Mostrando entradas con la etiqueta DICTADURA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DICTADURA. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de junio de 2015

Russia: Valientes activista LGBT Gays contra la opresiva dictadura de Vladimir Putin. Brave gays against oppression

Detienen al líder del movimiento homosexual ruso en la marcha del orgullo gay. Nikolái Alekséyev fue atacado por unos activistas radicales ortodoxos cuando se personó en una céntrica calle para celebrar el acto. Reconoció que le habían denegado por décimo año consecutivo la autorización.


Unos de los líderes del movimiento homosexual ruso, Nikolái Alekséyev y Dmitri Enteo, han sido detenido este sábado al intentar celebrar una marcha de orgullo gay sin autorización del Ayuntamiento de Moscú.

Alekséyev, quien ha confirmado su detención en Instagram, fue atacado por unos activistas radicales ortodoxos cuando se personó en la céntrica calle Tverskaya para celebrar el acto, según informan medios locales.

Otros defensores del movimiento homosexual acudieron en ayuda de su líder, tras lo que se desató una pelea que obligó a las fuerzas del orden a bloquear el tráfico en esa arteria que conduce a las inmediaciones del Kremlin.


También fueron detenidos otros conocidos activistas homosexuales como Dmitri Enteo, que fue trasladado a comisaría en un furgón policial, y varios ultranacionalistas que les agredieron.

Recientemente, Alekséyev reconoció que las autoridades moscovitas le habían denegado por décimo año consecutivo la autorización para celebrar la marcha de orgullo gay.

Con todo, dijo que recurriría dicha decisión ante los tribunales, aduciendo que supone una violación de los derechos humanos, y recalcó que «la marcha se celebrará en cualquier caso».


Desde 2006, Alekséyev ve rechazada su solicitud para celebrar una marcha del orgullo gay, pese a lo cual algunos activistas salen a la calle y se enfrentan a los ultranacionalistas y radicales ortodoxos, lo que suele desembocar en choques violentos y detenciones.

Rusia prohibió en 2013 la propaganda de la homosexualidad entre los menores de edad, una ley que las minorías sexuales consideran una flagrante violación de su libertad de expresión.

Según una reciente encuesta, un 37 % de los rusos cree que la homosexualidad es una enfermedad que se debe curar.


El artículo 121 del Código Penal de Rusia, que sancionaba con penas de cárcel las prácticas homosexuales, no fue abolido hasta 1993, año en que también se dejó de considerar la homosexualidad como una enfermedad mental.






















Por: Agencia EFE - abc.es
Imagenes: Web
Arreglos: AC

domingo, 9 de noviembre de 2014

El dictador Vlademir Putin simbiosis de Hitler por la revista The Advocate. Personaje nefasto de año. "Dictator and nefarious"

The Advocate declara al presidente ruso como la mayor amenaza para los derechos de los homosexuales en el mundo y le nombra sarcásticamente persona del año.


The Advocate, una revista para la comunidad homosexual, ha colocado en su portada un retrato de Vlademir Putin que evoca inequívocamente a Hitler. En el lugar del indentificativo bigote corto figuran unas letras sarcásticas: "Persona del año". El subtítulo del reportaje despeja dudas: "Dirigiendo el desprecio popular, religioso y gubernamental contra gays y lesbianas, el presidente ruso se ha convertido en la mayor amenaza individual contra los gays y lesbianas del mundo en el 2014".

La publicación norteamericana recuerda que desde el 2012 Putin se ha convertido en un dirigente "más autoritario" y "su ideología antigay se ha vuelto más extrema". En el artículo rememora todas las medidas claramente homófobas adoptadas por el exagente del KGB y denuncia cómo ha conducido a la sociedad rusa a imitar su percepción hacia los colectivos homosexuales. Según una encuenta reciente, el 72% de los rusos consideran la homosexualidad como algo moralmente inaceptable.

Tanya Cooper, investigadora de Human Rights Watch, argumenta en el texto que la diversidad se hace rara en Rusia. "Cuando políticos, celebridades y periodistas respetables te dicen repetidamente, ya sea en televisión o diarios, que los gays son gente pervertida, sodomitas y pedófilos, siemplemente te los crees", explica.


Por: Diariocordoba.com
Imagen: Advocate.com
Arreglos: AC

viernes, 26 de septiembre de 2014

Vaticano: Rogelio Livieres Obispo del Opus Dei en Paraguay es destituido por escándalos de pederastia y corrupción. "Bishop Sinner"

El Papa Francisco destituye a un obispo del Opus Dei en Paraguay por encubrir a un cura. El prelado había acogido a un sacerdote acusado de pederastia en EE UU; también había dado refugio a otro procesado por delitos de la dictadura argentina.

El obispo destituido había calificado de "homosexual" a un arzobispo que había pedido investigar al cura acusado.

El papa Francisco acelera con su política de castigo a los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Dos días después del arresto en el Vaticano del exnuncio en República Dominicana, el polaco Josef Wesolowski, por acusaciones de pederastia, el sumo pontífice de origen jesuita reemplazó este miércoles al obispo de la paraguaya Ciudad del Este (298 kilómetros al este de Asunción), Rogelio Livieres, integrante del Opus Dei, por “serias razones pastorales”. Livieres, de nacionalidad paraguaya pero nacido en Argentina en 1945, había dado refugio en su diócesis a un sacerdote argentino acusado de abusos sexuales a menores de edad en EE UU en 2002, Carlos Urrutigoity. También fue cuestionado por crear un seminario en el que ordenaba curas con solo cuatro años de formación, en lugar de los seis requeridos en la arquidiócesis de Asunción, cuyo jefe, Eustaquio Pastor Cuquejo, estaba enfrentado a Livieres.

La nunciatura (embajada del Vaticano) en Asunción informó que el obispo, que por estos días se encuentra en Roma, se había negado a presentar la renuncia. En un escándalo que lleva años, el arzobispo de la capital paraguaya había llegado a pedir que se abriera una investigación sobre las acusaciones contra Urrutigoity. Entonces, Livieres le respondió a Pastor que no podía meterse en su jurisdicción e intentó descalificarlo señalándolo como “homosexual”.

Livieres también había refugiado en su diócesis a otro cura argentino prófugo, Aldo Vara, procesado por crímenes de la última dictadura militar de Argentina (1976-1983). Vara fue detenido por Interpol en abril pasado en Ciudad del Este, pero después fue liberado a la espera del juicio de extradición. Murió en junio de un infarto en su habitación en una parroquia de esa ciudad paraguaya situada en la Triple Frontera con Argentina y Brasil. Sin embargo, este caso no figura entre las razones de la destitución del obispo, según lo informado en la prensa.


El periódico ABC Color, de Asunción, publicó que Livieres también fue desplazado por “el uso discrecional de recursos transferidos” por la presa paraguayobrasileña Itaipú, una de las más grandes del mundo, a obras sociales de su diócesis. El obispo será reemplazado en forma provisoria por un argentino, Ricardo Valenzuela. La destitución fue decidida después de un viaje a Ciudad del Este que hicieron en julio dos enviados del Papa, el cardenal español Santos Abril y Castelló y el obispo auxiliar de Montevideo, Milton Tróccoli. "El Santo Padre pide al clero y a todo el Pueblo de Dios de Ciudad del Este que acoja la decisión de la Santa Sede con espíritu de obediencia, docilidad y sin desavenencias, guiado por la fe”, reza un comunicado del Vaticano.

Además del exnuncio Wesolowski, otros dos prelados son investigados por el Vaticano, según la prensa italiana: el obispo de Iquique (Chile), Marco Órdenes Fernández, y el obispo auxiliar de Ayacucho (Perú), Gabino Miranda Melgarejo. Órdenes Fernández fue destituido por Benedicto XVI después de una denuncia por abusos sexuales a un menor, mientras que el miembro del Opus Dei Gabino Miranda fue reemplazado el año pasado también por acusaciones de pederastia.


Por: Alejandro Rebossio -Elpais.com
Imagenes:; Web
Arreglos: AC

domingo, 22 de septiembre de 2013

Selena Gòmez otra de las estrellas prohibidas en Russia por la dictadura de Vladimir Putin

Selena Gómez,vetada en Rusia y deslumbrante en Milán. Obligada por las autoridades rusas a cancelar dos conciertos, la cantante acudía muy sexy a la Milan Fashion Week.


Rusia le niega la entrada porque aborrece su simpatía con el colectivo homsexual, pero Selena Gómez se ha sabido ganar la admiración de todos tras su deslumbrante aparición en la Milan Fashion Week. Poco queda de aquella ingenua niña de la factoría Disney. Ahora es toda una mujer.

Los fans rusos de Selena Gómez no podrán disfrutar de los dos conciertos que la cantante tenía programados en Moscú y San Petersburgo para los días 23 y 25 de septiembre, respectivamente. Las autoridades rusas le han negado el visado por temor a que la joven intérprete manifieste su apoyo a los derechos de los homosexuales rusos. El Kremlin ha puesto en marcha una nueva regulación para controlar la entrada de cualquier artiste que apoye a este colectivo.


Pero esta decisión no ha logrado empañar la felicidad de la cantante. Deslumbrante y muy sensual, Selena Gómez acudió a la Semana de la Moda de Milán con un vestido muy sensual: corsé negro de bandas elásticas estilo Hervé Leger que acompaño con una falda brillante de vuelo al más puro estilo de los años 50.

El maquillaje, matizaba sus rasgos, potenciados con unos ojos ahumados negros y un pintalabios marrón oscuro. Así, la cantante evidenciaba que ya es toda una mujer. Muy sensual, por cierto.


POR: Agencia Reuters - abc.es
fotograf+ias: web
arreglos: Alberto Carrera

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Chile: 40 años del golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Memoria. “Un golpe, sí, posible, pero no así”

40 Aniversarios, desde aquel nefasto 11 de septiembre de 1973 a esta realidad chilena de lucha por los derechos humanos: la Justicia, la persistencia de cierta impunidad entre los agentes de la represión y los casos de injerencia civil y empresarial con la criminalidad pinochetista.


Este 11 de septiembre de 2013 se cumplen 40 años del golpe de Estado que derrocó al gobierno de la Unidad Popular presidido por Salvador Allende. Ante tal hecho, los sucesos acaecidos aquel día y en tiempos posteriores durante la dictadura vuelven a la memoria colectiva chilena mediante imágenes, documentales y textos demostrando que la “historia del tiempo presente” aún perdura en la opinión pública del país trasandino.

Es en este contexto de rememoración que aún falta reconstruir la historia de la dictadura, al mismo tiempo que la justicia no se ha llevado a cabo plenamente en tribunales. La justicia, durante el siglo XX y al menos desde los juicios de Nuremberg ha sido un importante momento de elaboración de la memoria y la conciencia histórica. Debido al déficit en términos de justicia por los atropellos a los derechos humanos bajo la dictadura pinochetista, la historia y la memoria se encuentran profundamente parcializadas y oscurecidas. Pero además, en términos históricos ha habido una coincidencia entre “memorias fuertes” y escritura de la historia. La visibilidad y el reconocimiento de una memoria dependen de la fuerza de sus portadores. En el caso chileno, las diversas organizaciones de derechos humanos, familiares de detenidos desaparecidos, comisiones y colectivos aún no encuentran ese impulso estatal tan necesario para profundizar los crímenes de la dictadura. Operan en medio de un silencio cómplice por parte de los civiles que apoyaron el golpe y lo sustentaron después, al mismo tiempo que ante la indiferencia de buena parte de la ciudadanía. Aun así, persisten en buscar memoria y justicia.


Tal es el caso de las denuncias que han realizado recientemente desde la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP) ante hechos de impunidad en los procesos contra miembros de las Fuerzas Armadas de la dictadura. El primero es la absolución en la Corte de Apelaciones de Rancagua a los cuatro funcionarios de Carabineros en retiro por la muerte de Cecilia Magni y Raúl Pellegrin, integrantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) en 1988. La “imposibilidad de determinar la participación de terceros en la muerte de la pareja” habría gatillado la puesta en libertad de los cuatro funcionarios. Luego de tres años de investigación, “la hipótesis de una participación de terceros planteada por la parte querellante no ha podido ser probada”, constató el fallo. Sin embargo, las circunstancias de la muerte harían difícil de probar lo contrario. Ambos militantes del FPMR habrían sido hallados muertos en el Río Tinguiririca, en medio de una persecución policial por el asalto al cuartel del poblado Los Queñes. Así, a pesar de existir un “intenso operativo” para capturarlos, ningún testigo ha podido corroborar la versión de los abogados querellantes, por lo que la hipótesis de los defensores –sustentada en que se habrían ahogado en el río– se convierte en realidad judicial. La segunda denuncia es aún más aberrante y se toca con la impunidad total. AFEP ha criticado el permiso que se le diera desde la Corte de Apelaciones de Chillán al general en retiro Patricio Jeldres Rodríguez la posibilidad de irse de vacaciones al extranjero por un mes.


Como recuerda AFEP, “Jeldres fue condenado por el asesinato de Gilberto Pino y Sergio Cádiz, campesinos de la zona secuestrados y muertos en octubre de 1973, pero se está a la espera de la resolución del recurso de casación. Los familiares añadieron que la Corte de Apelaciones de Chillán hace mucho tiempo vendría fallando a favor de los acusados en casos de crímenes de lesa humanidad”. Ambos casos no hacen más que mostrar una de las peores facetas de la transición a la democracia chilena, la cual se encuentra representada por la palabra impunidad.

Sin embargo, en estos días de profundo reencuentro con los hechos del 11 de septiembre se han destapado nuevos casos de arbitrariedad judicial. El más llamativo es el que tiene al ex comandante en jefe del Ejército y recién renunciado presidente del Servicio Nacional Electoral (Servel), máxima instancia institucional que vela por el debido proceso de los actos eleccionarios en el país. Todo comenzó con la columna de opinión que los domingos escribe Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, en El Mercurio. Aquel 18 de agosto pasado, Peña puso en conocimiento de la opinión pública que Juan Emilio Cheyre habría entregado un niño de dos años, testigo del asesinato de sus padres, a un convento de monjas en 1973. Después de dichas declaraciones, se ha destapado una historia que permanecía oculta (como tantas otras) sobre el accionar de los militares y civiles en dictadura y el silencio cómplice del que han sido parte durante estos cuarenta años.


Para el caso de Cheyre, el ex teniente y mano derecha del comandante del Regimiento N° 2 de Artillería, Ariosto Lapostol, de la ciudad de la Serena, declaró que no supo de los masivos asesinatos llevados a cabo en el regimiento del que era parte (y responsable con cargo superior) en el llamado Proceso Caravana de la Muerte y otros más, hasta que leyó en la prensa lo ocurrido años después. En días recientes se ha dado a conocer un comunicado de AFEP, Codepu, Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi, Comisión Ética Contra la Tortura, Colectivo 119 Familiares y Compañeros, Fasic, José Domingo Cañas, Nido 20 y Tres y Cuatro Álamos, donde declaran que “los padres de Ernesto Lejderman Ávalos sabían que los militares chilenos no les perdonarían la vida, y la forma como fueron asesinados lo confirma, porque no fueron detenidos, simplemente los ejecutaron sumariamente. Cheyre miente nuevamente y, lo que es peor, culpa a las personas asesinadas de haber abandonado a ese niño en circunstancias en que es el Ejército de Chile el que los asesina y deja sin padres a un niño que, luego, decide entregarlo a un convento”. Lo que hay detrás de esta historia es la punta del iceberg en torno de la desaparición de presos políticos y la entrega de sus hijos e hijas a personeros cercanos a la dictadura.

Así, lo que el caso Cheyre ha demostrado a la opinión pública es que en Chile, al igual que en la Argentina, también hay hijos e hijas desaparecidos viviendo con otras identidades. Dentro de poco, el periodista Javier Rebolledo lanzará al mercado su segundo trabajo de investigación, El despertar de los cuervos, libro centrado en el temido regimiento de Tejas Verdes, verdadero centro de experimentación en torturas y desapariciones masivas de la policía secreta DINA. “Rebolledo confirmó que en Chile no existe un registro de los niños nacidos en cautiverio, ya sea porque sus madres fueron detenidas estando embarazadas o porque nacieron de las violaciones de sus verdugos.


Recién en 2009, el ministro Solís abrió un cuaderno reservado dentro de la causa Villa Grimaldi, para investigar posibles adopciones ilegales por parte de agentes de Estado”, consignó El Ciudadano. Como relata el libro de Rebolledo, era común la presencia de médicos y enfermeras en las sesiones de tortura, de manera de que si los torturados se desmayaban muy rápido, pudieran sanarlos para someterlos a nuevos tormentos. En el caso de los bebés desaparecidos, sobresalen dos investigaciones aún no esclarecidas. La primera es la de Ana María Luna Barrios, quien llegó a tribunales en 2010 luego de que su madre le confesara que era adoptada. Su madre adoptiva, Marta Adriana Barrios Barrios, habría testificado ante funcionarios de la Dirección de Inteligencia de Carabineros que la beba llegó al Hospital Militar en estado de desnutrición en 1976, siendo adoptada por la funcionaria. Lo que la Justicia logró determinar es la identidad del militar que habría entregado a María Barrios, el teniente del ejército Hernán Valle Zapata (ya fallecido). Junto a la identidad del militar, se encontró el expediente de adopción, donde se constata que Zapata inscribió a la recién nacida sin el nombre de la madre, señalando, donde debía ir la identificación, “no compareciente”. Este mismo militar, parte del círculo íntimo del Mamo Contreras, se “hizo padre” de Carmen Gloria Valle Valle, nacida en 1975 e hija de “madre NN, nacionalidad chilena”, como pudo comprobar el periodista en la hoja de vida de Valle. El otro caso es el de Ramón Painepe Melivilu, a quien su propia madre adoptiva le habría confesado que su madre biológica habría sido llevada por militares, mientras ella trabajaba como visitadora social en el hospital Félix Bulnes.


De esta manera, lo que estas investigaciones demuestran son los enormes vacíos en términos de justicia que la dictadura militar y civil llevó a cabo en Chile. Mientras impere la impunidad en el país, y los principales agentes de la represión puedan impartir clases en universidades, viajar al exterior, ejercer funciones públicas, hacerse los desentendidos y defender “la obra” del general en el país, las víctimas de la represión seguirán siendo silenciadas por una opinión pública y unos medios de comunicación cómplices con el terrorismo de Estado. En este contexto de impunidad es que deben entenderse las declaraciones del nieto de Pinochet, Augusto Pinochet Molina III, quien hace pocos días habría declarado que frente al programa “Chile, las imágenes prohibidas”, exhibido por Chilevisión, éstas serían “pura propaganda” y que estaría dispuesto a presentar querellas si se lo pidieran para defender la obra de su abuelo.


PRACTICAMENTE TODOS LOS SECTORES DE LA SOCIEDAD SE EXPRESARON SOBRE EL GOLPE DEL ’73

Chile hace catarsis cuarenta años después. Documentales transmitidos a toda hora, visitas guiadas por espacios de la memoria, pronunciamientos de políticos en torno del perdón, quejas por la Constitución heredada del pinochetismo: el golpe en la memoria colectiva de Chile.

Como si fuera una catarsis colectiva no hubo quien no tuviera ánimo de decir algo sobre el drama que ocurrió en Chile el 11 de septiembre de 1973. Documentales transmitidos por canales y radios a toda hora; visitas guiadas por espacios de la memoria, pronunciamientos de políticos en torno del perdón, quejas por la Constitución heredada del pinochetismo, carabineros desoyendo y desmontando una muestra con lienzos y murales de la organizaciones de derechos humanos que reclamaban, como hace 40 años, que se castigue a los responsables del terrorismo de Estado. Los carteles por el aniversario se mezclaron con imágenes de campaña. Porque habrá elecciones en noviembre y las dos mujeres y principales candidatas, Michelle Bachelet y Evelyn Matthei, fueron hijas de generales de la fuerza aérea, pero con un pasado antagónico.

La casa número 38 ubicada en una callecita empedrada de nombre Londres, cerca del Palacio de La Moneda, se convirtió entre 1973 y 1974 en un centro de detención y tortura en donde fueron asesinados 98 secuestrados de la dictadura de Augusto Pinochet. En la fachada un gran cartel señala “40 años de luchas y resistencia” acerca del lugar de tormento, en el que se usó la descarga eléctrica para interrogar en una sala del segundo piso y quebrar más rápido la voluntad de los detenidos. Ayer, en la víspera del aniversario del día que cambió la historia de este país, la casa despojada de objetos era visitada por numerosas personas. La organización Londres 38 puso a circular un video por las redes sociales en el que se muestra cómo en la madrugada del domingo pasado un grupo de carabineros sacó los lienzos colgados en los puentes del río Mapocho que llevaban la consigna: “¿Dónde están los desa-parecidos?”. El guía y militante de los derechos humanos Felipe Aguilera se indignó ante esta enviada por la remoción de la muestra, en la que trabajó durante semanas. “Los carabineros pasaron por encima de la autorización de los municipios y actuaron por fuera del estado de derecho. Enviamos una carta al gobierno pidiendo la restitución de los lienzos.”


A unas cuadras de ese espacio de la memoria, los transeúntes de la zona céntrica de la ciudad se mostraban proclives a recordar el derrocamiento de Salvador Allende como una fecha fatídica. Yeri Chávez, empleada en una empresa de acero, señaló que ella tenía 12 años, pero la imagen del bombardeo al edificio de La Moneda quedará grabada en su memoria. “Nunca más debiera ocurrir semejante abuso del poder en manos de un dictador. Ahora estamos libres de decir lo que queramos, existe libertad de expresión. Lo que pasó fue trágico.” Un hombre de 55 años, mientras daba algunas pitadas al cigarrillo, dijo que entre el ’80 y el ’90 todo dolía. “Estamos en camino de lograr la paz con nosotros mismos. Me acuerdo de que me contaban que mataban a las personas y las tiraban en basurales. Personalmente me dolió a mí cuando desaparecieron a estudiantes de la universidad”, dijo el ingeniero Jaime Flores.

Como uno de los lastres del pinochetismo, existen vacíos en los procesos judiciales. La socióloga Marta Lagos señaló que esto se vincula con el modelo chileno de reconciliación. “La transición fue posible porque no se exigió la verdad el día uno. La verdad estuvo congelada, en espera.” En la cercanía de la conmemoración del 11 de septiembre, el presidente conservador Sebastián Piñera afirmó que la Justicia no estuvo a la altura de las obligaciones y desafíos. “El Poder Judicial pudo haber hecho más, porque por mandato constitucional le correspondía cautelar los derechos de las personas y proteger las vidas. Por ejemplo, acogiendo los recursos de amparo que rechazó de forma masiva.” Sin embargo, a él se le cuestiona no haber hecho lo suficiente en la materia. Amnistía Internacional entregó ayer en el palacio presidencial un petitorio firmado por más de 25 mil personas para reclamar al gobierno chileno que elimine todas las barreras que protegen a los perpetradores de violaciones a los derechos humanos. “No es aceptable que 40 años después del golpe militar continúen existiendo dificultades para la búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación en Chile. La ley de Amnistía sigue protegiendo a los violadores con inmunidad procesal, continúa habiendo largos retrasos en las actuaciones judiciales y las condenas no reflejan la gravedad de los crímenes cometidos”, señaló la organización.


Según cifras oficiales, el número de personas desaparecidas o asesinadas en Chile entre 1973 y 1990 superó las 3000 y cerca de 40.000 personas sobrevivieron al encarcelamiento por motivos políticos o la tortura. El Decreto Ley de Amnistía, aprobado en 1978, exime de responsabilidad penal a todas las personas que cometieron violaciones de derechos humanos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1978. Si bien algunas sentencias han eludido la aplicación de la norma, el hecho de que siga existiendo es incompatible con las obligaciones internacionales de Chile en materia de derechos humanos.

Aunque Piñera votó por el No a la continuidad de Pinochet en el referéndum del 5 de octubre de 1988 y él no se identifica con el ala pinochetista de la Alianza de derecha (UDI-Renovación Nacional), sí apoyó a la candidata Evelyn Ma-tthei, quien hasta hace poco se de-sempeñaba como su ministra de Trabajo. Matthei pertenece al partido más conservador de Chile, UDI, que alberga a simpatizantes del dictador, como ella. Evelyn y Michelle fueron hijas de generales de la fuerza aérea, con vidas cruzadas. Alberto Bachelet murió en 1974 por un ataque cardíaco, derivado de las torturas que sufrió por ser leal a Allende, mientras que Fernando Matthei, padre de Evelyn, integró la Junta Militar que gobernó Chile de 1973 a 1990 y se sospecha que tiene responsabilidad en la muerte de Bachelet.

También atravesado por la historia y con poco más de 40 años, el ex socialista y hoy candidato independiente Marco Enríquez Ominami es hijo del cofundador y secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Miguel Enríquez. El candidato del Partido Progresista instó a Matthei a que rectifique. “Hemos querido invitar, sin odio y sin rencor, a que la candidata de los dos partidos que sostuvieron la dictadura militar, a que pida perdón. Es importante en esta elección, empujemos los pisos éticos.”

Y es que Matthei señaló que respecto de las violaciones a los derechos humanos ocurridas tras el derrocamiento de Allende, ella no tenía nada de por qué disculparse. “Yo tenía 20 años para el golpe, no tengo nada por lo que pedir perdón”, sostuvo tajantemente Matthei. Aludió así a las declaraciones del senador de la UDI, Hernán Larraín, quien hace unos días hizo un mea culpa por lo ocurrido con posterioridad al 11 de septiembre.

Sin escaparle al debate político, la ex mandataria y aspirante de Nueva Mayoría dio un discurso en el Museo de la Memoria el lunes –un espacio que se gestó durante su gobierno–, en paralelo al acto oficial que encabezó Piñera. “No existe reconciliación que se construya ante la ausencia de verdad, justicia o un duelo”, dijo Bachelet, la mejor posicionada para ganar las elecciones del 22 de noviembre, ante la mirada de referentes de familiares de víctimas de la dictadura, como Ana González, cuyo esposo, dos de sus hijos y su nuera fueron secuestrados por la policía secreta de Pinochet.

Chile ha vivido una catarsis de la que nadie quedó afuera.


Combatir en todas partes

Ahora que se conmemoran los 40 años del golpe pinochetista quizás haya llegado la hora de recordar a un anónimo militante socialista argentino que fuera una de las víctimas de aquel episodio que truncó la vida del legendario Salvador Allende y su “vía chilena al socialismo”.

Oscar Bugallo, más conocido entonces como El Chileno, había llegado a militar con los jóvenes socialistas que mimeografiábamos Pueblo Rebelde y acompañábamos la lucha de algunas comisiones internas fabriles. Se había sumado para fortalecer la organización de ese pequeño destacamento que provenía del antiguo socialismo argentino con la voluntad de emular al Che y al Compañero Presidente.

De origen comunista, Oscar rápidamente se mimetizó con la modesta organización –y con el Frente de los Trabajadores, que patrocinaba– y asumió en ella el rol de capacitador, no sólo en materia política sino también de cierta autodefensa que era imprescindible para garantizar la presencia militante en aquella época difícil.

Tras un año de compartir la experiencia con aquel grupo que se pretendía afluente de una futura construcción alternativa revolucionaria para un país sometido a una recurrente dictadura cívico-militar, Oscar se fue a Chile para integrarse al Partido Socialista y a la CUT, dejándonos una carta de despedida que concluye premonitoriamente con una doble consigna: “Por el socialismo, a combatir en todas partes. A morir bajo cualquier bandera”.

El golpe del 11 de septiembre lo encontró abocado a organizar la resistencia en los cordones industriales de Santiago. Tiempo después, su compañera, Margie, recibió la funesta noticia de su muerte. Tras los reclamos, pudimos conseguir el envío del cadáver, que recibimos en un tétrico furgón de ferrocarril en la estación Retiro. Un día después, con banderas rojas y puños en alto, lo enterramos en el cementerio de la Chacarita.

Pasaron cuatro décadas intensas en la Argentina, en Chile y en el mundo. Cayeron muros, hubo amaneceres y crepúsculos políticos. Durante esa larga etapa, no supimos en detalle cómo había muerto nuestro compañero. Hasta que, hace unos días, su compañera obtuvo apenas un indicio que fue transformándose en versión y terminó siendo el testimonio de un socialista chileno que compartió militancia con Oscar, estuvo con él durante “aquel fatídico 11 de septiembre” y lo dejó tras una reunión de resistentes, pocos instantes antes de que llegara la partida militar que lo arrestaría y le daría muerte. Era el 8 de noviembre de 1973; Oscar tenía sólo 24 años.


El día en que todo cambió

Si estoy con vida, si cuarenta años más tarde puedo contar la historia del golpe del 11 de septiembre de 1973, es gracias a la ciega generosidad de mi amigo Claudio Jimeno.

Lo recuerdo ahora tal como lo vi entonces, cuando me despedí de él sin saber que se trataba de una despedida final, sin saber que en poco tiempo él estaría muerto y yo iba a sobrevivir, ninguno de los dos anticipando que los militares lo matarían a él en vez de ensañarse conmigo.

Nos conocimos en 1960, cuando los dos cursábamos el primer año de estudios en la Universidad de Chile. Incisivos sobresalientes y una mata de pelo negro erizado le habían merecido un apodo, Conejo, que luciría hasta el día de su muerte. Estaba de novio con Chabela Chadwick, una estudiante de química, y cuando yo comencé a salir con Angélica, mi futura mujer, los cuatro participábamos, junto a otros entusiastas condiscípulos, en un raudal de actividades: bailes y paseos a la playa y, sobre todo, sumándonos a manifestaciones de protesta. Porque lo que en última instancia más nos unía, más allá de compartir confidencias y esperanzas, era una feroz necesidad de batallar por la justicia social en un continente de extrema pobreza y desarrollo frustrado.

Como millones de otros chilenos, Claudio y yo éramos fervientes seguidores del socialista Salvador Allende, que proclamaba –en una época en que la guerrilla se alzaba con furia en toda América latina– que era posible una revolución en nuestro país sin recurrir a la violencia, que podíamos crear una sociedad más justa y soberana por medios democráticos y pacíficos. Nuestros sueños se hicieron realidad cuando, diez años más tarde, Allende ganó las elecciones presidenciales de 1970.

Los sueños y la realidad, sin embargo, no siempre van de la mano.

Ya a mediados de 1973, el gobierno de Allende estaba asediado por sus enemigos internos y externos y la creciente amenaza de un pronunciamiento militar. De manera que cuando Fernando Flores, el secretario general de Gobierno del Presidente, me pidió que sirviera como su asesor de prensa y cultura, no tuve la menor duda. Una de mis responsabilidades más urgentes era que debía hacer guardia una vez, cada cuatro noches, en La Moneda, para que pudiera comunicarme con Allende en caso de alguna emergencia. Las otras noches se rotaban entre tres otros asesores, uno de los cuales era Claudio Jimeno.

De manera que cuando me di cuenta de que me tocaba dormir en La Moneda la noche del lunes 10 de septiembre, nada más natural, entonces, que canjear ese turno con mi viejo amigo, pedirle si era posible hacerme cargo de su guardia del domingo 9 de septiembre. Me convenía ese domingo porque era la única ocasión que tenía para mostrarle a Rodrigo, mi hijo de seis años, la galería de retratos de los primeros mandatarios de Chile y para que experimentara, antes de que su madre viniera a buscarlo, ese momento mágico en que las luces del Palacio se prendían al crepúsculo.

Claudio asintió sin la menor vacilación. En esos tiempos azarosos, pasar aunque fuera una hora extra con el hijo al que no teníamos la certeza de ver al día siguiente constituía un regalo insuperable. De hecho, me agradeció el trueque, ya que le permitía gozar de un domingo tranquilo con Chabela y sus dos hijos.


Y entonces quiso la buena y la mala suerte que fuera Claudio Jimeno el que respondió el teléfono en la madrugada del 11 de septiembre de 1973, recibiendo la noticia de que el golpe, liderado por el general Augusto Pinochet, había comenzado. Y fue Claudio el que llamó a Allende y Claudio el que luchó a su lado en La Moneda y Claudio el que terminó siendo apresado y luego torturado y finalmente muerto, convirtiéndose en uno de los primeros chilenos desaparecidos. Mientras que yo desperté al lado del amor de mi vida, de Angélica, y traté de llegar a La Moneda y no pude lograrlo y heme aquí, cuarenta años más tarde, conmemorando a mi amigo y lo que se perdió y lo que se aprendió, y recordando, porque Claudio no lo puede hacer, cómo mantuvimos viva la esperanza en medio de la oscuridad. Heme aquí, todavía sin poder visitar la tumba de Claudio porque los militares que lo mataron todavía no revelan dónde echaron su cuerpo vejado.

El destino de Claudio prefiguró el de su país.

Nos aguardaban décadas de represión y pavor, de pesadumbre y combate. Aun cuando terminamos derrotando a la dictadura, nuestra democracia restaurada se vio severamente restringida. La siniestra Constitución de Pinochet, aprobada en un referéndum fraudulento en 1980, sigue siendo hasta el día de hoy la ley suprema de la república, obstaculizando tantas reformas imprescindibles que el país reclama.

Si bien aquel 11 de septiembre de 1973 fue trágico para tantos chilenos, también tuvo consecuencias más allá de nuestras orillas remotas. El naufragio de la revolución chilena repercutió en forma significativa en Europa, donde llevó a una fundamental reorientación de la izquierda en varios países (notablemente España, Francia e Italia), la certeza de que no bastaba con una mayoría electoral exigua para llevar a cabo transformaciones sustanciales en la sociedad, sino que se necesitaba un consenso amplio y profundo. En los Estados Unidos, la intervención de la CIA en la caída de Allende fue uno de varios factores que condujeron a investigaciones del Congreso, estableciendo leyes limitando las intromisiones del Poder Ejecutivo norteamericano en los asuntos internos de otras repúblicas, abriendo una discusión que es en este momento más perentoria que nunca, en vista de que los presidentes norteamericanos siguen adjudicándose el derecho a inmiscuirse ilegalmente en cualquier rincón de la Tierra donde sus intereses podrían peligrar, es decir, matar y espiar en todo el mundo.

El legado más crucial, sin embargo, del 11 de septiembre chileno fueron las estrategias económicas implementadas por Pinochet. Mi país se convirtió, en efecto, en un laboratorio para un salvaje experimento neoliberal, una tierra donde la avaricia desmedida, la extrema desnacionalización de los recursos públicos y la supresión de los derechos de los trabajadores fueron impuestas con virulencia a un pueblo desamparado. Muchas de estas políticas fueron adoptadas más tarde por Margaret Thatcher y Ronald Reagan (así como por líderes en el resto del globo), acarreando una disparidad escandalosa en la distribución del ingreso y la riqueza y, podría argüirse, creando condiciones para las últimas crisis financieras que han sacudido al planeta. Por cierto, este modelo chileno de un libre mercado exorbitante y sin frenos no ha perdido hoy su atractivo. La drástica y desastrosa privatización del sistema previsional sufrida en Chile es enaltecida por derechistas de todas las estampas como una “solución” al “problema” de las pensiones de los jubilados. Y recientemente, The Wall Street Journal, en un editorial, sugería que “ojalá los egipcios tuvieran la buena suerte de que sus nuevos generales reinantes resultaran ser como Augusto Pinochet de Chile”.

Afortunadamente, Chile no exportó únicamente las peores experiencias surgidas de la asonada militar. También ha servido como un modelo de cómo un pueblo desarmado puede, a través de la no violencia y una ardua campaña de desobediencia civil, conquistar el miedo y liquidar a una dictadura. Los alentadores movimientos de resistencia y en favor de la democracia que han brotado en todos los continentes durante estos últimos años prueban que el futuro no tiene que ser despiadado, que el 11 de septiembre chileno no marcó el final de la búsqueda de libertad y justicia social por la que murió Claudio Jimeno, que tal vez su sacrificio no fue enteramente en vano.

Y, sin embargo, no me puedo consolar. Cuarenta años más tarde todavía recuerdo su sonrisa de conejo cuando me dijo adiós en La Moneda aquella noche del 10 de septiembre de 1973.

Al día siguiente, ese martes desbordante de terror en Santiago, muchas cosas cambiaron para siempre, cambios políticos y económicos que alteraron a Chile y, se podría aventurar, también al mundo. Pero cuando contemplamos el pasado, lo que necesitamos recordar es que finalmente la historia la hacen y padecen seres humanos reales, hombres y mujeres que quedan penosamente afectados. La historia consiste de muchos Claudios y muchos Jimenos de nuestra especie, uno más uno más uno.

Esa es la historia irreparable, la que nos duele y conduele: no puede Claudio despertar, como lo hago yo cada mañana, al canto interminable de los pájaros.

Claudio Jimeno, el amigo que murió en mi lugar cuarenta años atrás, nunca ha de ver a sus nietos crecer, nunca podrá sonreírse cuando lo llamen Abuelo Conejo.


UNA VISION SOBRE LOS CAMBIOS QUE MARCO EN CHILE SU DICTADURA MAS FEROZ

Cuarenta años de exilios y desexilios. Miguel Rojas es un escritor y académico que se define como “un latinoamericano nacido en Chile”. Debió exiliarse en 1973. Aquí, recuerda a su país como Víctor Jara recordaba a Amanda, comenzando con una historia que “en cinco minutos quedó destrozada”. Sus impresiones.

El golpe nos mostró un Chile distinto. Un Chile en el que nunca hubiéramos creído si nos lo hubieran contado. Teníamos entonces una memoria democrática, aunque la veíamos amenazada: “Un golpe, sí, posible, pero no así”.

El avión lo alcancé un tiempo después, pero a tiempo. El 17 de noviembre salía de Chile rumbo a París, donde viví cerca de veinte años con pasaporte de las Naciones Unidas que, socarronamente, los exiliados llamábamos “bluyín”, por la tela de su encuadernación. Entonces volví. “Volver” fue el tango del exilio. Se equivocó Gardel, me dije cuando pisé la tierra del regreso, veinte años son muchos. Muchas cosas habían cambiado: el tono de la vida, la ciudad, el proyecto social... y paro de contar. ¿Cómo fue el antes y cómo y cuándo el después? El después está claro: comienza el 11 de septiembre de 1973. El antes es más complicado. Hay un antes, de antes de los mil días de la Unidad Popular y un antes durante.

Cuando se me plantea qué ha cambiado en Chile en estos cuarenta años, por cierto no puedo responder ni con objetividad ni con la experiencia de quien ha vivido desde entonces en el país y experimentado la historia en su día a día. Mi visión es subjetiva. Hablo desde impresiones que van del exilio al desexilio. Gran parte está basada en la memoria, sin olvidar que la memoria es engañosa. En realidad, memoria es lo que se decide recordar. Recuerdo a Chile como Víctor Jara recordaba a Amanda, comenzando con una historia que “en cinco minutos quedó destrozada”.

Así, voy a hilar recuerdos para compararlos con las impresiones del desexilio. Voy a hacer un tremendo esfuerzo para ser objetivo, pero que nadie me pida que sea neutral frente a la dictadura.

A mediados de la década de los sesenta me trasladé a Alemania, donde permanecí investigando y recorriendo Europa hasta comienzos del ’69. Volví con un proyecto cultural que se plasmó en la creación del Instituto de Arte latinoamericano, desde donde se creó el Museo de la Solidaridad. Probablemente a causa del paréntesis, visualizo dos imágenes de Chile, la de antes de la Unidad Popular y la de durante la Unidad Popular. El triunfo de la UP abrió, desde la izquierda, las puertas a la esperanza. Pero la lucha política se envenenó a causa de la “campaña del terror” que desencadenó la prensa opositora y los desbordes de determinados sectores de la izquierda. Vivimos situaciones que parecían escenificar la lucha de clases. Así lo entendió el propio Pinochet, que respondió a un periodista: “Aquí, señor, hemos suprimido la lucha de clases”.

Chile, antes de estos cuarenta años, era un país en el que había más pobreza, pero menos desigualdad. Un país en el que, pese a que siempre hubo una férrea estructura de clases, el cuerpo social no se encontraba escindido. En la Escuela de Derecho fui compañero de muchos futuros próceres políticos y económicos. Coincidimos en la Facultad con Ricardo Lagos y Anselmo Sule, figuras del radicalismo; con Osvaldo Letelier, socialista; Andrés Zaldívar, demócrata cristiano. Compañeros de graduación fueron Ricardo Claro, entonces muy lejos de ser un millonario con patrimonio de cuatro mil millones de dólares, y Margarita Labarca, que representaba la historia del Partido Comunista. Pese a las diferencias ideológicas, y sin perjuicio de discusiones y peleas en época de elecciones, todos vivíamos, cuando no en franca amistad, al menos en un civilizado compañerismo. Eso cambió ya en la época de la Unidad Popular; y, por cierto, en mucha mayor medida después del golpe, donde se escindió el cuerpo social y los opositores al régimen fueron perseguidos, asesinados y catalogados de antichilenos.

Ha cambiado la gente, se ha transformado la ciudad, pero sobre todo han cambiado los valores. Hemos transitado de una sociedad republicana con valores humanistas, a una sociedad de mercado con valores economicistas. Mi memoria urbana guarda la imagen de dos ciudades, Santiago y Valparaíso. En Santiago constaté el cambio. Desde un urbanismo de traza colonial, que tenía como centro la plaza, habíamos pasado a un urbanismo neoliberal que tiene sus centros en los malls. Han cambiado las calles y la toponimia no trae siempre buenos recuerdos. Hasta hace poco transitábamos por una avenida que conmemoraba el golpe. Han desaparecidos los cafés que animaban la vida nocturna. No soportaron el toque de queda. Ya no está El Bosco, café emblemático para la bohemia intelectual, en el que inclusive paraban los entierros de los habitués para ofrecerle al muerto su última copa. ¿Y Valparaíso? Ciudad hecha de escaleras y sueños, un balcón en el mar, con las chicas de piernas más lindas de Chile, de tanto subir y bajar graderías. Pancho, como le decían a la ciudad por la Iglesia San Francisco, faro de los navegantes. Era entonces, sin duda, el puerto con más magia del Pacífico Sur. Ciudad noctívaga con restaurantes que abrían a la una de la mañana y un bar mítico, el Roland, con un Libro de Recuerdos firmado por los más grandes escritores que habían acompañado a Neruda a escanciar la noche. Valparaíso, una ciudad llena de colores, había perdido el color. Constato con alegría que ahora parece recuperarlo. Cuando menciono el proyecto social, me refiero a dos servicios que son las grandes plataformas de la democracia: la educación y la salud. Sobre la educación ya los estudiantes han hablado. Ha cambiado catastróficamente. No puedo dejar de pensar que en las condiciones actuales yo no habría tenido los medios para ir a la universidad. El proyecto de educación neoliberal ha rentabilizado todo. En Chile ya no hay universidades públicas, hay universidades estatales, que no son un servicio público; funcionan con los mismos criterios mercantiles de la educación privada.

 
El tema de la salud para mí se revela en una anécdota que me dice todo. A fines de los ’80 recibí una llamada urgente que me comunicaba que mi madre había tenido un derrame cerebral y que ningún hospital la recibía si no se firmaba un cheque en blanco. Conseguí un amigo que lo hiciera y partí en el primer avión. Encontré a mi madre llena de tubos. A su lado escuché a un enfermo que decía a su esposa: “Has vendido el auto para pagar la clínica, no vayas a vender la casa, porque tú y los niños van a quedar en la calle y yo me voy a morir de todas maneras”.


POR:  Nicolás Rojas Scherer. Sur en América latina - SUR.INFONEWS.COM
Oscar R. González - Socialistas para la Victoria. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional. pAGINA12.COM.AR
Ariel Dorfman -  Escritor chileno. Su último libro es Entre sueños y traidores: un striptease del exilio. PAGINA12.COM.AR
Mercedes López San Miguel - PAGINA12.COM.AR
Por Miguel Rojas  - Escritor, historiador, filósofo. Publicado en Le Monde Diplomatique, edición chilena. PAGINA12.COM.AR
FOTOGRAFÌAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

viernes, 9 de agosto de 2013

MUNDIAL DE ATLETISMO EN CONTRA DE LA LEY ANTI - GAY DEL REPRESOR PUTIN EN RUSIA

La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) confía en que los Mundiales que comienzan el sábado en Moscú ofrecerán una oportunidad para que el gobierno ruso reconsidere su legislación "anti-gay".


"Pienso que es algo bueno que la población rusa y el gobierno tengan la oportunidad de ver a personas de otros países que puedan tener modos de vida alternativos. Esto podría servir como impulso para que reconsideren su visión en vez de vivir como una sociedad aislada", destacó hoy en un comunicado el subsecretario general de la IAAF, Nick Davies.

El directivo resaltó que la IAAF está en contra de toda forma de discriminación, pero también dijo que se deben respetar las leyes rusas y que no se pueden controlar lo que denominó un "asunto político del país".


El gobierno del presidente Vladimir Putin sancionó recientemente una ley federal que prohíbe la promoción de "orientaciones sexuales no tradicionales" y estipula penas de arresto o deportación para los extranjeros que no cumplan con la norma.

Los Mundiales de atletismo, que se disputarán entre el 10 y el 18 de agosto en Moscú, acercarán a casi 2.000 atletas de 206 países a Rusia y marcarán el inicio de una serie de grandes eventos deportivos en el país, que incluyen los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi en febrero de 2014 y el Mundial de fútbol de 2018.


La ley "anti-gay" generó una fuerte crítica internacional y algunos activistas llamaron a boicotear los Juegos de Sochi.

Ante la presión internacional, un portavoz del gobierno ruso anunció que la norma sería "congelada" durante los Juegos de Invierno, pero el ministro de Deportes, Vitali Mutko, dio luego marcha atrás y ratificó que la ley seguirá vigente.

La semana pasada, el Comité Olímpico Internacional (COI) aseguró que recibió la garantía desde "los más altos niveles del gobierno ruso de que la legislación no afectará a los deportistas que formen parte de los Juegos".




POR: AGENCIA DPA / MDZOL.COM
FOTOGRAFÌAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

miércoles, 31 de julio de 2013

NO AL VODKA RUSO. SE LLAMA A LA COMUNIDAD GAY AL BOICOT DE ESA BEBIDA POR LA LEYES DE PERSECUCIÒN Y MUERTE DEL REPRESOR PUTIN

Boicot contra el vodka ruso por las leyes 'anti-gay' de Putin. Muchos bares, discotecas y empresas de varios países llaman a no consumir la tradicional bebida como respuesta a la política del Kremlin.


Bares y discotecas gays en Estados Unidos, el Reino Unido, Australia y Canadá han lanzado en los últimos días un boicot contra el vodka de origen ruso para protestar contra leyes 'anti-homosexuales' en Rusia, en un movimiento internacional que esperan se siga expandiendo.

Este miércoles, decenas de personas se manifestaron frente al consulado de Rusia en Nueva York para llamar la atención sobre esas legislaciones y pedir que no se compre más vodkaruso hasta que el gobierno de Vladimir Putin revise las medidas. Durante la protesta en la sede diplomática cerca de Central Park, algunos manifestantes vaciaron varias botellas de marcas rusas de la bebida.

También pidieron boicotear los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 previstos en la ciudad rusa de Sochi, exigiendo que compañías estadounidenses como Coca-Cola retiren su apoyo publicitario. "Estamos furiosos con lo que está pasando en Rusia. Ahora es ilegal mostrarse abiertamente acerca del hecho de ser gay. No nos quedaremos en silencio", advirtió Ann Northrop, de la asociación estadounidense de defensa de los derechos de homosexuales, lesbianas y transexuales Queer Nation.

A su lado, Bob Fluet, propietario del bar Boxers de Manhattan, anunció que su establecimiento ha dejado de vender Stolichnaya -la principal marca de vodkaruso- como medida de protesta contra la ley aprobada por Putin. "El jueves pasado decidimos parar de vender vodkaruso. Desde el viernes no lo hacemos más. Otros bares en Nueva York y en el país están haciendo lo mismo. Este movimiento está empezando y la comunidad lo apoya", dijo Fluet a la AFP.

La protesta de Nueva York se suma a la de Los Angeles, Londres y Canadá y Australia, donde bares y discotecas gays empezaron a boicotear desde hace unos días el vodka de procedencia rusa. En Londres, la célebre discoteca Heaven, administrada por el grupo G-A-Y, forma parte de los establecimientos que participan del boicot.


Pogrom

El llamamiento a ese boicot fue lanzado la semana pasada por el escritor estadounidense Dan Savage, quien pidió denunciar así lo que calificó de "'pogrom' (destrucción) anti-homosexual de Putin". El presidente ruso promulgó a fines de junio una controvertida ley que sanciona con fuertes multas todo acto de "propaganda" homosexual delante de menores de edad.

Rusia adoptó además el mes pasado otra ley que prohíbe la adopción de niños rusos por parejas homosexuales o solteros en los países que hayan legalizado las uniones entre personas del mismo sexo. Activistas homosexuales afirman que los cambios en la legislación están fomentando las agresiones contra la comunidad gay en Rusia, incluyendo dos asesinatos desde mayo que habrían tenido connotaciones homofóbicas.

Por su parte, el vodka Stolichnaya ya ha respondido a esta campaña que lo empieza a afectar con una carta abierta difundida el viernes pasado en la que condena las "espantosas acciones emprendidas por el gobierno ruso". Pero para Bob Fluet, "los dueños de Stoli tienen que hacer algo para ayudar a la comunidad en Rusia". "Hagan una llamada telefónica" al Kremlin, instó.



POR: COLPISA / AFP  /  DIARIOVASCO.COM
FOOTOGRAFÌAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

sábado, 18 de mayo de 2013

MUERTE DEL DICTADOR JORGE RAFAEL VIDELA. LA MUERTE LE SIENTA BIÈN. EL LADO OSCURO ARGENTINO

MURIO EL DICTADOR JORGE RAFAEL VIDELA

Golpe en el infierno. Falleció en el penal de Marcos Paz, donde estaba preso, condenado por delitos de lesa humanidad. Fue el principal brazo ejecutor del terrorismo de Estado y, como tal, responsable de asesinatos, torturas y robo de niños. Murió Jorge Rafael Videla y escapó así de su infierno. Del infierno de saberse preso, condenado y repudiado. El dictador, principal brazo ejecutor del terrorismo de Estado en todo el país entre 1976 y 1983, murió a los 87 años en la cárcel de Marcos Paz de muerte natural, a diferencia –como se ha dicho hasta el cansancio, pero no por eso deja de ser cierto– de las miles de víctimas, en su mayoría jóvenes, que ordenó secuestrar, torturar, asesinar y tirar al mar para ocultar sus cuerpos.


La muerte

Estaba preso en el pabellón 6 del módulo IV de Marcos Paz. El jueves lo revisó un médico y lo encontró bien, teniendo en cuenta las dolencias que tenía, propias de una persona mayor. Hipercolesterolemia, hipertensión, arritmia y cáncer de próstata eran algunas de las cuestiones por las que era atendido regularmente en la cárcel. A las 6.40 de la mañana de ayer los agentes encargados realizaron una recorrida por el lugar y reportaron que no había novedades. A las ocho, en el recuento general, el celador miró por la ventana de la celda y vio a Videla en el inodoro. Quince minutos después, el hombre volvió a pasar y como el represor no respondía al llamado solicitó la presencia de un médico. Cuando llegó, el profesional verificó que no tenía signos vitales e hizo un electrocardiograma que confirmó la muerte. Por la tarde se practicó la autopsia que ordenó el juez federal de Morón Juan Pablo Salas, a quien la familia sondeó para saber si el genocida podía ser cremado, cosa que no fue autorizada al menos hasta que estén los resultados de los estudios toxicológicos, lo que ocurrirá en tres semanas. El juez devolvió a la familia la ropa y los efectos personales del dictador, pero preservó la documentación.

Vida y obra

Videla nació en Mercedes el 2 de agosto de 1925 y fue bautizado con el nombre de sus hermanos mellizos muertos Jorge y Rafael. Hijo de un militar conservador, en 1943 entró en el Colegio Militar de la Nación, de donde egresó con el sexto lugar de su promoción, de la que también formaron parte los represores Roberto Viola y Carlos Guillermo Suárez Mason. En 1948 se casó con Alicia Raquel Hartridge, con quien tuvo siete hijos. El tercero, Alejandro, sufría de oligofrenia y epilepsia y fue internado en la Colonia Montes de Oca, donde murió antes del golpe de Estado. El 27 de agosto de 1975 fue designado comandante en jefe del Ejército.

El 24 de marzo de 1976 a la una de la mañana la asonada encabezada por Videla por el Ejército, Emilio Eduardo Massera por la Armada y Orlando Agosti por la Fuerza Aérea derrocó a la debilitada presidenta María Estela Martínez de Perón. Las Fuerzas Armadas tomaron el poder y pusieron en práctica un plan para asesinar a militantes políticos, gremialistas, estudiantes y todo aquel que fuera necesario para impartir el terror en la población e imponer el modelo económico que reclamaba el establishment y que diseñó José Alfredo Martínez de Hoz. Para eso, con la Doctrina de Seguridad Nacional norteamericana y la Escuela Francesa de la guerra de Argelia como sostén y el apoyo espiritual de la Iglesia, se montaron centros clandestinos de detención, tortura y exterminio y se decidió ocultar los cuerpos de las víctimas.

“La existencia de los campos de concentración-exterminio se debe comprender como una acción institucional, no como una aberración producto de un puñado de mentes enfermas o de hombres monstruosos; no se trató de excesos ni de actos individuales sino de una política represiva perfectamente estructurada y nombrada por el Estado mismo”, explica Pilar Calveiro, en Poder y Desaparición. “Los campos concebidos como depósitos de cuerpos dóciles que esperan la muerte fueron posibles por la diseminación del terror (...) Un terror que se ejercía sobre toda la sociedad, un terror que se había adueñado de los hombres desde antes de su captura y que se había inscrito en sus cuerpos por medio de la tortura y el arrasamiento de su individualidad”, dice Calveiro.

Anticomunista, antiperonista, Videla trabajó su imagen de “profesional, austero y buen católico” en oposición a su colega de la Marina, Emilio Eduardo Massera, que era el político y farandulero. Pero la imagen más recordada del dictador es, tal vez, la de la conferencia de prensa que dio en 1979 en la que, gesticulando con sus manos levantadas explicaba: “Frente al desaparecido en tanto está como tal, es una incógnita el desaparecido. Si el hombre apareciera tendría una tratamiento x, si la aparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento tiene un tratamiento z, pero mientras sea desaparecido no puede tener un tratamiento especial: es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido. Frente a eso no podemos hacer nada”. El año pasado, él mismo reconoció ante la Justicia que “la figura del desaparecido era una figura ‘cómoda’, entre comillas, porque no impactaba en la sociedad (...) Se puede discutir el procedimiento aplicado en ese momento a personas desaparecidas, que no era el impacto de un fusilamiento público porque la sociedad no lo iba a tolerar”.


Tribunales

En 1985, en el Juicio a las Juntas, Videla fue condenado a prisión perpetua por 66 homicidios doblemente calificados, cuatro torturas seguidas de muerte, 93 tormentos, 306 privaciones ilegales de la libertad y 26 robos. Estuvo preso hasta 1990, cuando a través de dos decretos, el entonces presidente Carlos Menem lo indultó. Le “perdonó” la condena y lo liberó de otras causas que aún estaban en trámite. Vivió tranquilo como un buen vecino del barrio de Belgrano que iba a misa todos los domingos hasta que la confesión del ex marino Adolfo Scilingo hizo insoportable seguir escondiendo la basura bajo la alfombra. Comenzaron así los juicios en el exterior y finalmente se reactivaron algunos en la Argentina.

El 9 de junio de 1998 Videla volvió a prisión, acusado de ser responsable de apropiación de niños, hijos de desaparecidos. Esa mañana, el juez federal Roberto Marquevich había interrogado al médico militar Julio César Cassero-tto, quien se había desempeñado desde principio de 1977 como jefe del Servicio de Obstetricia del Hospital militar de Campo de Mayo, donde funcionó una maternidad clandestina de la dictadura. Casserotto explicó que el hospital dependía en última instancia del comandante en jefe del Ejército.

A las seis de la tarde el jefe de la Delegación San Isidro de la Policía Federal tocó el timbre del 5º A de Cabildo 639. El dictador abrió la puerta y el comisario le informó que el juez había ordenado su detención. Cuando el policía se enteró de que tenía que ir a cumplir con esa medida, había extendido sus brazos y preguntado: “¿Esto hay que hacerlo?”.

Videla estuvo 38 días en la Cárcel de Caseros, después se fue a su casa con el beneficio del arresto domiciliario hasta 2008, cuando fue llevado a Campo de Mayo. Murió en el penal de Marcos Paz, donde iba a la misa que oficiaba el cura condenado Christian Von Wernich.

Después de la anulación de las leyes de punto final y obediencia debida y los indultos se abrieron en todo el país decenas de procesos contra el dictador. El 22 de diciembre de 2010 fue condenado a perpetua por los crímenes cometidos en la Unidad Penitenciaria 1 de Córdoba, entre ellos, el asesinato de 31 presos políticos. En julio del año pasado recibió 50 años por su responsabilidad en la sustracción, retención y ocultamiento de menores, hijos de desaparecidos, aquellos delitos por los que había vuelto a prisión catorce años antes. Sin embargo, la única condena confirmada por la Corte Suprema es la de 1985. Su última aparición pública fue esta misma semana, al negarse a declarar en el juicio en el que se investigan los delitos del Plan Cóndor, la acción de coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur.

La historia

En el prólogo de El Dictador, María Seoane y Vicente Muleiro señalan que Videla aceptó entrevistas porque el silencio que se había impuesto era “insoportable para su profundo y escondido deseo de seguir modelando la historia”. Seguramente por las mismas razones habló con Ceferino Reato para Disposición Final –que se convirtió en su testamento político– y quiso ser reporteado por la revista española Cambio 16, donde hizo la mejor propaganda para el Gobierno, al asegurar que su peor momento llegó “con los Kirchner” y hasta llamó a tomar las armas para derrocar a Cristina Kirchner, o como él dijo, “en defensa de las instituciones básicas de la República”.

Videla no será enterrado con honores porque fue destituido del Ejército y porque en 2009 la ministra Nilda Garré dispuso que los militares involucrados en delitos de lesa humanidad fueran excluidos de los discursos oficiales y fanfarrias. Pero su muerte tampoco fue festejada. Es que, como dijo ayer el nieto recuperado Manuel Gonçalves, “lo importante no es su muerte, sino lo que hizo con su vida”. Y la vida de Videla remite a muchas otras muertes. “Se fue un ser despreciable. Nunca se arrepintió”, aseguró Estela Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. No había tristeza por Videla, pero sí por la información que se murió con él: los datos sobre el destino de los desaparecidos y los niños, hoy jóvenes treinteañeros, que fueron apropiados y no conocen su identidad.

No hubo grandes emociones ante su muerte, sí una ola de repudio por lo que hizo en vida. El rechazo unánime a su figura contrasta con los buenos augurios que recibió cuando aceptó prestar sus servicios para “salvar a la Patria”. Es el reflejo de la gran tarea realizada por Madres, Abuelas y otros organismos de derechos humanos en estos 37 años. Y supone la esperanza de un Nunca Más ante la posible existencia de otros que se acerquen a los valores que él encarnó.


PANORAMA POLITICO

Alivio. La muerte de Videla generó alivio. En la sociedad, en general. Por supuesto, para los familiares de sus miles de víctimas hubo sentimientos más profundos. Pero las coberturas de la mayoría de los medios transmitieron esa sensación, alivio. Alivio por la muerte de alguien que estaba condenado, del genocida, del perpetrador de los crímenes más horrendos, la muerte de la muerte. Una muerte que hizo renacer culpas, que recuperó de la memoria aquellos años oscuros. Y alivio porque entre todo ese remolino de tiempo y conmociones hay un resquicio de consuelo: saber que al morir estaba juzgado, condenado y en una cárcel común. Cárcel común fue una frase que repitieron casi todos los periodistas y machacaron como si dijeran por suerte cárcel común. Por suerte había sido condenado. Por suerte la Justicia había alcanzado a cumplir. Por suerte, por suerte.

No fue por suerte. Y alivio es lo que se siente cuando algo que está mal hecho pudo corregirse, aunque sea en parte. Aunque podría haber sido por suerte, porque durante más de veinte años el reclamo de cárcel para los genocidas, de juicio y castigo, fue silenciado por los grandes medios que escondían esa información en sus páginas interiores o directamente la silenciaban. Podría haber sido por suerte porque durante todo ese tiempo, la Iglesia argentina usó una palabra importante, una palabra de amor, como es la palabra reconciliación, para cerrarle paso a la Justicia, para enfrentar a los que reclamaban justicia, para proteger a los genocidas y condenar a esta sociedad a la falta de este “alivio”.

Podría haber sido nada más que por suerte porque durante más de 20 años hubo jueces y fiscales que pusieron todo tipo de obstáculos. Jueces de la dictadura que avalaron secuestros y torturas, pero también jueces que ya en democracia hicieron todo para evitar que se juzgara a los asesinos. Y no fueron pocos, fueron muchos, porque el juicio a los dictadores ponía en evidencia sus silencios, sus faltas, sus miedos.

Debería haber sido por pura suerte porque gran parte de los empresarios más poderosos, como Carlos Pedro Blaquier o José Alfredo Martínez de Hoz, habían sido socios de la dictadura y porque la mayoría de las Fuerzas Armadas había sido educada como brazo armado de esos intereses y porque muchos de los políticos de todos los partidos, desde los radicales, hasta peronistas, demócrata progresistas y socialistas, habían negociado con el gobierno militar.

Pero la suerte no tuvo nada que ver porque, si hubiera sido por esa estructura de poder que se mantuvo incluso durante muchos años después de retirada la dictadura, los asesinos nunca hubieran sido juzgados. Muchos de los que formaron parte de esa estructura hoy miran para el costado o sólo están esperando el momento para recuperar espacio e influencia. Y gran parte del alivio que se sintió con el anuncio de la muerte de Videla es porque esa estructura de poder monopolizó la comunicación a través de los grandes medios y cooptó a parte de la sociedad que quiso pensar que no era para tanto lo que hacían los militares y que estaba bien que lo hicieran. Y la mayoría de esas personas son las que ahora se sienten más aliviadas porque de alguna manera la condena de la Justicia a Videla y los demás represores los redime de esa culpa vieja y persistente.

No fue por suerte. Nada de suerte. Porque durante todo ese tiempo en que la vieja estructura de poder sobrevivía en democracia ahogando los intentos por abrir camino a la justicia, las Madres, las Abuelas de Plaza de Mayo, Familiares y luego los HIJOS, junto a los demás organismos de derechos humanos, mantuvieron su lucha contra viento y marea.

Hubo intentos como el de Raúl Alfonsín, que tenía muy claro que la piedra basal de una democracia verdadera sólo podría ser colocada por la Justicia. Que la construcción de la democracia debería basarse en el juicio y la condena a su opuesto que es la dictadura. Pero se frustró, esa estructura fue más fuerte y le sacó el Punto Final y la Obediencia Debida. Alfonsín cedió, y aun así, esa estructura no se conformó y lo demolió. Con ese antecedente, Carlos Menem se cuidó de ponerse a disposición del poder fáctico y le dio los indultos y la economía. Fue su ejecutor, su presidente de confianza, su gerente, asumió el papel que antes habían cumplido los generales.

Podrían haberse callado o haberse exiliado en su soledad, podrían haberse cansado. El movimiento de los derechos humanos se mantuvo con esa imagen de estar a pie firme bajo una llovizna fría. No fue suerte para nada. Esa quizás sea la moraleja de esta muerte de Videla: había que hacer lo que hicieron ellos, sin importar la soledad, las desventajas ni los contratiempos.

El alivio, la suerte de que Videla estuviera juzgado, condenado y en prisión cuando murió no fue por suerte, fue por la lucha del movimiento de derechos humanos, pero también por la decisión política de Néstor Kirchner. No valorar esa decisión es lo mismo que no valorar la lucha del movimiento de derechos humanos para que alguien la tome. Si la decisión de Kirchner no valiera sería porque tampoco valdría la lucha de tantos años que la motivó.

El Kirchner que asumió esa decisión fue el mismo que la anunció en 1983, todavía en dictadura en un discurso de la campaña de ese año. No fue un Kirchner inventado, como dice parte de la oposición. El juicio a los represores no era para oportunistas, porque era una decisión que tenía muchos costos, como lo demostró el secuestro y desaparición de Julio López, las amenazas a los testigos de los juicios, el boicot de jueces, fiscales y camaristas, las amenazas de La Nación, el odio de la derecha que ahora marcha por la 125 o en los cacerolazos junto a esa supuesta izquierda que desprecia los juicios.

Si Videla hubiera muerto como Pinochet, en su casa y sin haber sido condenado, no habría alivio. Habría malestar o esa bronca de haber llegado tarde que les quedó a los chilenos. La diferencia entre ese malestar y este alivio fueron los juicios. Y los juicios también fueron alivio porque despejaron las pesadillas, atenuaron ese miedo incrustado en el cromosoma argentino a que los militares mantuvieran un poder superior al de las instituciones como había sido antes, siempre. Alivio porque la democracia ahora podía ser más fuerte que ellos. Esa sustancia tan sutil, esa sensación de alivio es la marca del fin de la transición democrática y el comienzo de la construcción de una democracia verdadera.

No es casual que el tema de los juicios a los represores haya sido tomado por gobiernos como el de Alfonsín y el de Kirchner. No eran gobiernos democráticos de derecha. Eran gobiernos democráticos que además tenían un proyecto progresivo, de cambios sociales y culturales. Porque la democracia tenía que demostrar dos cosas a las nuevas generaciones: en primer lugar, que las instituciones eran más fuertes que el golpismo de las Fuerzas Armadas y, en segundo lugar, la viabilidad de la democracia se apoya en la posibilidad de convertirse en cauce para cambios pacíficos, es decir, que las instituciones democráticas pueden ser más fuertes que los poderes fácticos, las corporaciones. Si no fuera así, Argentina sería un país con la violencia siempre en sus puertas como una navaja afilada en su cuello.

Alfonsín fue el comienzo de la transición, tuvo claros los desafíos, pero no pudo con ellos y lo más importante en ese momento pasó a ser que llegara a un traspaso democrático de la presidencia. Néstor Kirchner es el final de la transición. Vio los desafíos y los afrontó, sus enemigos fueron casi los mismos que los de Alfonsín y la reacción que desataron tensionó a todas las instituciones de la democracia, toda la estructura hizo ruido, puso a prueba la calidad de propios y ajenos, de oficialistas y opositores. Nadie aprobó con diez y el examen todavía no terminó, pero viene zafando. Por lo menos, los argentinos se pueden sentir aliviados porque el genocida Videla murió en prisión común. Porque hay una sociedad capaz de castigar al terrorismo de Estado.


EL GOBIERNO DESTACO QUE VIDELA PAGO SUS CRIMENES POR LOS JUICIOS IMPULSADOS DURANTE ESTOS AÑOS.

“Murió juzgado y preso en una cárcel común” Funcionarios y legisladores del kirchnerismo resaltaron la política de derechos humanos del Gobierno.

El oficialismo se hizo eco de la noticia acerca de la muerte de Jorge Rafael Videla: aunque la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no habló sobre el tema, muchos funcionarios, dirigentes y legisladores afines se manifestaron destacando el hecho de que el represor falleció “condenado y preso”. El jefe de Gabinete, Juan Abal Medina, a través de su cuenta de Twitter destacó que “Videla murió juzgado, condenado, preso en una cárcel común y repudiado por todo el pueblo argentino”.

Por su parte, el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda, hijo él mismo de desaparecidos durante la dictadura, destacó que “el Estado no debe nunca celebrar la muerte de nadie” pero sí que “la Justicia ha podido juzgar al principal responsable del genocidio en el país antes de su muerte”. El joven funcionario también señaló que este gobierno ha “podido reparar la mayoría de los crímenes que se han cometido” bajo el gobierno militar. “Es un día para reflexionar que otros tiempos se van acabando”, concluyó.

En un sentido similar se expresaron miembros del gabinete nacional, gobernadores alineados con la Casa Rosada, diputados y senadores del Frente para la Victoria y otras figuras relevantes del kirchnerismo, que coincidieron a grandes rasgos con el mensaje oficial.
Los Hijos

Además de Fresneda, otros familiares de víctimas del terrorismo de Estado que hoy forman parte del Gobierno dieron su opinión tras la muerte de Videla. Es el caso del legislador porteño Juan Cabandié, uno de los jóvenes que acompañaron a Néstor Kirchner el 24 de marzo de 2004, cuando el entonces presidente ordenó bajar el retrato del represor de las paredes del Colegio Militar. El jefe del bloque del FpV en la Legislatura porteña lamentó que el dictador se haya llevado “a la tumba información muy importante en relación a los nietos que faltan encontrar y a los cuerpos” de los desaparecidos.

“La única felicidad de los últimos años es que sus largos últimos días los haya vivido en una cárcel común, con prisión efectiva, gracias a la anulación de leyes de la impunidad, conseguida por la voluntad política de Néstor Kirchner”, agregó, sin embargo, Cabandié, quien confesó haber sentido “una enorme satisfacción” al “conocer de su propia boca que su peor momento había llegado con los Kirchner.”

Otro nieto recuperado, el diputado nacional Horacio Pietragalla, opinó: “En la última década, lo mejor que nos pasó fue empezar a condenar a estos personajes nefastos. La historia hizo que los podamos poner en el lugar que correspondía y que no queden impunes. Videla se va preso y condenado por la Justicia argentina”. Pietragalla también manifestó que el gesto de hacer retirar el retrato de Videla “no fue sólo bajar la foto de un genocida, sino bajar esa Argentina vieja que quedó atrás, de impunidad, y levantar una Argentina de justicia”.
El gabinete

A pesar de que la Presidenta todavía no habló públicamente desde la madrugada de ayer, cuando se conoció la noticia, algunos funcionarios que trabajan a pocos despachos de distancia sí lo hicieron. Además de Abal Medina, el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, durante un acto en la provincia de Mendoza, comentó que Videla “representa una etapa trágica y nefasta de la Argentina”.

El titular de Trabajo, Carlos Tomada, también se refirió al fallecimiento del represor. “Ganamos nosotros y sin revancha, con memoria, verdad y justicia”, dijo el funcionario. “Estamos trabajando por un gobierno transformador, como la mayoría de los gobiernos latinoamericanos generando expectativas. Exactamente lo contrario que ellos querían”, señaló. También el titular de la Afsca, Martín Sabbatella, aseguró que Videla “murió donde y cómo deben morir los genocidas y sus cómplices civiles y militares: en la cárcel común y con condena firme por los crímenes que promovieron y cometieron”.
En el Congreso

Las principales figuras kirchneristas en el Parlamento también salieron a dar su opinión. El vicepresidente Amado Boudou, titular de la Cámara alta, utilizó Twitter. “La muerte de Videla trae a la memoria una etapa espantosa del país, de dolor y muerte por el genocidio de la última dictadura militar. Videla terminó su vida preso, juzgado por una justicia de la democracia argentina y condenado por genocidio”, publicó en la red.

El presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, consignó: “Videla murió juzgado, condenado y encarcelado por un gobierno democrático, viendo el renacer de la militancia que quiso exterminar. En la historia argentina quedará marcado para siempre que en esta década ganada la justicia les llegó a los que derramaron sangre inocente e hipotecaron los destinos del país, y esto lo condujeron Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner”.

También el senador Daniel Filmus opinó que “las circunstancias de la muerte del genocida Jorge Rafael Videla dejan una fuerte enseñanza para las futuras generaciones” y “reafirman que el plan de la dictadura fracasó, porque el objetivo del plan sistemático de secuestro, tortura y muerte fue el olvido y hoy la democracia avanza en poner fin a la impunidad”. En tanto, el diputado Roberto Feletti celebró que “en la Argentina de la década ganada también se derrotó a la impunidad”.
En las provincias

Los gobernadores más cercanos a la Casa Rosada sumaron su voz: es el caso del mendocino Francisco Pérez, quien se refirió a la muerte del “icono más importante” que tuvo la última dictadura cívico militar, “un capítulo nefasto de la historia del país”. En Entre Ríos, Sergio Urribarri señaló que Videla “no descansará nunca en paz” porque “nunca se arrepintió ni pidió perdón por todo el daño que le hizo al país y por el dolor que causó a miles de familias.”

Por último, el bonaerense Daniel Scioli se refirió al represor como “el símbolo de la dictadura, del terrorismo de Estado, de años trágicos para la Argentina por los desaparecidos, por lo institucional, económico y social” y llamó a “adoptar nuevos desafíos, en una democracia que debe madurar día a día, crecer en valores, nuevos logros y conquistas que hagan al bienestar del pueblo”.


DE DERECHA A IZQUIERDA, EN EL ARCO OPOSITOR CONDENARON A VIDELA

Repudio, pero con diferencias. Macri y los suyos fueron escuetos en los comentarios. Los radicales resaltaron la figura de Raúl Alfonsín, que lo llevó al banquillo. Desde el centroizquierda y la izquierda fueron unánimes en la condena.

La oposición, en sus distintas vertientes, condenó al dictador Jorge Rafael Videla en el día de su muerte. En la derecha, algunos dirigentes bordearon la banquina de comparar al genocida con el gobierno actual, pero pisaron el freno antes de desbarrancar por completo. Los radicales ensalzaron la figura de Raúl Alfonsín y el Juicio a las Juntas. El repudio a la figura de Videla fue generalizado en el centroizquierda y, desde la izquierda, recordaron leyes que siguen vigentes desde la dictadura.

Tanto el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, como su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, fueron escuetos como un haiku. “Videla nos recuerda lo que nunca más queremos en la Argentina”, tipió el líder del PRO. “Murió Videla. Murió un criminal”, definió Larreta. Algunos macristas coquetearon con la idea de juntar sus críticas a Videla con sus críticas al kirchnerismo. “Son igualmente monstruos los que celebraron la muerte de Kirchner como los que hoy celebran la de Videla. Representan una Argentina sin valores. Qué decadencia moral. Cuando nos miremos en unos años, nos espantaremos de nosotros mismos”, tuiteó la diputada PRO Laura Alonso. Ante las críticas que recibió, insistió en la misma senda: “Un país atravesado por el odio no puede tener un buen destino. O superamos nuestra propia historia o nos va a deglutir”. Finalmente, tuvo que publicar una aclaración: “Videla fue un dictador genocida y Kirchner fue un presidente electo democráticamente y corrupto. No son comparables”. Para Alonso, “este país necesita más memoria histórica y menos venganza”.

“Murió Videla. Volvamos a los consensos posdictadura: libertad de prensa, división de poderes, no polarización, etc.”, planteó el director ejecutivo de la Fundación Pensar, Miguel Braun. “Las muertes invitan al juicio. Videla es parte y producto de una Argentina autoritaria que queremos dejar atrás y nunca más queremos repetir”, consideró el jefe de la bancada PRO en Diputados, Federico Pinedo. El aliado macrista Juan Pablo Arenaza estimó que “quedan todavía varios dictadores vivos en el mundo que llenan de terror a su pueblo”. Aclaró que se refería a “los hermanos Castro” en Cuba. Patricia Bullrich planteó que “Videla sembró de muerte nuestra patria, sin ley, sin reglas, sin límites. Para siempre Estado de Derecho”.

Desde el peronismo macrista, Cristian Ritondo afirmó: “Recuerdo el dolor de mis amigos y todas las víctimas que lucharon incansablemente para que se conozca la verdad y se haga Justicia”. “Murió en la soledad de una cárcel común, juzgado por la Justicia y condenado por la sociedad”, dijo el ministro de Espacio Público, Diego Santilli. “Ha muerto un asesino”, se sumó el gobernador cordobés José Manuel de la Sota.

“Murió Videla: lloramos las 30.000 víctimas de su dictadura”, afirmó el líder del FAP, Hermes Binner. La nieta recuperada y dirigente de Libres del Sur Victoria Donda expresó: “No siento alegría, sino dolor por todo el sufrimiento que Videla causó a miles y miles de argentinos y argentinas”. El dirigente del GEN Gerardo Milman opinó que la muerte de Videla debe “servir para recordar la importancia de las libertades individuales y las libertades de expresión como valores inherentes a la condición humana”. “Que se haya muerto repudiado y condenado es un triunfo político del pueblo argentino”, afirmó Claudio Lozano.

Los radicales se concentraron en la figura de Alfonsín. “Hoy debemos poner en valor la valentía de Raúl Alfonsín, que enjuició a los responsables de tanta barbarie”, estimó el ex vicepresidente Julio Cobos. “A los delitos e ilegalidades llevadas a cabo por Videla, Alfonsín respondió con el peso de la leyes”, afirmó Cobos, que no hizo alusión a la reapertura de los juicios luego de la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final. “Fue el responsable de un plan sistemático de exterminio y un genocida. Que haya muerto en prisión es un logro de la democracia, que le dio el derecho a defenderse en juicio. Lo que él no les dio a miles de argentinos asesinados y desaparecidos”, indicó Ricardo Gil Lavedra, uno de los camaristas que lo juzgaron. “Videla demostró que nada hay más perverso y corrupto que una dictadura”, planteó Ricardo Alfonsín.

Elisa Carrió no habló del tema. Sí lo hizo su nuevo aliado Pino Solanas: “Videla murió sin haber dado muestra de arrepentimiento y sin reconocer los atroces crímenes cometidos durante la genocida dictadura. La Justicia debe seguir investigando y se deben abrir los archivos para que no se lleven a la tumba los secretos del genocidio”.

En el mismo sentido se pronunciaron en el partido de Hugo Moyano y en la izquierda. “El hecho de que Videla haya muerto luego de ser juzgado y cumpliendo una condena a perpetua en cárcel común es una buena noticia”, estimó el diputado Facundo Moyano. “Videla y Martínez de Hoz se murieron riendo de que aún siguen vigentes leyes que ellos hicieron para violar derechos de los trabajadores”, sostuvo Julio Piumato. “Videla murió, pero muchas de las leyes antiobreras de su dictadura siguen en pie”, destacó la dirigente del PTS Myriam Bregman. Desde el PO, Jorge Altamira recordó que “Videla había sido nombrado por el peronismo, con apoyo de la oposición, que lo definió como un general liberal”. El dirigente del MST Marcelo Parrilli destacó que “mucho antes que Videla murió el proyecto político de la dictadura que querían sostener por veinte años”.


DURANTE SU GOBIERNO SE SENTARON LAS BASES DEL NEOLIBERALISMO ECONOMICO DE LOS ’90

La herencia económica que dejó Videla. Desindustrialización, especulación financiera, endeudamiento y fuga de capitales son conceptos claves de la etapa, signada por una intensa intervención estatal que discriminó la manufactura local a través de la valorización financiera.

La política económica del gobierno militar encabezado por Jorge Rafael Videla marcó un quiebre en la historia argentina. Permitió que los militares, aliados a la oligarquía terrateniente, el gran capital transnacional y la banca internacional y sus socios locales, den por concluida la etapa de la industrialización que forjó la alianza de clase entre los trabajadores y la burguesía local. Para implementar esa estrategia, el terrorismo de Estado a una escala nunca vista en el país fue el único medio posible. Desindustrialización, especulación financiera, endeudamiento y fuga de capitales son conceptos claves de la etapa, signada por una intensa intervención estatal que discriminó la manufactura local a través de la valorización financiera. La economía de la dictadura explica en buena medida la bancarrota de la década de los ’80, que sirvió para justificar la avanzada neoliberal en los ’90.

Cinco días después del golpe del 24 de marzo, Videla nombró como ministro de Economía a José Alfredo Martínez de Hoz. Miembro de la oligarquía terrateniente, con estrechos vínculos con la banca extranjera, en particular con el Chase Manhattan Bank y amigo de su director, David Rockefeller, apenas asumió devaluó un 80 por ciento el peso y redujo a la mitad las retenciones agropecuarias. Liberó los precios, congeló los salarios y suspendió el derecho a huelga. El resultado fue un cambio violento en los precios relativos, en favor de la actividad agropecuaria y en contra de los sectores populares. La participación del salario en el PBI entre 1975 y 1977, se redujo del 43 al 25 por ciento, y creció el desempleo.

“El salario real ha llegado a un nivel excesivamente alto en relación con la productividad de la economía”, afirmaba el ministro. En esa línea, hay economistas que plantean que la dictadura se enfrentó a un modelo de industrialización ya agotado. Eduardo Basualdo, de Flacso, refuta esa postura y recuerda que desde mediados de los ’60 la economía registró un crecimiento sostenido, a partir de una mejor disponibilidad de divisas por las exportaciones no tradicionales y el endeudamiento externo.

Frente a un desempeño macroeconómico aceptable hasta 1975, la economía de la dictadura mostró en forma ininterrumpida una caída de la ocupación obrera. De “punta a punta” el PBI subió sólo 2,3 por ciento, la manufactura cayó el 12,4 y el sector financiero subió 10,1. La deuda externa se incrementó en forma exponencial, bajo una inflación altísima.

La legislación económica en la etapa fue vasta y perduró muchos años. En algunos casos, sigue vigente. En agosto del ’76 Videla sancionó la Ley de Inversiones Extranjeras, que desreguló los controles sobre ese flujo, y a fin de año Martínez de Hoz unificó el tipo de cambio y aplicó una baja de aranceles a la importación. En el plano monetario, en línea con el enfoque ortodoxo, el plan comenzó con una severa contracción. Hasta ese momento, se trataba de un programa liberal relativamente tradicional, con particular énfasis en contra de la industria y a favor del agro.

La Reforma Financiera, de junio de 1977, fue el eje del nuevo modelo de acumulación. Eliminó la férrea regulación del crédito, liberalizó la tasa de interés y los flujos de capitales. Según un trabajo del economista Mario Rapoport, entre 1978 y 1979 se abrieron 1197 sucursales bancarias y financieras, mientras el PBI per cápita estaba estancado.

La economía internacional en esa etapa buscaba recuperarse de la crisis del petróleo de 1973, que hizo emerger dificultades para la realización de ganancias por parte de capitalistas en los países desarrollados. Eso motivó un viraje hacia la ortodoxia, liderada por Margaret Thatcher en Gran Bretaña y Ronald Reagan en los Estados Unidos. La crisis global dejó una enorme masa de dinero en busca de ser valorizado, que se canalizó en forma de préstamos hacia países como Brasil, México y la Argentina.

La reforma del sector financiero motivó un incremento de las tasas de interés, a partir de la mayor demanda de crédito por parte del Estado y las empresas y los intentos oficiales de contraer la oferta monetaria. En el nuevo contexto de liberalización financiera, el alza en la tasa de interés motivó el ingreso de capitales con la intención de valorizarse en territorio nacional. A la vez, esta suba del costo de fondeo para las empresas impulsó la inflación en un contexto de marcada recesión. Videla y Martínez de Hoz entonces decidieron aplicar una nueva reducción de aranceles para abrir la economía a la competencia importadora y poner un techo a los precios. El esquema se completó con la famosa “tablita” de Martínez de Hoz, en enero de 1979, que introdujo un tipo de cambio con una devaluación nominal decreciente pautada de antemano en el tiempo.

El esquema cambiario preestablecido, la liberalización financiera y la alta tasa de interés local dispararon la fiebre especulativa de la “bicicleta financiera”. Este mecanismo consistía en el creciente endeudamiento externo del sector privado, que valorizaba el capital en el sistema financiero local y luego lo fugaba al exterior. Ese nuevo depósito permitía tomar más crédito y retomar el círculo. Para solventar la fuga de capitales, que en términos netos debía ser mayor que el ingreso de deuda porque incluía las ganancias privadas, el Estado acumuló una enorme deuda externa que condicionaría fuertemente la política económica en los ’80, especialmente después de la estatización de la deuda privada en 1982.

La dictadura también sobreendeudó a empresas estatales como YPF, Segba, ENTel, Aerolíneas Argentinas, Agua y Energía Eléctrica y Gas del Estado. El neoliberalismo utilizaría el argumento de la “ineficiencia” de estas empresas para justificar su privatización.

La inflación superó la previsión de la tablita. Eso generó una fuerte apreciación cambiaria y el “déme dos” de la época de la “plata dulce”, que la clase media aprovechó y que afectó severamente a la industria nacional y en particular a la clase obrera. Esa situación quedó retratada en Plata dulce, película dirigida por Fernando Ayala. La famosísima frase de Federico Luppi bien se la pueden dedicar los trabajadores argentinos, en lugar de al financista Arteche, a Videla y Martínez de Hoz.


EL MUNDIAL ’78 QUE ARGENTINA GANO MIENTRAS TORTURABAN GENTE A POCAS CUADRAS DE RIVER

El Mundial que armó para perpetuarse. A Videla le importaba poco el deporte en general y el fútbol en particular. Pero buscó en la pasión argentina la manera de mantenerse en el poder. Hubo sospechas en las obras y en aquel 6 a 0 de Argentina a Perú.

Los pulgares en alto, la sonrisa cínica, el bigote casi hitleriano, el sobretodo negro y la Copa del Mundo entregada al capitán Daniel Passarella. Esa postal de Videla el 25 de junio de 1978 sintetiza el clímax de la obra cumbre que montó la dictadura con el afán de perpetuarse. Tratándose del genocida muerto, reflejaría un contrasentido, pero no es así: al general de figura desgarbada y modales afectados, poco le importaba el deporte. Y en particular uno, el fútbol. Era insospechable de sentir esa pasión tan propia de los argentinos por alguna camiseta. Claro que un Mundial es otra cosa. Aquel de hace 35 años representaba un capital simbólico para el régimen cívico-militar. Si lo acompañaba el éxito, pensaba que podría llegar mucho más lejos.

Los aires de perpetuación en el poder se transformaron para él en cadena perpetua. Hasta ayer, Videla la cumplía en una cárcel común: el penal de Marcos Paz. El anciano ex general de 87 años que nunca se arrepintió de sus crímenes quedó asociado a ese evento mundialista para siempre. En su defensa, llegó a decirle a la revista española Cambio 16 el 20 de febrero del año pasado: “Mostramos al mundo que podíamos y sabíamos organizar una actividad internacional de estas características; fue un gran avance y en apenas unos meses, pues antes no habían comenzado los trabajos, desarrollamos todas las capacidades para este Mundial. Los anteriores gobiernos que nos antecedieron no habían hecho nada”.

Esas ínfulas no se compadecen con la prehistoria del Mundial. En la cúpula del régimen, el dictador era uno de los menos entusiasmados con la idea de organizarlo. Cuando la jornada inaugural del 1º de junio del ’78 todavía parecía lejana, lo terminó de convencer su pariente político, el vicealmirante Carlos Alberto Lacoste, hombre fuerte del fútbol argentino. El marino era primo hermano de la esposa de Videla, Raquel Hartridge. Su poder en el Ente Autárquico Mundial 78 (EAM), un organismo descentralizado, se robusteció con el asesinato del general Omar Actis, su presidente hasta agosto del ’76. El crimen fue cargado a la cuenta de la guerrilla, que jamás lo reivindicó como propio. La sospecha de que la Marina había sido la responsable nunca se disipó hasta hoy.

El 21 de febrero de 1977, el nuevo presidente del EAM, el general Antonio Merlo –una marioneta de Lacoste–, dijo que “los ingresos del Mundial superarán los gastos en un 30 por ciento”. En septiembre, predecía ganancias por 23 millones de pesos y 35.000 turistas. No contento con las previsiones, más adelante asumía que los costos ascenderían hasta 450 millones. El Mundial de la dictadura le habría salido al país 517 millones de dólares, 400 más que los pagados por España en la siguiente edición de 1982. El saldo económico jamás se conoció con precisión, ya que nunca fue presentado un balance. Videla lo dejaba hacer al primo de su mujer.

En la ESMA, a menos de diez cuadras del estadio de River, donde se jugaron –entre otros partidos– el que abrió el Mundial entre Alemania y Polonia y la final que el seleccionado de César Luis Menotti le ganó a Holanda, se secuestraba, torturaba y arrojaba al Río de La Plata a los detenidos desaparecidos. Con el cinismo que lo caracterizaba, el genocida describió en aquella entrevista que le dio a la revista española: “Le Monde llegó a reproducir un reportaje de un periodista que se imaginaba que unos disparos que sonaban en los alrededores del estadio, procedentes del Tiro Federal Argentino cercano, eran las balas dirigidas a un pelotón de personas fusiladas. El estadio estaba a dos cuadras del polígono de tiro y el periodista, obviamente, quería denigrarnos al precio que fuera”.

La historia de Videla y el Mundial, su versión, es tan descolorida como las imágenes de ATC que se vieron a lo largo del torneo. Un represor en blanco y negro al que recién le volvió cierta tonalidad a la cara cuando le cedió la Copa a Passarella. Porque sólo la final pudo transmitirse en color. Ayer, el actual presidente de River dijo sobre la muerte del hombre que encabezó el golpe del ’76: “Se van cerrando las heridas. Sigamos construyendo hacia el futuro”. Una despedida a su estilo. Nunca comprometida.

El otro momento emblemático del dictador durante el Mundial ocurrió en Rosario, antes del partido clave contra Perú que la Selección Nacional ganó 6 a 0. Escribe el periodista Ricardo Gotta en su libro Fuimos campeones, editado en 2008 para el trigésimo aniversario del torneo: “Videla dio un pequeño paso al frente como para ser visto claramente por todos. No le hacía falta levantar demasiado la voz. Un inquietante sigilo dejaba entrar el siseo leve y lejano de hinchas que llegaban al estadio. Alguna trompeta de plástico tronó sorda, hueca, distante. Uno de los jugadores se paró ante el sorpresivo ingreso de los visitantes. Unos segundos después, ya comenzado el discurso, reparó en que estaba a medio vestir y que tenía el pantaloncito aún en sus manos. Dudó en ponérselo o arrojarlo... A esa escena la sigue una frase que se atribuye al ex general: ‘Hermanos latinoamericanos’. Así empezó a hablarle al auditorio de jugadores peruanos. Un volante de aquel equipo que integraban el arquero argentino nacionalizado Ramón Quiroga, Teófilo Cubillas y Héctor Chumpitaz, recuerda: ‘Un par nos cagamos en las patas’”. El presidente de la delegación del Perú era Paquito Morales Bermúdez Pedraglio, abogado e hijo del dictador peruano en aquel momento, Francisco Morales Bermúdez. El le dio la bienvenida a Videla en el vestuario de Rosario Central. La historia que siguió es conocida. Las sospechas de un arreglo también.


El general de las tinieblas

Un importante fragmento del mal abandona este mundo en que el mal es omnipresente. Que Videla se muera hoy ya no tiene importancia. Todo el mal que quiso hacer, lo hizo. Todos los seres humanos que quiso matar, los mató. Pocos se le escaparon. Que se muera juzgado, preso, infamado es importante. Que se muera siendo un símbolo de la muerte, también. Que se muera insistiendo en sus mismas sombrías convicciones revela su coherencia, pero una coherencia que, en él, no es la firmeza moral que a menudo admiramos en otros, es sólo la persistencia de la noche en su ser, de la muerte que lo constituye en su núcleo más profundo. Hasta da miedo que se muera: su muerte lo lleva al primer plano de la noticia, y él y los que son como él, los asesinos y también los que desean la muerte de los otros, si ocupan la centralidad, si protagonizan la primera plana de los diarios, si son las estrellas oscuras del vértigo informático, asustan. No los queremos ahí. Ahí queremos a los que apuestan por la vida, por el diálogo, por la verdadera política, por verse a sí mismos en la cara del Otro, por necesitar que el Otro viva para que me complete, porque es la alteridad que necesito para ser yo, porque es el que quiere compartir el espacio de la democracia, ahí, queremos a quienes son de esa manera y no podrían ser de otra al precio de traicionarse severamente.

Videla no se traicionó nunca. Seco, enjuto, rígido como un cadáver que vive, consumido por un odio que lo enflaquecía al costo de entregarle las fuerzas para la devastación, fue siempre el mismo. Siempre igual en su pasión tanática. Porque era eso: un ser pasional. Constituido por la pasión de dar muerte a los otros. El terror era su idea del orden. La de los cementerios, su idea del silencio. Torturar, su modo de escuchar a los otros. Hablaba, él, poco. Sus oídos estaban abiertos a las palabras que contenían información, las que le llegaban de la tarea de inteligencia que tenía su lugar en los campos de la muerte. Sus oídos estaban cerrados para la súplica de los que pedían por sus seres queridos. ¿Para qué abrirlos? ¿Para qué escuchar palabras de seres que habían parido subversivos?

No merece ni el esfuerzo de esta página. Menos aún si uno se empeña en escribirla bien. Buscar una buena prosa cuando se escribe sobre Videla casi avergüenza. Theodor Adorno, en 1969, escribía: “El autor fue incapaz de dar el último toque a la redacción del artículo sobre Auschwitz; debió limitarse a corregir las fallas más gruesas de expresión. Cuando hablamos de ‘lo horrible’, de la muerte atroz, nos avergonzamos de la forma (...) Imposible escribir bien, literariamente hablando, sobre Auschwitz, debemos renunciar al refinamiento si queremos permanecer fieles a nuestros impulsos; pero, con esa renuncia, nos vemos de nuevo metidos en el engranaje de la involución general”. Que no nos quite también nuestro amor por la belleza de las palabras. Queremos que estas palabras hoy tengan más fuerza y rigor que nunca para decir quién fue y –peor todavía– quién seguirá siendo. Mató sin justicia. Ya con ella es condenable hacerlo. El problema central de la filosofía no es –como decía Albert Camus, acercándose sin embargo a la respuesta– el suicidio. O sea, decidir si la vida merece o no ser vivida. El problema central es si hay o no hay que matar. Ese problema, para Videla, ni siquiera existió. Jamás se hizo esa pregunta. Hay que matar. “Morirán todos los que tengan que morir”, dijo. Pero aún en los Estados en que rige la pena de muerte, se juzga antes a los que luego se decidirá si son culpables o no. Antes de ese juicio son todos inocentes. Porque no sólo hay que recordar que toda vida humana es sagrada. También que toda vida humana es inocente hasta que se decida lo contrario por medio de un tribunal, por medio de la Justicia. Videla mató inocentes. Creía en la incomodidad de la Justicia. En la incomodidad de lo legal. No comprendía, no podía comprender, no quería hacerlo, que en esa incomodidad radica el único medio de construir un orden social que no se base en la muerte. La legalidad –le dice un periodista al coronel Mathieu en La batalla de Argelia– es siempre incómoda. Decir –como dicen quienes buscan atenuar sus asesinatos o acaso perdonarlos o también justificarlos– que mató culpables porque mató gente que combatía con las armas en la mano, gente que “murió en combate” es una banalidad, y un acto de mala fe. La mayoría de los “combates” fueron fraguados. Esos supuestos combatientes –casi todos masacrados, ultrajados en los campos de exterminio– ya habían muerto. Aunque la prensa de esos años –expresándose incluso con el mismo lenguaje del poder militar: “Fue abatido un importante cabecilla subversivo”– informara de sus muertes en destacados titulares.

Ese fue Videla. ¿Quién seguirá siendo? No podemos saberlo. Depende de los vaivenes de la historia. Depende de todos los que amamos y respetamos la vida en este país. Depende de nuestra fuerza y nuestra convicción para impedir su regreso. Porque esos que rencorosamente dicen: “Ya van a ver cuando se dé vuelta la tortilla”. Esos, lo quieren otra vez. Creo, sin embargo, que para quienes vivimos bajo su reino de cementerios, no morirá nunca. Videla es el núcleo íntimo de nuestro miedo. El secreto terror que todos llevamos en sí. Es nuestra perfecta idea del mal. De la ausencia o de la despreocupación de Dios. O, peor, de su complicidad con ese mal. Ese núcleo íntimo de terror que dejó en nosotros nos dice día a día que volverá. Que el mal es la esencia más determinante de este mundo y entonces él, que era el mal, retornará, de una u otra forma. Alguien aparecerá otra vez para ser Videla. Pero hay en nosotros y en muchos más otro núcleo y ese núcleo es el de nuestro amor por la vida y por la justicia y por las causas justas. Desde ese núcleo –que día a día crece en nosotros y seguirá creciendo– impediremos ese regreso tan indeseado, que no sólo es la perversa esencia de toda perversión, sino también del mal, de la muerte.



POR: Victoria Ginzberg - Luis Bruschtein - Nicolás Lantos - Werner Pertot - Javier Lewkowicz - Gustavo Veiga - José Pablo Feinmann. PAGINA12.COM.AR
FOTOGRÀFIAS: WEB
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...