en su cuerpo. El tímido Jonathan Lagner es un israelí, nacido en Nueva York, que se crió en la ciudad de Holón afrontando un entorno escolar y social escasamente amable con su afición al maquillaje y su condición homosexual. El provocador Jonathan Agassi es una estrella mundial en el cine porno gay que salió del armario para llenarlo ahora con una estatuilla del Oscar al mejor actor en este campo.


Jonathan vive entre Berlín y Tel Aviv donde puede ver a su madre  y recuperar su identidad de peluquero y maquillador. Lejos de sus actuaciones sexuales ante los ojos de millones de personas.

Su infancia no fue fácil. Mientras su hermano era el niño popular en el colegio, él era "el del pintalabios y maneras femeninas". "Yo era un niño muy guapo, parecía casi una chica", recuerda en una entrevista al diario Yediot Ajaronot. Maquillarse no ayudó a reconciliarse con el núcleo "macho" de la escuela que frecuentemente le molestaba e incluso pegaba. Femenino pero cachas, Jonathan no puso la otra mejilla sino que respondió sin contemplaciones. "Recibí muchas hostias pero yo era una especie de Rambo y devolvía los golpes", comenta.


Tras un divorcio a una temprana edad, no mantuvo ningún contacto con su padre convertido hoy en un famoso Dj de tecno y trance en el extranjero. "Sólo a los 12 años me encontré con mi padre que me dijo:´Te comportas como un homo´", recuerda. Tampoco el sistema educativo consiguió entender y alentar al chaval. Como suele pasar, el apoyo constante de su madre fue fundamental.

Abandonó la escuela para transformarse en un solicitado maquillador. Pero un día en el 2008 su mundo tomó un brusco giro gracias a un pequeño cártel en Tel Aviv. "Se buscan hombres" se anunciaba para participar en una película en Israel del famoso actor gay norteamericano  Michael Lucas. Jonathan se lanzó a la cama por primera vez conquistando a las cámaras y a Lucas que le ofreció más papeles. "Men of Israel" cambió su vida.


"La película fue un gran éxito e impulsó definitivamente a Tel Aviv como una de las capitales gays en el mundo. La gente se dio cuenta  que en Israel hay porno y tíos que están buenos", explicó a los medios locales..

"La clave de mi éxito es tener la cabeza abierta a todo y ser bueno en el sexo. Nunca había visto antes películas así que todo lo que hice en plató venía de mi experiencia personal". Jonathan lo dejó todo, incluso su propio apellido, para cumplir su sueño. El cambio respondía al temor que sus clientes en la peluquería israelí  le encontraran en Google haciendo maniobras acrobáticas con otros chicos sin ropa. 


A su madre le costó aceptarlo: "Cuando me enteré fue el día más duro de mi vida pero poco a poco lo fui aceptando. Es su elección y yo solo le pregunto si es feliz", dice en un documental.

En Berlín, se afianzó como actor porno gay a nivel internacional. "En Alemania me reencontré con mi padre aunque el trato es más como amigo". 

Hace exactamente tres años, se negó a participar en el Desfile del Orgullo Gay en Madrid en protesta por el veto de la organización a la delegación del colectivo homosexual de Israel. "Es terrible que los organizadores hayan tomado una decisión tan mala precisamente contra un país como Israel que apoya tanto los derechos gays", afirmó entonces.


Su éxito en la cama profesional no siempre le provoca gozo en su vida personal. "La mayoría quiere salir conmigo por ser el famoso Agassi, la máquina sexual de las películas.  Y cansa. Yo también quiero dormir ", comenta reconociendo que "cuando conozco a un chico en una cita actúo sin mucha confianza, como el otro Jonathan".

Agassi aceptó también ejercer de  "acompañante" por 150 euros la hora, Niega que sea prostitución. "En esto no hay hipocresía. Cada uno sabe y elige lo que quiere. Yo elijo al cliente".

Pero si en la industria cinematográfica gay es agasajado con premios, amor y admiración, en la vida se siente solo y aún intimidado por Agassi.












POR: Sal Emergui - ELMUNDO.ES
FOTOGRAFÌAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA



domingo, 19 de mayo de 2013

HOMOFOBIAS ATÌPICAS DE GENTE ATÌPICA. "EL SABER NO OCUPA LUGAR"

ODIOS ENCONTRADOS

Homofobia. El término es relativamente nuevo, en 1971 lo acuñó el psicólogo norteamericano George Weinberg. Sin embargo, la incomodidad, la aversión, el rechazo e incluso el odio hacia los homosexuales, especialmente masculinos, son antiguos o, mejor dicho, ¡viejos! Antiguo tiene una connotación de entrañable y hasta de valioso que no va con sentimientos, seguramente difíciles de llevar a cuestas, en este siglo XXI donde parecería que, en ese tema, el cielo algo se aclara.


En el mundo del espectáculo y de la cultura, donde abundan judíos y homosexuales y homosexuales judíos, parecería que no existen los respectivos prejuicios. Nadie se atrevería, ni se lo permitiría, aunque lo pensase, en calificar a un colega de “judío de mierda” o “puto de mierda”. Cuando sobrevienen las querellas, nunca el tema racial o la elección sexual salen a relucir entre los epítetos que pueden llegar brotar de bocas repletas de cólera.

Sin embargo, vienen a mi memoria algunos casos atípicos. No son los exabruptos al estilo Maradona, tan empeñosamente reiterado en su homofobia que, según parecería, le sirven de escudo y resguardan su persona de vaya a saber qué. Las excepciones, aunque parezcan mínimas, son reveladoras de las contradicciones de personas y personajes que todos suponemos cultos, refinados, mundanos, esclarecidos y hasta esclarecedores.



Cenas peligrosas

En 1985, un amigo personal, Jerry Hagstrom, columnista del influyente National Journal de Washington y autor del best-seller The Book of America, visitó Buenos Aires. Este, su primer viaje, coincidió con la aparición del informe de la Conadep, Nunca más. Era inevitable para el inquieto periodista una entrevista con Ernesto Sabato, personaje fundamental de ese momento histórico.

Al volver Jerry de la visita a Santos Lugares me apresuré a saber sus impresiones. Realmente estaba deslumbrado por el autor de El túnel, aunque una leve sonrisa burlona se asomó en sus labios cuando me contó que una vez agotados los temas de la realidad política y social argentina, pasaron a los turísticos. Sabato se interesó por saber qué sitios había visitado, en qué restaurantes había comido. Cuando mi amigo mencionó el Edelweiss, el venerable –y alarmado– escritor le advirtió: “¡No vaya a ese lugar! La clientela es mayoritariamente de homosexuales. Y usted sabe, con esto del sida... Los vasos, los cubiertos, las servilletas... Mejor evítelo”.

Ya en esa época era bien sabido que la saliva no era transmisora del VIH. En un gesto esclarecedor para todos y simple para ella, Shirley Mac Laine había besado en la boca a un infectado ante las cámaras de la televisión mundial. Más tarde, Liza Minnelli repitió el gesto. Quizás en el insigne Sabato pesaba más la homofobia que la información científica.

Los memoriosos aún recuerdan el temblor de Mirtha Legrand cuando, en uno de sus almuerzos, el portador de VIH Alex Freyre prácticamente la obligó a beber de su mismo vaso. Dicen que su actitud “políticamente correcta” frente a las cámaras dejó traumatizada a la conductora que, aun después de varios años, no perdonó al militante gay. (La histórica pregunta respecto de la adopción en matrimonios igualitarios, formulada por la Legrand al diseñador Roberto Piazza, es de público y amplio conocimiento.)



Con pasivos, no

Con la apertura democrática surgió la necesidad, supuesta o real, de contar con publicaciones para la comunidad homosexual. Eso generó Alpher y Diferentes, revistas mal impresas y precariamente diseñadas que tuvieron el valor de ser pioneras en un género que existía en todas las grandes capitales del mundo. Uno de los empecinados propulsores fue Roberto Jáuregui.

Fascinado por la personalidad de China Zorrilla (que obedecía muy bien al cliché favorito gay de la “fascinante” matrona bienuda, mandona y mundana), el empeñoso periodista sintió que debía hacerle una nota en Diferentes. Por supuesto que en el transcurso de la entrevista no se importunó a la dama con preguntas sobre su sexualidad, sino que se habló de su carrera, plena de anécdotas con celebridades internacionales. En esa primavera de 1989, la China estaba representando Fiebre de heno en el teatro Regina. Antes de la función, la casualidad me puso en el camino de Jáuregui, que esperaba a la actriz frente al teatro en el 1234 de la avenida Santa Fe. La revista con el reportaje ya estaba en los quioscos y el orgulloso entrevistador quería entregarle un ejemplar a su distinguida entrevistada.

Apenas la actriz hojeó la publicación, las sonrisas y zalamerías del recibimiento se convirtieron en un clamor que despertó la curiosidad de las demás mesas.

–¡Pero qué te habrás creído...! ¡Hacerme esto a mí! –dijo China con ese tono de patrona de estancia que maneja tan bien–. Vos no me dijiste de qué medio se trataba. ¡Ponerme junto a las fotos de homosexuales pasivos! ¡Qué horror! –concluyó estrujando como pudo la revista.

La oportuna intervención de una muchacha, fiel miembro del séquito de la actriz, puso paños tibios sobre el caliente monólogo y retiró a la ofendida Zorrilla en mutis magistral. Desde los ventanales del 1234 se podía ver a las dos siluetas atravesar, no tan magistralmente, Santa Fe por el medio de la cuadra, esquivando los coches que en ese atardecer pasaban más de prisa que nunca. El lloroso Jáuregui y yo respiramos aliviados al ver que China había llegado sana y salva para desplegar su simpatía y seducción desde el escenario del Regina. En la platea, un público en su mayoría de homosexuales, muchos pasivos quizá, la festejaron jubilosamente.



¡A trabajar!

Que en 1952 Miguel de Molina fuera convocado para realizar su primer film argentino, era de esperar. Antes de la televisión, las películas eran el medio de llegar a un público masivo y a los lugares que las giras no abarcaban. La empresa Argentina Sono Film dispuso de todos los medios para que Esta es mi vida fuese el marco adecuado para tan esperado debut.

En los estudios de la empresa filmadora, en Martínez, se había iniciado otro rodaje, La pasión desnuda, con otra estrella mítica y temperamental: la mexicana María Félix. Sin embargo, la comidilla de todos los técnicos era Miguel de Molina. Se hablaba sin cesar de... ¡los escándalos de Miguel de Molina!

Víctima del franquismo, su exilio argentino a principios de los años ’40 había finalizado con un allanamiento al teatro donde actuaba, que incluyó la prisión –¡del público!– y la deportación del artista. Para poder regresar, pidió a Eva Perón que intercediera. Su paso por México tampoco había sido afortunado gracias a los homofóbicos Cantinflas y Jorge Negrete, que estaban a la cabeza de la ANDA, la asociación de actores que lo prohibió.

Si bien el genial malagueño no dirigiría la película, era evidente que tendría injerencia en todos los aspectos de la producción, y para un gremio tan machista como el de los técnicos cinematográficos de la época, casi era humillante recibir órdenes de “alguien así”.

¿Qué era lo que escandalizaba de Miguel de Molina? Para la gazmoñería de entonces, sus fabulosas joyas, su opulenta colección de blusas y cantar canciones escritas para mujer eran verdaderas provocaciones. Una “incitación al desvío”, “a la amoralidad”, “un atentado a las buenas costumbres”...

Cuando llegó el primer día de trabajo, ante el equipo en pleno, apareció el artista maquillado y vestido para filmar uno de sus legendarios números. Se produjo un murmullo. Cuenta la leyenda que Miguel se plantó frente a esos hombres y golpeó un par de veces las palmas para silenciarlos. Una vez que estaban todos pendientes de lo que diría exclamó con su entrañable acento andaluz: “Sí señore’, ¡soy maricón! Pero aquí venimo’ a trabajá’. ¡A trabajá!”.

Resonó en la enorme galería un estruendoso, y quizás avergonzado, aplauso. A partir de ese momento, el cantante y los técnicos colaboraron en la más perfecta de las armonías, con respeto y admiración.


El partenaire

Ensayando un espectáculo de music-hall, con el que tuve algo que ver, en un dueto coreográfico, la disciplinada estrella femenina se dirigió a su partenaire masculino, gay, reprochándole que no la sostuviera bien.

–Agarrame como un hombre –indicó la diva, de protesta al bien entrenado bailarín.

Un nuevo intento de lograr el truco fue por segunda vez fallido, ante lo que la refinada y siempre joven dama estalló:

–Pero, ¿es que no sabés agarrar a una mina? ¡Culo roto!

Es en esos momentos en que la incomodidad, más bien el malestar, tiñe vergonzosamente cualquier esbozo de artisticidad. Entonces uno piensa: ¿qué hago aquí?, ¿con quién estoy trabajando?


Ignorancia

Paco Jamandreu, quien fuera modisto de estrellas –¡y de Eva Perón!–, publicó en 1976 sus memorias: La cabeza contra el suelo. Quizás hoy sus relatos puedan parecer un tanto ingenuos, pero sus revelaciones como homosexual en esa época revestían una audacia inédita.

En su apogeo (1945), fue llamado para diseñar el vestuario de Zully Moreno en Cristina. Un día, delante del modisto, la superestrella hizo un comentario despectivo sobre los homosexuales. El volcánico Paco no lo dejó pasar. Así lo describe en su libro: “Usted, mi querida Zully, tendría que saber que si ellos no existieran, no habría buen cine, ni ballet, ni música, ni siquiera grandes jerarcas... ¿Sintió usted hablar de Benavente, García Lorca, Gide? ¿Le dijeron alguna vez que hubo un genio que se llamó Miguel Angel...? ¿Supo alguna vez quién fue Carlomagno...? ¿Quién es Visconti? ¿Ha oído hablar de Walt Whitman, de Luis XVI, de Cicerón? ¿Sabe usted, mi amor, que todo lo que usted pregona, que todo lo que usted compra en París, está inventado por gente así? Perfumes y sedas, zapatos y abrigos, estampados y cremas. Ya ve cómo usted necesita de los homosexuales y no ellos de usted. Si usted piensa tan mal de ellos, no debería usar nada que salga de sus manos. Entonces usted, mi querida, no se podría vestir nada más que en... ¡Las Filipinas o en El Gran Barato! Y eso, quién sabe”.

Imaginamos que, luego de este didáctico discurso, la actriz habrá sido más prudente en sus comentarios y delante de quién los hacía. A más de 60 años del incidente, nunca apareció testimonio gráfico alguno donde se la vea a Zully con batones de El Gran Barato, como le sugirió Paquito.


Estadísticas

Se calcula que cada dos días una persona homosexual es asesinada en el mundo debido a actos violentos estrechamente ligados a la homofobia. Amnistía Internacional denunció que más de 70 países persiguen aún a los homosexuales y en ocho se los condena a muerte.




POR: Kado Kostzer - PAGINA12.COM.AR
FOTOGRÀFIAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

martes, 14 de mayo de 2013

PET SHOT BOYS. PUTOS ERAN LOS ANTES

ELECTROSHOP. PET SHOP BOYS EN ARGENTINA. A LO HECHO, PECHOS, AL PANA, PAN; Y ALOS PET, PUTOS....

1988, Puerto Rico. Una boricua deliciosa seduce primero a un chongo, luego a otro. En la discoteca, esa noche, tocan los Pet Shop Boys. El triángulo concluye ya de mañana, con los dos jóvenes enmarañados entre las olas, a las piñas, o casi a los besos. Ella camina por la costa y los ve desde lejos. Ambos muchachos abandonan la playa, dos perdedores: ella prefiere estar sola, con otros. Y entonces el deseo homoerótico surgido en el mar, en cámara lenta y luz cobriza, deja de ser una posibilidad para convertirse en un hecho cuando en la última imagen del video vemos reflejados en los anteojos de uno de los Pet a los dos puertorriqueños, ya otra vez de noche, yéndose sumamente juntos con una fogata de fondo.


La edición norteamericana de Rolling Stone dedicó por aquella época una reflexión respecto de este video, Domino Dancing, afirmando que los Pet abusaban del imaginario homo y lo explotaban en su beneficio. Desde entonces, en ese país se los consideró como un grupo de “música gay”, prácticamente eliminados de las radios y los charts. Casi quince años más tarde, una réplica posible del dúo británico a la homofobia reinante en la industria musical se dio con “The Night I Fell in Love”, del álbum Release (2002). Allí, Neil Tennant adopta el papel de un joven fanático que consigue conocer a su ídolo rapero en el backstage de un show, para finalizar la velada encamados en la mansión del astro. Aunque no se lo nombre directamente, los Pet se refieren a Eminem, el rapero yanqui hipermachista, homofóbico de alto octanaje que por aquellos años condenaba el amor gay en su música y clips. En entrevistas, Eminem invocaba su derecho a representar personajes en sus letras (entre ellos, y con alta frecuencia, el de mataputos), cosa que Tennant también hizo para devolverle el cachetazo. Meras ficciones entonadas.


Lo que no se dice

En el mundo PSB las cosas y personas casi nunca se mencionan directamente, como en el caso de Eminem que recién comentamos, cuyo nombre puede deducirse a partir de referencias en la letra (aparecen Dr. Dre –su productor– y “Stan” –uno de sus hits–). No obstante, cuando los Pet se dedican a enumerar, entonces sí las cosas y personas tienen nombre y apellido. Name checking de marcas fashion en “Paninaro” (¿hay algo más gay que esto?); estrellas y sitios clave del under londinense en los ’70 y ’80 en “Requiem in Denim and Leopardskin”; razas y cruzas caninas en la desoladora y cínica “I Want a Dog”. En este caso, Neil pide un chihuahua que lo reciba en su departamento ajustado, aunque en la tapa del single aparezcan, ambos Pet, con el minúsculo yorkshire terrier de Chris sobre fondo de eléctrico amarillo, una de las franjas cromáticas de la portada de Introspective, donde “I Want a Dog” aparece.

Produjeron, casi como divertimento, una canción para la escandalosa sitcom british Absolutely Fabulous, preferida por los trolos de ese país y de cualquier otro. Sobre una base eurodance hasta el colapso, Neil hace coros mientras se disparan sampleos de frases pronunciadas por Jennifer Saunders y Joanna Lumley, las dos mujeres puto protagonistas de la comedia. Una vez más, las marcas de alta costura, los himnos de las discotecas gay, las revistas de moda; el name checking como forma de discurso y statement poético. Algo similar hicieron al remixar “I’m Gay”, tema compuesto por los creadores de la incorrectísima serie cómica Little Britain para uno de sus sketches.


Pet Shop World

En el b-side “Bet she’s not your Girlfriend”, de 1991, los Pet Shop Boys reproducen una de esas relaciones compuestas por una chica muy linda y un chico muy puto, especie de amistad confusa (para los demás) como las hay de a tantas. El gay lifestyle funciona entonces como fuente de información e inspiración: los Pet hablan de lo que nos pasa a los homosexuales. Nos hablan de y a nosotros. La llamada “cultura gay” actúa como origen y como destino de la producción cultural, en un flujo dinámico que habilita un feedback de influencias musicales y estéticas, de referencias, de situaciones.

Y así como el puto y su amiga inseparable existen en el universo PSB –y también a la vuelta de cualquier esquina–, otras situaciones provenientes de ese imaginario y de ese historial terminan siendo canciones. “Can you Forgive her?”, dramática apertura del discazo Very (1994), se impone con un sopapo de teclados inicial y da paso al dilema de un chico que siente culpa por ser homosexual, permitiendo que su novia lo hostigue por ello. Otro b-side memorable, “The Boy who Couldn’t Keep his Clothes on” (1997), podría funcionar como continuación de esa historia: una mariquita tapada que no puede faltar a la discoteca, instalada arriba del parlante más alto, que va sacándose la ropa beat a beat. Irrumpe la novia a grito pelado y amenaza con tirarle las cosas a la calle y contarle todo a la madre. Es más: existe una exacerbada versión, la “Banji Girlfriend Beats”, que consta de un dub del tema con la voz de la peligrosa novia banji superpuesta (en la jerga gay, se llama banji a quien nació en el ghetto).


De la disco al diván

Ya en “I Want a Lover”, del debut Please (1986), delinearon cuál sería su campo de acción: el dancefloor gay. En aquel tema expresaban la urgencia de necesitar un amante cuando sobreviene la mañana solitaria en una discoteca. Es éste el ámbito central de la discografía Pet: allí se los baila, sí, pero también es en ese sitio donde se producen las situaciones que inspiran su música. Por cada himno al estilo de “New York City Boy” o el cover de Village People “Go West” existe una confesión en la pista de baile, una observación pop certera, como “Flamboyant”, “It’s a Sin” o “Being Boring”. Los posters que empapelaron esta ciudad dicen una verdad: son héroes pop, son invencibles. Agreguemos: son héroes de lo que supimos llamar cultura gay.


POR:  Ignacio D’Amore - PAGINA12.COM.AR
FOTOGRÀFIAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA



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