viernes, 13 de enero de 2012

HISTERIA MASCULINA

Verano: La histeria cambia de género. Los tibios vienen marchando.
En las arenas atlánticas hay nuevos objetos de deseo: los hombres de entre 25 y 40 años, depilados, maquillados, bronceados y con todas las marcas de moda. Se muestran y esperan que las mujeres inicien la conquista. Un cambio de roles que despierta asombro, broncas, indiferencia y aceptación.

Preparó la valija con cuidado de no olvidar las cremas –protector, post-solar, humectante, etc.–, los elementos de maquillaje, el gel y el secador para el cabello. Y utilizó las últimas horas antes del viaje para depilarse. Ya había conseguido que su piel se bronceara y no quería lucir mal en la arena. Con ese bagaje, Gabriel partió hacia la costa atlántica, como tantos otros varones de entre 25 y 40 años que se muestran en la playa pero se quedan ahí: no buscan contacto con las mujeres, no intentan un levante ni un encare. Ni de día ni de noche: en los boliches bailan solos y vuelven a mostrarse, incluso arriba de un parlante, en actitud de espera. Si la situación se da, todo bien. Si no, jamás la buscarán. Una vuelta de tuerca a los metrosexuales que irrumpieron en el escenario social hace un par de años. Son los hombres histéricos, que están marcando el paisaje veraniego. Siempre los hubo, claro, pero se sabe que el período estival –por eso de juntarse en un balneario– potencia las tendencias y las convierte en moda. Enero de 2012 será recordado como el mes en el que los tradicionales roles de género quedaron en el olvido: los hombres se hacen desear, las mujeres marchan a la conquista.

“Nos rodean, nos miran pero no encaran, salvo cuando se entonaron con algún trago. Son histéricos y cobardes. Al final, las minas vamos al frente.” La frase compendia las quejas más comunes de las chicas en la playa, donde los grupos se diferencian por sexo: hombres por un lado, pasándose bronceador, hablando o simplemente mostrándose, y mujeres por el otro, exhibiendo cuerpos como siempre.


“Qué buena época. Yo tenía que remarla, pero tan mal no me fue. Estoy conforme y voto por mi sistema. Por encarar, porque las cosas fáciles no tienen sabor y terminan fácilmente. Pero los tiempos cambian, lo del arreglo me encanta, uno debe sentirse bien, un pibe que no te raye la pierna, una mano que sea suave, un codo pulido”, opinó, divertido, Guillermo Cóppola.


“Anteojos negros de carey / auriculares en la sien / (…) él sabe como impresionar, caminando como Tarzán / él es Eva y ella Adán / y yo estoy en cualquier planeta…”, escribió Charly García, en 1981 (“Cinema verité”). El músico, que gustó de mostrar sus uñas pintadas, anticipó esta moda de roles invertidos que ya es tema de debate en foros y blogs de internet donde, por ejemplo, Nidia Ortega escribió que “están hechos unos mariposones”, y Mauro Lovaiza no tardó en responder: “De una, si ahora son un millón más que nosotros”.


Sin embargo, la tendencia se mostraba antes de esa supremacía. “Siempre fue así, en el ’91 eran las vinchas, las calzas de colores, los aritos, los tatuajes”, admitió el ex futbolista y actual DT Omar “El Turco” Asad. “Yo era un metrosexual, me ponía gel, un perfumito. Pero los más chicos son los que se cuidan más y no está mal que piensen en cuidarse. El futbolista también es una imagen”. Ariel “El chino” Zárate, también retirado, coincide: “Fui uno de los primeros en depilarme, las piernas, la pelvis ¡y eso que fue hace como 16 años! El jugador de fútbol es un gran metrosexual. No me molesta admitirlo, uso crema hidratante para la cara, me gusta traer cremas de otros países y cada tanto, me hago un planchadito”.


Caminar descalzo por las arenas de Pinamar es asomarse a un cuadro surrealista: los jóvenes permanecen de pie, peinados con gel, luciendo sus cuerpos depilados y bronceados y sus objetos de marca. Algunos maquillados con base, no tienen nada que envidiar a las mujeres, que boyan entre el asombro, la bronca y la aceptación de esta nueva realidad.


“Parece que se gustaran entre sí, no que están esperando el encare de una mujer. El tipo que se sabe lindo es un embole, es como estar con un elemento decorativo. Y aunque me parece bien que se cuiden, depilación y maquillaje ya es cualquiera. Desde la prehistoria el hombre conquista y la mujer es conquistada. Claro que siempre hubo histéricos, sobre todo los lindos, pero si el hombre deja de ser como es, se pierde algo hermoso”, opinó la locutora, Dalia Gutmann. También humorista, fue terminante al considerar que “el hombre masculino no se maquilla ni depila, es como que yo me dejara el bozo. Hay cosas que no van, como que el hombre se arregle más que la mujer. En la vida me crucé un montón de histéricos y la pasé horrible, pero cuando una tiene confianza y amor propio no se presta más a esa relación”.


Para aumentar la polémica, una encuesta realizada por la Universidad de Toronto, Canadá, sobre 10.000 mujeres, indicó que los varones cuidadosos con su arreglo, depilados y maquillados están entre los que más atraen a las mujeres. Sin embargo, en otro estudio sin rigor científico, que llevó adelante la doctora en psicología social y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) Mónica Cruppi, los resultados fueron diferentes: “Todas respondieron que no les gustan los hombres depilados. Creo que se trata de un aspecto narcisista del varón, verse bien, estar contento con su imagen, no tanto para seducir a otro sino a sí mismo. Hay un cambio de roles y los géneros todavía no se reacomodaron. La mujer avanzó y el hombre quedó descolocado, está volviendo a posicionarse”, explicó la especialista.
Coquetería y vanidad ya no son atributos femeninos, por eso no es casual que los hombres demanden cada vez más tratamientos de spa, mascarillas, liposucciones y cirugías plásticas de párpados y cuello. Claro que eso no les garantiza una conquista. “Me gustan los hombres con la calle del Coco Basile y con la prolijidad del Cholo Simeone. El límite es que se mire en el espejo más que yo”, resumió Josefina Pouso, ex panelista de Duro de Domar y actriz de Boeing Boeing, espectáculo que anima la temporada en Carlos Paz.


“No saldría con un tipo que usa gel porque es una grasada y no conozco a ninguno que se maquille. Pero no creo que estas modas cambien los roles en la seducción. Lo puede creer alguien sentado en un parador de Pinamar, pero en la vida real a nadie le interesa quién levanta a quién, la gente se enamora de casualidad”, sostuvo la bloguera y guionista Carolina Aguirre que, asegura, no puede encarar a nadie “por una cuestión de pudor, no por ser mujer. Me muero de vergüenza”.


Para Ana Blesa, la psicóloga social y autora de Mi teta izquierda y El hechizo de Huahine, entre otros, “estos hombres están mostrando su lado femenino, a veces con actitudes femeninas, pero a la vez eso los hace más atractivos. Y si la conducta cambia de un lado, el otro se modifica. Así como no todas las mujeres avanzan, no todos los hombres son histéricos. Es un proceso lógico de un movimiento cultural cambiante: la mujer avanzó mucho y el hombre no sabe dónde ponerse. Sí sabe que el poderoso, el macho, el que elige como si fuera un rey, ya no va. A las mujeres les gustan más los que manifiestan su ternura y su sensibilidad. Son modas que pasan, pero entre un tipo desprolijo tomando cerveza y otro cuidado, yo prefiero el último”.
Histéricos hubo siempre, pero no siempre con las mismas características, ahí están para demostrarlo las opiniones de foros y blogs de internet. En hablemosunpocodehombres.blogspot.com, en la entrada “El histérico”, se lee que “este especimen de hombres es uno de los más complicados de tratar y el más codiciado por las mujeres; es radicalmente inmaduro, ciclotímico, inestable emocionalmente y exagera all the time. En la mayoría de los casos son ellos los que toman la iniciativa, se divierten seduciéndonos y brindándonos cumplidos, y cuando nosotras caemos rendidas a sus pies, se retiran de la misma forma y facilidad con la que entraron”.


El artículo concitó decenas de comentarios, entre ellos el de “-tanaG”: “Hace unos meses conocí al rey de los histéricos, son agradables a la vista pero tan vacíos al tacto!!! Como diría mi abuela ‘mucho ruido y pocas nueces’, un desastre”.


La actriz Anita Martínez, que interpreta Histerio-tipos en Mar del Plata, tiene su propia definición de los modernos histéricos: “Son los más jóvenes, que veranean en las playas top; algunos cancherean con la tabla de surf, se hicieron el blanqueamiento dental porque lo cubre la prepaga, están muy bronceados, todo lo que llevan es de marca y de moda, el iPad, la tablet, el GPS, van en grupete y esperan que las chicas los encaren. Y muchas veces, las mujeres dicen ‘seguí esperando’, porque al menos para mí, un tipo que el 8 de enero está negro, es porque el objetivo era estar tostado”. En la obra, hay una versión del “histericman”, un personaje que está a punto de caramelo y, de pronto, desaparece. “Es lo que le sucede a las chicas jóvenes, van a comer pero no concretan, pasan un fin de semana juntos y después no contestan ninguno de los seis mil mensajes, aman e ignoran en la misma proporción. Generalmente, estos tipos son lindos y esa belleza los ayuda a implementar estas estrategias. Deberíamos ignorarlos: ni los villanos ni la criptonita”, agregó la bailarina y humorista. Y concluyó que “si después de los 30, las mujeres no saben distinguir un histérico en la playa, tienen corrido el norte y necesitan terapia urgente. A los 20, una se puede deslumbrar, pero a los 30…”.


Según Cruppi, “lo peculiar de la histeria es el rechazo a la sexualidad y en eso se emparenta con esta moda. Si bien se la describió en 1800 como una enfermedad de las mujeres, luego se observó también en hombres. Lo que sucede ahora tiene que ver con la cultura, vivimos en la posmodernidad, donde la imagen es fundamental. Antes se decía ‘los hombres no lloran’, pero la singularidad del siglo XXI es que los hombres muestren su sensibilidad, entonces se depilan, tienen sus cremas, sus perfumes y se maquillan. Y a la hora de la conquista, están en una posición de espera. Además, otra peculiaridad de estos tiempos es que a las personas les cuesta mucho comprometerse, sean hombres o mujeres, es más fácil tener sexo que asumir un compromiso y por eso hay recambio de relaciones”.


Para Martin Rieznik, de Levant art, algo así como una academia para aprender el arte del levante, “los hombres por naturaleza se comportan como espermatozoides y las mujeres como óvulos: nosotros estamos diseñados para buscar mujeres y las mujeres para seleccionar al mejor de nosotros. Lo que pasa es que los hombres son cada vez peores a la hora de seducir, porque no sabe qué atrae a las mujeres. A algunos, una minoría, les va bien naturalmente y disfrutan. Otros, aprenden a seducir y disfrutan... el resto no sabe qué demonios hacer y termina depilándose. Creen que por ser ‘más lindos’ les irá mejor y no es así, cualquier grupo de amigos con el feo ganador lo desmiente. Por otro lado, si los hombres tuvieran sexo sólo cuando una mujer los encara, muchos morirían vírgenes. Hay que entender que el ‘hombre óvulo’, por definición, no es atractivo”.


En el grupo de Facebook, Mujeres hartas de hombres histéricos, la protesta se basa en que “las mujeres estamos cansadas de que los hombres respondan cada vez más con conductas del tipo ‘estoy pero no estoy, juguemos al gato y al ratón, te llamo pero no te llamo, salimos pero no salimos’. Basta ya!”. Candy Da, una de las integrantes del grupo, asegura: “No soporto a los vagos histéricos, me sacan!” y Silvina Alejandra Ruiz, cuenta que “en el último tiempo comprobé que si les das pelota, se agrandan, mejor ignorarlos y ahí aparecen”.


Pero quizá el mejor fresco de la situación lo haya pintado Elizabeth “la Negra” Vernaci, en una entrevista en Canal 9: “Hay una nueva camada, a mí me tocó un par de histeriquitos. Te llamo, no te llamo… Flaco, me llamás o no me llamás. No puedo estar que bajo el champagne del freezer, lo subo, lo vuelvo a bajar. Venís o no venís”.


Nicolás Cuño, diseñador y creador de Key Biscayne prefiere alejarse de esa locura: “Para mí la tendencia es Cabo Polonio, naturaleza pura. La persona que vive súper arreglada está incómoda, una cosa es tener onda y otra es estar pasado. Me encanta ir a buscar a la mujer, seducirla, agasajarla y mimarla. Ver a los pibes que van a la playa con camisa me genera cansancio. Me gusta el tipo que hace un deporte y está con una malla y la remera que sea. Tener onda porque la tenés, no porque estás con una camisa, un pareo, unos anteojos. Menos cosas, más simple, más cómodo, más fresco, naturaleza, naturalidad. La gente termina estresada de veranear en Punta del Este, está todo el tiempo atento a qué piensan los demás”.


En la exclusiva playa uruguaya los histéricos también están de moda, en la arena donde muestran pechos y cejas depiladas, o en los boliches, donde lucen cabelleras sometidas a baños de crema y pieles cuidadas con post-solar. De parte de las mujeres, sólo se escuchan quejas: que tardan más que ellas en producirse, que les piden el secador de cabello, que no dejan de mirarse en el espejo, y que son muy exigentes, lo cual las obliga a ponerse a tono con las expectativas.


Juan Carlos Kusnetzoff, director del programa de sexología del Hospital de Clínica, señaló que “desde comienzos del XXI, el hombre ha copiado, adquirido, incorporado, algunas características o atributos de orden femenino, aflojando o suavizando su rol estereotipado de machista. Hay una cierta nivelación entre los géneros. El hombre se permite expresar sus sentimientos, puede llorar, porque sabe que eso no lo hace ni más ni menos homosexual. Este cambio de estereotipo incide sociológicamente: la histeria, que tradicionalmente se atribuyó a la mujer, ahora puede aparecer como atributo masculino”. En cuanto a la histeria, como enfermedad, explicó que la “característica principal es tener una expresión dramática, crear suspenso con un énfasis importante en lo corporal. En ese sentido, no veo mayores diferencias entre lo que sucedía con las mujeres y lo que pasa ahora con los hombres”.


Valeria Schapira, periodista y escritora, admite que encontró a lo largo de su vida “ejemplares que hacen histeria. Me topé con más de un hombre que no quiso ir a la cama, por un lado está bueno porque habla de cierta democratización, no tienen que estar siempre listos. Pero eso de me dejo pagar o cortejar no me resulta atractivo, creo que de alguna manera están respondiendo a la desesperación de muchas mujeres. Es un círculo infame”. En su libro Los muertos de mi placard retrata unos cuantos especímenes que, confiesa, buscó “intensamente, porque a las mujeres nos gusta esta cosa de búsqueda, es el sabor de lo difícil, lo fácil tiene gusto a poco, el hombre regalado termina perdiendo atractivo, al igual que la mujer. Es lindo tener un cuerpo cuidado, hacer gimnasia, pero llevarlo al extremo para montar un acting en la playa me parece patético. El gataflorismo existió siempre, pero hasta ahora era patrimonio de la mujer"

POR: Raquel Roberti y Leandro Filozof.
REVISTA VEINTITRES
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA

1 comentario:

Haku dijo...

Eso no es ningún problema que no se viera venir, no pienso que el hombre se haya sentido atrás por el avance de la mujer... todo el tiempo no se puede estar maquillada. Esto en mi humilde opinión es el resultado de la generación de madres solteras, niños y niñas que crecieron viendo como los padres maltrataban a sus madres genera una idea completa en una generación posterior.

Niños que crecen con el consejo de su madre (tímida, sumisa y dispuesta a embellecerse para el que las conquiste) y niñas que crecen con el del padre (mujeriego conquistador). En el caso contrario, Niños que ven en su padre bebedor y mal tratador un mal ejemplo, y niñas que no quieren verse como sus madres golpeadas... asi de simple. cuando esta próxima generación venga, sera una generación de sexo explicito; única y exclusivamente con fines reproductivos. La homosexualidad sera algo normal o del pasado, y se tendrá en cuenta otros aspectos mas profundos como el amor a la familia ( sin importar como sea su conformación). Todo nace en la familia y en la familia es donde realmente se va a ver ese reflejo y desenlace.

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